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El mundo al revés pro-chorros y anti-chorros

Milton A. Ramírez

17.03.2019

Robar está bien. Hay que robarle a los giles, a los que trabajan, a los que están para las ocho horas, a los que se despiertan temprano en lugar de dormir hasta tarde y esperar que lleguen los giles para robarlos en la parada del ómnibus, en la almacén, al salir del liceo o de la escuela. A esos giles hay que robarles.

Y si cuadra también saquearles las casas, patotearlos, amenazarlos, coparles las viviendas y echarlos, ocuparles las casas a esos giles que trabajan y que si se resisten no hay como uno buenos tiros que los dejen desangrando.

Todo esto y mucho más, más duro, más espeluznante, más descarnado y más cruel es lo que viven, muchos barrios de Montevideo y también del interior.

Cuando empezaron los planes Mirador, por primera vez una acción conjunta de muchas instituciones estatales, solo se empezó con la punta del iceberg de lo que es ese segmento de la sociedad, que viven en la periferias urbanas, la gran masa de gente que vive en la exclusión, la vulnerabilidad, la falta de servicios, las ausencia del Estado y la ausencia del Gobierno que derivó en una incipiente -y por ahora derrotada- acciones de feudalización para delinquir y traficar drogas de mejor manera.

Se llegó al colmo que coexistiera una video vigilancia de la Policía y una contravideovigilancia de los criminales y narcos.

Los operativos Mirador debieron derribar cercos, muros, abrir calles, allanar decenas de casas, restituir las viviendas a su legítimos ocupantes, y en ese proceso capturar y enviar a la Justicia, con todas las evidencias necesarias, para que esta pudiera procesar y enviar a prisión a decenas de criminales y narcotraficantes parapetados en esos feudos incipientes.

Se protegió a los débiles, a "los giles trabajadores", de los lúmpenes, chorros, criminales, y narcos.

Además hay que recordar que todos los procedimientos, absolutamente todos, fueron con órdenes judiciales, con un trabajo minucioso de la Policía junto a los fiscales, y todos coordinando con la Intendencia, con el Mides, con Salud Pública, con OSE, con UTE y otros organismos.

El mando de la Policía estuvo a cargo de las autoridades policiales, y la coordinación interinstitucional, resuelta por la Presidencia de la República, estuvo a cargo de un coordinador general, el director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior, Gustavo Leal, sociólogo con Postgrado de Especialización en Altos Estudios de Comunicación Social y diplomado en Políticas Sociales, que asumió el rol de vocero ante los medios y que en cada entrevista dio meticulosos detalles de cada operativo realizado.

Los operativos Mirador, nos mostraron la dura realidad de un abismo social, mucho más que una grieta. Un abismo que llega al extremo del lenguaje. "hay sectores a los que no les entendés las palabras, ya tienen otro idioma, tenés que preguntarles qué están diciendo. Es como hablar con un chino" dijo el Director Nacional de Policía, Inspector Principal Mario Layera. Esta misma opinión la dijo la Dra. Mirta Morales, presidenta de la Asociación de Fiscales "Hoy en Uruguay se habla un dialecto que nos cuesta entender. Hay que hacer un esfuerzo enorme cuando tomamos declaración, para hacernos entender, pero también entender lo que te están diciendo".

Ahora nos damos cuenta que los índice como el de Gini, o el de Índice de Desarrollo Humano, no son útiles para entender lo que pasa en esta realidad. El país mejoró, y bajó la pobreza y la indigencia, pero con eso no alcanza para diagnosticar y explicar este abismo social de estos sectores excluídos, "Aparte" como decía Mario Handler.

En estos últimos diez años se duplicaron los cantegriles. Se duplicó la cantera que produce esta brecha social, cultural y humana.

Salir de esta situación solo se hace con todo el Estado. Los planes Mirador solo pueden ser la avanzada, la que atiende la emergencia, el gran desborde de las bandas criminales. Pero debemos recordar que se abandonó el Plan 7 Zonas, - no se abandonó el Antel Arena dicho sea de paso ¿40, 80, 90 millones de dólares?-  Así que se trata de prioridades. Y también de valentía, de encarar cara a cara a lo criminales y perseguirlos hasta abajo de la cama mientras se protege a los débiles y a las víctimas.

Y no debería olvidarse que a Gustavo Leal -lo vimos claramente todos por TV abierta- le reprocharon ser antichorro. En este mundo del revés el director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior le respondió, en medio de Casavalle y mirando a los ojos a quienes decían tal reverendo disparate, sin siquiera pestañar "¿Ustedes me gritan antichorro? Sí, soy antichorro, y qué".

El sistema político no cerró filas con Leal, o no cerró filas con la expresión de Leal, que mostró los valores subvertidos de la más simple moral y convivencia.

Mientras no exista un sistema político comprometido y actores sociales que salgan un poco más allá del alcance de sus aire acondicionados: estamos en el horno.





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