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Maduro y las utopías

Roberto Domínguez

16.01.2019

Hay opiniones y actitudes que desnudan. Valen más que mil fotos. Que mil frases bonitas. Y que mil discursos de ocasión. Son las cosas que se dicen y se hacen cuando hay que ponerle el cascabel al gato. Eso que se dice o se hace cuando hay que definir y definirse.

Eso pasa en Uruguay cuando se habla hoy de Venezuela.

 

Todos quedan expuestos y desnudos. Algunos con prudencia, otros sin ningún rasgo de timidez.

El Movimiento de Participación Popular (MPP) y el Partido Comunista del Uruguay (PCU) salen, todos los días, a avalar todo, o casi todo, lo que ocurre en la Venezuela de Maduro. El Palacio de Miraflores, en Caracas, parece ser para ellos la Stella Maris de sus mares, su bien amada Estrella Polar, la luz en el cielo que guía sus pasos en el mar. No necesitan ni sextante ni GPS van, ola tras ola, guiados por ese rumbo cierto y cualquier viento les es propicio.

Desde hace años son constantes las visitas de representantes del PIT-CNT a Caracas. En ellas ratifican su apoyo, personalmente, cara a cara a Maduro que los recibe con cariño. En imágenes inolvidables, sus delegados toman el micrófono en actos celebrados en tierras venezolanas y, entre abrazos y alabanzas, ratifican emocionados su apoyo, que ellos consideranes el respaldo del "pueblo uruguayo" al madurismo. Lo cuál es, al menos, una exageración indebida.

La oposición de blancos y colorados aprovecha el desliz y no pierde ocasión de marcar sus diferencias con Maduro, con el PIT-CNT, con el Frente Amplio y, naturalmente, con el Gobierno que preside el Dr. Tabaré Vázquez. Hace bien, con una salvedad, no le preocupan en nada las políticas retardatarias que se ponen en ejecución en la región como es el caso de la reforma laboral implementada por el nuevo gobierno brasileño. Esa que hace perder innumerables derechos a los trabajadores rurales de Brasil. Tampoco toman nota de las nuevas políticas que se implementaran en la Amazonia brasileña, las cuales abren las puertas a una explotación desmedida de la zona, en desmedro de las reservas indígenas. Para nada. En el colmo de la sinceridad Edgardo Novick viaja a Rivera a festejar en la calle, como un fanático, envuelto en la Bandera uruguaya, el triunfo electoral de Jair Bolsonaro. Para que el papelón sea total nadie le da bola.

Venezuela los desnuda a todos. Especialmente, al eje hegemónico que se encaramó en el Frente Amplio y que destruyó, a su paso, al seregnismo, cuya resistencia a ese eje es cada vez más débil y menos convincente. Con la misma paciencia de la gota que horada la piedra, ese eje transformó al Frente Amplio en lo que no era ni quería ser.

La actitud de Mujica ante Venezuela es toda una enseñanza de vida que no debemos pasar por alto. Por el contrario, hay que tomar debida nota. El punto es clave. Tiene que ver con preguntas de peso: ¿Qué tipo de Estado y de poder queremos para el Uruguay?¿Qué tipo de política y de partidos políticos? ¿Qué tipo de instituciones y cuáles son los límites de estas instituciones ante los ciudadanos? ¿Qué tipo de Estado de Derecho? ¿Qué tipo de diálogo en la sociedad? Finalmente, ¿qué tipo de democracia?

Todo eso está en el fondo de lo que se piensa sobre Venezuela. Y, si de la víspera se saca el día, de lo que se piensa sobre y para el Uruguay.

Da la impresión que para Mujica y sus allegados, tanto en el Movimiento de Participación Popular (MPP) como en lo poco que queda del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros; así como sus aliados más cercanos en el Partido Comunista del Uruguay (PCU), la transparencia de los procesos electorales, las libertades políticas y las garantías individuales, el Estado de Derecho, en síntesis, la democracia republicana, no constituyen un tema de principios sino un tema de oportunidad política.

Lo que importa, según Mujica y sus allegados, es la disputa del poder y en esa disputa si hay que mentir se miente, si hay que encarcelar opositores se encarcelan, si hay que robar se roba y si hay que matar se mata.

Es toda una concepción de la política. Un credo anti republicano. Un credo que lleva a que ni el Frente Amplio ni el Gobierno de la República tengan una posición de repudio a Maduro. ¿Todo el Frente Amplio piensa así? No lo creo. Pero ese credo lleva a las posiciones políticas que se han adoptado. Todas prudentes, demasiado prudentes, y proclives a legitimar lo que, en verdad, es imposible de legitimar.

La posiciones asumidas por parte del MPP, del PCU y del PIT-CNT no son, en ningún sentido,un dato menor. No son, ni por asomo, un hecho banal que los uruguayos debemos considerar de modo trivial. Son, por el contrario, actitudes y hechos graves.

Actitudes y hechos que tienen que ver con otra pregunta clave: ¿cuál es la Utopía que se persigue y qué se quiere construir?

La utopía de una izquierda democrática es una democracia plena, social, profunda, clara en los valores que defiende, que ampare a la gente, en todos los sentidos; un proyecto político que, en primer lugar, ampare la libertad. Que tenga como norte, como sur, como este y como oeste la calidad de vida de la gente, su bienestar.

Una izquierda democrática aspira para Uruguay un modelo de país, un proyecto político y de Nación, culturalmente y radicalmente distinto, en todo sentido, a los dislates que implementa Maduro desde el Palacio Miraflores en Caracas. Aspiro a ser parte de la construcción de una izquierda democrática. Sin cortapisas y sin timideces.

Según comentaron a la prensa connotados dirigentes del MPP, el sector quiso tener un cara a cara con Luis Almagro, hoy Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA),para exigirle explicaciones por su postura sobre Venezuela. Más de lo mismo. La institucionalidad tampoco importa. El MPP es más que OEA, es más que el país y, naturalmente más que Frente Amplio, y su Secretario General les debe dar explicaciones a ellos, cara a cara, en vivo y en directo. En la chacra. Eso es parte del problema: ver el país y la región desde una chacra, en chancletas y con las anteojeras de un pensamiento pobre, muy pobre, y pleno de contradicciones y contrasentidos. Y verlo en primera persona, lejos de cualquier tipo de construcción colectiva.

Pareciera que las decisiones que se adopten deben pasar por el filtro del MPP y los dislates de Mujica,apuntalados por el PCU y el Plenario del Frente Amplio. Caramba, así son las cosas en ciertas cabezas. Todo hace pensar que para el MPP y para Mujica la prisión de opositores no tiene importancia y su asesinato tampoco la tiene. Al menos, si ocurre en Venezuela.

¿Es éste el Frente Amplio que soñaron, pensaron y construyeron desde el principio y desde principios Líber Seregni, Rodney Arismendi, José Pedro Cardozo, ZelmarMichelini, y los miles de militantes de la clandestinidad que sufrieron prisión, torturas, largos años de cárcel y largos años de exilio?

 

¿Es éste aquél Frente Amplio?

 

El MPP y el PCU se han convertido en los principales defensores de Maduro en el país y esa actitud, que dicen se basa en principios políticos que nunca han sido explicitados debidamente, revela de un modo claroqué es lo que realmente piensan en un tema de fondo y de principios. ¿Es la Dictadura un camino viablepara la construcción de la sociedad del mañana? Y, en ese caso, ¿es un camino que puede o debe recorrerse?Pienso que para ellos la respuesta es que si. Lo dicen entre bastidores. Lo escriben en sus documentos reservados. Lo comentan en voz baja. Y se desnudan cuando se habla de Venezuela, de Cuba o de Nicaragua. No son los únicos que se desnudan, también lo hacen blancos y colorados, pero ese es otro tema y otra nota.

¿Es la Dictadura un camino viable apara la construcción de la sociedad del mañana? Para una izquierda democrática la respuesta es que no. Un No enorme y así, con mayúscula. Por el contrario, Uruguay debe darse los partidos políticos, las coaliciones y todo tipo instrumentos, que lepermitan reconstruir una sociedad de bienestar, lejos de toda nostalgia y rediscutiendo, con la cabeza fría y las manos firmes, las señas de identidad, el ADN, de ¿qué es ser de izquierda en el Siglo XXI? Seguramente ni Maduro, ni Ortega ni Cuba son la respuesta a esa pregunta. Y el MPP tampoco lo es.

Hablar sobre qué tipo de partidos y de las utopías de esos partidos es discutir, esencialmente, sobre el sistema nervioso de la sociedad. Las sociedades no son ecuaciones matemáticas ni cálculos precisos. Para nada. Son construcciones simbólicas. Son una argamasa de mitos, ideas, hechos, actitudes y sentimientos. Los partidos políticos son parte de ese proceso de construcción simbólica y son, al mismo tiempo, resultado de ese proceso. No son, en ningún caso, un resultado inocente.

Son tiempos electorales. Es bueno discutir sobre ese sistema nervioso de la sociedad. Los candidatos y los líderes son como son. Eslogánicos. Hermenéuticos. Algunos apolíneos. Verborrágicos. Sonrientes. Y, tal vez, ¿cercanos? al menos por un rato. La campaña los llena de adornos y virtudes. Desnúdelos. Preste atención a lo que dicen cuando hay que definir y definirse, en serio. Y si no lo hacen, preste atención también, porqué por algo no lo hacen.

 

Magister Roberto Domínguez

Navegantes



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