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Sionismo: de la emancipación judía a nación de amos

Luis E. Sabini

15.04.2019

El sionismo pertenece a ese tipo de movimientos ideológicos de redención humana que promete a sus acólitos un universo luminoso, inmaculado, celestial, a conseguir con su prédica y acción.

Es un tipo de movimientos que floreció particularmente a lo largo del siglo XIX y en rigor es como una vieja aspiración religiosa a un paraíso que, laicizada, es "bajada" a tierra.

Su fórmula más extendida fue la del nacionalismo. Pero adquirió sus tonos ideológicos más fuertes, de utopía deseable, con el socialismo.

Antecedentes de esa ebullición conceptual, ideológica y política, se pueden rastrear en el desarrollo de la modernidad, en el jusnaturalismo y en la crisis de las relaciones de esclavitud y el consiguiente movimiento de manumisión de los esclavos.

En la estela del socialismo decimonónico, cuando ya el espectro político era ampliamente cubierto por él en la Europa de entonces, luego del descalabro material, anímico, de la Gran Guerra (1914-1918), y vinculado a las atroces condiciones impuestas por las naciones victoriosas a los estados vencidos, sobre todo a Alemania y Turquía, con el Pacto de Versalles, apareció un socialismo nacional. Luego de las gestas internacionalistas experimentadas a lo largo del siglo XIX y comienzos del s XX, resultaba una incongruencia, una anomalía, una negación radical del universalismo  hasta entonces concebido, al menos doctrinariamente.

Pero el nationalsozialismus, que simplificada y propagandísticamente conoceremos como nazismo, se abrió entonces paso como otra alternativa política.

La vigencia del nazismo fue, empero, corta, afortunadamente. Doce años de despiadado poder, porque enfrentó enemigos más fuertes que sencillamente acabaron con sus pretensiones de dominar el mundo.

Es muy ilustrativo lo que nos recuerda Noam Chomsky sobre el plan estratégico nazi antes de la llamada 2ª. GM. Adolf Hitler envía a un personero suyo, Rudolf Hess, en misión secreta a Inglaterra a hablar con la cúpula británica; el premier Winston Churchill. Hess sobrevuela el Mar del Norte y se tira en paracaídas en el norte de Inglaterra.  Si los ingleses no pudieron impedir el vuelo ?estamos en 1940, guerra declarada? sí detectaron al paracaidista, que fue inmediatamente detenido.

Todo hace suponer que Hess presentó sus credenciales y el sentido de su misión; tener una reunión secreta con el gobierno británico. Jamás fue recibido, fue en cambio tomado prisionero y pasará casi medio siglo en esas condiciones, primero en el Reino Unido, luego, extraditado, seguirá preso en la Alemania de posguerra.[1]

Lo que Hess, es decir Hitler, quería proponer era un acuerdo entre amos. El nazismo se había inspirado para su vertebración supremacista en los ideólogos racistas anglonorteamericanos, a quienes admiraban. Al visualizar la división de la humanidad entre razas de amos y razas de siervos, los nazis ubicaban a los anglonorteamericanos entre los herrenvolk. Como se ubicaban a sí mismos, como alemanes. Y consecuentemente proponían una alianza de herrenvolk, pueblos señoriales, para seguir el reparto colonial del "mundo", para enfrentar el surgir de masas eslavas, como se veía en la vieja Rusia devenida Unión Soviética; con los latinos, los nazis también postulaban una relación amo-siervo[2] pero, ¿cómo explicitar tal idea del mundo con un Mussolini que se pretendía a su vez imperial? Y con  los pueblos africanos una política siempre bordeando el exterminio.[3]

Se trató de una propuesta geopolítica casi ingenua, por cuanto pocos años antes, los personeros de los colonialismos británico y francés se habían repartido las colonias alemanas en África, como fruto de la victoria de 1918, revelando otra concepción del poder y de los privilegios. Donde lo racial contaba algo menos que lo comercial...

El desarrollo de una próspera geopolítica racista tuvo un brusco final con el colapso nazi. Desde entonces, el racismo pasó a ser mala palabra y los nuevos diseños geopolíticos se anclaron en otros puntos de referencia.

Llamaba la atención que políticos o intelectuales hasta hace pocos años racistas confesos, se convirtieran en fulgurantes defensores de la igualdad racial.

Con el advenimiento del poder imperial de EE.UU., devenido en 1945 primera potencia mundial, se dejó de hablar incluso de imperio. Los críticos hablaban de "imperialismo yanqui", pero la autodesignación era Democracia Americana; expansión de la democracia en el mundo. Compárese con los tiempos idos: British Empire era el nombre oficial que los colonialistas ingleses asumían para sí, con orgullo.

Ante el surgimiento del (mal) llamado Primer estado socialista, la URSS, y la efervescencia ideológica que sobreviniera en 1917 (ya preanunciada con la Comuna de París, en 1871), el debate político-ideológico había tomado mucho vuelo.

En el período que resultó ser de entreguerras, a la Rusia comunista, a la Italia fascista y a la Alemania nazi, se los llamaba "estados ideológicos". Y muchos consideraban superiores estas formaciones políticas, por su diseño, su empeño, su pujanza, su conciencia de sí.

Con el resultado final de la 2ª.GM, el triunfo de EE.UU. fue universal o, si se quiere, con la URSS en pie, casi universal. Y con Pax Americana la democracia pasó a ser el buen gobierno por excelencia.

Sionismo

Vayamos un paso atrás, para reencontrarnos con un "hermano menor" de las ideologías de emancipación.                                                                                                             

El sionismo encaró su prédica mediante la "solución" nacional, aspecto este que el principal movimiento emancipatorio del siglo XIX, el socialismo, rechazara con la mayor vehemencia, por considerar al chauvinismo reproductor de rasgos de lo que quería combatir. Pero también vimos que el nazismo se enancó exactamente en el mismo fundamento.

Muy a fines del s XIX, en 1897, termina por constituirse el Primer Congreso Mundial Sionista, un movimiento judío que postulaba una renovación radical de la condición judía, un rechazo a la pasividad y a la autoexclusión judía tradicional. [4]

Manumitir lo judío. Reencontrarse con el trabajo de la tierra, reaprender a vivir con ella. No depender de otros, ni para comer, ni para defenderse, camino de dignidad y protagonismo.

El sionismo cuajó como un nacionalismo de origen europeo, pero asumiendo un territorio ajeno a Europa, a los territorios que  fácticamente habitaban los judíos.

Así se establece la primera mixtura. Algunos lo verán como renacimiento judío, aunque el sionismo se presenta inicialmente como prescindente en materia religiosa. No solo eso, sino que muchos rabinos se apartan del sionismo recién constituido. Pero a la vez, en la búsqueda de un anclaje territorial ?porque hay acuerdo en que una entidad nacional debe contar con un territorio?  el sionismo, que anduvo especulando si podía asentarse en Argentina, si en un territorio cedido por algún imperio como el británico (caso Uganda), entendió prontamente que era Palestina el asiento físico que más anclaje podía darle en el sentir de los judíos. Con lo cual, la idea de un resurgimiento nacional se conjugó de inmediato con la de un reimplante religioso y que así el sionismo pasara a ser una reafirmación religiosa. Para otros, como el mismo Herzl, el sionismo constituía una pieza valiosa en la geopolítica occidental de colonización y penetración en territorios adversos, como el asiático (como lo trasluce en su libro clave, El estado judío). Herzl iniciará gestiones para procurar recibir la tierra bíblica del imperio turco que la ocupaba. Sin resultados.

Para otros, finalmente, provenientes de la izquierda marxista, el sionismo constituía un  movimiento de liberación nacional (aunque paradójicamente colonialista); la historia nos muestra que todos los tales movimientos lucharon por expulsar de sus tierras a colonialistas, no por cierto a aborígenes.[5]

Con el sionismo, entonces, tenemos una combinación que resultará explosiva: judíos oprimidos en lucha por acabar con el abuso y la discriminación religiosa, empeñados en recuperar el trabajo con sudor (aunque sin abandonar otras ocupaciones que la sociedad europea, cristiana, les había asignado, incluso con ciertos privilegios; el comercio y la banca), y a la vez empeñados en una tarea de amos, bien clásica: adueñarse de tierras pobladas por nativos.

El fondo racista del sionismo, común con el de los imperios colonizadores ?triunfantes como los dirigidos por anglonorteamericanos o derrotados, como los de los alemanes?  está presente en todos los pasos del implante judeo-sionista en Palestina.

Al fin de la guerra mundial el flujo de judíos azkenazíes, europeos, a Palestina, se hace imparable. La invasión (que en términos sionistas se caracteriza como  "reconquista") ejerce una violenta, cuasi genocida [6] expulsión "exitosa" de la mayoría de árabes palestinos. El flamante Israel empieza entonces a recibir  judíos árabes, los llamados mizrahim. Algunos venían "por fin" a la "tierra de Israel", otros fueron inducidos a venir a Israel por las organizaciones sionistas, interesadas en el flujo de judíos y para reemplazar el trabajo, la mano de obra árabe.

Los azkenazíes se encontraron con lo que ellos llamaban "la calidad étnica" de los mizrahim. Fueron inmediatamente tratados como inferiores ("human rubbish", basura humana, al decir de Levy Eshkhol, uno de la cúpula histórica sionista y tercer primer ministro del Estado de Israel).[7]

Eso fue el sionismo en Palestina. Eso sigue siendo el sionismo, y desde 1948, el Estado de Israel en Palestina. Los natives, terminología genérica que el colonialismo británico ha usado para mencionar a los oriundos de cualquier lugar señalando "apenas" que son los que nacieron allí, en Tanganika, en Ceylán, en el Caribe, en un territorio sin especificidad alguna (salvo la que le otorgue, con la colonización, el imperio); son el otro, negado.

Los natives de Palestina eran en un 99 % árabes. En su gran mayoría musulmanes, con una minoría cristiana. En Palestina coexistía además, una pequeñísima población judía, ortodoxa, afincada en "tierras sagradas", ajena al sionismo; el Antiguo Yishuv (del que surgirán las primeras víctimas mortales del sionismo). También habían residido allí, durante siglos, pequeñísimas congregaciones cristianas (templarios, por ejemplo). Porque en esas tierras coinciden las llamadas tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, Islam.

La política de asentamiento sionista en Palestina es algo totalmente distinto a todos los esfuerzos de poblaciones despojadas para recuperar sus territorios.

Validos del enorme potencial financiero de las redes judías, el sionismo va gestando toda una trama de apropiación, inicialmente subrepticia, de territorio palestino.

Siempre, eso sí, abundantemente fundamentada: bíblicamente es "la tierra de Israel" y tiene como objetivo la 'restauración del templo'. La pretensión de convertir a la Biblia en un libro de historia ha llevado a sionistas a re-crear una arqueología coherente, que reafirme los hallazgos bíblicos. De más está decir que amén de esa arqueología "de partido"  existen muchas otras investigaciones arqueológicas que la desmienten.[8] Historiadores, incluso judíos, han demostrado falacias en la mitología judía.[9]

La secuencia de la colonización, en sus tramos iniciales, se repetirá: sionistas compran a propietarios ausentes, rentistas, generalmente turcos, tierras palestinas. Pobladas por campesinos que las trabajan. Pero que "jurídicamente" son apenas "campesinos sin tierras". Cuando el emprendimiento sionista adquiere "legalmente" una tierra, tiene a su servicio a la policía turca que procederá a "limpiar el lugar" de residentes devenidos ahora ilegales. Que podían haber vivido allí por generaciones. Décadas, siglos.

Con el tiempo, la policía turca cederá sus funciones a la policía británica (cuando Turquía pierde la 1ª. GM e Inglaterra "recibe" esa tierra para tutelar).

Este modus operandi despierta resistencia. Espontánea. Una vez cada tanto, surgirán estallidos de violencia de campesinos despojados, de una sociedad tan trastornada.

Violencia que acabará con la vida de judíos (y de los sublevados; "la ley colonial" es implacable al respecto). Vida de judíos particularmente sionistas. En dichos estallidos, la violencia no es tan "ciega" por cuanto no se dirigirá, al menos siempre, contra todos los judíos sino en varias ocasiones sólo contra los sionistas. Estos estallidos se repetirán en 1910, 1921, 1927, 1928, 1932 y finalmente, cuando la población palestina adquiere conciencia de que la apropiación sionista es la anulación de ellos, ya no parcial, sino de "todo", de que les va la vida en ello; que están siendo despojados de su sociedad, en 1936, estalla lo que podríamos llamar la primera intifada palestina del s XX, que durará tres años y que ingleses y sionistas, unidos, ahogarán en un baño de sangre que postrará a la sociedad palestina por décadas.

 

En 1947 tenemos una vuelta de tuerca sobre la situación palestina. La flamante ONU interviene descaradamente a favor de una solución "occidental" y "civilizatoria" contra una población aborigen que será ignorada al mejor estilo señorial. Pero con una diferencia sustancial: ahora, el dominio despótico tradicional  pasa a ser, bajo dirección  estadounidense, un dominio democrático. Se mantendrá la estructura de dominio pero la modalidad será distinta; el racismo será mala palabra, lo mismo que la explicitación imperial. EE.UU. pasa a ser árbitro, juez y garante del caso palestino. Será el tiempo de las votaciones. Pero eso sí, cuidando la construcción de mayorías.[10]

 

¿Acaso un pueblo?

El sionismo como movimiento de emancipación tiene características exclusivas. Las menos significativas se emparientan con el socialismo decimonónico; la revalorización del trabajo como fuente de socialización, por ejemplo; otras, como reivindicar la condición nacional como decisiva, lo liga, paradójicamente, al socialismo nacional alemán, el nazismo.

Sin embargo, la asunción del carácter nacional como primordial presenta a su vez graves escollos: primero la enorme diversidad étnica: los nazis se asumían como los dirigentes de la nación alemana, partida en diversos territorios, producto sobre todo de guerras perdidas; había alemanes rusos (los del Volga); alemanes que son austríacos (por diferencias dinásticas); los que vivían en Polonia en la zona de Danzig, otrora Prusia; en los Sudetes que el tratado de Versalles dejó bajo soberanía checa y polaca. Todos ellos hablaban alemán y étnicamente tenían cierta tipología común. Con los judíos, la diversidad étnica y lingüística adquiere tales dimensiones que se hace imposible hablar de un solo pueblo, aun con todas las definiciones, ponderaciones y limitaciones que uno pueda atender; hay judíos europeos, caucásicos, los hay alojados milenariamente en el mundo árabe ?y tales judíos son étnicamente similares o confundibles con árabes?, hay judíos de tez muy blanca, los hay de tez oscura, los hay afros de raza negra, como los falashas. El humor judío lo aborda risueñamente diciendo que hay rubios, morochos, pelirrojos, de pelo lacio, superenrrulados...

Segundo, la confluencia de socialismo y nacionalismo hará que en el sionismo lo nacional se imponga convirtiendo los aspectos socialistas en meros instrumentos de la finalidad nacional; será lo que explicará que "células socialistas", como se presentaban los kibutzim, no permitirán el ingreso de árabes, una limitación o segregación inimaginable desde el punto de vista socialista.

Muy conectado con la cuestión nacional, tenemos la lengua. Las lenguas suelen ser las del lugar de nacimiento; judíos del este europeo tenían la lengua del lugar como los otros habitantes, pero a su vez tenían una lengua propia común, el yiddish, así como los judíos del sur europeo tenían el ladino como su lingua franca. Que les otorgaba cierta diferencia respecto de las sociedades que habitaban. Y una suerte de poder; hablar una lengua que no entiende el resto de la población. Un poder que a su vez genera mucho malestar, resentimiento, porque patentiza una libertad ajena, la de quienes "hablan entre ellos".

Es de destacar que entre los mizrahim no existió sino el idioma árabe.

(aparte, en todos los casos, tenemos el uso ritual del hebreo).

Lo que había ligado a lo judío hasta la aparición del sionismo, era la religión. Como a la vez hay un debilitamiento generalizado de lo religioso en Occidente, y ese fenómeno atañe tanto al cristianismo como al judaísmo, los judíos, al menos los europeos, habían ido conservando su identidad judía sobre la base de valores, costumbres y tradiciones culturales, no tanto a través de la observancia religiosa.[11]  Esta situación cambia con la aparición del Estado de Israel.

 

El sionismo con el Estado de Israel

Con el Estado de Israel, el sionismo se adueña del alma judía. Y la reencarna.[12]

El nazismo le entrega al sionismo el "derecho" a usurpar la representativiclad de lo judío, que los sionistas por cierto han aprovechado al máximo. El nazismo le ha asegurado a lo judío su excepcionalidad. La industrialización de la muerte, los asesinatos masivos, genéricos, basada en un odio que todo lo cubre, explica la reacción judía de reafirmar una identidad tan cuestionada pero no justifica la pretensión de exclusividad. Se ha montado toda una "industria del holocausto", como bien define un judío lúcido y sin pelos en la lengua,  Norman Finkelstein,[13] que le asegure a los judíos y al mundo entero que lo vivido por los judíos es único en la historia de la humanidad, que jamás se vivió otro tamaño genocidio. Aunque haya tantos judíos que vivan para contarlo y en cambio queden tan, pero tan pocos yaquis, quilmes, charrúas, hereros, maoríes, pilagás  murris, palawah, para poder testimoniar los exterminios respectivos de sus pueblos. O, como pasó con los congoleses, que de los 20 millones que se estima había a fines del siglo XIX, haya sobrevivido apenas la mitad al terminar la primera década del siglo XX, obra de unas tres décadas de "colonización" del rey belga, Leopoldo II. El Congo, llamado entonces Congo Belga.

 

Característico de movimientos implantando una nueva verdad ha sido su pujanza, su inflexibilidad, su dogmatismo. Un autoritarismo adverso a la pluralidad, a la diversidad. 

Lo conocemos en la intolerancia religiosa, por ejemplo, tan característica en buena parte de las iglesias llamadas protestantes (pentecostales, universales, nazarenos, neoapostólicos, así como en las tendencias católicas fundamentalistas).

También ha sido característico de las principales formaciones  políticas "ideológicas"  (comunismo soviético, fascismo, nazismo, siguiendo un grosero orden cronológico, cada uno con su modalidad y con enormes diferencias entre sí) y de aquellas formaciones políticas que se reclaman no ideológicas (siéndolo), como el liberalismo y particularmente el neoliberalismo ("momento" financiero del  capitalismo). 

A todas ellas les cabe la observación de Blas Pascal, de varios siglos antes, sin duda atendiendo a los reclamos de otros milenarismos entonces de raigambre religiosa: 'el hombre es medio ángel y medio bestia y cada vez que procura convertirse en solo ángel deviene totalmente bestia'.

Una diferencia fundamental es la que da lugar a calificar al fascismo y al nazismo, por su intención restauracionista, como reaccionarios, en tanto el comunismo, postulando un futuro emancipado, como revolucionario. Como se ve, posiciones opuestas respecto de la temporalidad (solo que la pretensión de conocer lo futuro hizo al comunismo  también opresor).

Hay otra diferencia  igualmente fundamental entre comunismo y nazismo: el comunismo postula un universalismo del cual excluye a los propietarios. Pero se trata de una exclusión de clase, no étnica ni nacional. Propietarios, proletarizados, van a pertenecer al universo de la nueva sociedad. En el caso del nazismo no existe universalidad semejante (no nos importa aquí si es verdadera o falsa). El mundo deseable, "el nuevo mundo" es para los herrenvolk, no para negros, chinos o judíos, por ejemplo. Esa carencia de universalidad, siquiera virtual, tiene que expresarse en algo. Separa radicalmente a humanos de humanos. Lo hace a través del odio. El odio como relación hacia ese mundo inferior. Leyendo Mein Kampf, eso se respira. También lo puede  expresar el desprecio. O negando la condición de humanidad al otro.

Si punteamos estos nudos éticos, políticos en el sionismo, vemos cuán separado está de todo universalismo, cristiano o socialista y, en cambio, cuánta coincidencia verificamos con el nazismo.

Pero no se trata sólo de coincidencias teóricas, como la idea de pueblo o nación elegida, por ejemplo. Y la de los odios o desprecios consiguientes.

Si revisamos la relación entre nazismo y sionismo, veremos, en los inicios nazis, en la década del '30, particularmente en su primera mitad, cuánto se proyectó y trabajó en común.

"Seis meses después de que Hitler llegara al poder, la Federación sionista de Alemania (por lejos el grupo sionista más grande de aquel país) emitió un detallado memorándum al nuevo gobierno que revisaba las relaciones judío-alemanas y formalmente ofrecía el apoyo sionista para 'resolver' la molesta 'cuestión Judía'. [14]

?[...] Creemos que precisamente es la nueva Alemania [Nacional Socialista] que puede, a través de una determinación audaz en el manejo de la cuestión judía, dar un paso decisivo hacia la superación del problema, el cual, en verdad, tendrá que ser tratado por la mayoría de los pueblos europeos... Nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía mantiene una relación clara y sincera con el pueblo alemán y sus realidades nacional y racial, porque estamos también nosotros contra los matrimonios mixtos y por la pureza del grupo judío [...] La propaganda del Boicot [15]  ?tal como se está llevando a cabo actualmente, de muchas maneras contra Alemania?  es en esencia no-sionista."[16] Los sionistas alemanes criticaban la política de boicot contra el 3er. Reich y aceptarán, bien que arrinconados, una asociación con el nazismo, como el convenio Haavara.[17]

En el memo citado se advierten los denominadores comunes, el parentesco ideológico que une al sionismo con el nazismo. No podemos borrar la historia, so pena de no entender la cuestión.

Ese parentesco, histórico, persiste a lo largo del tiempo. No se trata de confundir nazismo y sionismo ni de ignorar diferencias vertebrales, como el antisemitismo nazi o la  visión sobre las discapacidades, por ejemplo.

Hay muchísimos informes de época que apuntan cómo el nazismo empezó tempranamente a perseguir judíos, al principio por medios sociales, administrativos  y judiciales, como las leyes de Núremberg, prohibiendo casamientos mixtos, negando acceso a centros de enseñanza, boicoteando servicios judíos y promoviendo su emigración... ¿adónde? A Palestina.

Esto fue in crescendo; obligar a judíos a lavar arrodillados las calles, por ejemplo, expresa el odio y el desprecio acumulado y direccionado... hasta llegar a un clímax de violencia con la Noche de los Cristales Rotos (1938, se estimó en cien los judíos asesinados... con toda la violencia conexa).

Sin embargo, durante los primeros años del 3er. Reich, 1933, 1934, hasta 1937, aproximadamente, los sionistas declaraban coincidir con las leyes de Núremberg y otras disposiciones del gobierno nazi, que permitieron, transitoriamente,  a los sionistas estar exceptuados de la persecución, creciente, contra los judíos.

La política nazi entonces era la de separar a los judíos de la nación alemana. Y la sionista, la de separar a los judíos de cualquier otra nación no judía.

Los nazis supieron aprovechar las diferencias entre judíos sionistas y judíos no sionistas. Y los sionistas supieron aprovechar la política nazi para favorecer sus propios planes de colonización en Palestina.

Facilitar la llegada de judíos alemanes a Palestina fue una política nazi entonces.  El que incluso Inglaterra, para "equilibrar" su política imperial con los árabes, quisieran restringir el ingreso de judíos a Palestina, sirvió únicamente para estimular la "alianza" de la Alemania nazi con la colonización sionista de Palestina.

 

Aparte de esa coincidencia geopolítica, existía otro factor ideológico que hermanaba al sionismo con lo nazifascista, que es un aspecto celosamente escamoteado desde el desenlace de la 2ª. GM.

El sionismo primigenio reconoce en David Ben Gurion su figura liminar. Que apostó siempre al padrinazgo, primero británico, luego estadounidense. En 1935, al calor de las ideas nacionalistas plebeyas toma nuevos bríos dentro del sionismo una rama o variante llamada "revisionista", liderada por Zeev Jabotinski, francamente identificada con el fascismo. Desde su ascenso al poder, el fascismo, a diferencia del nazismo, no era antisemita, al contrario, la muy pequeña colectividad judía italiana abrazó la causa fascista. Mussolini guardaba mucha estima por Jabotinski, que llegó a contar con campo de entrenamiento en las afuera de Roma para sus milicias del Betar.[18]

La colaboración nazisionista fue tal que permitió escaramuzas como la siguiente: en 1936, redes "socialistas" de kibutzim invitan a Adolf Eichmann a Palestina. Eichmann era un nazi que tenía cierto nivel en la organización del 3er. Reich, interesado en promover la colonización judía de Palestina. Se había puesto incluso a aprender hebreo. Cuando el "invitado" llega a Palestina, las autoridades británicas le niegan la entrada puesto que era "el enemigo" (alemán o nazi, elija el lector). Los sionistas ven naufragar la instancia y acuerdan improvisadamente recibirlo de todos modos, en El Cairo. [19]

En la fundación del Estado de Israel el sionismo revisionista perdió la pulseada ?incluso violentamente? con el sionismo occidentalista y "socialdemócrata" liderado por Ben Gurion. Queda por ver si no fue nada más y nada menos que el reflejo del resultado de la 2ª. GM, precisamente.

Porque el sionismo fascista no desapareció, al contrario goza de excelente salud. Solo cambió de denominación.  

Ha pasado como con el término racismo. Dejó de servir; al contrario, pasó a ser un lastre.

Y lo más importante; luego de unas tres décadas de gobierno llamado "socialdemócrata", en 1977 gana las elecciones israelíes el partido de los fascistas de no tan antaño. Con el nombre de Likud. Menagem Begin será el líder entonces. Terrorista que recibirá el Premio Nobel de la Paz, monstruosidad sin par, y característica de tantos premios Nobel, porque Begin seguirá manteniendo la misma política de usurpación territorial más o menos violenta y de estrangulamiento progresivo de la sociedad palestina (compárese apenas con Nelson Mandela que, tras 27 años encarcelado tuvo la disposición para sembrar paz en la otrora Unión Sudafricana, devenida República de Sudáfrica).

Desde 1977, el Likud ejercerá el gobierno de Israel. Con Itzjak Shamir, Ariel Sharon, Ehud Olmert o Beniamin Netanyahu.[20]  Pero nuestros medios de incomunicación de masas jamás caracterizarán al gobierno de Netanyahu y a los gobiernos que rigen Israel desde los '70 como lo que son: coalición de partidos que tiene por partido principal uno fascista. Decimos fascismo no como insulto sino como fuente ideológica. 

Por eso, cuando en tiempos nuestros algunos políticos como los laboristas Ken Livingstone[21] o Jeremy Corbyn han puesto en claro esas relaciones, han enfurecido a los sionistas, que suelen mencionar el "antisemitismo" de Livingstone o Corbyn.[22]

Valga precisar que el enfurecimiento no es por faltar a la verdad sino por recordar incómodas verdades.

 

Otro rasgo de los movimientos  que hemos estado glosando ha sido el desprecio por la vida humana del ajeno, del contradictor. Como si fueran apenas escollos, que hay que sacar de la sagrada ruta de salvación.

Tales rasgos los podemos rastrear, igualmente, en el sionismo. Es significativo que el sionismo haya cometido su primer asesinato político sobre un judío.[23] La condena de muerte fue porque el condenado, Jacob de Haan, dialogaba con árabes. Es todo un diseño de sociedad el que está detrás de semejante condena.

Los movimientos dedicados a llegar a la salvación, la plenitud de un mundo nuevo no reparan en obstáculos. Al contrario, encuentran regocijo en borrarlos del mapa.

 


[1]  Murió en 1987, con 93 años, en la antigua cárcel de Spandau, rediseñada para "albergar" nazis.

[2]  Consigna muy conocida durante la 2ª. GM: "soldati italiani, ufficiale tedeschi".

[3]  Algunos ya exterminados por el colonialismo alemán anterior al nazismo, como los hereros.

[4]  Hay que señalar que en 1897, mientras en Basilea, Suiza, se funda institucionalmente el  sionismo, en Riga, entonces Polonia, se funda el BUND, socialistas judíos que ponían el acento en el socialismo, no en la judeidad. Su lingua franca: yiddish. Medio siglo después, sionistas y bundistas serán protagonistas del levantamiento del gueto de Varsovia, en 1943.

[5]  Se trata de movimientos desarrollados en África y en Asia. En América al sur del río Bravo, en el siglo XX, la situación es diferente y en general, no hubo tales movimientos porque el acento recayó en el retiro de la ocupación militar o política, generalmente estadounidense. Los países allí establecidos presentan rasgos distintos a los de los afroasiáticos: algunos son mayoritariamente "latinos", es decir mestizos del tronco colonial inicial español que se unió a la población femenina aborigen (condenando sin medias tintas el cruzamiento de nativos con españolas); otros, como Guatemala o Bolivia con mayorías indias, pero igualmente gobernados por los colonialistas de la primera hora; otros, finalmente, con población aborigen escasa como Argentina y sobre todo Uruguay, constituyendo sociedades "blancas" o "europeas". En este último caso, la presencia en los convulsionados sesenta de un "movimiento de liberación nacional", los tupamaros, no es sino una expresión puramente política puesto que el país no estaba bajo dominio colonial sino bajo la influencia imperial estadounidense; se trataba de luchar por la liberación de los europeos e hijos de europeos que habían erigido una sociedad, un estado como los restantes "latinoamericanos", periférico, en un territorio con poblaciones aborígenes muy escasas (y por consiguiente fácilmente "borradas").

[6]  Siempre se habla de la expulsión de 700 mil u 800 mil palestinos, pero no se mencionan las violaciones y asesinatos -miles, a veces colectivos- llevados a cabo por las fuerzas armadas sionistas y que le permitieron arrear a una población civil, sin armas, con más facilidad.

[7]  Cit. p. J. Cook, "Israel's very own history of eugenics", 26 set. 2014.

[8]  Véase, p. ej., Bernardo Gandulla, Los hebreos en el Gran Canaán, Editorial Canaán, Bs. As., 2009.

[9]  Entre otros, Shlomo Sand, La invención del pueblo judío, Akal, Madrid, 2008, La invención de la Tierra de Israel, Akal, Madrid, 2012.

[10]  Véase mi "ONU-UNSCOP: padres putativos de Israel." I (Guatemala) y II (Uruguay).

[11]  Carecemos de datos para saber si hay, y si hay cuántos son los judíos que abandonan la "cofradía", laicizándose por entero. Tenemos el caso de Gilad Atzmon, pero se trata de un "famoso" (y por eso lo conocemos).

[12]  Se estima que a principios del s XX el sionismo alcanzaba apenas a un 10% de la comunidad judía total. A fines del siglo, se consideraba que ese porcentaje alcanzaba el 90%. Diversas mediciones últimas señalan que el apoyo judío al sionismo está disminuyendo un tanto. Fenómeno particularmente notorio en la comunidad judía estadounidense.  Hay que destacar el enorme coraje civil de esa minoría de judíos, que resistieron "el éxito" de Israel a lo largo de las décadas.

[13]  The Holocaust Industry, Verso Books, EE.UU., 2000.

[14]   Memo of June 21, 1933, en: L. Dawidowicz, A Holocaust Reader (New York: Behrman, 1976).

[15]  El boicot al que se refiere el pasaje es el intentado en Occidente contra las mercancías del 3er. Reich organizado por redes judías en Inglaterra y EE.UU.

[16]  Mark Weber, "Zionism and the Third Reich", 1993.

[17]  El gobierno nazi diseñó una suerte de enroque para retener las fortunas judías en Alemania sin expropiar a los judíos que optaban por colonizar Palestina: se le retenían los fondos en las cuentas y se les entregaba el equivalente en mercancías del 3er. Reich que los emigrantes podrían llevar consigo para colocar en los mercados del Cercano Oriente. A medida que colocaban sus ventas se extinguían sus acreencias en Alemania.  La Alemania nazi lograba así colocar su producción pese a la política de aislamiento  del Reino Unido  y EE.UU., y adueñarse a la vez del capital de los judíos emigrantes.

 

[18]  En 1938, con un régimen ya muy condicionado por la alianza con Hitler, se elaboran leyes de restricción y persecución a los judíos. Habían pasado más de 15 años.

[19]  Véase, p. ej., The National Library of Israel, informando de dicha visita y su desvío hacia Egipto.

[20]  El padre de Beniamin Netanyahu, Benzion Netanyahu, fue, justamente, secretario de Z. Jabotinski.

[21]  "Ken Livingstone has refused to apologise for breaking party rules by claiming that Hitler supported Zionism", The Times,  Londres, 6 abr 2017 (Livingstone se ha negado a pedir disculpas por romper "la línea" partidaria sosteniendo que Hitler apoyó al sionismo).

[22]  La última perla de este largo rosario de fake news acerca del "líder Jeremy Corbyn" la leo en una nota cargada de manía persecutoria que empieza planteando una certera disyuntiva entre globalización y nacionalismo y deriva en la búsqueda selenita de antisemitismo: Hebert Abimorad, "Globalización contra nacionalismo y rebrote del antisemitismo", uy.press, 2 mar 2019.

[23]  También es significativo el momento. Fue en 1924, desplegando su dominio.

 

Luis E. Sabini Fernández

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