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Brasil y nosotros

Enrique Gerschuni

01.11.2018

Hay una canción que dice "Chile es un país tan largo... mil cosas pueden pasar", es una estrofa de la cantata a Santamaría de Iquique cuya autoría es del grupo "Quilapayún", conjunto que para cientos es desconocido.

Parafraseando esa estrofa afirmo "es Brasil un país tan grande que miles de cosas pueden pasar". Nosotros que somos un país de apenas tres millones no tenemos realmente una cabal idea de lo que es vivir en país donde todos se cuentan por miles o por millones. Brasil no solamente son millones, sino que además una cosa es el nordeste con el sertón, otra es Río Grande del Sur, otra es Florianópolis y otra muy distinta la selva amazónica. Nosotros con nuestros suelos suavemente ondulados, con grandes extensiones de praderas, con un nivel de hidrografía excelente y con un territorio que podemos afirmar que la semilla que tires crece, se nos hace difícil a veces asumir la dimensión de Brasil. De ese inmenso país es que viene aquello de que "son lo más grande del mundo" y claro para ellos así lo sienten. Nosotros para sentir en la interna esa sensación tenemos que enmudecer Maracaná, o salir cuartos en un campeonato mundial o bien derrotar a una dictadura en un plebiscito como en el 80.

También tenemos diferencias desde la cultural, desde lo político, desde los procesos históricos que han formado nuestras idiosincrasias, todas estas diferencias que las tenemos claras en nuestra mente, muchas veces no las evidenciamos en algunas acciones o en algunos dichos.

El domingo pasado en la segunda vuelta de las elecciones se proclamó presidente un casi desconocido para nosotros, Salvo los estudiosos y algunos más menos vinculados a la política, supieron y escucharon de Bolsonaro en los últimos meses. Distinto es el caso de Macri, al cual se le conoció siendo presidente de Boca Juniors, un equipo de fútbol de Argentina, luego fue gobernador y hoy es presidente.

Pero volviendo a Brasil, uno y solo uno de muchos elementos que incidieron en esa victoria, fue el tremendo nivel de corrupción que tiene Brasil en la inmensa mayoría de su estructura administrativa y de gobierno, solo como ejemplo que rompe los ojos, quien impulso la destitución de Dilma, esta preso por corrupción y no por pocos años. Quiere decir que en cierta forma el pueblo brasilero se expresó de tres formas distintas ante este escenario. Unos votaron por quien ganó, otros entendiendo que peligraba la "democracia", votaron al contrincante y otros cuantos millones decidieron no votar o votar en blanco. Lo cual deja una sociedad y un espectro dividido en tres partes. Un buen observador podrá darse cuenta que encerré entre comillas la palabra que conlleva un concepto, "democracia", para mi en lo personal, esta no fue una elección democrática, ya que para llegar a esto, antes tuvieron que sacar a Dilma y es bueno decir que no le encontraron nada y fue investigada. No contentos con esa acción, se exponen ante el mundo encerrando a LuLa con el solo objetivo de que no pudiera presentarse como candidato. Por lo tanto para mi el proceso hacia la elección no tuvo nada de democrático.

Dejemos un poco a Brasil en paz que mucho tiene para hacer y para pensar. El título es Brasil y nosotros, ya he mostrado diferencias y en ese sentido esta implícito el nosotros.

Lo que deseo en realidad es detenerme en un discurso erróneo por parte de todo el arco de la oposición, con algunos preclaros que ustedes ya conocen por lo que no los voy a nombrar. El primer error que comete la oposición es que en su afán de disimular su falta de programas, de propuestas, de ideas hacia las próximas elecciones, trasladan mecánicamente la situación de Brasil a nuestro país. Cualquier persona sabe que eso es un error, de hecho el común de la gente sabe que no debe trasladar la experiencia buena o mala de su vecino a su vida personal, en las redes todos los días se publican cartelitos que apuntan a esto. Esta por demás claro que una oposición que se ha dedicado a oponer y no ha colaborar no piensa ni mide estas cosas, simplemente dice, escriben y festejan. Estas conductas están cargadas de muy mala intensión y lo que es peor de la idea que somos tontos.

¿Por qué afirmo esto?

En primer lugar nosotros estamos muy pero muy lejos de los niveles de corrupción de Brasil, no le llegamos ni a los tobillos.

En segundo lugar son conductas absolutamente demagógicas. Miremos un poco como han actuado los partidos involucrados. El Frente Amplio puso a funcionar su Tribunal de Conducta, hoy solo le falta expedirse sobre los informes de las 11 carpetas, Esto marca que hay un proceso que hay preocupación y que se han tomado las medidas que marcan los estatutos. La presión ejercida fundamentalmente por las bases del frente, dieron como resultado la renuncia del Vice Presidente, algo que ningún otro partido ha hecho, poniendo por tanto la vara donde debe estar en los temas de ética, bien arriba.

En cambio el partido Nacional, que tiene 8 de 12 Intendentes sospechados y algunos hasta con fallos por parte de la justicia en su contra, no se ha dignado a sacar o a invitar a dejar su cargo a ninguno.

A cada rato surge una noticia de que un blanco con responsabilidades se le denuncia por esto o aquello y los hechos son bien conocidos, no es mi intención hacer escraches. Solo dejar bien claro las distintas conductas asumidas. Por esto afirmo que son demagógicos a más no poder. En su desesperación se ciegan a lo que pasa en sus propias filas. Que Bascou siga al frente de la Intendencia de Soriano no tiene nombre.

El Frente ha iniciado un proceso, el partido Nacional aún no ha iniciado nada, pero habla de corrupción y lo que es más grave pretenden llevarnos a los niveles de Brasil.

Señores, los uruguayos hemo dado múltiples muestras y expresiones que  somos una sociedad culta y pensante, no nos subestimen más y muestren algo de respeto por aquellos a quienes le van a pedir el voto. Ocúpense de sus corruptos y háganlo de una vez, nosotros nos estamos ocupando de nuestros faltos de ética...

Nos vemos en las urnas.......

 

Enrique Gerschuni



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