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La lucha ideológica y las milanesas

Esteban Valenti

21.01.2019

En mis tiempos, lejanos por cierto, el concepto de "lucha ideológica" estaba en el centro de la existencia y de las preocupaciones de la izquierda uruguaya y mundial. Era el primer paso inexorable de una definición, de un empeño político. Sin lucha ideológica no había militancia y sin militancia no había política.

Y no me refiero solo a la militancia en determinados ambientes intelectuales o estudiantiles, era a todos los niveles, en los sindicatos, en la cultura y el arte, en la prensa, en los docentes e intelectuales. Era el aliento vital, formaba parte de nuestro relato y por lo tanto de nuestras vidas y de nuestras milanesas y las que le proponíamos a la sociedad.

Las cosas más terrenales, más concretas, menos líricas, estaban relacionadas con la lucha ideológica. Es más no podíamos concebir la ideología sin la lucha ideológica. Eran conceptos inseparables. Tener una ideología, defenderla, utilizarla como instrumento de análisis era necesariamente defenderla de otras ideologías, utilizarla para combatir contra otras ideologías.

La guerra fría, era en primer lugar, antes inclusive que una tensión política, económica, militar y diplomática una gigantesca batalla ideológica a nivel global.

De esa batalla ideológica participaban los principales dirigentes políticos y sobre todo los más destacados intelectuales, en particular en la izquierda, lo que implicaban necesariamente matices, diferencias, enfoques muy diversos en los campos más variados.

Toda idea de que siempre tuvimos un bloque compacto de ideas que nos guiaban es una simplificación. Es cierto que hubo un prolongado y serio intento de parte de la burocracia de izquierda, en particular del sovietismo a ultranza de construir manuales de orientación y unificación ideológica. Recuerdo algunos nombres, en particular el de Otto Kuusinen, por ejemplo y en materia histórica - parte fundamental de la lucha ideológica - los manuales soviéticos eran un modelo que a escala nacional se replicaba en diversos países. Eran como los mausoleos, que surgían como un comodín de un lado del muro, inclusive en Luanda.

El caso de Kuusinen que fue utilizado y editado en todo el mundo comunista, inclusive en muchos partidos, es sintomático, fue un finlandés renegado, que a diferencia de los miles de finlandeses emigrantes a la URSS luego de la guerra de 1939, que fueron ejecutados por Stalin, llegó a ser miembro del Buró Político del PCUS y consejero ideológico de Stalin, aunque luego de la caída del stalinismo, continuó trabajando con NikitaJrushchov y fue miembro del Comité Central hasta su muerte en 1964.

Kuusinen fue uno de los editores de Los Fundamentos del Marxismo-Leninismo, considerado uno de los escritos fundamentales en el materialismo dialéctico y el leninismo. En el Kremlin, Kuusinen era considerado un político "liberal", y se ha sugerido que fue unos de los pioneros de la Perestroika. Como puede apreciarse un personaje muy dúctil...

No la tuve antes, hoy no tendría la paciencia de leernio de hojear a Kuusinen, pero es una buena síntesis de como la lucha ideológica, la de los primeros revolucionarios, de los fundadores de las diversas internacionales socialdemocrátas o socialistas y sus partidos integrantes en todo el mundo, quiso ser transformada en un dogma, en un paquete "oficial" de ideas, que no debían ser revisadas, para no caer bajo la terrible sospecha de ser un "revisionista".

Que lejos estamos de todo aquello, pero como esas circunstancias y su caída ha determinado que abandonemos la lucha ideológica y consideremos que alcanza y sobra con algunas respuestas políticas básicas para poder combatir un sistema de ideas, muy bien articuladas, ampliamente mayoritarias en todo el mundo que son el sustento del actual sistema y que le permite, en el momento de una grave crisis de modelos económicos y financieros, salir adelante con renovado ímpetu conservador de derecha e incluso de extrema derecha.

La primera batalla que nos está ganando la derecha y la extrema derecha, es la batalla ideológica. Y algunos consideran que con algunas novedades sobre los nuevos derechos, sobre la ideología de género y sus alrededores, estamos a salvo. No están a salvo ni siquiera las viejas conquistas democráticas, feministas, sociales, culturales e ideales que nos costaron tantas décadas.

Si no estamos dispuestos a investigar, a volver a estudiar, a volver a arriesgar con ideas nuevas y audaces, si no releemos la mejor historia de los pensadores, de los verdaderos pensadores progresistas y de izquierda, incluso con un horizonte mucho más amplio y generoso y crítico, no podremos contener la marea barrosa que se nos viene encima.

Gritando a favor del poder, o del poder por 4ta vez, con algunas frases ingeniosas y adecuadas para el marketing del vacío, es decir hacer un poco de ruido porque en medio del silencio general, pueden sonar a truenos inteligentes, no lograremos reconstruir un nuevo momento histórico y civilizatorio de una izquierda y un progresismo de ofensiva y de combate.

La lucha ideológica está también en los 280 caracteres, en Facebook, en Whatsapp, en Youtube y también en todos los intentos de negar la ideología. ¿Acaso las pintadas en los muros o los murales que tenían mucho menos contenido no era parte fundamental de la lucha ideológica en otros tiempos?

Tenemos que luchar por las milanesas, para la gente, para todos, por nuevos valores materiales e ideales, por las libertades, pero para ello hacen falta ideas, no alcanza con un agudo concurso sobre quien ha robado más o mejor con la derecha, quien es más parecido a si mismo y quien convive mejor con las injusticias globales y terribles, y con los peligros nuevos que amenazan al mundo.

 Antes la lucha ideológica, partía de una base de cemento, inconmovible, indivisible y falsa, aunque nos haya llenado la vida de verdades y de pasiones. Por algo se cayó a pedazos.

Ahora hay que asumir que esas ideas base deben ser construidas, elaboradas en medio de la tormenta y que no vienen con la garantía de la verdad y de un enorme poder estatal que las sostiene. Estarán siempre a la intemperie y ese es nuestro destino.

Y debemos abordar problemas, temas totalmente nuevos, como por ejemplo la inteligencia artificial, como el creciente desafío de la moralidad en la ciencia y las tecnologías, o las nuevas tensiones entre el trabajo y el capital.

Los límites y las posibilidades de la economía del conocimiento, de las inteligencia artificial y la relación nueva que genera entre el capital y el trabajo y sobre todo las características de la distribución de la riqueza y las oportunidades en la sociedades está más vigente que nunca y eso no lo resolverán las máquinas en ninguna de sus versiones. Todos los que se opusieron al progreso tecnológico y científico en la historia, fueron aplastados, pero todos los que se entregaron acríticamente a cualquier proceso también se los devoró la historia y la injusticia.

Pero este desafió no es solo el nuestro, si pretendemos refugiarnos en una fe, en una iglesia, por más respetable que sea, debemos aprender de otras experiencias que por calcificarse en sus dogmas también están en crisis, amenazados por nuevos credos, donde la oferta de satisfacciones es inmediata y falsa, pero rutilante y avara de sentimientos y llena de promesas fáciles es digna de los peores mercaderes. Los que Jesús echó del templo.

¿Acaso prometer que solo con el poder nos alcanza para resolver los problemas que atormentan al mundo desde hace siglos, no es una variante de esas nuevas iglesias donde el diezmo abre de inmediato las puertas del paraíso aquí en la propia tierra?

Las milanesas actuales, ya no son solo carne, pan rallado y huevo, o incluso acompañadas de una rosa de adorno y un vaso de vino, son mucho más complejas, tecnológicamente, ambientalmente, culturalmente, democráticamente y necesitan ideas a la altura de esos nuevos problemas que se ciernen sobre nuestras vidas.

Es más, ya la gente, que hace no mucho estaba lejos de la propias milanesas, quiere más, mucho más, aquí en el Uruguay o en la China, el país del mundo que alcanzó el más alto nivel de crecimiento y desarrollo en un determinado y corto periodo de tiempo de toda la historia de la humanidad.

Esa lucha ideológica, esa creación ideológica, no la lograremos en la aldea, no podemos pretender que surgirá de nuestra experiencia nacional, hace falta sumergirse como nunca antes en el mundo y aprender, de los errores y de los avances. Y debemos renovar el método de aprendizaje, de combinación de nuestras exigencias políticas, sus urgencias, con el rigor del aprendizaje ideológico, teórico y cultural.

La ofensiva ideológica de la derecha y la ultra derecha, basada en pocos y terminantes ideas básicas y que representan un retroceso humanitario, social, democrático requieren de fuerzas muy amplias y de una gran audacia. El lamento y la denuncia, son solo eso, no son alternativas, no son armas suficientes para dar esta batalla.

Recordemos siempre, sobre todo en el terreno de las ideas lo que decía Antoine de Saint-Exupéry"La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio"Y a veces damos la sensación de que estamos huyendo, incluso de nosotros mismos.



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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