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Hace 41 años... yo comunista

Héctor Musto

04.05.2019

Fue más o menos por esta época del año. No lo recuerdo exactamente. Lo que recuerdo es que “Aníbal”, ex compañero de Medicina, se me acercó al lugar de mi trabajo, para convencerme de afiliarme a la UJC. Era 1978. Yo había dejado Medicina y estaba en Veterinaria.

Yo había militado hasta 1974 en el 26 de Marzo, en el viejo, en el pro-tupa. En el Sector Universitario. Y antes, en Secundaria, había estado en el FER. En 1971, más allá de las indicaciones más o menos explícitas, mi voto había sido para la 1001, por influencia de amigos como el Colorado, y porque la 1001 (los bolches) me daban certezas: sé qué van a hacer, en la discrepancia o en el acierto, pero me daban seguridad política. Y cuando en el '74 se disuelve el 26M, quedé colgado. Plena dictadura, y yo no haciendo nada. Me dolía, pero nada. Esperaba, quizás, que resucitara el 26M. Y vino, un buen día, Aníbal. Nos conocíamos de la Facultad de Medicina, y ambos éramos delegados de base en AEM. Yo lo había perdido de vista. Claro, había pasado a la clande. No tengo idea de cómo averiguó mi lugar de trabajo, pero vino. Y empezó a plantearme la posibilidad de afiliarme a la UJC. No sé si por respeto a su clandestinidad, o al Partido, o a mi vergüenza de no estar haciendo nada en plena dictadura, no le dije que no. Pero le di largas al asunto. Y Aníbal, con la paciencia de un orfebre, me seguía haciendo la cabeza. Hasta que le di el "si". Y sacó un papelito y lo firmé. Me convertí en comunista. Recuerdo su abrazo de oso, su alegría, la tarea que me encomendó (contactarme con "Pablo") para armar un círculo de la UJC en Veterinaria. Me dijo como encontrarlo a Pablo.

Y cuando salí del laburo, recuerdo mi susto. Mi miedo. Me había afiliado hacía media hora pero ya sentía miedo. Y las pintadas en la calle. Recuerdo mirarlas, a las mismas pintadas que había visto el día antes, las que pedían por la libertad de Massera, de Jorge, de Sendic, de Seregni, firmadas "UJC" con otros ojos... "las hicieron otros como yo, comunistas". Y recuerdo en pensar en la alegría que sentiría mi hermano el Colorado si supiese que éramos camaradas, luego de discrepar durante tantos años... Pero no se podía decir. Solamente lo supo mi hermana. Y luego, mi compañera de aquellos años.

Recuerdo las reuniones. Las "claves" para encontrarnos, en casas o en la calle (nunca, ni antes ni después, fui tan puntual). Recuerdo las tareas "imposibles" que nos daba Aníbal a Pablo y a mi (Noel, como mi abuelo materno) para repartir decenas de "Cartas", de "Liber Arce"...  De la huelga en Veterinaria. De salir de pintadas. De cómo el miedo, que no se iba nunca, iba dejando espacio para "hacer algo". De cómo me iba transformando de comunista en bolche. Orgulloso de ser bolche. Y no quiero hablar más de la clande porque no fue tan heroica. Pero fue. Y luego el exilio.

Roma. Terminé, por razones familiares, exiliado en Roma. Y conocer allí a Esteban. Y tener que explicarle por qué había salido del país en octubre del 81. Y tener que esperar hasta diciembre de ese año en el que el Comité Central del Partido "avaló" que había salido con buenas razones y podía seguir militando. Y recuerdo cuando tuve, a solas, una charla larga con Arismendi. Y conocer y conversar con cuadros como Suárez, Enrique Rodríguez y otros. Y sentirme, cada día, más comunista y más bolche.

Y la vuelta, en mayo del 84. Se supo que podía volver, y volví. El Partido me mandó militar de nuevo en Veterinaria, en la UJC. Y a fines del 84 mi promoción de la UJC al PCU. Y varias tareas, ya legales. Sector Universitario de la UJC, Regional 1 como Secretario de Organización, y, ya en el Partido, integrante del Seccional Universitario del PCU, como pro-secretario.

Y esos años, fueron, desde el punto de vista político, los más felices de mi vida. Hasta que me fui, como tantos otros, allá por el 93, fueron años felices. Era parte de algo que me superaba, que era más que yo. Era maravilloso, en los años de exilio, conocer a un comunista italiano, chileno, francés, vietnamita, colombiano, cubano, mexicano o de dónde fuese y saber, SABER, que éramos parte de lo mismo. Que no importaba la nacionalidad o el idioma, bastaba el puño en alto, la emoción de La Internacional, abrazarnos bajo la bandera roja, para saber que estábamos en la misma. Que no importábamos nada nosotros como personas sino que lo importante era la "causa"... y en esa, éramos hermanos.

Y acá, a la vuelta del exilio, lo mismo. Todos, de cualquier barrio de Montevideo, de cualquier sindicato, de cualquier lugar del país, de la Juventud o del Partido, éramos todos lo mismo. Todos peleando por lo mismo, con las mismas ideas. Todos hermanos de causa. La mejor época de mi vida. Parte de lo mismo. Sentirme una parte de algo que iba mucho más allá que yo.

Pero luego se cayó todo. Arrancó con el muro. Pero reconozco que, al principio, no me importó. De alguna manera vamos a salir, pensé. Pero la vida, tozuda, me destruyó, como a tantos otros, la utopía. Y me terminé yendo. Con la mirada baja. Yo, el comunista, el bolche, me había equivocado. Y me fui. Por inercia (o amor, o ilusión) seguí votando a la 1001 hasta 1999 inclusive, aunque ya no estaba en el Partido.

Y hoy, estoy lejos. Y casi diría comparto (dentro de lo que es frenteamplismo), muy poquito con el Partido. Pero no puedo dejar de reconocer que me enseñó lo poco o mucho que aprendí de política, a saber dónde está la línea divisoria, a creer en un futuro mejor para la humanidad, a ser solidario, a pensar con mi cabeza... No es poco. Por eso, más allá de la distancia actual, le agradezco al Partido. En política, fue lo mejor que tuve. ¡Gracias, PCU! Por más años que viva, nunca olvidaré que fui comunista, y bolche.

Héctor Musto

hmusto@gmail.com



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