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El agua podrida en nuestra República

Marcelo Marchese

01.02.2019

Finalmente, el problema de las cianobacterias sobre el cual algunos especialistas como Daniel Panario nos vienen advirtiendo hace tiempo, siendo acusados de defender oscuros intereses, ha explotado frente a nuestros ojos. Durante los días de calor más agobiante, nadie podía bañarse en Montevideo y luego, el veneno se extendió incluso hasta Rocha.

Los veraneantes, los famosos turistas que incrementan nuestro PBI, fueron defraudados. La Consigna "Uruguay Natural" resultó ser una farsa, salvo que consideremos a las toxinas como algo natural, cosa que también es cierta, pero no se refería a eso la consigna y los macanudos videitos publicitarios. Esta toxina es algo que genera la naturaleza, sólo que, nosotros, los humanos, ayudamos considerablemente a que la naturaleza la genere. La naturaleza no es una cosa que está ahí para que nosotros la usemos como si fuera una prostituta, la naturaleza es nuestra madre, o en rigor, la naturaleza es algo que nosotros también integramos, pues nosotros también somos la naturaleza así que, si agredimos a nuestra madre, si nos agredimos a nosotros, estamos actuando de forma suicida.

Sucede algo curioso en este asunto de las cianobacterias. Por un lado son resultado de nuestro modelo de desarrollo que, para incrementar la producción agraria, agrega fertilizantes a la tierra. Esos fertilizantes en parte se absorben y en aparte se escurren y llegan a nuestros ríos y ahí "fertilizan" el río, alimentando estas algas que al morir, generan las toxinas. Pero el ámbito ideal de estas toxinas es el calor, por eso, en el próximo verano, volveremos a tener este problema, pero amplificado. Ahora, el calor depende también, en parte, del famoso calentamiento global, salvo que lo del calentamiento global sea una mentira. Si el calentamiento global es resultado de las emisiones de las fábricas y los automóviles, entonces parte del calor es generado por nosotros, por nuestro modelo económico. Así que doblemente incidimos para que este veneno se extienda.

Con esas algas verde fluo en la playa no conviene bañarse, pues, dependiendo de cada organismo, puede ser letal: a una niña debieron transplantarle el hígado por haber tragado de esa agua. Igualmente, de 10 a 18, incluso bajo el calor espeso y agobiante, uno no podía ir a la playa pues el sol, como todos sabemos, hace estragos y cada vez más gente sufre de cáncer de piel.

Bien, el problema es éste: enviamos nutrientes al agua resultado de esta producción agraria y de las fábricas y algo ayudan los deshechos humanos. En cuanto al "aporte" de las fábricas, alcanza con ver el informe de la DINAMA sobre UPM1, para que veamos que arroja tanto fósforo al Río Uruguay como toda la ciudad de Fray Bentos, algo que llevó incluso a Mujica, uno de los paladines de esta empresa, a decir que quisiera, o que sueña por las noches y le ruega a nuestro Señor, que UPM arroje menos fósforo que termina convirtiéndose en veneno, aunque paga multas por eso. Ahora, imagine el lector el fósforo que arrojará la nueva planta, que tendrá el doble de porte, en el Río Negro.

Ergo, la nueva planta, además de endeudarnos como oligofrénicos en miles de millones de dólares, además de extender el monocultivo de eucalipto, que por un lado roba agua y seca tierras y por el otro incrementa las inundaciones al hacer la tierra más grasosa, además de expulsar gente del campo, además de anegar diez mil hectáreas, además de perjudicar a San Gregorio y a toda la gente que toma agua de aquel río, además de partir barrios y pueblos al medio con su ferrocarril, además de meterse con nuestras leyes, o escribirlas, además de meterse con nuestra educación, o planificarla, además de llevarnos a violar la Constitución, pobre doncella desflorada a la fuerza y de varios modos en variadas ocasiones y en manada, además de todo eso, contamina y esa contaminación allá fuera, en campaña, por la evidente razón de que todo está conectado con todo y los ríos se unen y se mueven y transportan agua, peces y venenos, por todo eso el problema golpea a la gente de Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha, que puede hacerse la otaria, puede quejarse de los designios de la Divina Providencia o puede tomar cartas en el asunto, como debería suceder en una República de verdad.

Entonces surge la pregunta ¿esto que vivimos es una República de verdad? La respuesta no puede ser concluyente. Sigue habiendo un orden jurídico, siguen existiendo instituciones, seguimos pagando impuestos y el Parlamento sigue abocado a discutir bobadas, pero una República también exige ciudadanos, en caso contrario, muere y el ciudadano es alguien que tiene deberes y tiene derechos. Entre los deberes de los ciudadanos no sólo contemos con que pague impuestos o vaya a votar ¡obligatoriamente! cada cinco años, un deber es participar de la cosa pública, la Res pública, es un deber y es un derecho.

Así que, los grandes capitales extranjeros que compran grandes latifundios para plantar soja, a la cual fertilizan de tal manera que parte de los fertilizantes van directo a lo que hace de "estómago" de las cianobacterias, los grandes capitales que compran tierras para plantar eucalipto e instalan plantas de celulosa que arrojan al río 10 veces más fósforo de lo que el estándar (¿quién hizo el estándar?) permite, son responsables de esto que vivimos pero nosotros, por omisión, también somos responsables, pues si supiéramos que el vecino viola a su hija y no hacemos nada, pasamos a ser cómplices.

Abandonar la complicidad, abandonar esta tonta comodidad de mirar para otro lado pues "el mundo es así y sólo podemos soportarlo" exige primero que nada, entender que todo está anudado con todo e incluso, podemos hacer todas las fronteras que queramos, o Inglaterra y Brasil pueden hacer todas las fronteras que quieran, pero el río Paraná y el río Uruguay no se han enterado de la Convención Preliminar de Paz y entonces, siguen trayendo agua dulce, algo de barro, camalotes, peces y toxinas, pues simplemente son ríos que navegan por la tierra pasando por debajo de los puentes aduaneros.

Entendido este principio universal de la unidad del todo, deviene lo elemental, debemos cambiar el mundo y la vida y en cuanto a nuestro país, debemos exigir la creación de un Plan de Desarrollo Nacional, un Plan que aliente y dinamice nuestra economía, al tiempo que piense globalmente los problemas económicos, para que unas actividades no perjudiquen a las otras y para que entre sí se alimenten. Un Plan de Desarrollo Nacional que incluya alianzas regionales y mundiales convenientes al Plan. Un Plan de Desarrollo Nacional que reubique a la gente en el campo, que revitalice la industria, que permita o aliente producciones saludables para nuestra tierra y nuestros ríos, un plan que necesariamente debería incluir una Reforma Educativa de verdad, un plan que dinamizaría nuestra cultura y nuestra República, pues la elaboración del plan, la discusión pública del plan, generaría un gran fermento ciudadano que se incrementaría con los efectos sociales de una nueva y mejor política económica.

Hasta que la agenda política no incluya la discusión de un Plan de Desarrollo Nacional, se estarán diciendo pamplinas, o se estará ejecutando un plan que otros, allá lejos, definieron hace mucho tiempo.

Todos, en nuestra vida privada, planificamos y prevemos. Quien no planifica, camina derecho a la ruina y el hombre que piensa que él no forma parte de una unidad, está enfermo de egocentrismo, un egocentrismo que en realidad actúa en contra del propio sujeto que lo genera, como si ese egocentrismo fuera un veneno, el veneno del hombre ciego que tantea con su bastón al borde del abismo.

 



Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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