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La actual imagen sindical

Esteban Valenti

17.06.2019

La relación política, ideológica y cultural e incluso orgánica entre los partidos y los diversos movimientos sindicales en el mundo son históricamente y actualmente muy, pero muy diferentes. Comenzando por los países de Europa, en los Estados Unidos y también en América Latina.

Uruguay tiene una situación particular, es uno de los pocos países en el mundo con una central única sindical, que tiene más de medio siglo de existencia y que incluso es anterior a la formación del propio Frente Amplio, se podría decir que fue su precursora. ¿Hubiera sido posible un frente de prácticamente toda la izquierda, sin la existencia de la CNT? Muy difícil, o mejor dicho imposible.

Por ello mismo la importancia de la imagen del movimiento sindical, de sus dirigentes y sus sindicatos en la población es muy diversa y su impacto político también es muy diferente entre los diversos países. En Uruguay una mala imagen del movimiento sindical tiene directa relación con la situación política del país e impacta fuertemente en la izquierda. El impacto no solo es político, social sino también ideológico y cultural.

El fenómeno se ha venido generando desde hace años, pero no hay duda que se agravó notoriamente en los últimos tiempos, el movimiento sindical tiene una mala imagen decreciendo y entre las peores entre las diversas categorías sociales, en la población del Uruguay.

Es un movimiento que ha crecido notoriamente en el número de afiliados, de conquistas, de poder durante los gobiernos del FA y en forma paralela se ha desprestigiado. Parece un contrasentido.

Los dirigentes sindicales, en su inmensa mayoría de izquierda, de los diversos sectores de izquierda son en lo fundamental los mismos en las últimas dos décadas. No se puede hablar por cierto de inexperiencia y tampoco de falta de capacidad, comparados con por ejemplo, los parlamentarios, tienen otro nivel de preparación y de discurso. Es fácil comprobarlo.

Muchos gobernantes, parlamentarios nacionales y departamentales, muchos altos funcionarios de los gobiernos del FA provienen de las filas sindicales.

Una de las definiciones básicas, repetidas hasta el cansancio por los dirigentes sindicales, es el de la "independencia de clase". ¿Cuándo muchos de ellos pasaron a cargos de gobierno, perdieron la independencia de clase? ¿Se cambiaron de bando y de clase?

Por otro lado, el concepto de "independencia de clase" introduce con fuerza la pregunta ¿A qué clase representa o tiene que representar el gobierno? Y la respuesta además de política tiene que ser sobre todo institucional, el gobierno tiene que velar por encima de todo, por conjunto de los uruguayos, es decir por los intereses nacionales. Naturalmente de un determinado Proyecto Nacional, que es cada día más invisible.

Los acentos en esta definición han sido diversos, desde el ya famoso "gobierno en disputa" formulado por el actual Partido Comunista y referido precisamente al papel que debía jugar el movimiento sindical en la lucha interna de la izquierda, hasta los paros y manifestaciones en el 2014 de claro apoyo a la continuidad del FA en el gobierno.

¿Por qué se ha producido este creciente desprestigio de los sindicatos en la población, que en la segmentación social, es decir entre los trabajadores interrogados en las encuestas, también da malos resultados para los sindicatos? Y peor todavía entre los desocupados.

Hay un conjunto de razones, pero no actúan en forma de una suma, sino de un conjunto, de errores profundos en la estrategia de toda la izquierda, la que ocupa el poder, los partidos y sobre todo de los dirigentes sindicales.

Consiguieron muchas conquistas - de eso no hay dudas -  pero muchas veces a costa de chocar directamente con la sensibilidad de la mayoría de los uruguayos. Y eso ha empeorado en estos últimos tiempos.

No todos los sindicatos tienen la misma imagen, como tampoco todos los dirigentes sindicales casi "eternos", pero en su conjunto la mala imagen es un repliegue cultural e ideal de la izquierda en nuestra sociedad. Estamos peor que antes.

En el actual cuadro político-electoral el desprestigio de los sindicatos es uno de los factores más negativos para el Frente Amplio actual. No es un daño colateral, es el resultado de un reformismo acentuado, donde se privilegió por encima de todo, los factores económicos, por encima de la conciencia, de la experiencia y de la cultura de clase y por lo tanto de la política. No fue por descuido o por inexperiencia, fue una estrategia, con sus resultados y sus costos.

Hay sindicatos que sin duda encabezan y arrastran este proceso, como por ejemplo ADEOM para los montevideanos, pero son varios: COFE, ADES, gremios de la salud pública, la Federación Ancap, en parte por omisión y participación en el desastre de la gestión del ente energético e incluso gremios otrora muy prestigiosos como el SUNCA no gozan de buena imagen.

Estamos seguros que con el poder económico que tienen hoy los sindicatos, habrán encomendado encuestas cuantitativas y cualitativas para disponer de más elementos de análisis que nosotros, los comunes mortales. Pero no se ven por ningún lado cambios o ajustes que tengan algún impacto en la sociedad, que mejoren la situación. En el fondo se requeriría un análisis autocrítico y político, no partidario. Y la autocrítica es un sacrilegio en esta izquierda.

La prescindencia total en el tema del trabajo, no ya de la cultura del trabajo, sino directamente de trabajar lo que corresponde, trabajar bien, con responsabilidad,  no está planteado en absoluto en las preocupaciones o en el discurso de la inmensa mayoría de los dirigentes sindicales, por eso todavía es leyenda el discurso de Richard Read, dirigente de los trabajadores de la bebida en el 1º. de mayo del 2013. Ese discurso fue pronunciado hace más de 6 años...

¿Acaso motivó un debate serio, profundo sobre el trabajo y la responsabilidad? Nada, al contrario, siguen aumentando en flecha tanto las faltas por razones "médicas" como las licencias sindicales interminables. Los sindicatos de hecho, han incorporado, confundido en muchos casos, el mal trabajo, la falta de compromiso, con la lucha de clases, como supuestas conquistas sindicales. Y eso es falso, sobre todo en la buena historia del movimiento sindical uruguayo.

Esa pérdida de compromiso con el trabajo tiene mucho que ver con la burocratización en el peor sentido de la palabra y con supuestas conquistas sindicales.

Otro factor que influyó fue sin duda fueron los escándalos en diversos sindicatos, como el caso de la estafa con las viviendas sindicales, que comprometieron  - más allá de los temas penales y judiciales civiles- a la propia PIT CNT, pero que impactaron con otros temas en diferentes sindicatos. No alcanzan obviamente los niveles de otros países, pero... existieron y afectaron.

El episodio de Friopan, es abordado como un exceso, como inexperiencia, pero resulta que junto con la minoría de afiliados a ese sindicato, en el desastre que se produjo dentro de la fábrica, participaron decenas y decenas de personas ajenas, externas a la empresa. ¿De dónde salieron y adonde se fueron?

Estamos en año electoral y parece que se han desatado todas las furias y a todos los niveles, la suma de anécdotas de sindicatos que con la mirada benévola del Ministerio de Trabajo emprendieron aventuras y reclamos a diestra y siniestra es impresionante. Y todo parece arreglarse convocando a la negociación. Cuando el pescado ya está podrido y vendido. No voy a intentar hacer la lista, sería tedioso.

Entramos en otro tema delicado, las ocupaciones. Si las ocupaciones son para evitar que una patronal desmantele una empresa, afecte la continuidad de una empresa o cosas similares es totalmente comprensible que los trabajadores tienen el derecho de defender sus derechos básicos, otra cosa muy, pero muy diferente, que es la que se aplica con mucha frecuencia es que la ocupación sea el mecanismo para imponer la voluntad de una minoría de sindicalizados a la gran mayoría de los otros trabajadores para que se vean obligados a acompañar un paro o una huelga. Sucedió en Friopan, en el frigorífico de Melo y en muchos otros casos. Eso es un abuso amparado en un decreto infeliz del 2006 del gobierno, que choca no solo con las normas de la OIT, sino con las buenas prácticas sindicales: a los trabajadores hay que ganarlos para la causa, no imponerles las medidas a como dé lugar.

Una última reflexión, el otro día en un debate escuché a un opositor político, mencionar que por este camino de conflictividad del movimiento sindical vamos hacia realidades como las de Venezuela y Cuba. Falso y errado, en ninguno de esos casos los sindicatos son libres y tienen la más remota posibilidad de movilizarse y expresarse como en el Uruguay. ¿Alguien tiene dudas?

Por este camino se ayuda a que avancen las ideas de derecha, reaccionarias, que ponen en la misma bolsa a toda forma de organización social y sindical y de hecho plantean un empobrecimiento cultural e ideal de nuestra sociedad. Las mismas fuerzas que no solo ajustarán cuentas con este tipo de relaciones con los sindicatos, sino también con las auténticas conquistas y mejoras salariales. ¿La fiebre actual, es que se están preparando o tratando de vacunarse, de la peor manera?

 

Antecedentes: Columna de Bitácora del año 2009:

http://www.bitacora.com.uy/auc.aspx?3620,7

 

ENCUESTAS-PANEL DE MONTEVIDEO.COM.UY

¿Qué opinión tiene sobre el movimiento sindical uruguayo?

 



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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