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¿La izquierda tuvo errores?

Esteban Valenti

18.03.2019

"Podremos meter la pata pero nunca meteremos la mano en la lata". Esta es una famosa frase reiterada en diversas oportunidades por Tabaré Vázquez. Resulta que ocupando el poder departamental durante 29 años y el nacional durante 14 años, hemos metido la pata y también la mano ostensiblemente en la lata. Y la combinación de ambas situaciones cambió radicalmente la situación.

Pero como la política como yo la conocí y, en el ambiente en el que me crie no era una simple descripción de los hechos, sino básicamente el análisis de las causas de los diferentes procesos y realizar siempre, o tratar de realizar una prospección de hacia dónde nos dirigíamos y que debíamos hacer. No solo que debíamos pensar, que bases teóricas debíamos utilizar, sino como debíamos actuar en cada momento concreto y con una visión estratégica.

Esa enseñanza, que de alguna u otra manera la llevo en el ADN de mi visión de la política, no es fácil de aplicar en estos tiempos. Por el desbarranque teórico ideológico generalizado, por la decadencia intelectual de la política, porque las estructuras partidarias o del Frente se han ido sumergiendo en una pobreza política y cultural cada día más profunda y peligrosa. No hay con quien discutir.

Lo malo es que ese proceso lo hemos transmitido a la sociedad, a los diversos sectores sociales, incluso a los organizados sindicalmente y a los gremios y, lenta pero seguramente nos hemos dejado invadir por el concepto que las mayorías, o el poder derivado de esas mayorías lo justifica todo, incluso promover la lumpenización de la política.

Una de las peores maneras de chapotear en esa decadencia cultural e ideal es manipular la verdad, los hechos, las circunstancias a nuestro gusto y gana o, mejor dicho a gusto y gana del poder y los poderosos.

¿Es la misma base teórica deformada sobre la que construimos en muchas latitudes un socialismo estatista y totalitario que se derrumbó estrepitosamente? Tiene cosas similares, pero una base diferente.

Aquel "socialismo real" estaba encorsetado en una ideología, el "marxismo leninismo" que definía los límites de todo y para todos y que representó la renuncia consciente al uso irrestricto de la crítica y por lo tanto de la principal herramienta del progreso de la humanidad, de su organización,  sus ideas, sus formas de producción, sus tecnologías, sus ciencias y en particular sus ciencias sociales. Para mantener el predominio de ese corset ideológico era necesaria una maquinaria estatal implacable y la construimos y con ella surgió una burocracia que copó todos los resortes del poder, incluso pretendió copar las ideas. Parecía eterna e indestructible y se vino estrepitosamente al suelo.

Fuimos militantes tenaces y apasionados de esa ideología y de esa política mientras levantábamos las banderas más nobles de la liberación de la opresión social y política e imponiendo sin embargo una opresión insoportable y burocrática.

Lo que nos sucedió ahora es diferente. Ningún partido integrante del FA, ninguna de las fuerzas que en América Latina lograron triunfos electorales proclamándose de izquierda, invocó una ideología completa y total, al contrario. Ni siquiera los partidos comunistas. Se pasó de la más absoluta rigidez a la flacidez total, tratando en algunos casos de mantener las apariencias y las banderas.

¿Qué tiene que ver la ideología, la historia del Partido Comunista de Uruguay  y la del MLN  o la de Chávez y Maduro y su socialismo del siglo XXI en Venezuela? Nada, absolutamente nada. ¿Y entonces?

Entonces el hilo conductor fue el poder, el ocupar el poder y utilizarlo sin una base ideológica y cultural crítica y profunda, que nos permitiera acompasar los procesos económicos, sociales, culturales que nosotros mismos fuimos construyendo, nos llevó a esta situación, de meter manos y patas en la lata.

Hace poco me recriminaron desde la derecha y la izquierda porque había defendido con tanta pasión a los primeros gobiernos del FA. Es posible que me haya excedido, y que el calor de la obligada polémica política de todas las semanas, me haya impuesto algunos excesos, pero también hay que considerar la involución del proceso.

Pero lo que no acepto es que el ideal es el silencio, es callarse y dejar que la barca de vaya hundiendo lentamente no solo en la natural lucha política, sino en la pérdida totalmente de rumbo. Los errores, las desviaciones los horrores que se han cometido, en particular en el segundo gobierno del FA y en este, que básicamente hace la plancha complaciente y demostrando una soberbia inigualable tienen sus causas.

No son simplemente errores humanos y comprensibles o simplemente el desgaste del poder, obligados por la propia condición del poder. Las causas son profundas y peligrosas.

La primera es no haber forjado - y uso este verbo especialmente - una generación de cuadros, con una base ideológica plural, pero con capacidades intelectuales, en un clima de crítica sana y constructiva y no basada en la disputa feroz por parcelas de poder, donde la máxima virtud es adueñarse de la mejor y más suculenta parte de la torta.

Sobre ese débil pedestal se construyeron políticas de una gran debilidad y muchas de ellas opuestas y enfrentadas, me refiero a políticas económicas, productivas, sociales, educativas, fiscales,  de vivienda, de infraestructura, de las empresas públicas, culturales y en el resumen se edificó todo sobre una estructura partidaria, el Frente Amplio cada día menos representativa y más propensa a ser correa de transmisión del poder, dentro del poder y de dominio  de un sector que de forma sistemática ha impuesto su visión de la historia, su predominio político y su visión del poder y su más absoluta falta de ideología, el MPP. La misma falta de ideología que tenían antes de entrar al FA y previa al golpe de estado. No es ninguna sorpresa.

¿Todo estuvo mal? No, hubo avances en diversos frentes, pero lo fundamental el Proyecto Nacional, es decir una visión coherente y en permanente evolución de un país en crecimiento, en desarrollo y con una mejora permanente de la distribución de la riqueza y de las oportunidades, con nuevas sensibilidades humanas y sociales, se ha ido desmoronando. Los datos están a la vista, la falta de entusiasmo social y económico son estridentes.

No metieron la pata, metieron su propia ideología, porque el desorden, los proyectos faraónicos sin ninguna base, la elección de dirigentes sin tradición y sin capacidades para responsabilidades fundamentales, el anteponer una supuesta "política" a la ley, es toda una ideología. Hay una variante de esta ideología que se difundió desde Venezuela de Chávez y se llevó al extremo "burro" con Maduro, que es la ideología del dinero. Con plata, con mucha plata se puede todo. Y se puede sin límites legales o morales. Se la podría llamar la "revolución petrolera", un fracaso estrepitoso comenzando por la propia Venezuela y sus dramáticas condiciones de vida o mejor dicho de supervivencia actuales.

Que el proceso de lumpenización de una parte de la sociedad, también integrado a esta visión ideológica y política, se trague este mejunje ideológico, es en cierta manera comprensible, pero que lo haga el tercer gobierno del FA, haciendo la plancha y no cambiando nada de nada que no sea para peor y sobre todo que muchos militantes con experiencia, con cabeza propia, sigan embarcados sin decir una palabra en esta metamorfosis de la izquierda uruguaya, eso ya es otra cosa. Eso es complicidad, aunque suene mal.

¿Hasta cuándo había que quedarse callados? O ¿Simplemente había que protestar, discutir o mejor dicho tratar de discutir ante las mentiras y las inmoralidades e ilegalidades defendidas por el aparato, pero dentro del redil, decorando un modelo en el que no se cree y que ya muestra sus consecuencias nefastas?

Hace 30 años que gobernamos Montevideo. ¿Esta es la ciudad capital que soñamos, que imaginamos, que queremos cuando emprendimos la tarea de gobernarla? ¿Todo es culpa de ADEOM? O mejor dicho ¿También ADEOM es de nuestra responsabilidad?

30 años de gobernar Montevideo, con 14 de esos años con gobiernos del FA y de crecimiento incesante de la riqueza nacional. ¿Qué hay que agregar?

¿Los 656 cantegriles, el doble de los que había en el 2002, con más de 60.000 familias que viven en la indigencia o algo parecido, no tiene nada que ver con nuestros fracasos? ¿La precariedad actual de los empleos y los 60 mil empleos que se han perdido, tuvieron alguna explicación racional, seria o al menos humana de parte del presidente Tabaré Vázquez en su reciente eufórico balance?

Para la izquierda, los errores son mucho más dolorosos, porque sus consecuencias las pagan los más débiles, los que decimos defender y representar, el pueblo.

Luego de mucho pelear, discutir, proponer y opinar tengo la más absoluta convicción que la izquierda uruguaya necesita un profundo baño de humildad, de autocrítica, de análisis profundo y serio con la sociedad de su identidad y su trayectoria y que eso difícilmente se hará desde el poder. La izquierda uruguaya tiene una base social verdadera muy importante, que por este camino se transformará en una ruedita cada día más chica de la máquina del poder.

Estamos todavía a tiempo de construir un proceso natural y no el trauma de una tragedia parecida al socialismo del siglo XXI o al capitalismo a lo Bolsonaro o a lo Macri. 



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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