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imagen del contenido Jorge Jauri

Reforma de Estado y utilidad de la libertad

Jorge Jauri

19.03.2019

Ahora hemos ingresado en una lógica preelectoral en la cual la obsesión es contribuir a definir indecisos o vacilantes. Para una agrupación joven como Navegantes ello supone un desafío agregado: conciliar la lógica de ésta coyuntura con el avance en una reflexión mayor. Ese desafío nos apremia y no hay porqué ocultarlo.

 

Estos meses de regreso o aproximación a la política han sido intensos. No precisamente a la manera en la cual valorábamos tradicionalmente la militancia. Ahora, "el hacer política", "estar" en ella con un compromiso personal muy firme exige un ejercicio activo de pensamiento crítico, muy pero muy personal. Ello no supone vivir en ese proceso crítico.  La política es, esencialmente, relación con otros en el contexto y la sociedad que integramos. Y en tanto, es necesario hacer "cosas", producir algo más que ideas y reflexión sobre ellas, proselitismo crudo y duro. No hay manera de evadir el intento de convencer, sumar, opinar, optar, organizar, consolidar espacios propios. No hay manera, además de todo ello, de intentar forzar el timón de las barcas en las cuales navegamos con otros, en procura de no desviarnos demasiado de una meta elegida en principio desde nuestras propias convicciones personales. Dicho de otra manera, no se puede hacer  política con aquel confort de los puertos desde los cuales partimos si la bitácora de la navegación nos comienza a advertir de desvíos o retrasos excesivos en lo que intuíamos en el comienzo de la aventura, debería ser la meta o el puerto de destino. Esos desvíos u omisiones son riesgosos. Uno de ellos pudiera llegar a ser el de no hacer los esfuerzos necesarios en conciliar ese lento y complejo avance de revisión y construcción ideológico -sin temer la palabra- con las respuestas e iniciativas cotidianas que exige una campaña electoral. 

O sea, "hacer política" y evaluar el ejercicio con cierta regularidad es reconocerse en la tensión de uno mismo en relación a los otros. Supone saberse instalado en otro espacio de incomodidad o inquietud personal. Diferente a aquel  de la pasividad y la resignación, pero tan tenso e incómodo como el de la gratificación de saberse aceptando ese otro riesgo,  propio de los hombres y mujeres libres.

De ideas, códigos y programas

Navegantes es una Agrupación política, integrante de La Alternativa, coalición en la cual convergen vertientes de diferentes antecedentes políticos y, sobre todo, filosóficos. Importa éste señalamiento porque nadie ha podido divorciar hasta ahora la política y la filosofía y sus éticas o valores. Conocemos la procedencia y arraigo de estas filosofías diferentes en nuestros compañeros de ruta. Lo que no conocemos suficientemente es la nuestra. Y esto que es un poco atrevido, simplemente reconoce la dimensión que tiene esa tensión en estos momentos en los cuales Navegantes tiene oportunidades y amenazas que el resto de los compañeros no tienen. Lo mismo que, en otro plano, desafía a La Alternativa en su responsabilidad de constituirse y actuar con apego a una enorme razonabilidad en la hora en la cual le toque participar muy activa y decisivamente en un nuevo gobierno. 

Pero ahora nos preocupa nuestro espacio, el de esta barca que es observada con furias y simpatías de toda índole. Hasta ahora nos ha sido relativamente fácil levar anclas y defender la barca y a nosotros mismos de los avatares iniciales. Nos hemos defendido en nuestro enojo y también nos hemos defendido bastante bien del despojo de muchos afectos de toda la vida. Nos extrañamos ver ya desde bastante lejos tantos compañeros de vida pero mantenemos la esperanza de volver a estar juntos en alguno de los puertos próximo. Pero, ahora, ya en el umbral del inicio de una campaña política más expuesta y activa nos enfrentamos al desafío de saber si podremos realmente pensar colectivamente de tal manera que ella genere una organización política útil y sustentable para hacer ese otro tipo de política que los ciudadanos reclaman explícita o implícitamente.

El ejemplo de una discusión inevitable

Estoy seguro que casi todos los integrantes de Navegantes tenemos la convicción que no precisamos un programa formal, políticamente correcto y convincente. Lo que necesitamos es aprovechar la oportunidad de un tiempo muy reducido para coincidir conocernos en cuan aproximados podemos llegar a la objetividad y desde allí, luego, coincidir en algo más difícil aún: ¿hasta dónde los valores comunes nos permiten formular algunas propuestas fuertes, significativas? Eso es lo difícil porque la honestidad presupuesta nos impone la necesidad del convencimiento. Nadie en esta agrupación va a firmar alegremente propuestas que tendrán esa carga de responsabilidad y la convicción de defenderlas donde y hasta lo que sea necesario. Sobre todo en las que hacen el cerno de esas propuestas. Esas que, por ejemplo, alinearan a Navegantes de uno u otro lado de la discusión acerca de cómo deberá ser la reforma del Estado. Es sabido que este es un eje temático de corte. 

Continuando con el ejemplo ¿para qué  deberíamos profundizar en el análisis del déficit del sector público y los temas macroeconómicos más esenciales si no coincidimos en que en esa discusión, más que la morfología del Estad, de  las políticas públicas y su presupuestación, lo que en realidad importa es cuanto espacio más de libertad es posible lograr para promover la iniciativa y creatividad natural de los ciudadanos.  Allí se establece un eje que ya no propiamente temático sino de orden filosófico. Si lográramos una coincidencia fundamentada en la utilidad de la libertad individual a partir de esta discusión de temas relativamente secundarios, todo lo que de aquí en más nos sacuda la barca será fundado, útil y progresivamente explicable...



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