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Árbol sin raíces no aguanta parado ningún temporal

Juan Pedro Ciganda

02.12.2018

Al menos a mí me pasa que alguna canción, un video, una vieja película, la relectura de algo, pueden emocionarme sin anestesia. Soy parecido a mi amigo Diego Brugnoli, el Tano, de lágrima fácil. Serán los años.

Está ahí, entre tantos C.D. guardados que uno escucha de vez en cuando.

Larbanois, el Eduardo y Carrero, Mario (el cantor engominado de antaño, cuando podía usar la Brancato o el fijador "Éxito")  son, sin duda, y parafraseando a Cadícamo,  el dúo mas mentado que pudo haber caminado por esas calles de Montevideo y muchas geografías.

Es difícil cuantificar todo lo que esos dos crearon a lo largo de cuatro décadas. Son excelentes músicos y grandes tipos.

"Santa Marta", es un pueblito que no existe pero que habla de tantos pueblos, de lo que somos, lo que hemos sido y lo que podemos llegar a no ser nunca más. Porque a partir de algunos olvidos, cualquier viento fuerte nos puede llevar al demonio. No ser nunca más. Y no por la biología.

El otro día cuando los vi de nuevo, cantando en "cuatro en línea", interpretando otra vez una de sus mejores inventos, me conmoví otra vez.

Carrero ha explicado muchas veces, incluidos colegios, reuniones, reportajes, que  se deben evitar las confusiones.

 "La interné" no es una desgracia.

Tener la posibilidad  de la que carecíamos en los lejanos  años mozos - nuestra propia  generación de sub.80 - de comunicarnos, de informarnos, de tocar una tecla del ordenador o la computadora, como queramos,  saber lo que está pasando en este exacto momento en el mundo, acceder al conocimiento, hasta usar la Wikipedia y enterarse en segundos quiénes fueron Sartre, Obdulio, Borges, Chico Tazo, Einstein o Discépolo, es maravilloso. Para pibes y pibas de seis a noventa y ocho años. Pese a todos los peses, el progreso no es trivialidad ni zoncera.

Si es un  instrumento al servicio de los bichos humanos o no, si las peores y las mejores cosas pueden mixturarse en una melange indescifrable a veces, es asunto de la gente que habita el planeta.

También la de  ese territorio ubicado en Océano Atlántico esquina Río de la Plata.

Acaso atañe a algunas reglas de juego universales, que no son juego. Ni muy gratificantes. También es posible misión de la gente encarar el entuerto. La gente del Olimpo no existe o está ocupada de otras gestiones.

No se vivía mejor cuando un infarto mataba a un ser humano de modo casi inevitable (a mi viejo, por ejemplo, a los 56) y es hermoso encontrarse con el amigo que no ves hace tiempo y te topás con él caminando y te explica  "me pegué un susto, pero me encajaron un sten y todas esas vainas hace dos meses y me salvé". El hombre sigue su marcha en championes y se siente un  joven de la sub setenta.  Vamo' arriba que pa' delante están las casas.

No se vivía mejor cuando había viruela, o la palabra cáncer era sinónimo ineluctable de final.

Pero en Santa Marta, la gente se enloquece si hay liquidación, las casas se rodean de rejas, la charla del café está derogada porque juega el Barcelona, los jovenzuelos no dan vueltas por la plaza y a menudo cuando están sentados  tomando algo (chicos, maduros, veteranos), cada uno está más atento al celular y al whatsapeo, que a lo que dice el que comparte un café o una cerveza. Llegamos a saber poco del que tenemos a un lado.

No nos da el tiempo Los afectos pueden llegar a ser borrados aplicando la tecla "supr."

Todo tiempo pasado no fue mejor. Por suerte.

La violencia machista no creció, seguramente.  La conocemos más, sin duda. Por eso se la puede combatir de otro modo. No hay más ahora que antes.  Es más conocida y condenada. Aunque aún sigan existiendo las lapidaciones a mujeres infieles y a pesar de que todavía se murmure: "bueno...hay que ver cómo fueron las cosas" (y la posible deslealtad de pareja)

El problema de las raíces no es de científicos ni floristas. Es de nosotros.

Porque "no todo está en venta, no todo es mercado." Por ello es conveniente tener presente que "árbol sin raíces no aguanta parado ningún temporal".

Y si todo estuviera en oferta, hay que rebobinar, resetear, cambiar, cambiarnos.

Las leyes del barrio no eran inocuas, tontas.  Al que está en el piso no se le pega, si te metés con mi hermano chico te reviento, la guita que se le deja al lechero en la puerta, no se toca; los "guapos" en barra, no son guapos.

Era así en el Paso Molino, en Chamizo, en el Marconi, en Melo o en el Tacuarembó del Bocha. Principios generales, diría el jurista  prestigioso,  pero también lo afirmaban  el peor de la clase o el que iba a la Amsterdam.

Eso tiene que ver con raíces. Con las buenas cosas. Con las que no deben ser objeto de amnesias.  

Es notable ponerse medio minuto en los zapatos del otro antes de putearlo. Intentar entenderlo.

¿Nostalgia? Puede ser.  

Si sos solidario con el que anda mal, si juntarse en un club, en un sindicato, en un emprendimiento cooperativo, en un grupo para defender la memoria, en una barra de veteranos que escuchan jazz, en un lote de pibes que rescatan lo mejor de sus ancestros,  si eso se hace, no estamos ante antiguallas. No se trata de museos.

Somos mejores cuando somos "mucho más que dos".

Yo sé que esto no tiene nada que ver con campañas electorales. O sí.

Otro día la seguimos. A la brevedad.

 

Juan Pedro Ciganda



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