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imagen del contenido Fernando Gil Díaz

Mutis por el fútbol

Fernando Gil Díaz

27.11.2018

La “final mundial” terminó siendo un “mundial bochorno” que dejó muy mal paradas a las autoridades argentinas encabezadas por la ministra Patricia Bullrich quien alardeó sobre las medidas del superclásico en los albores de la cumbre del G20.

Esos episodios nos hicieron acordar a otros -de menor escala pero no menos violentos- que vivimos no hace mucho tiempo en nuestro país. Una garrafa charrúa fue entonces el detonante que impidió un partido clásico y aceleró la aplicación de medidas largamente resistidas por los dueños del fútbol, esos mismos que no asumían la responsabilidad que siempre les cupo en la organización de los espectáculos deportivos. Los cronistas orientales se hicieron gárgaras con las críticas a un operativo pésimamente planificado que permitió las agresiones a los jugadores de Boca Juniors a escasos metros del ingreso al Monumental de Núñez. Nada les hizo recordar a los operativos uruguayos que si algo han tenido en los últimos tiempos fue planificación y profesionalismo en sus despliegues. A veces el silencio es el mejor elogio, a todos ellos, gracias por el mutis...

La Ley Conmebol

Para muchos seguramente pasó desapercibido pues la atención se concentraba en la frustrada final que fuera postergada el sábado y suspendida el domingo. El comentarista, (relator también), hacía foco en esa palabra, advirtiendo a su enviado especial sobre el punto no menor de hablar de suspensión y no de una postergación tal cual declarara el propio Presidente de la Conmebol - el paraguayo Domínguez- ya que Boca Juniors había presentado una nota pidiendo la suspensión con el consecuente reclamo de los puntos como penalización por los incidentes (lo que se infiere del mismo reclamo).

Allí vino lo que pasaría desapercibido por Alberto Kesman (el informativista en cuestión), quien repasó una cláusula del reglamento Conmebol que refiere a la responsabilidad del organizador. Expresamente, el Artículo 8º de su Reglamento Disciplinario que establece:

1. Las Asociaciones Miembro y los clubes son responsables del comportamiento de sus jugadores, oficiales, miembros, público asistente, aficionados así como de cualquier otra persona que ejerza o pudiera ejercer en su nombre cualquier función con ocasión de los preparativos, organización o de la celebración de un partido de fútbol, sea de carácter oficial o amistoso.

2. Las Asociaciones Miembro y clubes son responsables de la seguridad y del orden tanto en el interior como en las inmediaciones del estadio, antes, durante y después del partido del cual sean anfitriones u organizadores. Esta responsabilidad se extiende a todos los incidentes que de cualquier naturaleza pudieran suceder, encontrándose por ello expuestos a la imposición de las sanciones disciplinarias y cumplimiento de las órdenes e instrucciones que pudieran adoptarse por los órganos judiciales.

A esta norma, que es ley para los clubes y se aprobara en noviembre de 2017,  no se la discute, se aplica sin más. Lo extraño es que a ningún periodista deportivo se le ocurrió cuestionar su contenido por cuanto establece claramente una premisa que consagra la responsabilidad de "la seguridad y del orden tanto en el interior como en las inmediaciones del estadio, antes, durante y después del partido...", al organizador. Algo que siempre manejaron las autoridades uruguayas (que habían tomado el ejemplo europeo), y fuera tan cuestionado en su momento, pero que ahora pasaría de forma extrañamente inadvertida.

No hubo referencia alguna al punto en el informe, sin embargo supo ser muy crítico en su momento cuando el Ministerio del Interior dispuso la necesidad de su aplicación, llamando a la responsabilidad que le cabe al organizador de los espectáculos deportivos en el tema de la seguridad. No solo obviaron entonces la realidad internacional de la que se sirvió Bonomi y su equipo para disponer esas medidas, sino que ahora, cuando informan sobre hechos como los ocurridos en Buenos Aires, lo hacen sin los cuestionamientos que entonces le hacían a la Policía y al Ministerio del Interior de nuestro país.

El criterio Conmebol echa por tierra lo que antes sostenían los detractores de la postura oficial uruguaya, pues el reclamo -cuasi unánime entonces- era el de la responsabilidad exclusiva de la Policía en la seguridad de los espectáculos deportivos (organizados por una asociación privada como la AUF).

Una garrafa al vacío

La historia lo recordará como "el clásico de la garrafa", un hecho impensado que desbordó  la paciencia del Presidente Vázquez quien terminó imponiendo una serie de medidas postergadas durante mucho tiempo (cámaras de reconocimiento facial, entradas nominadas con Cédula de Identidad, etc). Ese fue el punto de quiebre que puso fin a los hechos de violencia en los escenarios deportivos y empezó a engrosar una larga lista negra de impedidos a ingresar a los estadios por haber participado en eventos violentos.

Durante mucho tiempo se buscó que la Policía fuera la única responsable de lo que ocurría en los espectáculos deportivos (eventos organizados por privados) con la excusa de ser eventos de concurrencia masiva. Condición que también ostentan los toques musicales, por ejemplo, y sin embargo nadie discutió nunca la responsabilidad que tiene el organizador de asegurar el normal desarrollo de los mismos.

Una vez que asumieron su papel y se acordó el rol garante de la Policía, la violencia empezó a ser un invitado cada vez menos frecuente hasta que desapareció formalmente de los espectáculos deportivos uruguayos de primera división. En suma, era tan fácil como asumir lo que ya estaba ampliamente probado que funcionaba en otras partes del mundo; realidades que invitaron a conocer pero que se negaban a aplicar en nuestro país.

Al ver lo que ocurrió en Argentina en esta frustrada "final del mundo", se debería hacer justicia y reconocer el acierto de las autoridades uruguayas en la aplicación de medidas que dieron solución a lo que se padecía en los escenarios deportivos. Obviamente que nada asegura que no ocurran en el futuro, pero de ocurrir no serán impunes sus autores pues hoy contamos con tecnologías que documentan y permiten identificar a los que antes eran anónimos y se ocultaban en la turba. Hoy tenemos tribunas identificadas, y eso hace la diferencia de forma notoria.

Mientras allende el Plata se ensayan medidas que solo ratifican el fracaso (como jugar partidos sin hinchada visitante), en Uruguay los grandes se aprestan a asegurar la realización de partidos clásicos en sus respectivos estadios. Y lo planifican asegurando desde ya la realización de los mismos de forma segura, con garantías para que se disputen con hinchada visitante y sea todo parte de una fiesta. Los últimos antecedentes de partidos clásicos definitorios (particularmente la final), auguran un panorama favorable a ese fin.

El cambio cultural operado en la afición deportiva debe ser revertido y si bien eso requerirá un tiempo similar o mayor al que insumió el giro negativo actual, el objetivo debe ser el de inculcar la idea de un partido de fútbol como una fiesta deportiva.

Un evento que tiene el intangible adicional y esperanzador de que sea quien sea el victorioso, siempre tendrá revancha...





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