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Esperando a Kusturica: “El Pepe, una vida suprema”

Roberto Domínguez

26.10.2018

La relación entre Uruguay y el mundo es casi perfecta. Nosotros pensamos poco en el mundo, y lo hacemos sin mucho acierto; y el mundo piensa poco y nada en nosotros, y lo hace con menos acierto todavía. Con ese telón de fondo, el cineasta serbio Emir Kusturica, de reconocido prestigio, estrenó este año un filme sobre José Mujica en el Festival de Venecia.

Es un proyecto que comenzó a pensarse hace diez años, en el 2008 durante una visita del serbio a nuestro país. En 2011, siendo ya Mujica Presidente, Marcelo Carrasco, Julián Kanarek y Andrés Copelmayer, quién fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Transporte y Obras Públicas siendo Enrique Pintado el Ministro de esa cartera, comenzaron a planear la producción del filme. Hoy, luego de obtener el financiamiento necesario, "El Pepe, una vida suprema", así se llama la película, es una realidad. Este rodaje forma parte de un largo proceso de construcción de una imagen, de un personaje y de un relato. Es, ahora, el último eslabón de una larga cadena. No es un hecho aislado. No me consta que la idea de su realización sea de Kusturica y tampoco me consta que sea una iniciativa inocente. Por el contrario. Pienso que la idea se le propuso a Kusturica con una finalidad precisa, que consiste en continuar profundizando el relato que hace el MLN/T del pasado reciente. Un relato que les ha dado mucho rédito político. Pronto se va a estrenar en Uruguay como se estrenó hace poco tiempo "La noche de 12 años" del director Álvaro Brechner, el penúltimo eslabón de la misma cadena.

¿Casualidad?. No creo. ¿Vanidad desmedida?. Si y no. 

Sería bueno preguntar, y preguntarse, ¿de qué modo? y ¿por qué razones? José Mujica se ha convertido en los últimos 10 años, por la vía de los hechos, en una suerte de Gran Jurado en el Frente Amplio. Una especie de Gran Hermano que todo lo ve, todo lo decide y que marca rumbos en todos los temas, coincidan sus opiniones, o no, con las opiniones históricas del Frente Amplio en esos mismos temas o con los acuerdos programáticos de la coalición. Hoy Mujica es capaz de poner o quitar candidatos a la Presidencia, a su antojo y sin más límite que su egolatría. Lanza al ruedo nombres como Ernesto Murro, Carolina Cosse o Mario Bergara sin consultar ni a su "barra" ni nadie. Condena al ostracismo a otros, especialmente a Danilo Astori a quién le bajó el pulgar. O pone en stand by a otros, especialmente a Oscar Andrade. O manda al desván de los recuerdos a todos los fundadores del Frente Amplio, sobre los cuales nunca hace, ni hará, referencia alguna. Por si todo esto fuera poco, deja caer, además, la idea de que habría más candidatos prontos en las gateras. Incluso se insinúa que uno de esos nuevos candidatos podría ser él mismo, aunque esta opción se vea como poco probable. Realmente notable. Nunca se vio algo similar en la historia de la izquierda uruguaya. Como si fuese un titiritero mueve los hilos y los alambres. Se deja fotografiar, como si fuese un descuido, casi escondido tras el marco de una puerta en la inesperada conferencia de prensa de uno de los más recientes candidatos. ¿Apoyo tácito de Mujica?. Puede que si y puede que no. Como te digo una cosa te digo la otra. Supongo que a Cosse ya no le quedan uñas para morderse y que Murro estará enojado y razón tendría de estarlo. Todo lo hace en soledad, sin hablar con nadie y sin tener en cuenta, al menos para disimular, las opiniones de los organismos y dirigentes del Frente Amplio o de su propio sector, el Movimiento de Participación Popular, el MPP. El mismo sector que, bajo su conducción y al decir del mismo Mujica, traga sapos y abraza culebras. Una extraña política de alianzas.

Mujica es una partitura de un solo hombre. Y lo es sin concesiones.

¿Cómo el Frente Amplio llegó a esta situación en la cual los consensos se resumen ahora a estar de acuerdo, o no estarlo, con Mujica? ¿En qué momento y de qué modo nace en el Frente Amplio este gran Catón el Viejo, en versión postmoderna, que, hoy por hoy, es el verdadero poder político en la coalición?.

Sea quién sea el candidato del Frente Amplio, sea el Intendente Martínez o uno de los elegidos por Mujica, tendrá tras de sí la larga sombra de este titiritero que está convencido que la política es un juego de espejos, un laberinto, dentro del cuál nadie sabe dónde está ni, a ciencia cierta, a dónde va Mujica. Lo que importa, a su juicio, es el laberinto y sus mil imágenes. Incluso las de Kusturica.

Este rol desmedido nace de un relato construido con esmero e inteligencia. Un relato que hace de la memoria en general, y de la memoria colectiva, en particular, su territorio de disputa. Libros, documentales, películas de ficción, entrevistas y anécdotas han ido nutriendo, gota a gota, una versión del Movimiento de Liberación Nacional/Tupamaros plagada de semi verdades, de engaños y de silencios por demás significativos. Una versión que construye a un núcleo pequeño de sus dirigentes como héroes y como pensadores, una versión de la historia que los deja siempre bien parados y que se olvida de todos los demás. Miles de uruguayos pasaron por la cárcel, por la clandestinidad, por la resistencia y por la tortura. Estos miles y miles no forman parte del relato tupamaro. "Memorias del Calabozo" puede hacer pensar a un lector distraído que la dictadura fue hecha a medida para contener a tres personas: al Ñato Fernández Huidobro, al Pepe Mujica y al Ruso Rosencof. Curiosamente son los autores del libro. Esa sensibilidad excluyente de los demás se siente, a flor de piel, en "La noche de los 12 años", una muy buena película si la vemos solamente como un filme, si la vemos como expresión de un pasado tiene todos los pecados del relato del MLN/T.

Ese relato paga el precio de omitir la verdad. Y de hacerlo a tal punto, que ese relato habita en un mundo paralelo, una ficción con visos de realidad. Se habla de los Rehenes de la Dictadura y se le da a un grupo de prisioneros del MLN/T una categoría especial. Los Rehenes. ¿Es cierto?. Pienso que no. ¿Si ese grupo eran rehenes, los demás prisioneros, que son miles, qué eran? ¿Jaime Pérez, por ejemplo, que era? ¿Líber Seregni, que era? ¿Gerardo Gatti, asesinado en una cárcel clandestina, que era? ¿Eduardo Bleier, desaparecido, que era?. Es solamente un ejemplo de cómo omitiendo la verdad se construye un mito que no es real. ¿Rehenes de qué? ¿De un grupo político inexistente en ese entonces y sin capacidad alguna de realizar acciones de cualquier tipo?. De más está decir que sus condiciones de reclusión fueron un escándalo y una inmoralidad pero también lo fueron las condiciones de reclusión y la tortura de todos los demás. Con una salvedad importante que hago con el mayor cuidado posible, de acuerdo a versiones creíbles, ni Mujica, ni Fernández Huidobro ni Rosencof fueron torturados fisicamente.  Se puede aceptar que sus condiciones de reclusión eran en sí mismas una tortura, otra forma de tortura, más psicológica que física pero, para citar solamente dos casos, no sufrieron las bestiales torturas que soportaron, entre miles, Gonzalo Carámbula o Álvaro Balbi, para mencionar solamente a dos amigos que, entre otros nombres, callaron el mío protegiendo mi identidad. Uno de ellos, Álvaro, murió al hacerlo. ¿Gonzalo y Álvaro si no eran rehenes, que eran?.

Los dirigentes tupamaros que se han quedado con lo poco que resta del MLN, que es prácticamente nada, encabezados en esta etapa por Fernández Huidobro, ya fallecido, por José Mujica y por Mauricio Rosencof, saben que una sociedad es, en lo esencial, un proceso de construcción simbólica, un imaginario, en el cual todos, sin excepción, construimos o encontramos nuestro lugar. Saben que la relación del Homo Zapping contemporáneo con su sociedad es imaginaria, es cultural. Por eso su forma de hacer política es gestual y constituye, básicamente, una apuesta a la construcción de imágenes. Por eso los viejos dirigentes tupas han construido, como base de su estrategia de poder, un espacio simbólico. Ha sido su principal acierto. La construcción de un espacio simbólico profundamente irreal, hecho a su imagen y semejanza, desde el cual le hablan a la sociedad. Desde esa perspectiva poco importa la verdad. Lo verdaderamente importante es construir una percepción colectiva, manipulada, que les permita construir poder. Lo que les importa no es la realidad sino la percepción de la realidad. Y en eso están, desde 1985. Semanarios, radios, entrevistas, libros, televisión, cine, charlas, testimonios, todo ha sido puesto al servicio de este proyecto y, hasta ahora, han tenido éxito. Han construido una realidad paralela, una realidad virtual, desde la cual actúan y transforman la realidad, la otra realidad, la verdadera. La de carne y hueso. La memoria es el territorio en disputa y las palabras sus armas. ¿Un discurso narcisista?. Probablemente, al menos un poco. 

Veamos lo que encontramos detrás de la trama. El grupo inicial de lo que después sería el MLN/T comienza a gestarse en 1962, o 1963, después del fracaso electoral de la Unión Popular. Aquella alianza electoral gestada entre socialistas, herreristas e independientes. Eleuterio Fernández Huidobro, quien desde ese momento será el ideólogo de esta corriente, va a Artigas, dónde se reúne Raúl Sendic, y en ese encuentro le propone la idea de la lucha armada. ¿Para qué?. Para construir una muy difusa y confusa sociedad socialista sobre la cual nunca han hablado ni con claridad ni con propiedad hasta ahora. Nace el llamado Coordinador. Distintos grupos muy pequeños, casi sin peso en el país, comienzan a darle cuerpo a la idea de Fernández Huidobro. Son los tiempos del Colegiado, de los coletazos de la crisis de los años 50 y del segundo gobierno blanco. El Uruguay de la siesta liberal, dirán sus críticos. Son también los tiempos de los primeros robos y asaltos del llamado Coordinador, en uno de los cuales es detenido José Mujica y es procesado como delincuente común.

De esa época se recuerda el robo de armas de la Sociedad Tiro Suizo de Rosario. Un episodio paradigmático. Se roban armas viejas, sin percutor y por lo tanto inútiles, escapan en una camioneta, vuelcan, las entierran y siguen su fuga hasta Paysandú. Manejaba Raúl "el Bebe" Sendic quién nunca recordó ¿dónde? se habían enterrado las armas y estas nunca fueron utilizadas. Allí quedaron, bajo tierra. Pero, había nacido el mito y ese es su valor.

Aquella izquierda radical se levantaba, o quería levantarse, en armas contra el sistema democrático al cual despreciaba y contra la propia izquierda, a la cual también despreciaba y tildaba, despectivamente, de reformista y patrinquera. Su objetivo era simple: la destrucción de la sociedad socialdemócrata que el Uruguay heredó de la prédica de José Batlle y Ordoñez y de las luchas políticas de principios del Siglo XX, y la destrucción de la izquierda de la época y sus organizaciones políticas y sociales. Para ellos, había nacido en el país una vanguardia armada y todos, sin excepción, debían aceptar ese liderazgo auto asignado. En este último aspecto no han cambiado.

Este es uno de los silencios más importantes del relato tupamaro. Su incipiente levantamiento, que nunca dejó de ser eso, ni fue más allá de ser un incipiente levantamiento. Nunca prosperó. Sin embargo arrastró al país en una espiral de violencia que nos hizo mucho daño. En el Uruguay de los años 60 y los 70 ni hubo guerra ni hubo guerrilla. Existió un grupo armado capaz de realizar acciones de propaganda por medio del uso de las armas, de robos, de secuestros y de muy pocas operaciones realmente de tipo militar. Después, en los años 70, existieron fugazmente pero permitieron crear las condiciones para que las Fuerzas Armadas, a partir del 72 y del 73, actúen como un ejército de ocupación que persigue a toda la población, en mayor o menor medida. Nace aquello de los ciudadanos Categoría A, B o C.  Parte del método con el cual los militares y civiles golpistas intentaban dominar a toda la población del país. Persiguieron a todos. Proscribieron de la política a todos y prohibieron la política misma.  Especialmente se ensañaron con la estructura clandestina del PCU que ya actuaba en la ilegalidad como consecuencia del Golpe de Estado de junio de 1973. Nada de esto es relevante en su relato.

El MLN/T tenía un doble propósito. Se proponía atacar la democracia representativa, destruyendo al Uruguay batllista y, simultáneamente, se proponía el desmoronamiento de la izquierda de ese entonces, de sus estrategias, sus partidos y organizaciones, a las cuales, con desprecio, llamaban reformistas. El objetivo era desplazarlas y sustituirlas. No lo lograron. Pero, 50 años después han logrado algo similar, han desvirtuado y desnaturalizado al Frente Amplio, han lumpenizado sus estructuras y han empobrecido su pensamiento a un grado extremo. En la Convención de la FEUU de 1971, de la cual fui convencional, el MLN/T dejando de lado los debates y las preocupaciones de la Convención, hizo circular un documento que se llamó "Foco o Partido: falso dilema". Ese documento marca con precisión esta intención de desplazar a la izquierda de los años 60 y 70 y sustituirla por su estrategia foquista.

En su relato, construido a lo largo de décadas, se describe al MLN/T como una organización que ha jugado un papel clave en el país. Y, eso es cierto, en un sentido negativo, en una perspectiva de efectos y consecuencias negativas, pero es falso en una perspectiva positiva de construir Nación. Los viejos dirigentes tupamaros no entienden la política como una forma de construir Nación. La entienden como una forma de construir poder y de disputar el poder, entendiendo el poder como un medio de exclusión y de sumisión de los demás. La lucha armada en el Uruguay de los 60 era, y lo sería ahora también, la negación de la política. Si la política es construir ciudadanía, ingeniería institucional y derechos, si es negociar, dialogar y lograr consensos, la lucha armada es su negación. La República no es un pensamiento políticamente neutro. Quién piense que mentir, robar o matar es hacer política no es republicano. Un republicano por el poder ni mata, ni roba ni miente.

Esa etapa larvaria, signada por robos y asaltos para financiar su aparato, dura cerca de 5 o 6 años, lapso de tiempo en el cual el MLN/T no existía. Existía el llamado Coordinador. Eso cambia en 1967 cuando nace la "orga" y se presenta a la sociedad como una experiencia de guerrilla urbana, siendo una organización que, como un trazo de su ADN que conserva hasta el día de hoy, confiaba más en el lumpen que en los trabajadores en el momento de definir las fuerzas sociales claves de su proyecto. A partir del 67 la "orga" despliega su período de mayor intensidad, el cual termina en 1971 cuando deciden sus dirigentes una tregua, o una pausa, en sus operaciones armadas, para facilitar la construcción del Frente Amplio, al cual sentían como algo ajeno, especialmente extraño a su estrategia, a pesar de lo cual, le brindaban un apoyo crítico. En ese marco, usaron los comités de base para reclutar militantes para el MLN/T y despreciaron tanto la estrategia del Frente Amplio, reformista para ellos, como su propia estructura. Hoy difunden la versión de ser fundadores del FA.

En el relato de los viejos dirigentes tupas se le da al MLN/T una centralidad en la historia social y política del país que nunca tuvo. De lo hecho por la "orga" en ese período no quedó nada. O casi nada. La construcción del movimiento sindical no los tuvo como un actor relevante, la fundación y construcción del Frente Amplio tampoco, y la resistencia contra la dictadura, tampoco. Y es natural que fuese así. El MLN/T se construyó de espaldas a la izquierda de la época y de espaldas a la sociedad en su conjunto. Su único objetivo era desarrollar un grupo armado, un foco guerrillero, que se impusiera a todos. A todos por igual. Ese esfuerzo, el real, duró poco menos de cinco años. Dicho de otro modo, el MLN/T de los viejos tiempo duró muy poco, apenas cinco años. Me cansé de discutir con ellos en la FEUU y en el Frente Amplio, de modo que esta historia no me la contó nadie, la viví. Se definían por un método, la lucha armada, y sostenían que las acciones unen y las palabras separan. En realidad, dividieron con sus acciones y también sus las palabras.

En el relato de los viejos dirigentes tupamaros la "orga" se enfrentó a la dictadura. La realidad es otra. Probablemente le hubiese gustado hacerlo. Pero cuando se produce el Golpe de Estado del 73 la "orga" ya no existía. Habían sido eliminados como organización política o como organización armada en 1972, tras un breve enfrentamiento con el Ejército que duró pocos meses. De modo que contra la democracia sí hubo tiros, pocos e innecesarios, pero contra la dictadura, ninguno. Ni siquiera un disparo testimonial. O un disparo, al menos, anecdótico. Seguramente tanto en el Uruguay como en el exterior, personas que se sentían tupas, o cercanas a ellos, han colaborado con la resistencia al gobierno cívico-militar en forma aislada, de modo personal, pero como organización no tuvieron participación alguna. Y fueron años y años y años de resistencia. Sí les tocó vivir la cárcel y allí muchos militantes, no todos, dejaron la piel y los huesos con dignidad.

Sin embargo, desde el espacio de construcción simbólica que han construido y desde el cual le hablan a la sociedad, el relato es otro. En ese relato no se cuentan las conversaciones secretas y las negociaciones que mantenían con sectores y oficiales del Ejército, no se habla de los pactos con sectores y oficiales golpistas. No se habla de las grapas que tomaban con ellos en los cuarteles. Tampoco se hace un análisis serio de ¿cómo? fueron destruidos en pocos meses y se saltan un dato básico: solamente la delación como respuesta pudo destruirlos en un lapso tan breve. Y, en ese marco, los viejos dirigentes cuyos nombres han aparecido en libros recientes en los cuales se les nombra aportando datos a los Servicios de Inteligencia de la Dictadura y en dónde aparecen actas de sus interrogatorios que resultan comprometedoras, esos viejos dirigentes deberían dar las explicaciones del caso o deberían cuestionar la veracidad de estas actas. Sin embargo, han callado. Lo digo con respeto, ya que sé lo duro que es el suelo cuando se está detenido.

La Toma de Pando no fue una toma, en un sentido militar. Tomar una ciudad es controlarla, es hacerse cargo de la Justicia y de los servicios del Estado, es hacerse cargo de su seguridad y es ejercer autoridad y poder sobre su territorio. Nada de eso ocurrió. Lo digo también con respeto porque ese hecho, inútil a mi juicio, costó sangre y muertes. Pero año a año, desde el espacio simbólico que construyen, se recuerda la Toma de Pando, como algo trascendente, toma que nunca existió. Asaltar un banco y tirotearse con la Policía no es tomar una ciudad ni es una operación militar. Por muy imaginativo que fuese el procedimiento elegido. En este caso una caravana fúnebre. En un sentido estricto, el MLN/T hizo acciones armadas pero nunca realizó acciones militares. Robar bancos, casinos o secuestrar personas no son acciones militares. Si lo fuesen, cualquier banda delictiva haría acciones militares. La única acción militar que recuerdo es el robo del arsenal de la armada. Esa si es una acción militar. Creo que fue la única, si la memoria no me falla. Matar un policía por la espalda no es una acción militar. Asesinar a Moran Charquero en la Rambla del Parque Rodó tampoco, aunque fuese una acción de represalia.

Quedan en el tintero otros aspectos relevantes. Los dirigentes que rodean a Mujica hacen de la confusión una virtud y del amague y la gambeta una táctica. Nunca entendí si con la idea del "Asado del Pepe" el gobierno le había bajado el precio a la carne o le había subido el precio a la grasa. Aún hoy no lo sé. Si sé que la ambigüedad es una constante en el modo de hacer política del MLN/T y del MPP. Es difícil saber bajo que piedra se esconde el cangrejo. Es tan difícil que tiendo a pensar que el MLN/T no existe más que en su mundo paralelo y que lo que realmente existe es un personaje mediático, el Pepe Mujica, que logra generar un respaldo político de significación. Ni siquiera sé que pasará con el MPP el día que no esté Mujica. Creo comenzará a extinguirse. Pero, al día de hoy, ya sea desde el mundo paralelo o desde el plano de la realidad tangible, de la mano de Mujica, hoy son el poder real que estará detrás del trono en el Frente Amplio sin importar quién sea finalmente el candidato del Frente Amplio a la Presidencia de la República. Quién lo sea, será rehén de Mujica y del MPP. Y lo será en los dos planos, en el virtual y en el real.

Estas son algunas de mis razones, de peso, para ser Navegante y para intentar construir una coalición de izquierda democrática en el Uruguay de nuestros días. No son las únicas. Pero eso es otra historia.

Roberto Domínguez

Magister en Comunicación

Ex Director de CX 30



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