*

Agencia Uruguaya de Noticias
Loading
con firma
Fernando Gil Díaz Fernando Gil Díaz
Debate o de bate...
Ruby Soriano Ruby Soriano
El “Odebrecht” a la mexicana
Marcelo Marchese Marcelo Marchese
El VAR, o la transparencia del mal
Lilián Hirigoyen Lilián Hirigoyen
Acepto el duelo y la fiesta
Prof. Gustavo Toledo Prof. Gustavo Toledo
Talvi y el Uruguay que queremos
William Marino William Marino
Los daños de la desinformación
Federico Sequeira Federico Sequeira
¿Todo por la patria?
Carlos Pérez Carlos Pérez
“Hacete cargo, hermano”
Jorge Aniceto Molinari Jorge Aniceto Molinari
Perlas del debate. (Abordando eso gris, que parece la teoría).
Héctor Musto Héctor Musto
¿Por qué nadie quiere debatir con Mario Bergara?
Daniel Feldman Daniel Feldman
¿Qué quiere decir decir?
Luis E. Sabini Luis E. Sabini
La peste plástica va tomando nuestros órganos
Rodolfo Martin Irigoyen Rodolfo Martin Irigoyen
La cultura criolla
Esteban Valenti Esteban Valenti
La actual imagen sindical
Carlos Vivas; Homero Bagnulo Carlos Vivas; Homero Bagnulo
Las repercusiones médicas y sociales de la pérdida de la audición en los adultos mayores
Julio César Boffano Julio César Boffano
Ideología de género es lo que hace la Iglesia Católica y lo voy a explicar
Roberto Sansón Mizrahi Roberto Sansón Mizrahi
Gestionar un país versus gestionar una empresa
Charles Carrera Charles Carrera
Sobre el 222, el “223” y la profesionalización de la Policía
Daniel Mordecki Daniel Mordecki
Un sistema de encuestas más transparente
Michael Añasco Michael Añasco
Mama, no quiero ser negro.
Hebert Abimorad Hebert Abimorad
Albert Camus, rebeldía de valores
Juan Pedro Ribas Juan Pedro Ribas
Mi encuentro con Zabalza
Ana Jerozolimski Ana Jerozolimski
Luces y sombras de una guerra histórica
Juan Raúl Ferreira Juan Raúl Ferreira
Murió Fraser, héroe anónimo de la lucha uruguaya
Roberto Savio Roberto Savio
El mundo ha perdido su brújula
Jorge Ángel Pérez Jorge Ángel Pérez
El Granma y los “falsos ídolos”
Ana Rosengurtt Ana Rosengurtt
Sobre la vacunación contra el VPH a varones
Luis Fernández Luis Fernández
¿Frío invernal?
Juan Santini Juan Santini
Ayer no fui
Juan Manuel Otero Ferres Juan Manuel Otero Ferres
La República mental de Miranda
Roberto Domínguez Roberto Domínguez
Daniel Martínez y ¿el todo vale?
Juan Pedro Ciganda Juan Pedro Ciganda
El orden de los factores (3) De crítica y autocrítica.
Ricardo Cappeletti Ricardo Cappeletti
Daniel Vidart en Chile
Dr. Federico Arregui Dr. Federico Arregui
Yo también soy EL PERIODISTA GABRIEL PEREYRA
Carlos Visca Carlos Visca
Aporte a la elaboración de una nueva Ley Organica de las FF.AA.
Ernesto Nieto Ernesto Nieto
Las otras dimensiones de las internas: motivación y organización
Héctor Romero y Gustavo Salinas Héctor Romero y Gustavo Salinas
Sydney Brenner (1927-2019): Hormigas en la Silla
Carlos Wuhl Carlos Wuhl
Francia : 1° de mayo no fue catastrófico como lo anunciaba el gobierno del Presidente Macron
más columnistas



 
banner argentino hotel 300 x 138
Te encuentras en: Inicio | Columnas | Marcelo Marchese
imagen del contenido Marcelo Marchese

El golpe de estado que se perpetra a la vista de todos y de nadie

Marcelo Marchese

08.04.2019

A veces decimos verdades sin saberlo, pues el pensamiento se hace con la boca.

Los que llaman a una movilización por la democracia y contra la impunidad, hacen bien en preocuparse, sin embargo, aunque estén expresando una gran verdad, no son conscientes de la verdad que están expresando, pues la democracia está en riesgo en otros sentidos que no advierten, y la impunidad cambia de forma en sentidos que no adivinan.

Que la impunidad es un veneno para una República es indudable, pues si vivimos en función de reglas aceptadas por todos, entre las cuales sobresale la idea de que todos debemos ser iguales ante la ley, que alguien viole la ley (¡y cómo!) y que después quede impune, altera el necesario principio de convivencia según el cual, todos somos iguales ante la ley.

Quienes usaron del poder del Estado, poder que además usurparon, para arrasar nuestras libertades y agredirnos, deben ser juzgados. Esos juicios debieron haberse realizado apenas recuperamos la democracia, sólo que, gracias al crucial Pacto del Club Naval, la democracia que recuperamos no fue enteramente una democracia, en caso contrario, dichos sujetos hubieran sido juzgados.

Ahora, ese juicio sigue siendo necesario, aunque no tenga el decisivo efecto en la República que hubiera tenido cuarenta años ha.

 

¿Para qué un golpe de Estado?

 

Se instala alegremente, inopinadamente, la tonta idea de que unos sádicos sueltos torturaron, mataron y violaron, pero la verdad de la milanesa es que esos sádicos no estaban sueltos pues seguían órdenes, hicieron sus barrabasadas desde una institución llamada Ejército, y ese Ejército, lejos de dictar cátedra de moral, debe dar razón de sus actos e informarnos a todos dónde escondieron los cadáveres de la gente que asesinaron mediante torturas.

En suma, la República debe analizar qué hizo el Ejército durante los once años en que gobernó impunemente, debe aclarar todos los crímenes que cometió, y debe conocer qué  turbios negocios llevó a cabo y dónde fue a parar ese dinero y quiénes fueron sus cómplices, pues uno teme que más de un civil que fue favorecido en su momento, ahora esté extremadamente preocupado en sostener el pacto de silencio que como una larga noche se extiende sobre la República.

Si queremos preguntarnos por qué vino aquel golpe de Estado, encontraremos varias causas que no podemos, por razones de espacio y tiempo, analizar aquí y ahora, pero sí podemos mentar su razón principal: al igual que el golpe de Estado militar de Latorre en el siglo XIX, el militar golpe de Estado del siglo XX atendió a necesidades económicas, las cuales respondían a un tiempo a requerimientos de ciertas clases sociales de aquí, y a necesidades del capital de allá. Si decimos que la dictadura, en materia económica, bajó los sueldos a la mitad y abrió las puertas al capital extranjero, estaremos diciendo lo suficiente para entender este asunto.

Ahora, que algunos criollos avivados, socios o empleados del capital trasnacional, apoyaron en su momento a los dictadores militares del siglo XIX y XX que vinieron a cumplir cierta tarea, no significa que siempre, y necesariamente, deba haber un golpe de Estado militar para llevar a cabo los cambios que algunos precisan. No entender este detalle es no entender los desafíos actuales, y pensar que en la Historia no hay cambios, que las cosas se repetirán tal cual sucedieron en el pasado, es no entender en absoluto las reglas de la Historia. Si en la Historia y en la vida las cosas parece que retornaran, el símbolo adecuado para representar este principio no sería el círculo, sino el espiral, tal cual la cadena de ADN.

Para los que mandan, el problema de una dictadura es que hace evidente la dominación, y una dominación es más eficiente si es invisible a los más, es decir, una dictadura es más eficiente si se encubre como "democracia". Para el lobo, en ocasiones, es mejor cubrirse con el vellón de la oveja.

 

¿En qué anda el lobo?

 

El lobo, que no es nada tonto, tiene sus planes para el mundo y para nuestro querido paisito. Alcanza con mirar lo que viene ocurriendo últimamente para descubrir, sino todos sus planes, al menos sus rasgos dominantes.

 

1- Desde que nació, ley ineluctable, el Capital aumenta y se concentra, lo que quiere decir que el Capital se apropia cada vez de más cosas, y al mismo tiempo, las concentra en menos personas. 26 individuos tienen la misma riqueza que 3800 millones, y esos individuos buscan las inversiones más rentables y seguras, considerando su utilidad futura. Como cada vez somos más, cada vez vale más el metro de tierra, y como el metro de tierra siempre se valora y aumenta su precio, el Capital trasnacional invierte en eso, e invierte en apoderarse de los principales recursos económicos de los países, pues el capital trasnacional, como su nombre indica, no conoce fronteras, es decir, ha abolido y abolirá las fronteras. El Capital trasnacional concentra la mitad de nuestra tierra y la inmensa mayoría de nuestros principales rubros económicos. El problema es que viene por más, pues esa es una ley ineluctable. Ese venir por más, exige cambios en las "fronteras", es decir, exige abolir aún más las fronteras que obstaculizan el crecimiento ineluctable del Capital.

 

2- Las fronteras son variadas, pero se resumen en una palabra: Estados. En un tiempo le fueron útiles, pero ahora no, o para ser más precisos, le son útiles en tanto desaparezcan en ciertos sentidos, pero incrementando su poder en otros. La función que debe desaparecer de los Estados se llama República, el sistema de instituciones que desarrolla un colectivo de gente para protegerse y gobernarse. En esto tan cierto que acabamos de decir, sin embargo, para hacer más compleja y total la explicación, hay un error evidente: la República no es una función del Estado, el Estado es una función de la República. El Capital en esta fase de expansión, para acaparar definitivamente los principales rubros y recursos económicos, precisa tomar las decisiones que antes tomaban las Repúblicas y por eso, tal cual el Contrato ROU UPM, deteriora el poder legislativo, el judicial, los gobiernos departamentales y los entes autónomos, incluyendo, en este deterioro, que el Capital trasnacional toma decisiones que antes tomaban esos poderes, como la planificación de la educación pública, cosa establecida en el Contrato, y cosa evidente según las escandalosas confesiones de la REFORMA EDUY 21.

 

3- Así como el Capital se apropia de espacio, necesita de forma ineluctable apropiarse de tiempo. El dinero es tiempo reconcentrado, y el paso de todo nuestro dinero a la Banca es un abrupto y forzoso acaparar de tiempo. Pero el tiempo tiene varias dimensiones, y nuestras construcciones culturales, nuestra forma de ver el mundo y la vida, son obra del tiempo, de la cantidad de trabajo del hombre sobre la materia en el tiempo. Así que el Capital trasnacional deteriora y acapara las construcciones culturales y aquí debemos ser cuidadosos, pues esas construcciones culturales implican nuestro derecho a hablar con libertad, a reírnos de lo que queramos, a desear y poder exteriorizar con palabras lo que deseamos, y a intentar pensar el País y el mundo desde nuestro lugar, desde nuestro específico y valioso lugar en la tierra. Se trata, en suma, de que perdamos la capacidad de pensar el Todo, y de que perdamos nuestra capacidad de sentirnos parte del Todo, y por eso la atomización que provoca la primacía del número y el reino de la cantidad, el medir las cosas por su cantidad y no por su calidad, y por lo tanto, el deterioro moral que estamos atravesando ante la primacía de la cantidad y el número, deterioro cuya mejor imagen es el deterioro de la moral de la clase política y del Ejército.

 

¿Cómo enfrentar los planes del lobo?

 

Lo primero es entender que ni a corto ni a mediano plazo como mínimo, el lobo precisa de golpes de Estado militares ¿Para qué un golpe militar, si impunemente el lobo nos clava los colmillos del monstruoso Contrato ROU UPM, por el cual le entregaremos más de cuatro mil millones de dólares, le permitiremos redactar nuestras leyes laborales, nuestros planes de estudio y establecer sus tribunales?

Ahora bien, el lobo no precisa de golpes, pero sí precisa de acentuar el poder del Estado en ciertas áreas ¿Las áreas que lo limiten? ¡No! Las áreas que limiten el poder de los individuos, por lo tanto, otra ley ineluctable, los Estados avanzan sobre la libertad y la intimidad de los individuos, y ejemplo elocuente, la bancarización forzosa y toda la información reunida que irá a parar a las computadoras de los bancos y el Estado. El Estado perseguirá opiniones divergentes, y el Estado, penetrado por el Capital, perseguirá a la palabra, fuente y expresión del pensamiento, como la viene persiguiendo mediante la implantación de eufemismos y de un lenguaje "inclusivo" y macabro.

Se ha llamado a una marcha por la democracia. Esa marcha, a la que irán miles de personas que estarán expresando su sano repudio a que el Estado haya torturado, violado y asesinado a miles de personas, es una gran cortina de humo, es una verdadera trampa por la cual, organizaciones que cumplen su función como brazo operador del gobierno, pretenden hacernos creer que la culpa de que se haya instalado el secreto y el silencio, es de otros y no de los que gobiernan y gobernaron y gobernarán.

Los hechos son porfiados, y el hecho aquí es que un Tribunal de Honor Militar (el oxímoron elefante del lenguaje) falló horrorosamente y que el Presidente de la República, homologó tamaña aberración y se calló la boca, ergo, es cómplice y factor del secreto y el silencio.

Algunos tontos de capirote quieren hacernos creer que la culpa de todo esto es del secretario que no advirtió al Presidente de este disparate. Los tontos de capirote, otra ley ineluctable, no pueden evitar parlotear para despejar ante nosotros, las dudas sobre su condición de tontos de capirote, cosa que demostraremos con lo siguiente, una de dos: si firmó sin leer es un vago y un irresponsable y debe renunciar, pues ¿para qué queremos un Presidente que decide cosas y firma cosas sin pensar y sin leerlas? Ahora, si leyó el falló despreciable, como todo el País sabe, incluyendo a los tontos de capirote, y homologó la barbaridad y además guardó silencio, entonces debe renunciar por inmoral. No nos enteramos por él, sino por Haberkorn y por quien le pasó la data. Así que, por fas o por nefas, en un país civilizado, el Presidente debe renunciar, pero en una República bananera, el Presidente sigue en el cargo desplazando la culpa a gente inocente, en tanto los tontos de capirote hacen ruido con la boca.

Como todos sabemos, el Presidente no sólo no renunciará, sino que seguirá empecinándose en lo mismo, y para lograr ese objetivo, a modo de nueva cortina de humo con olor deleznable, ahora saldrán a luz, por breve tiempo, nuevos datos de maldades perpetradas por el Ejército.

Entonces el problema ya no será este Presidente que no renunciará y seguirá aplicando los mismos planes que vienen dictados de afuera. El problema es otro y es mucho más profundo y refiere a que tenemos que entender que allí donde triunfan el secreto y el silencio, no son necesarios los golpes de Estado. El triunfo del secreto y el silencio es en sí mismo el golpe de Estado. Y eso es lo que está pasando aunque nadie se anime a decirlo: se está ejecutando lenta y laboriosamente, un golpe de Estado contra la República, y los golpistas, es decir, los lobos, operan inoculando en la sangre de la sociedad y sus instituciones, el veneno del secreto y el veneno del silencio y de todo ello, saldrán más ricos y tendrán más poder.

 

Todo este cuento termina aquí, salvo que nos animemos a pensar un final diferente.



Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



MVDCMS  Volver arriba    |    Contacto: uypress@uypress.net