*

Agencia Uruguaya de Noticias
Loading
con firma
Esteban Valenti Esteban Valenti
Hacer política sin ser lobo ni oveja
Marcelo Marchese Marcelo Marchese
Atentado en Notre Dame de París
Hebert Abimorad Hebert Abimorad
Estados confesionales en el mundo
Michael Añasco Michael Añasco
Rwanda a 25 años del genocidio
Jorge Aniceto Molinari Jorge Aniceto Molinari
En polémica. (Abordando eso gris, que parece la teoría).
Carlos Wuhl Carlos Wuhl
Paris: la catedral de Nôtre Dame en llamas
Fernando Gil Díaz Fernando Gil Díaz
Maldición de Malinche
Carlos Visca Carlos Visca
Al margen de los últimos acontecimientos en las Fuerzas Armadas
Luis E. Sabini Luis E. Sabini
Sionismo: de la emancipación judía a nación de amos
Juan Manuel Otero Ferres Juan Manuel Otero Ferres
Nuestro Judas Oriental y la Resurrección en Anchorena 
David Malowany David Malowany
El estado-nación israelí versus el patriotismo constitucional norteamericano según Hannah Arendt
William Marino William Marino
Los torturadores
Ana Jerozolimski Ana Jerozolimski
Beresheet se estrelló. Pero Israel no fracasó.
Juan Pedro Ciganda Juan Pedro Ciganda
El orden de los factores
Jorge Ángel Pérez Jorge Ángel Pérez
Censura o “problemas cargando la página”
Carlos Vivas; Homero Bagnulo Carlos Vivas; Homero Bagnulo
¿En nombre del pueblo? La amenaza populista a la salud
Selva Andreoli Selva Andreoli
ANECDOTARIO: Mas que competir, inspirar…
Ismael Blanco Ismael Blanco
Tiranos temblad
Ernesto Nieto Ernesto Nieto
La República no era platónica
Carlos Pérez Carlos Pérez
Ante una medida histórica del presidente Tabaré Vázquez. Regresan las teorías conspirativas.
Roberto Sansón Mizrahi Roberto Sansón Mizrahi
Otra economía, otro país
Jaime Secco Jaime Secco
El problema no es el dictamen sino la existencia de tribunales de honor
Dr Guillermo Chiribao  Dr Guillermo Chiribao 
Confesión de Gavazzo y el tema principal 
Jorge Braun Jorge Braun
Jose Nino Gavazzo, una pieza insignificante en el engranaje de la DICTADURA.
Héctor Musto Héctor Musto
El Partido Independiente: error y falta de ética política
Milton A. Ramírez Milton A. Ramírez
Mieres
Juan Santini Juan Santini
La Justicia de una democracia tutelada
Pablo Rudich Pablo Rudich
Masacre de Christchurch y la ultradercha en Austria
Edmundo Roselli Edmundo Roselli
El mejor candidato para ganarle al Frente Amplio
Pablo Mieres Pablo Mieres
La oscuridad de la información del gobierno
Luis Fernández Luis Fernández
Un paseo por la historia reciente
María Noel Pardo María Noel Pardo
Emigrar en América Latina
Jorge Jauri Jorge Jauri
Reforma de Estado y utilidad de la libertad
Daniel Vidart Daniel Vidart
Carta a mi sangre (1973)
Juan Raúl Ferreira Juan Raúl Ferreira
31 años sin Wilson y 100 con él a nuestro lado
Daniel Mordecki Daniel Mordecki
Se podría hacer
Alejandro Domostoj Alejandro Domostoj
Ministerio de Defensa: Ya no hay flores ahora quedan los floreros
Felipe Michelini Felipe Michelini
Examen Periódico Universal y desafíos de las políticas públicas en derechos humanos.
Alvaro Fierro Alvaro Fierro
El proyecto UPM2: incertezas de la mayor inversión de la historia (PARTE II)
Rodolfo Martin Irigoyen Rodolfo Martin Irigoyen
La extranjerización de la tierra
más columnistas



 
banner argentino hotel 300 x 138
Te encuentras en: Inicio | Columnas

Un país es como una casa

Jorge Ángel Pérez

20.03.2019

Poco importa que sea grande o pequeña, lo más importante es que resulte acogedora, que proteja como una madre y que cada día se retoque.

Derrumbe del pasado jueves, en barrio Cerro, La Habana. Foto: Jorge Ángel Pérez

La Habana, el país todo, despierta cada día en medio de grandes sobresaltos, y el jueves último no fue diferente, fue peor. Un ruido que tenía apariencia de hecatombe despertó a los vecinos en mi barrio del Cerro, y luego corrió la noticia sin recato; la parte trasera de un viejo edificio había colapsado y algunos de sus habitantes estaban atrapados debajo de una descomunal escombrera, eso decían. Y la noticia resultó terriblemente cierta. Ahí estaba el desastre, el caos, haciendo que llegaran los rescatistas, obligándonos a pensar en la muerte, que es sin dudas lo peor.

Los vecinos se miraban aterrados, indagaron desde lejos en los escombros deseando que todo no pasara del desplome, que no apareciera nada más que lamentar. Una señora que tuve cerca todo el tiempo espió cada movimiento del perro al que los rescatistas pusieron en lo más alto para que escogiera luego el camino, para que su olfato, la "experiencia", lo guiara, lo llevara hasta el cadáver. Esa señora rezaba, según dijo luego, para que los perros se equivocaran cada vez, para que nada encontraran, pero alguien aseguró haber percibido ciertos movimientos.

El tiempo se hizo largo, y muchos querían ver con los ojos de esos perros que rastrearon, y otros no querían ver nada, pero se quedaban, quizá esperando un grito jubiloso que devolviera la vida de aquel hombre, el que alguna vez fue carnicero, aquel que, según dijeron, era jacarandoso y buena gente, pero que esta vez no tuvo suerte. El perro dio con el paradero del hombre, con el carnicero sepultado por la avalancha, por aquella abundancia de escombros. Ese fue el peor instante, cuando llegó la certeza de la muerte y el llanto de una mujer joven; dijeron que era pariente, que era la hija del hombre muerto.

Así fue que cesó el murmullo. El silencio fue absoluto, se apoderó de todos los "intrusos". La gente se miró y miró al muerto desde lejos, y siguió en silencio, con ese silencio solemne que algunas veces acompaña a la muerte, sobre todo a esa que no es esperada, esa que no llega tras el jadeo incesante de los últimos días, esa que no tiene tanto que ver con la naturaleza y sus designios, con la que se hace anunciar por el ahogo que lleva a la quietud infinita.

Esos habaneros mantuvieron un silencio grave, el más solemne que pueda imaginarse, pensando en ese hombre que se tendió en su cama en la noche sin temer a la muerte, sin saber que esta lo sorprendería en la mañana, que llegaría con las primeras luces. Ese hombre no estaba aún preparado para la muerte, y mucho menos para que fuera su casa, esa que lo cobijó durante tanto tiempo, quien la provocara.

No fue una enfermedad quien lo mató, no fueron unas células enfermas las culpables. Fue un país, un país destruido, tan viejo y enfermo como su casa, un país tan achacoso como esos seres que mueren en la sala de hospital. A este hombre lo mató la desidia de un gobierno enfermo e indolente. Al carnicero lo mató un viejo régimen, muy terco, que dejó que su casa envejeciera demasiado, tanto que no pudiera mantenerse en pie, que se fuera al suelo cayéndole encima.

Un país debe ser lo más parecido a una casa, y poco importa que sea grande o pequeña, lo más importante es que resulte acogedora, que proteja como una madre, que cada día se retoque y no solo para las "fiestas". Una casa debe ser siempre, como el país, generosa y ordenada, que con sus virtudes propicie, asegure, la felicidad. Una casa y un país deben ser lo mismo; abrigo, garantía, seguridad, el más quieto remanso de paz. Un país tiene que ser, como la casa, un amante generoso. Un país que no cuide sus casas no es un país, no es un amante leal, y hasta puede terminar como esa casa que alguna vez se levantó con fuerza en la calle Colón, entre San Cristóbal y la Calzada del Cerro. Y ojalá este país resulte ser, alguna vez, una casa segura.



UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias


MVDCMS  Volver arriba    |    Contacto: uypress@uypress.net