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La conjura de los necios

Marcelo Marchese

07.11.2018

"Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él" Johnathan Swift.

Quiso el Destino que el primer aniversario de la muerte de Daniel Viglietti coincidiera con la venida al país de Roger Waters. El lector podrá encontrar demasiado forzado este nexo, pues las diferencias estéticas entre uno y otro parecen evidentes, algo que con gusto discutiría, pero importa aquí destacar los nexos que desde todo punto de vista son obvios.

Los dos artistas en su concepción de belleza incluyen la lucha política, lo que significa que el artista entiende como una manifestación de la belleza su lucha política. Habida cuenta del grado de incomprensión lectora generalizado, debo necesariamente pasar por debajo de las Horcas Caudinas y aclarar que la lucha política no es el único tema que abordan estos artistas (deliberadamente no elegí la palabra "abordaron" refiriéndome a Daniel) y a su vez, que no debe considerarse mejor o peor al artista que no aborde directa y conscientemente la lucha política.

Existió una "literatura de compromiso" que no produjo obras demasiado maravillosas y existió un "realismo socialista" que sólo produjo basura por lo que, el eventual compromiso político no es garantía de nada y en especial, no es garantía de producción de belleza. A su vez, existieron artistas que evitaron complicarse la vida con manifestaciones políticas de ningún tipo, o que adoptaron posiciones abiertamente reaccionarias, y muchos de esos artistas produjeron obras inmortales.

Al artista no se le puede exigir nada y nada sirve exigirle. Lo único que debemos hacer es dejar al artista trabajar en paz y si quisiéramos exigirle algo, como le podríamos exigir a cualquier persona en la tierra, ello sería que fuera auténtico, que no tema ser auténticos. El artista, cuando habla de sí habla de todos nosotros y ese hecho, hablar de sí, mostrar los abismos del ser humano, es una obra eminentemente revolucionaria, en el sentido más vasto y radical que el amable lector le quiera asignar a la palabra "revolucionario".

Pasado por debajo de una de estas inevitables Horcas Caudinas que se extienden cada vez más ante nuestro paso, y habiéndonos sometido a estas Horcas Caudinas una vez más con todo el desprecio que nos genera, decimos que hay artistas que cuando hablan de sí mismos descubren que inevitablemente enfrentan a los poderes establecidos y sienten, al enfrentarlos, el apoyo de la gente oprimida por los poderes establecidos y sienten felicidad, sienten que se encuentran justamente en el centro de su ser al enfrentarse al viento y la marea y los endriagos.

Sucede que los poderes establecidos quisieran artistas que nos pinten el mundo color de rosa o con los colores que le resulten gratos a los poderes establecidos (pido perdón al color rosa que no tiene nada que ver en este asunto) y sobre todo, quisieran (y en general logran) que los artistas se dediquen a los suyo y que los zapateros vayan a sus zapatos ¡Peligro! Esta posición por la cual cada uno de nosotros debe dedicarse a los suyo y cerrar la boca con respecto a todo lo demás, es abiertamente enemiga del hombre.

Primero que nada es enemiga de la democracia e implica que dejemos los asuntos de la política a los políticos profesionales y sobre todo, a los técnicos, que hablan con ese lenguaje inextricable que supone sabiduría ¡Pamplinas! Emplean ese lenguaje precisamente porque temen el poder de la democracia y les va la vida en perpetuar lo que en verdad vivimos, una tecnocracia.

Segundo, es una posición abiertamente enemiga del arte, pues pretende decirle al artista qué temas debe abordar. La importancia del arte está dada por su libertad, la libertad del artista para abordar lo que siente, lo que desea, la libertad del artista para explorar el hombre y la vida y transformar en belleza lo que ha vivido.

Tercero y capital, al intentar impedir que el artista se meta en materia política, por efecto inverso, se busca perpetuar esa división entre artista y público, un engaño vital al Sistema. No existe tal división. Todos somos artistas, todos somos público y para poner un ejemplo, veamos la relación entre el autor y el lector. El lector le da una voz al autor. Cada autor que leemos tiene una voz particular que algunos sienten con fuerza, pero esa voz es la voz del autor y es una voz nuestra, la voz que le damos, la voz que evoca en nosotros las cosas que nos dice. Por eso, la obra de arte es, al menos, dual: hace arte el que escribe y hace arte el que lee, pero esto es un ejemplo y lo más sencillo es decir que todos llevamos a cabo todos los días el arte culinario, todos cantamos, bailamos, decimos palabras hermosas, que son literatura y en suma, todos somos artistas, pero no todos lo sabemos y es vital para el Sistema que no lo sepamos, es vital que no profundicemos en el verdadero poder que tenemos.

El problema que nos trajo aquí no termina en estos tres puntos. Como el lector puede apreciar, cuando un artista habla por la boca del poder es maravilloso para el poder; el problema surge cuando el artista escapa del rebaño, ahí pasa a ser un hereje, un atrevido que se mete donde no lo llaman, el terreno exclusivo del poder y como lo que dice el artista molesta, inquieta, provoca sublevación, intentan defenestrarlo.

Que el filósofo hable es peligroso pero no tanto, lo grave es que hable al artista, el que utiliza todos los recursos de la filosofía y además, todos los otros recursos para tocar el corazón del hombre y si ese artista tiene fama mundial, nos encontramos frente a un hombre que se pretenderá destruir por todos los mecanismos posibles, incluyendo, y cada vez más, los judiciales.

La venida de Roger Waters ha servido para muchas cosas y entre ellas, para mostrarnos la retórica del poder. Un mecanismo eficiente del poder es buscar un punto molesto y apuntar allí, meter con toda saña el dedo en la llaga, para que la atención pública se dirija allí y no se dirija a las palabras que dice el subversivo. En el caso de Waters fue, justamente, la poderosa imagen del cerdo.

Nos enteramos en estos días, tanto quien escribe como el 99,999 % de la población que estuvo atenta a esto, que en el medioevo, en la Europa central, se usó la imagen del cerdo para asociarla con los judíos. Pretender que Waters o Mongocho usó esa imagen pues en el medioevo algún racista imbécil la haya usado, no es de tontos, es de vivos que llevan a cabo una operación política con el deliberado propósito de engañar a la gente.

Waters usó de la imagen del cerdo hace pocos días y la usó hace decenios en el disco Animals. Nosotros la usamos en la Carta pública a Roger Waters y la usamos el 11 de Octubre, en la entrega de Peticiones contra UPM2, cuando un cerdo vestido de traje y banda presidencial saludaba con sus guantes de cirujano al público, mientras la muerte se paseaba con un hacha y tres cuervos repartían dólares a los transeúntes que pasaban por la Torre Ejecutiva, dólares que tenían impreso en la reversa "Vale por tu tierra, tus ríos, tu sudor y tu alma" y antes de nosotros, Art Spiegelman hizo Maus, donde los judíos son ratones, los nazis son gatos y los cerdos, creo recordar, son los "kapos", reclusos judíos al servicio de los nazis y antes de él, el antistalinista George Orwell escribió Rebelión en la Granja y si siguiera esta enumeración, llegaría al inicio mismo del arte pues en el arte y en el lenguaje, en un principio fueron los animales, como lo puede constatar cualquiera que vea las pinturas de Altamira, cualquiera que averigüe sobre el origen de los cuentos y el rol de la fabula en el origen del cuento y cualquiera que averigüe sobre el origen de la grafía, es decir, de las letras de nuestros alfabetos.

En suma, acusar a Waters de antisemita por el uso de la imagen del cerdo demuestra una ignorancia asombrosa, no en quienes fabrican el veneno y lo destilan en la sociedad, pues ellos saben que Waters no es antisemita, sino en quienes beben el veneno y luego, drogados, repiten acríticamente lo que el veneno les sugiere a sus mentes previamente debilitadas.

¿Qué dijo Roger Waters? Dijo lo que viene diciendo hace años con su arte y en esencia, lo siguiente: "No necesitamos ningún control mental".

Sí, es importante que haya hablado también de los derechos de los Palestinos y obsérvese cómo el sionismo logró, agitando el cuco del cerdo y el antisemitismo, que no pensáramos aunque sea un instante en los palestinos. Estas gentes saben cómo usar de la victimización para difamar, mentir, robar, torturar y masacrar.

Es importante que Roger se la haya jugado, es importante que Viglietti se la haya jugado. Si Viglietti no se la hubiese jugado no hubiera estado preso y en el exilio y no hubiese levantado este juicio a la hora de su muerte: "El paso de Viglietti por la realidad nacional ha sido sin dudas nefasto".

Hay que sospechar del artista que levanta unanimidades al tiempo que el poder, desde su trono, le hace palmaditas en la cabeza con la mano izquierda en tanto con la mano derecha sujeta la cadena que lo aherroja. Si se dice que el artista fue nefasto, si se ataca al artista, se está reconociendo el poder del artista, se esta reconociendo que el artista dio en la diana de la belleza, que también significa que ha dado en el corazón del hombre.

Ante las alharacas, ante la infamia, ante la canallada, la ignorancia, la vergüenza y en suma, ante el griterío de toda esa fauna reunida en el zoológico del poder, volvamos a pensar en la frase de Waters: "No necesitamos ningún control mental". Debemos pensar en eso, pues el Sistema aplica todo su poder en este control y en ese control le va la vida y no se detiene, y con cada movimiento, genera una nueva vuelta de tuerca.

El paso de Waters mostró este mecanismo de control pergeñado contra el hombre. Pensemos nuevamente, y por tercera vez lo escribimos, qué significa y cómo, cuándo y por qué alguien dice "No necesitamos ningún control mental".



Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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