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¿Crear riqueza o acabar con la riqueza?

Jaime Secco

06.12.2018

En un episodio del reciente Congreso del Frente Amplio se propuso una serie de impuestos a los ingresos altos (Renta Empresarial, Renta Personal, Patrimonio, Transmisión de Patrimonio, Herencia). Terminó saliendo una invitación a analizar mejor el tema. Esta nota es una contribución a ese debate.

Se invoca la justicia. En un folleto clásico, Norberto Bobbio define a la aspiración de igualdad como la "estrella polar" distintiva de toda izquierda. Puede ser, pero no alcanza con una meta lejana, se precisa un mapa de ruta. Si un barco parte de la Isla de Flores rumbo a Cuba sufrirá un feo encuentro con una playa de Canelones si decide dirigirse directamente hacia el norte.

El Frente Amplio surgió como una alternativa para acabar con el estancamiento productivo que era evidente desde mediados del siglo pasado. Las propuestas concretas en cada momento no opacaron nunca este objetivo que se mantiene explícitamente en las Bases Programáticas que el Congreso aprobó para el próximo quinquenio. Ni hablar que bajo sus gobiernos el país alcanzó efectivamente tasas de crecimiento nunca vistas que nos llevaron a ubicarnos entre los países de renta alta.

Hay quien se congratula de que en 2008, a diferencia de muchos vecinos, Uruguay siguió creciendo. Pero no siguen con un análisis de por qué se logró eso y a renglón seguido afirman que la política económica del FA está agotada.

 

La inversión y su incentivo

En términos generales, de una inversión hoy debe esperarse un crecimiento de la producción mañana. Claro que puede haber inversiones equivocadas; todos lo sabemos. Incluso de entes del Estado. Pero en general, nadie invierte 'para' perder dinero, sino para ganarlo.

Esta es la razón por la que el Frente Amplio ha insistido en el aumento de la inversión. No desde que llegó al gobierno, sino desde antes; al menos durante toda la década del 90. Porque quiere que la economía uruguaya crezca.

Las personas que tienen dinero tienen muchas opciones para ganar dinero si rinden más que invertir productivamente. Pueden, por ejemplo, dejar el dinero en el banco, llevárselo del país, especular o incursionar en negocios ilegales. La historia demostró que la coerción no es eficaz. Vemos en Argentina que gobierno tras gobierno concede amnistía a los capitales fugados, con poco éxito, y en el mismo momento los ministros se llevan su dinero.

Lo que sí funciona. Lo que funcionó en Uruguay, son los inventivos. Se trata de lograr que invertir en Uruguay convenga más que dejar el dinero en otro lado o hacer otras cosas. Tanto a uruguayos como a extranjeros.

Una buena explicación de por qué Uruguay no crecía en el medio siglo anterior a 2005, es que había oportunidades más rentables en otras actividades. Las estructuras de incentivos no impulsaban la inversión. Se habla de un empresariado rentista, cuyas ganancias no provenían de la eficiencia, la competencia o la innovación, sino de otras actividades como la connivencia o la presión a los gobernantes para asegurarse tipos de cambio diferenciales, cupos u otras ventajas.

Martín Rama relevó dos mil leyes y decretos entre 1925 y 1983 que mencionaban a una empresa por su nombre y otro tanto redactados de tal forma de cuya redacción hace pensar en un destinatario concreto. Unas seis normas por mes. Hubo economistas que estimaron cuánto convenía invertir en estos lobbies. Hoy todavía vemos empresarios nostálgicos en las cámaras reclamando que "el estado tiene que asegurarnos la rentabilidad".

Pero hay otro mecanismo que conspiraba contra la inversión. Martín Rama menciona llamada inconsistencia temporal de las decisiones. El Estado puede decir que no va a aumentar los impuestos o a devaluar para que los empresarios inviertan y, cuando lo hacen, hacer lo contrario, buscando resarcirse de otras concesiones. Se aprovecha así de la "irreversibilidad" de las inversiones. Una vez hechas, ese dinero no puede sacarse fácilmente. Pero por eso mismo, no se hacían algunas inversiones que los estudios demostraban que iban a ser rentables.

 

¿Qué hizo bien el Frente?

El Frente Amplio tenía al llegar menos ataduras políticas con las presiones empresariales y eso jugó a favor de acabar con la industria de la búsqueda del decreto propio.

Pero además, meticulosamente se embarcó en la transformación de las instituciones para ganar confianza; una palabra clave. Desde la ley de Competencia a la de Quiebras, desde la Ley Orgánica del Banco Central hasta la forma de elaborar y cumplir con los presupuestos. Sin confianza no habrá inversión, como vimos.

Por otra parte, hizo cambios en la ley de promoción de inversiones para que efectivamente funcione. Los criterios se fueron variando para estimular en cada momento los objetivos prioritarios: empleo, localización en el Interior, transferencia de tecnología, etc. No queda claro de qué hablan quienes, como una idea nueva, proponen que se estimule sólo a las inversiones que convienen al país.

La inversión en Uruguay estaba casi en el límite de la reposición y subió para ser un motor del crecimiento. En primer lugar, la inversión pública, que era eternamente recortada. Por eso no se entiende cuando se habla de que la política económica está vencida y para cambiarla se propone un shock logístico. Sobre esto, preguntarle a Víctor Rossi. Desde 2015 el Ministerio de Transporte invirtió más de mil quinientos millones de dólares en vialidad. El plan nacional de infraestructura suma para el quinquenio 12 mil millones de dólares.

Pero hablamos de la inversión privada. Hay un mito de que el crecimiento vino solo de la inversión extranjera directa. Entre el 2006 y el 2016 solo el 43% del monto de inversiones recomendadas por la COMAP corresponde a proyectos de empresas extranjeras. Es importante que otros traigan su dinero a producir aquí y es estratégico que traigan tecnologías que no teníamos. Hoy se levanta alarma porque estas empresas pueden retirar sus ganancias. Eso es una visión mercantilista que cree que la riqueza de las naciones depende del oro contenido en sus fronteras. Primero, la tendencia es a que reinviertan. Segundo, lo que nos debe preocupar es que a ellas o a otros les siga conviniendo invertir aquí; porque si no, ese dinero se irá de una manera u otra. Si alguien lleva dinero a un banco de Singapur, ese dinero de alguna manera retornará financiando a una nueva inversión.

 

¿Crecimiento o igualdad?

A esta altura queda claro para qué, desde el 71 hasta hoy, el Frente Amplio quiere estructuras de incentivo que impulsen la inversión. Pero es necesario preguntarse por qué el Frente Amplio prefiere el crecimiento en lugar del estancamiento productivo. ¿La estrella polar no era la igualdad?

Sí. Y seguramente sublevan las desigualdades que persisten, lo que explica la moción descartada como fruto de un impulso generoso aunque se haya considerado equivocado. Volvemos al mapa y la ruta del barco que se dirige al Caribe.

Algunos piensan que el crecimiento es solamente algo conveniente para que el Estado haga caja para programas sociales. Y se esfuerzan por vía impositiva para lograr esos recursos incluso sin crecimiento.

La política social es parte integrante de cualquier buen gobierno. Y mantenerlas incluso cuando hay recesión es la piedra de toque de una política de izquierda bien armada. Pero el crecimiento es mucho más que un recurso para hacer caja.

Sin ser exhaustivo, en primer lugar el crecimiento, el pleno empleo y la competencia por mano de obra que suba los salarios es en sí mismo el mayor programa social. Los países más desarrollados, como los escandinavos, tienen enormes impuestos y transferencias públicas. Pero basadas en enormes productos brutos per cápita y en una enorme distribución primaria, la que se da a nivel de la empresa entre salarios y ganancias.

En segundo lugar, el crecimiento es lo más antiimperialista que podemos hacer. Quien tiene recursos tiene opciones y capacidad de decisión. Es un tema de soberanía nacional.

 



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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