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El orden de los factores (2) LA TRANSICION DE 34 AÑOS

Juan Pedro Ciganda

29.04.2019

Hace unos días en otra nota apuntaba que veía cinco puntos centrales que sería bueno presidieran todo el transcurrir de la polémica política uruguaya de estos meses venideros. Lo demás, llega por añadidura.

Mencionaba

a)     la afirmación democrática

b)    la capacidad de crítica, autocriticarse  y proponer

c)     la inserción del país en el mundo

d)    la ética como presupuesto del manejo de la cosa pública;

e)      las políticas de Estado.

 

I

Anoto hoy algunas cosas sobre "la afirmación democrática".

Los cientistas sociales, politólogos, historiadores,  polemizaron en los años siguientes a la recuperación democrática sobre cuánto había durado y que características había tenido la transición democrática en nuestro solar.

Yo afirmo que hasta el día de hoy, ha durado 34 años.

Más allá de saldos pendientes, de "espinas envenenadas que dejó el fascismo", de justicias rengas  y políticas de desmemoria, me parece razonable aseverar - con hechos a la vista y no con miradas de intercambio de café - que la transición no ha terminado.

Sucesos recientes,  confesiones explícitas, documentación, avalan la hipótesis. Estamos en transición hace tres décadas y media. Si algo ha quedado probado es que la dictadura no dejó secuelas, herencias, resabios y otras especies de similar ralea.  Quedaron circulando por las venas de la sociedad elementos del autoritarismo que la integran. No son un "afuera" de la sociedad, algo tremendo que pasó, sino que son células integradas al tejido social y a la cabeza de los uruguayos.

No creo en democracias perfectas pues si algo tiene esa forma de convivencia es la de ser un fenómeno histórico, cambiante, en evolución  permanente que importa, también, involuciones.

Desde que hubo un primer voto femenino en el país (aunque no todos los historiadores acuerdan) en un plebiscito en Cerro Chato en 1927hasta este tiempo de presencia protagónica de la mujer ha corrido mucho tiempo, bregas, luchas, avances.

Aclaro que los uruguayos no hemos sido la oveja negra de Latinoamérica. Desde el Río Bravo hasta Ushuaia el retorno a las democracias en los ochenta fue hecha bajo el toldo común - con grados diferenciados - de impunidades acompañadas de la explicación con vocación de incontestable:"para crear futuro hay que olvidarse del pasado".El detalle va otro día.

Pero así fueron las cosas.

No es un "tema de militares violadores de derechos humanos". Es más grave.

Es una confrontación de ideas entre gente con responsabilidades políticas y de un "sentido común"  más o menos hegemónico.

También en la aldea uruguaya, laica, obligatoria y gratuita, tolerante, donde naides es más que naides, donde los políticos se morían pobres y todos nos conocemos y la tolerancia siempre ha primado. La lista de mitos puede ampliarse.

Nadie debe olvidar de que el voto verde derrotado en 1989, donde el temor a la ruptura - reiterada - institucional, tuvo como agregado otro, veinte años más tarde, en otro clima que podía tener cualquier signo, menos el del miedo.

Seguramente el veinte de mayo, dentro de pocas semanas, será una expresión superlativa de un sentimiento nacional.

Ojalá sirva como factor de incidencia, en que el conjunto de la ciudadanía reflexione sobre la validez de la Constitución, del Derecho, de los acuerdos internacionales que son ley en el país, de la verdad y la justicia.

Mirando la realidad y no la post verdad (esto es, la mentira de toda la vida), se puede acordar que en tres décadas y media de democracia, lo atinente a esos valores sigue siendo una causa pendiente.

II

En la democracia uruguaya el problema no son "los militares", sino el poder político que toma decisiones.

Hace poco, en medio de la ola de indignación que nos cruzaba a gente de la más diversa raíz y fuente de pensamiento, el Prof. Caetano - con la elocuencia, la capacidad y claridad que lo distinguen ,  resumía la cosa en una frase: "el problema es el Ejército", o las fuerzas armadas en general. De acuerdo, pero...

Siete gobiernos electos por el pueblo desde 1985 han sido responsables de la situación. ¿Con iguales actitudes? No.

Sin duda hubo avances y conductas diferentes en el mandato de Batlle y en la etapa inaugurada en 2005.

Mas el déficit, aún acortado, no ha dejado de ser déficit.

El punto es, con todas las cartas a la vista, cómo se mira el horizonte.

¿Pueden las fuerzas armadas ser un ámbito autónomo de la república, con reglas propias sobre  el honor, la justicia, el apego a la ley?

Pues de eso se trata. 

La Doctrina de la Seguridad Nacional que "explicaba" la barbarie de los setenta y ochenta, ¿sigue vigente?

Así como están las cosas, en esta larga  transición sigue privando una idea madre impulsada (con formatos diversos) en el espectro político de derecha, de centro y de izquierda: la paz y el progreso  se escriben  dando vueltas las hojas de un libro sin haberlo leído.

O cuando nos hayamos muerto todos.

¿Las "introducciones al derecho" (puedo ser antiguo) que llegan a los estudiantes de secundaria, arriban de igual modo a los muchachos que ingresan al liceo militar? ¿Son imprescindibles esos  liceos?

Es un único mínimo ejemplo de un tema a abordar y en el que  está en juego la cultura, la convivencia, valores aparentemente innegociables y cuya no vigencia en algunos ámbitos, nos seguirán deteriorando.  A civiles, a pobres, a ricos, cristianos, ateos, agnósticos, masones, librepensadores, obreros, empresarios y cuentapropistas,  a los compatriotas todos y, subrayo esto, también a los militares, acaso desde el mismo momento en que un joven se convierte en alférez.

¿Y por qué?

¿La "culpa" es de un asesino confeso? ¿Solamente de un pacto de "omertá"?

Creo que la responsabilidad es de la sociedad uruguaya y quienes representan al pueblo, de los que se ocupan de la "polis" con el respaldo de los ciudadanos. Es así y ha sido así en los últimos 35 años. No hay que quitarse responsabilidades ni mirar para el costado.

Antes que alguien me salte a la yugular, es innegable que las responsabilidades están repartidas en cuotas absolutamente diferentes. Lo sobreentendidos los dejo como tales.

III

Hace unos días el Dr. Sanguinetti se refirió a la causa sagrada de los desaparecidos.

Reconozco que en lo que me toca, el ex Presidente no deja de sorprenderme. Los calificativos abundaron, la historia se puso arriba de la mesa y hasta escuché decir con ironía: "bienvenido al club, Doctor".

Mas el asunto, al menos en este proemio a los temas que me parecen cardinales en la etapa política en que ya el país está inmerso, debe ir más allá de rabias, enojos y exaltaciones.

¿Qué le van a proponer en concreto a los electores las diversas fuerzas políticas que intentarán persuadirnos sobre las bondades de su propuesta?

Más allá del spot y la musiquita y la creatividad de los jefes de campaña y publicidad, hay sustancias que no se pueden ningunear.

La reafirmación democrática es una de ellas.

Será tiempo de hablarle claro a la gente.  Sin subestimarla.

El "no se puede" - en algunas materias -  no es un acto de cobardía. Lo es de profunda irresponsabilidad.

Al menos yo la veo así, aunque a menudo me equivoco.

 

Mag. Juan Pedro Ciganda



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