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“Era tan fácil mantener el silencio”

Roberto Domínguez

24.04.2019

Estamos en el peor escenario electoral para el Frente Amplio de los últimos 20 años. ¿Subestimación del voto del FA o tendencia? No hay todavía una tendencia sostenida que permita afirmar que el FA pierde las elecciones. Hay si un fortalecimiento de la oposición y un debilitamiento del oficialismo y el FA la tiene difícil. Pero falta mucho y falta lo fundamental de la campaña.

¿Indecisos o Indefinidos? ¿Desencanto con el FA o desencanto de la política? Probablemente un poco de todo. Tres cosas parecen seguras: el FA tiene una menor intención de voto que lo que tenía en las elecciones pasadas, habrá ballotage y la mayoría parlamentaria habrá que negociarla en un parlamento más fraccionado que el actual.

En una segunda vuelta que probablemente será pareja, mínimos cambios en la intención de voto  del electorado generan grandes cambios y, eventualmente, generarán un cambio de partido en el gobierno.

Sumar linealmente los votos de la oposición pensando en el ballotage no significa nada. Es un juego teórico. El electorado del Partido Colorado o del Partido Nacional, así como los electorados de los partidos menores como el Partido Independiente, Asamblea Popular, Partido de la Gente, Peri u otros grupos que participan por primera seguramente no votarán homogéneamente, digan lo que digan, o piensen lo que piensen, o prometan lo que prometan, los dirigentes políticos de esos partidos.  Muchos están con la calculadora en la mano haciendo cuentas de almacén de barrio.

Hacer acuerdos antes de tiempo, vender la piel del oso antes de cazarlo y fantasear con sentirse Ministro de esto o de lo otro, es hoy, a todas luces, una gran tontería.

Frente a este panorama la izquierda democrática debe actuar con responsabilidad y debe, por lo tanto, asumir dos retos: por un lado la renovación de la izquierda como tal, profundizando su talante democrático, y por otro lado debe lograr un calado tal de sus propuestas que haga imposible convertir a esa izquierda democrática en un furgón de cola de un proyecto restaurador de viejas prácticas políticas y de gobierno. Ese es el cruce de caminos de socialistas democráticos, liberales progresistas, socialdemócratas, socialcristianos, seregnistas, wilsonistas y batllistas.

Aunque no lo parezca éste es el telón de fondo de la ruptura de coalición La Alternativa y de su dispersión como coalición de izquierda democrática. Sin embargo, las causas puntuales aducidas por los principales dirigentes del Partido Independiente (PI) para aprobar por aclamación (?) durante su última Convención la salida del partido de ese proyecto germinal, llevan a algunas reflexiones necesarias sobre la inutilidad y la futilidad de las palabras.

De todo el proceso de ruptura de La Alternativa, que fue muy rápido y decidido de modo unilateral por el PI, hay pocas cosas tan reveladoras de su personalidad como actor político, como una frase dicha por el Senador Pablo Mieres para explicar la ruptura de la coalición. Frase que, en cierto modo, pasó casi desapercibida a pesar de su gravedad.

Los hechos. Un periodista pregunta y Selva Andreoli responde. Al hacerlo respeta, en primer lugar, la verdad y, en segundo lugar, respeta a todos los que esa mañana están mirando Canal 12 y que esperan que no les mientan. Su respuesta es simple, es escueta y es directa. No va a votar a los blancos en el ballotage. Tampoco al Frente Amplio y tampoco al Partido Colorado. No forman parte ni ella ni su sector, Navegantes, de ningún acuerdo o conversación que al respecto pudiese existir. Va a anular el voto. Esa es su posición y como tal la establece con claridad meridiana. No era la primera vez que lo decía ni fue la última. Y nadie debería asustarse.

Fue el naufragio del intento de crear una iniciativa de izquierda democrática en el país. Un proyecto absolutamente necesario que sigue siendo necesario. No se entiende la reacción de Pablo Mieres y del PI a esas palabras. No se entiende a menos que falten datos para hacerlo.

"Era tan fácil mantener el silencio" comentó Pablo Mieres al juzgar con dureza a Selva Andreoli, en ese entonces su compañera de fórmula presidencial. Luego, en pocos días, desmoronó con declaraciones de prensa la idea de la coalición. Los dirigentes del PI la dinamitaron en poco más de una semana.

Sostuvo en varias declaraciones de prensa que se había quebrado la confianza, la cual, a su juicio, era básica. Este criterio lo repitieron después dirigentes cercanos a él, entre ellos, Mónica Botero, recién llegada al baile, para explicar las razones que llevaron a la Convención del Partido Independiente a resolver, por aclamación, el retiro del sector de la coalición formada hace apenas pocos meses.

Es raro, es realmente raro que para un sector político decir la verdad, decir lo que realmente se piensa o lo que realmente se piensa hacer, que fue precisamente lo que hizo Andreoli en la entrevista en Desayunos Informales, pueda provocar un terremoto. Especialmente uno de tal magnitud que sea capaz de arrasar un proyecto político necesario para el país y trabajosamente construido entre varios actores y sectores. Es, desde todo punto de vista, incomprensible. Salvo que la idea de construir una izquierda democrática sea un cuento chino. Una forma de hacer un rastrillo por izquierda para un proyecto de derecha.

Solamente Mieres puede explicar ¿por qué piensa que decir la verdad, que no mentir, que no omitir información relevante a los votantes es un pecado mortal?

Me cuesta entender que decir la verdad y decirla con claridad ante una pregunta directa y personal, una verdad honesta que no es más que un punto de vista y una valoración política sobre actores políticos y partidos políticos, pueda provocar una crítica despiadada y la ruptura de un proyecto de largo aliento como el que se estaba construyendo.

¿Decir la verdad, o no decirla, es un asunto estratégico en política? ¿La verdad en política es un tema táctico o conveniencia electoral o es un tema ético y moral? ¿Da lo mismo?

Pocas frases como "era tan fácil mantener el silencio" son tan reveladoras de una forma de hacer política. De esa que se hace como orejeando las cartas, como jugando al truco, como escondiendo el juego real. ¿Cuántas omisiones tiene el discurso del Partido Independiente? ¿Cuántos silencios que según parece son tan fáciles de hacer? ¿Cuántos secretos? ¿Cuántos cálculos electorales? ¿Cuántas razones tienen para omitir o para mentir? ¿Cuántas veces consideran que es tan fácil mantener el silencio y barrer bajo la alfombra?

Casi como en un desliz, esta frase dejó ver una manera de hacer las cosas, una manera oculta, la estrategia de la telaraña, una modalidad solapada de la política, una que piensa que puede omitirse la verdad o parte de la verdad con el fin, sacrosanto, de lograr una mayor votación para el Partido concebido como fin supremo, aunque sea a costa de la transparencia y de la lealtad a los electores.

Así no se construye ni Nación ni ciudadanía. Y la política es eso, no es construir partido, es construir Nación y ciudadanía.

Por el contrario, es la táctica de la ilusión en estado puro.  El votante, en realidad, deja de ser concebido como  ciudadano consciente, y se convierte en un rehén de una ilusión en la cual cree. Sigue un espejismo que otros le construyen paso a paso. Así, al final de la campaña electoral vota a una imagen. Vota a algo que en realidad no existe. Así, la política y, especialmente, la política electoral se convierte en un juego perverso, un juego de espejos y falsedades, de ilusiones pensadas para desorientar y seducir a los votantes.

Ocultar una opinión, callar un hecho o un punto de vista, omitir deliberadamente información, calcular los silencios oportunos, no es otra cosa que manipular a la ciudadanía. Lo es porque lleva a una falsa interpretación de las personas, de los hechos y de las palabras. Lleva a un engaño, suprimiendo la verdad por medio de silencios, de ambigüedades, de descripciones vagas, de evadir preguntas y de obviar respuestas necesarias. La verdad a medias es una forma de la mentira. Es una forma de esconder aspectos claves para desviar la atención y confundir. Mentir es decir lo que no es cierto pero también es callar lo que es cierto.  Es callar lo que se sabe, lo que se cree o lo que se piensa.

No decir lo que se piensa y decir lo que no se piensa, expresar sentimientos que no se tienen, crear ilusiones, dar falsas impresiones, eso es jugar con la confianza de la gente y de las personas. Andreoli dijo la verdad en la entrevista,  una verdad que sabían ya que ellos conocían la respuesta a la pregunta del periodista, sin embargo los dirigentes del Partido Independiente reaccionan sosteniendo que se ha roto la confianza. ¿Cómo? ¿Decir lo que se piensa y hacer lo que se piensa y se dice rompe la confianza? ¿En qué planeta es así? ¿De qué galaxia es ese razonamiento? Mentir es un antivalor, y decir la verdad no es traicionar. Es la mentira, no la verdad, lo que destruye las relaciones de confianza mutua. "Y la verdad os hará libres" reza la Biblia (Juan 8:31-38).

Roberto Domínguez



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