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Un texto para la minoría de la minoría de la minoría

Marcelo Marchese

02.01.2019

Marx nos dejó un lúcido y hasta ahora inigualado análisis de la dinámica del Capital, pero no hay hombre en esta tierra que sea revolucionario en todos los aspectos. Siempre el hombre que se levanta contra el orden establecido guarda, por evidentes necesidades psíquicas, algún aspecto conservador y si se levantara contra todo el orden establecido en todos los aspectos, o lo crucificarían o haría milagros.

Carlos Marx falló en algunas cosas y en particular, falló al no comprender el fenómeno religioso, un fallo originado por la influencia del positivismo en su ideología, el positivismo, esa lepra en el pensamiento del siglo XIX.

"La religión es el opio de los pueblos" es una sentencia en parte verdadera y en rigor, falsa. La religión fue el opio de los pueblos, pero también fue el trigo y el maíz de los pueblos y he ahí la falla de Marx y de todos los que asumen su sentencia como la última palabra sobre una cuestión asaz compleja, profunda y misteriosa.

Es en extremo difícil tratar este asunto y creo que será particularmente difícil para aquellas personas ayunas de todo tipo de sentimiento religioso. Acaso la palabra "religioso", por razones meramente retóricas podría ser suplantada por la palabra "metafísico", así que diremos que éste es un problema difícil para todos, y en particular, para las personas ajenas a preocupaciones metafísicas. La inteligencia, se sabe, es una sóla, como es uno sólo el conocimiento, pero existen diferentes áreas del conocimiento y existen, como vemos, diferentes talentos y mientras algunos son inteligentes mediante el uso de un método de razonamiento, otros son inteligentes mediante intuiciones; aquellos son inteligentes en el uso de los números, los de allá son inteligentes en el uso de las palabras, estos son inteligentes en la distribución de cuerpos en el espacio, los de acullá son inteligentes con su cuerpo desplazándose en el espacio y los de más allá son inteligentes en cuestiones metafísicas, esto es, tienen aptitudes para descubrir cierto orden, cierta lógica en el universo, una lógica que llevó al poeta a decir que "Un pensamiento llena la inmensidad".

Por lo que sabemos, los hombres primitivos practicaban religiones y allí tenemos a modo de prueba los rituales religiosos que acompañaban la muerte de un integrante de la tribu. Estas religiones conciben que el hombre forma parte de una unidad con los otros hombres, con las plantas y los animales y en suma, con la divinidad. El dios, las diosas y dioses, la divinidad, no está separada del hombre, el hombre es parte de la divinidad.

El primer quiebre de esta concepción vino de la mano de profundos cambios en la vida de la humanidad, cambios que marcaron el paso del paleolítico al neolítico, cuando tras milenios de abundancia advino la crisis alimentaria de la prehistoria y nacieron instituciones como la propiedad privada, la esclavitud, el Estado, la agricultura organizada, la contabilidad, la escritura y las religiones teocráticas. El cambio en este mundo necesariamente exigió un cambio en el otro mundo, o si se quiere, el cambio en uno de los planos de la realidad exigió cambios en otros planos de la realidad.

Es importante entender la dinámica de este crucial cambio, de este inicio de una nueva era después de cuatro millones de años de historia humana. En esos cuatro millones de años también hubo cambios cruciales, cambios originados por el control del fuego, cambios originados por el mundo que fue transformando el hombre en tanto cambiaba su cuerpo y su lenguaje, pero por ahora no sabemos qué instituciones nacieron, qué cambios se operaron en las religiones de aquellos hombres, sólo sabemos que durante cuatro millones de años a nadie se le ocurrió pensar que esta porción de tierra era de su exclusiva propiedad y tampoco a nadie se le ocurrió esclavizar a otro para que la trabajara, pues donde abunda el alimento es muy difícil esclavizar a nadie, y donde abunda el alimento nadie necesita esclavizar a nadie.

Para asegurarse este dominio sobre los esclavos, y aquí como esclavo entiéndase al trabajador del llamado modo de producción asiático, al esclavo de la antigüedad clásica, al siervo de la gleba o al trabajador moderno, el Sistema necesita influir, determinar, las diferentes inteligencias de los esclavos incluyendo, claro está, su inteligencia "metafísica", pues su inteligencia metafísica es su inteligencia última o primera, su inteligencia fundamental, la que define su moral y su relación con la Naturaleza.

Así, en aquel modo de producción asiático, el poder estaba indisolublemente unido al poder religioso, el faraón era un dios y por lo tanto, el poder usaba de la inteligencia religiosa para dominar, y en ese sentido, el poder trataba de convertir a la religión en un opio para mantener dormido al pueblo. El hombre se sentía parte del cosmos y el poder intentaba llevar a su molino ese vínculo instituyendo jerarquías religiosas y luego, instituyendo códigos religiosos, libros que fijaran la verdad. Este proceso por el cual el poder intenta llevar las aguas del sentimiento religioso, de la inteligencia religiosa a su molino, es harto complejo y múltiple, pues las religiones son resultado, siempre, de otras religiones, devienen de otras religiones cuando en el mundo se han operado una serie de cambios, una serie de cambios que incluyen cambios en las concepciones filosóficas.

Tenemos entonces un poder establecido y tenemos entonces a los dominados que inicialmente son gentes de otros pueblos, que tienen otras religiones y de ese encuentro surgen nuevas religiones y como este vínculo del hombre con la divinidad es algo muy sutil, así como tiene infinitos aspectos, el proceso de dominación a través de él es harto complejo y de ahí vemos las innumerables herejías que surgen de la religión que sea que queramos analizar, y de ahí vemos la infinidad de movimientos revolucionarios que han devenido de multitud de escuelas religiosas y en suma, si el poder pretende hacer opio de la religión, es porque sabe que la religión es trigo y es maíz. El poder no inventa un sentimiento religioso, el poder no crea nada, sólo desvirtúa, acomoda y prostituye pero sin lograr jamás anular el sentimiento religioso, la inteligencia metafísica.

En la historia de las religiones, en particular nosotros, los occidentales, debemos considerar dos acontecimientos cruciales: la institución del libro, es decir, el fijar un código para anular el influjo de la palabra oral indomable, y la aparición del cristianismo, esa ruptura con el dogma de las religiones que lo precedieron, esa oleada de esperanza para los esclavos que fue tan poderosa que fue necesario anularla instituyendo la Iglesia Católica.

En un mundo infinito, donde cada acontecimiento tiene infinitas repercusiones, nada, como es evidente, puede ser definido en un sólo sentido. Todo actúa en infinitas dimensiones y la escritura vino a cumplir infinitas funciones.

La escritura confiere eternidad a un pensamiento, pero la escritura también fija una forma de pensar. Los maestros orales de la antigüedad creían que todo lo dicho una vez, permanecía sin necesidad de ser escrito. Lo dicho era tomado por el otro para pensarlo con libertad, pero para el poder, estas cosas dichas por los grandes profetas, por los grandes maestros orales, tenían un gran inconveniente: no se puede controlar aquello que vuela libremente llevado por el viento, no se puede controlar aquello que vuela de boca en boca.

Nacen así los códigos religiosos que son, supuestamente, la palabra del profeta, la fijación de la palabra del profeta mucho tiempo después de su muerte. Los códigos son el mecanismo para anular el poder del profeta, la crucifixión de la libertad de la palabra traída por el viento, pues a las palabras las trae el viento y cuando se fijan en un papel, a las palabras se las lleva el viento.

Es imprescindible aquí entender un mecanismo esencial del Sistema, que significa entender un mecanismo esencial de la vida: la mejor manera de aniquilar un pensamiento revolucionario es desvirtuarlo, convertir al pensamiento subversivo en instrumento de dominación. El Sistema incorpora un pensamiento revolucionario y lo prostituye y para el caso que venimos analizando, el Sistema toma las palabras del profeta y las fija en un libro para prostituirlas, para ocultarlas, pero al ocultarlas, como nada camina en una sóla dirección en este universo infinito, las revela y esto es fundamental entenderlo para entender lo que se dirá de aquí en más: todo lo que oculta, revela.

Hemos dicho que el cristianismo fue una oleada de esperanza para los esclavos y lo fue al grado de socavar los cimientos del imperio romano. Una cosa fueron las palabras y los hechos de Cristo y otra cosa son los Evangelios que nacen setenta años después de su muerte, pero lo importante es que aquella secta que nace entre los judíos, una secta que recibe influencias de otros pensamientos religiosos y no religiosos venidos de otros ámbitos geográficos, libera al hombre de un destino predeterminado, afirma que será más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos y que son bienaventurados los que tienen sed de justicia, pues ellos serán saciados.

Fue tal la obra subversiva de esta secta invencible que alteraba las relaciones económicas de los hombres y alteraba las relaciones espirituales de los hombres con la divinidad, que el imperio romano, para sobrevivir, no tuvo más remedio que apelar al mecanismo más eficaz para anular una ideología revolucionaria: apropiársela, desvirtuarla, y así nació la Iglesia Católica Romana, y así se termina de desvirtuar aquel mensaje revolucionario que anidaba oculto en los Evangelios.

"En el templo irrumpen leopardos y se beben el vino de los cálices; esto acontece repetidamente; al cabo se prevé que acontecerá y se incorpora a la ceremonia del templo". De esta manera genial, el genial Kafka nos enseña cómo labora el Sistema. El Sistema prostituye religiones, pensamientos políticos y palabras. Véase sino el lugar que ocupa hoy la palabra comunismo luego de la obra del stalinismo, el stalinismo, un eficaz mecanismo del Sistema para degradar el influjo de una gran revolución, pero el tema aquí, para esta minoría de la minoría de la minoría, es que si el stalinismo fue una distorsión del Sistema, un ocultar una revolución, este ocultamiento, en el plano político, ocupa el mismo lugar que un papel puesto encima de una mesa, pero si debemos ir a la analogía de la religión, la religión no es un papel sobre la mesa, la religión es la mesa, el papel, el vino, el pan, las flores encima de la mesa y las sillas y los comensales y la conversación entre los comensales.

Establecida la importancia de las religiones, nos queda ver un punto esencial: asistimos al inicio de una nueva era, se cierra una puerta y se abre otra puerta en la dinámica del Capital, asistimos a un nuevo tiempo donde el Sistema rediseña su estrategia y se impone nuevas metas: el Sistema avanza en el espacio y en el tiempo, se apodera de recursos naturales, destruye Repúblicas, diseña una nueva educación, se apodera del dinero, nos lleva a una vida paralela, virtual, tanto con respecto al dinero como con respecto a las comunicaciones, es decir, nos lleva a un mundo de representaciones, no de realidades y en este cambio donde abandona instituciones que le fueron útiles en el pasado, dirige sus baterías contra las religiones del pasado, el budismo, el judaísmo, el islam y el cristianismo.

La Iglesia nació para desvirtuar el mensaje revolucionario del cristianismo, pero en un mundo infinito, donde cada acontecimiento tiene infinitas repercusiones, nada, como es evidente, puede ser definido en un sólo sentido y la Iglesia, que debió ocultar el mensaje del cristianismo, al mismo tiempo lo reveló, pues aquello nacido para desvirtuar una cosa, para ocultar una cosa, al mismo tiempo la revela.

Es curioso el mecanismo de la vida y son curiosas las consecuencias de cada uno de nuestros actos. El Sistema, en su nueva era, para construir nuevos vínculos arrasará con los antiguos vínculos del hombre con la divinidad y con respecto al cristianismo, irá contra los principios que han permeado nuestra vida: el amor por nuestros hermanos, nuestra misericordia, nuestra esperanza en un mundo mejor de paz y de justicia, nuestra fe en el poder de las palabras y en el poder de la verdad, pues la verdad nos hará libres.

Todo lo sólido se desvanece en el aire, toda herramienta una vez útil se desgasta y sustituye por una nueva, más acorde a las tareas del presente. El tsunami del Sistema arrasará principios como la igualdad de todos ante la ley, arrasará nuestras Repúblicas y nuestros Estados nacionales, arrasará nuestra libertad de expresión, pondrá bajo tutela el humor y en ese proceso irá derecho, pues ya lo está haciendo, a destruir nuestro vínculo con lo sagrado para quebrarnos.

Tengo puesta toda mi fe en que el día que el Sistema venga contra los valores que han llegado a nosotros a pesar de cualquier institución siniestra, ese día será el día que le hagamos una zancadilla y tropezará y se partirá los dientes.

 

 



Marcelo Marchese

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