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Los sinuosos caminos de la derecha, la insólita ruta conservadora y la izquierda correcta

Fernando López D’Alesandro

25.04.2019

El giro a la derecha de América Latina ilusiona a conservadores y derechistas uruguayos por igual. La esperanza de recuperar el gobierno responde a muchas razones, desde los números de las contradictorias encuestas, hasta el franco rechazo y sin igual repugnancia que sienten por los quince años de gobierno frenteamplista.

Aquellos que en 2005 supusieron una experiencia efímera, y que durante la presidencia de José Mujica sufrieron la proyección internacional del "Pepe" como algo inconcebible, hoy, producto del desgaste de la izquierda, la vejez de sus dirigentes y sus errores, se ilusionan con el final de un ciclo.

La imagen que buscan instalar quiere mostrar un país en caos, pobre y empobrecido, en crisis terminal, marchando a paso redoblado hacia Venezuela o un símil tan caótico como autoritario. Si nos atenemos al discurso conservador, las calles del Uruguay bullen de muertos, violencia y hambre, en una suerte de guerra social sin parangón en la historia del país. La crisis económica dispararía una inflación incontenible, una desocupación irreversible, quiebras en cadena, escasez y miseria. Confunden su deseo con la realidad. 

La oposición conservadora y la derecha marchan como sonámbulos; caminan sin ver, chocando con lo que encuentran a su paso, creyendo que los obstáculos son precipicios, que las dificultades son puntos finales. Son, todos, el producto de la desorientación, y creen que los yerros del Frente Amplio y de su gobierno son hechos terminales, errores insalvables, sin marcha atrás. En este escenario, apenas de clases en lucha, los conservadores buscan la salida calma, las derechas, impacientes, añoran Brasil -otra vez- y la solución crítica, ante una realidad que les molesta, porque no está todo lo mal que creyeron, ni todo lo crítico que necesitan. Y peor aún, "los comunistas" -o sea, todo el Frente Amplio- ni resultó tan ineficaz ni expropió a diestra y siniestra, ni instaló la república roja. 

La derecha tan sinuosa

Esa parte de la sociedad uruguaya que cree en un orden natural fundado en la jerarquía, la obediencia y la opción autoritaria de gobierno, tuvieron en Edgard Novick su primera esperanza. Pero aquél estilo prepotente no cuajó ni en su partido y en ese segmento del Uruguay que espera hacer del país un cuartel. Su proclamada "tolerancia cero" a la delincuencia mientras te mira desde los carteles con cara de enojo borderline, no tuvo mucha aceptación y la emigración de sus cuadros políticos y técnicos a otras tiendas fue el síntoma más evidente de su fracaso. El general Guido Manini Ríos, por el contrario, tiene mejores tradiciones e ideas para canalizar a la derecha.

Descendiente de una familia de larga tradición conservadora, su abuelo Pedro fundó la derecha colorada moderna y su tío Carlos fue el último gran intelectual conservador del país. Su hermano, Hugo, fue fundador de la Juventud Uruguaya de Pie, así que las tradiciones de la derecha son conocidas por Guido y su familia. El ascenso a general de Manini Ríos es producto de una de las tantas paradojas del MPP, y de su extraña relación con las Fuerzas Armadas. En su discurso de despedida en el entierro de Fernández Huidobro parecía más su viuda que un subordinado. 

Manini Ríos expresa, en principio, el mensaje antipolítico de la derecha autoritaria y militarista. Su discurso inaugural en Rivera centró sus dardos en los salarios de los políticos, como si su reducción drástica fuera la clave para enjugar el déficit. Militar y de derecha, es la dupla ideológica y cultural habitual de la "anti política"; de ahí al mesianismo hay un paso, o una tentación en la que es muy fácil caer para aquellos que se creen la quintaescencia de la nación. 

Manini Ríos no pudo ser "víctima" del gobierno frenteamplista, hasta que sus impertinencias inconstitucionales llegaron al límite de cuestionar a la justicia porque osaba juzgar a sus pares, como si el uniforme te eximiera de la ley general. El manejo equivocado que hizo el gobierno del tribunal de honor a José Gavazzo y a Jorge Silveira no exime al General Guido de haber utilizado su cargo de Comandante en Jefe para lanzar su carrera política, fundada en esa visión cuartelera que pretenden extender a todo el país. La derecha militar y sus acólitos aprendieron que el cuartelazo está en cuarteles de invierno, y que sin un cierto consenso social estructurado y con expresión propia, poco se puede lograr. A la larga la militarización de la sociedad termina en un regreso a los campamentos más o menos bochornoso. Esa derecha sabe que necesita de apoyos sociales y cierta validación de la gente para realizar su proyecto. "Cabildo Abierto" expresa esas intenciones, desde una raíz de perfil hispanista, casi tan integrista y católica como su candidato a presidente. La novedad, por ahora, es la ocupación del espacio que Novick supuso tener y que encontró una mejor realización entre los galones de Don Guido. La cortedad de la propuesta de la derecha habilita, entonces, el crecimiento del espacio conservador. 

La insólita ruta conservadora

La gran novedad es Juan Sartori. Si las encuestas fueran menos polémicas, el susto conservador sería aún mayor. Aquel que comenzó enviado por el Frente Amplio -Gandini dixit- logró tener un peso propio y no solamente en base a su fortuna. Sartori refleja algo más preocupante de la base social conservadora, de aquellos sectores medios y bajos que ven en este rico recién llegado alguien a emular. No es sólo "la cara nueva", sus apoyos son la consecuencia de la cultura conservadora promovida y querida por blancos y colorados, donde no sólo la diferencia y la jerarquía son valores positivos y queridos, sino, además, sembrados con la ilusión de que cualquiera puede llegar a la cima. Sartori responde a la emulación, tan querida y proyectada por las clases conservadoras, que hacen correr a la gente tras la quimera de una fortuna que sólo es y será para unos pocos. Así, el hecho de que no conozca ningún indicador económico y social no importa, sus admiradores tampoco los conocen. Esa gente "quiere ser" como Sartori, y lo apoya en una vana ilusión. Ni Larrañaga, ni mucho menos Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou supusieron que ese desconocido iba a ser una competencia. Sartori es el producto dilecto de la cultura que ellos promueven. 

Mientras Jorge Larrañaga se esperanza con el apoyo a vivir sin miedo, no mide las consecuencias que tendrá promover la militarización de la seguridad desde lo que queda del wilsonismo. La propuesta significa un giro significativo para aquel discurso con tintes socializantes que había instalado "Nuestro Compromiso con Usted". Ahora, apeló al temor para buscar la solución más ramplona fundada en la represión, cuando toda la experiencia mundial y uruguaya enseñan que ese no es sólo un camino equivocado, sino, además, peligroso. Es a lo único que se puede abrazar Larrañaga ante la orfandad de ideas y de discursos, más allá del habitual que decíamos al inicio, o sea presentar al país al borde del precipicio y de la guerra social. No menor es el vacío de Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou. 

Su consigna es "estamos preparados", pero aún no sabemos bien para qué. Su propuesta de "evolución gradualista" basada en "cinco shocks" parte de la base de que el Uruguay vive una crisis terminal. Un error de diagnóstico llevará a resultados terribles si los shocks van más allá de la mera publicidad. El vacío conservador es preocupante, y el más preocupado es Julio María Sanguinetti. 

Como hemos señalado el retorno de Sanguinetti responde a la impericia de sus aliados blancos, que son incapaces de capitalizar una oportunidad que considera única. Su vuelta al redil busca recuperar al Partido Colorado, por razones del corazón, pero principalmente para guiar -dirigir- la oposición ante la orfandad de liderazgos. Enfrentado a un tecnócrata, Ernesto Talvi, tan errático como errado en sus diagnósticos y prospectivas, Don Julio se sabe ganador y lo dice. Tal vez el pecado de hybris le juegue en contra si no lo modera antes de junio. Aquel que "nunca perdió una huelga" va a necesitar de todo el Partido Colorado para realizar su proyecto directriz, tanto para guiar a sus neófitos aliados nacionalistas, como para negociar con el Frente Amplio si su cuarto gobierno no logra la mayoría parlamentaria. 

La izquierda correcta

El Frente Amplio buscó dar una imagen de unidad a pesar de las diferencias, con los cuatro candidatos marchando al unísono entre abrazos y banderas. Sin embargo, los últimos cambios en la izquierda quisieron pasar desapercibidos y son medulares para el futuro. El triunfo de la ortodoxia en el Partido Socialista reconfigura el espacio de Daniel Martínez. La vuelta al poder del socialismo nacional de raíz leninista en el decano de la izquierda uruguaya, es una de las consecuencias de las últimas revelaciones que cuestionan la raíz ideológica instalada por Vivian Trías. Ante la evidencia el PSU se abroqueló en su zona de confort y devolvió la mayoría a una ortodoxia que, seguramente, hará sentir su poder. Si lo sostenido por Esteban Valenti es real y el actual secretario general del socialismo boicoteó la candidatura de Danilo Astori en 2009, la situación, entonces, no es para nada cómoda. Una Asamblea Uruguay en caída, un Nuevo Espacio que no va más allá de sus votos bien contados y una Constanza Moreira que se acerca al disco final, no crean un escenario promisorio. Sumemos a un Partido Socialista con un primer candidato a senador, Daniel Olesker, que desde el PIT-CNT y desde su partido jaquea al ministro de economía y un secretario general, Gonzalo Civila, que dio señales más que claras de sus diferencias con su actual aliado. Las encuestas dan primero a su candidato, Daniel Martínez, pero el análisis de las organizaciones que lo respaldan abren un amplio abanico de dudas sobre el futuro. Así, tanto las candidaturas de Cosse, Andrade y Martínez, reflejan a la izquierda tradicional en un momento que el Frente Amplio necesita una renovación profunda y militante. Lo irónico de los últimos cambios es que deja a la renovación en manos del espacio de Mario Bergara, el único segmento del FA donde ningún ortodoxo tiene presencia, y donde desde mucho tiempo atrás se acumulan críticas, análisis y propuestas para la transformación del Frente, de sus formas de hacer política y para la modernización de su programa. 

Lo que vendrá

La derecha autoritaria y ciertos segmentos del conservadorismo buscarán la desestabilización si el Frente gana su cuarto gobierno. Los ejemplos cercanos los inspiran, pero no se atreverán porque no tienen fuerzas y porque no es el camino que convenga a los grupos económicos. Quedarán con un cinco por ciento mascullando sus frustraciones y esperando su momento. 

La oposición conservadora vive entre la desesperanza y la desesperación. Sus líderes no van más allá del discurso que responde, pero no propone, que apela al miedo y a un escenario que creen en estado terminal. Algunos compran la versión, pero la gran mayoría de los uruguayos no percibe ni la crisis económica, ni la crisis social, independientemente de los errores y los "debes" que el Frente Amplio tuvo en materias claves. El fracaso del plebiscito contra la "bancarización obligatoria" es un síntoma que dice mucho más que un simple tropezón en el camino político. Por algo Sanguinetti no se sumó a esta patriada con el fervor que muestra para rescatar a su partido. No quiso desgastarse en algo que no reditúa, acumulando para salirse con la suya, dirigir la oposición en un nuevo escenario, donde supone o una victoria de la derecha o una pérdida de la mayoría parlamentaria del oficialismo. 

Mientras tanto el Frente se recompone, otra vez, dando muestras de un dinamismo que ya es parte de sus señas de identidad. Sin embargo, los recientes corrimientos internos, el rescate socialista nacional de raíz leninista en el espacio de Daniel Martínez crea una nueva situación, tan inédita como inesperada para el astorismo. El halo renovador cambio de lugar, es muy difícil reivindicarlo en un espacio donde la mayor organización, el Partido Socialista, retorna al sesentismo, cuestionando a su principal aliado, que, paradojalmente, manejó la economía magistralmente los últimos quince años. Solo queda el espacio de Mario Bergara proponiendo el recambio y la renovación. 

Junio y Octubre serán momentos históricos en la mayor sentido del término. El Uruguay elegirá cambios en todos los segmentos del espectro político primero y en su forma de gobernar después. Será la gente la que decida si nos estancamos, si regresamos al pasado o si nos proyectamos al futuro. Ojalá todos sepamos elegir bien. Nuestro futuro y nuestra democracia lo necesitan. 

 



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