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Poniéndole cifras al despilfarro de recursos en la salud

Carlos Vivas; Homero Bagnulo

05.11.2018

En estas columnas hemos abordado la gravedad que tiene  el gasto innecesario de recursos en la atención sanitaria sobre la financiación del sector. Hoy proponemos volver al mismo tema a punto de partida de un excelente trabajo realizado en el estado de Washington, por la Washington Health Alliance y la Washington State Medical Association.  Lo que aporta esta publicación y que entendemos debe captar el interés es  que ha logrado cuantificar  gasto innecesario así como  los determinantes de dicho despilfarro de recursos.

Al igual que otros trabajos ya analizados la sobreutilización de recursos es definida como la utilización de  exámenes, procedimientos y tratamientos que han demostrado beneficios mínimos en los diferentes escenarios clínicos y en los que  es mayor  el riesgo de producir daño que el beneficio potencial que brinda su uso.

Por el contrario se define como un cuidado apropiado aquel que 1) se apoya en evidencias, 2) es realmente necesario, 3) no reitera otros exámenes  o procedimientos que la persona ya hubiera recibido y 4) está lo más libre posible de causar daños.

Los datos ya disponibles previos a este trabajo mostraban que  en los Estados Unidos aproximadamente  la cuarta parte de todo el dinero aplicado a la atención sanitaria cada año es gastado en forma innecesaria (aproximadamente 765 billones de dólares al año). El  trabajo que analizaremos en esta columna utiliza datos de aproximadamente 2 millones 400 mil personas que disponen de seguros de salud  en el estado de Washington . Aproximadamente 1,3 millones de personas consultaron en el período comprendido entre julio del 2015 a junio del 2016. Para realizar la investigación se desarrolló un sofware (HealthWasteCalculator) que permitió identificar y cuantificar la sobreutilización de 47 situaciones de cuidados.

Los resultados fueron categorizados en 3 grupos: 1) necesarios, lo que indicaba que  el servicio realizado era clínicamente adecuado, 2) probable despilfarro, que indicaba la necesidad de cuestionarse la utilidad del servicio brindado y, 3) despilfarro, el servicio era claramente innecesario y no debió haberse brindado.

A continuación resumiremos algunos de los hallazgos del trabajo publicado:

-        De 1,52 millones de servicios (exámenes, procedimientos, tratamientos)  examinados el 46 % fue  calificado como de bajo valor.

-        De 1,3 millones de individuos que recibieron servicios, el 48% de ellos fue catalogado también como de bajo valor, lo que incluye  aquellos con posible despilfarro (1.5%) y despilfarro (46.4%)

-        Se invirtieron 785 millones de dólares en los servicios realizados, estimándose en 282 millones (36%) lo gastado en servicios de bajo valor que nada aportaron a los pacientes.

-        De las 47 medidas analizadas como determinantes de sobreutilización, 11 de ellas fueron responsables del 93%de los servicios de bajo valor, lo que determinó el 89% del gasto total.

-        Un total de 578.000 personas  recibieron al menos una de esas 11 medidas de bajo valor, lo que implica que la cuarta parte de la población analizada  recibió en un año alguna forma de cuidado médico que se puede considerar como despilfarro.

Las 11 medidas  en la que los instrumentos de análisis mostraron mayor despilfarro fueron, en orden decreciente:

  1. Screening demasiado frecuente de cáncer cervical en mujeres. Del total de 166.860 mujeres el 73% de ellas recibieron un screening  demasiado frecuente a un costo de U$D 19 millones.
  2.  Exámenes de laboratorio preoperatorios previos a una cirugía de bajo riesgo. Al 85% de 108.000 pacientes se le realizaron exámenes preoperatorios innecesarios con un costo total estimado de U$D 86 millones.  
  3. Imagenología para enfermedades oculares: de 104.744 pacientes al 74% de ellos  se les realizaron imágenes que se consideraron innecesarias. Despilfarro estimado 34  millones de dólares.
  4. Estudios electrocardiográficos o de screening cardíaco anuales:  Un 23 % del total de  406.225 individuos se les realizó electrocardiograma o algún procedimiento de screening innecesario con un costo estimado de 40 millones de U$D
  5. Indicación de antibióticos para afecciones del tracto respiratorio superior y del oído:  El análisis realizado reveló que el ¡¡98% !! recibió antibióticos innecesarios con un costo estimado de U$D 2.3 millones (73, 364 pacientes)
  6. Despistaje de cáncer de próstata por PSA:  Del total de 77.023 PSA realizados, el 62% no tenía indicación con un costo estimado de U$D 9.9 millones.
  7. Screening de base poblacional de  deficiencia de vitamina D: En este análisis de un total de 103.332 individuos en  el 35% no había indicación para su realización y este dispendio fue de U$D 12 millones.
  8. Imagenología en lumbalgia:  de los 16.673 individuos que se les realizó imágenes por una lumbalgia en el 83%, esta se consideró innecesaria a un costo estimado de 4 millones de dólares.
  9. Electrocardiograma, radiología de tórax y Test de función pulmonar preoperatorios:  El 20% de quienes recibieron estos exámenes no tenían indicación de los mismos, por lo que podrían haberse evitado el gasto de U$D 6,4 millones.
  10. Estrés,  test cardíacos: En el 18% de los casos se consideraron inadecuados, con un costo estimado de U$D 33.4 millones.
  11. Imagenología en cefaleas no complicadas: De los 9.092 pacientes que recibieron tomografía computada, resonancia magnética u alguna otra imagenología por su cefalea, en el 53% de ellos la misma no tenia indicación, con un costo estimado de U$D 6.7 millones.

 

Por último es imprescindible destacar que los autores recomiendan que los resultados por ellos obtenidos no se extrapolen a otras poblaciones. Recomiendan que sus resultados sirvan para direccionar búsquedas de despilfarro en diferentes  sistemas.  Por nuestra parte consideramos a los datos aportados como muy relevantes y que permitirían orientarnos hacia donde buscar los despilfarros que seguramente nuestro sistema también presenta.



Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas


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