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El VAR, o la transparencia del mal

Marcelo Marchese

24.06.2019

El VAR no es un sistema de asistencia para impartir justicia en el fútbol, sino un eficiente mecanismo de disciplinamiento y un arma netamente política empleada por una de las principales trasnacionales del planeta, cuyo negocio radica en manejar nuestros instintos.

La clave para entender la imposición del VAR es la siguiente: aunque saben con total certeza que el VAR enfría el partido y por lo tanto, enfría los instintos de los televidentes, los clientes de la empresa FIFA, igualmente se aplica porque aquí se atienden a otras razones entre las cuales se encuentra restar del fútbol una carga, o una función, que tuvo desde el principio: ser expresión de la lucha por la vida.

El primer objetivo del VAR es hacer un fútbol aséptico. El error forma parte de la vida y por lo tanto, del fútbol. En un principio el juez vestía de negro y de ninguna manera es casual que ahora esté vestido de cualquier color, salvo el negro. Aquel negro era elocuente por verdadero, el colorinche actual es otra prueba de la transparencia del mal. La FIFA discutió largo tiempo la utilidad de la tecnología en los arbitrajes. El motivo principal de la oposición radicaba en que los errores arbitrales daban vida al fútbol, pues las polémicas posteriores eran parte del espectáculo.

No existe mejor imagen para entender la inutilidad de un deporte aséptico que compararlo con el sexo, y más aún considerando que el sexo es un componente esencial del espectáculo futbolístico donde gana quién mete la pelota adentro del arco ¿Es posible practicar el sexo sin una dosis de "maldad"? ¿No es Satanás el culpable de esta cosa sexual que todo lo desestabiliza, quien intercedió a través de la culpable Eva? Una pulsión de muerte se lleva a cabo en el sexo y sin esa pulsión, el sexo desaparecería junto a tantas otras cosas.

Se trata de hacer todo cristalino, aséptico, disminuyendo los errores humanos, como si dijeran "aquí no hay lugar para el error, ni para su hermana mayor: la trampa" aunque las decisiones del VAR sean altamente discutibles y dudosas, y aunque el VAR se aplique sólo en misteriosas ocasiones. Un gol dictaminado por el VAR luego de tres minutos de enfriamiento, es como el orgasmo fingido de la pareja que sólo sigue junta por conveniencia.

Entonces se quita esa arista del "mal", esa arista humana del fútbol, en aras de lo transparente y la empresa, la FIFA, gana en transparencia para seguir llevando a cabo turbios negocios. Ahora están reviendo si el mundial se hará en Qatar, pues Platini, al parecer, se prestó a acomodos y ya sabemos de los negocios de los altos dirigentes de la FIFA que han marchado al calabozo. Su imagen está bastante deteriorada y nada mejor que una dosis de cristalinidad para el bien futuro de la empresa.

Sucede entonces que tenemos ahora un partido de fútbol en dos niveles. El primer nivel es establecido por el juez, pero ese nivel es intervenido por el segundo nivel que le llama la atención al juez y lo lleva a ver la realidad desde diversos ángulos, que es casi lo mismo que decir desde todos los ángulos. Mientras eso sucede, el mundo entero, el cual está sufriendo un coitus interruptus, aguarda la definición sin saber de qué se habla, ni qué imágenes están en juego. Tenemos aquí el ojo que todo lo vigila, el ojo cibernético que estará, con certeza, en todas las esquinas de todas las ciudades, como paso previo a estar en cada una de nuestras casas y nuestras habitaciones, de igual manera que todo nuestro dinero estará en el banco, que sabrá con exactitud el peso de cada una de nuestras monedas. El ojo cibernético nos vigila y nos controla, pero es bueno, como vemos, pues remedia el mal y establece imparcial justicia.

El juez, antes soberano, tiene ahora una instancia situada vaya a saber uno dónde, que le hace un llamado de atención, y pobre del juez que opere con independencia de los dictados supremos. Si el VAR lo llama, debe acudir, aunque luego "actúe" según su propio criterio.

Entonces tenemos aquí en ese teatro de la lucha por la vida que es el fútbol, esta nueva instancia, este nivel situado en un lugar inconcebible, que a la postre, dictamina. Antes se resolvía en la cancha, ahora lo resuelve una instancia situada en la nube y esto ¿para qué? ¿qué cosas evoca que el juez no resuelva en la cancha sino atendiendo a una instancia superior ubicada en un lugar inaccesible que actúa acorde a criterios que desconocemos y que jamás se explicitan?

Algo sucede aquí cuya transparencia nos impide ver, de igual forma que una liebre es atropellada por el auto cuyas luces la encandilan. Se privilegia, ante nuestros ojos, el gran ojo que todo lo ve desde todos los ángulos, el ojo que decide. No es el soberano el juez vestido de negro en el terreno, sino una instancia superior, como son superiores las instancias que lentamente se convierten en poder mundial en detrimento de las soberanías nacionales, las soberanías sobre el terreno.

Se pretende hacer valer el "derecho internacional" sobre las constituciones nacionales ¿Quién estableció los criterios del derecho internacional? Instituciones harto dudosas, donde cinco imperios tienen poder de veto y todo se hace a su conveniencia, incluyendo guerras para destruir culturas y apoderarse de riquezas ¿Quién establece una Constitución? La gente que vive en el País ¿Puede esa gente ser convencida a través de poderosos medios para aprobar constituciones inconvenientes? Con total certeza, pero al menos, se debe convencer a esa gente y engañarla y el tema pasa a ser de dominio público y por lo tanto, esa constitución atiende a una realidad nacional, en la que uno, con sus limitaciones, puede intervenir. Ahora, cuando decide el VAR, uno ya no puede reclamarle al juez vestido de negro. El dictamen es inapelable desde que es aséptico, desde que ha sido validado por el ojo que observa la jugada desde todos los ángulos.

Queda por agregar aquí el elemento disciplinante, queda por ver entonces el asunto de la ética en el fútbol, o la ética en el juego en la que el VAR intercede. En el truco se trata de hacerle creer al oponente que, cuando uno tiene cartas malas, tiene buenas y que cuando uno tiene cartas buenas, tiene malas. El fútbol es el arte del engaño y de lo inesperado. Se deja venir al rival para liquidarlo con el contragolpe, pues el rival ha permitido ampliar nuestro espacio de ataque. Ahora bien, el que va ganando puede hacer tiempo, pues le conviene, o discutir acciones para enfriar el partido, o hacer una falta al rival en el inicio de un contragolpe, una falta aplaudida siempre por los comentaristas por ser una eficiente "falta técnica". Esto, que es inmoral, al parecer, es aceptado y todos lo hacen por ser la dinámica del juego, buscar la manera de seguir las reglas pero violándolas, o de violarlas sin que la autoridad pueda sancionarte y a veces, prefiriendo la sanción si con eso evitamos algo que parecía inevitable.

El VAR busca limitar ese juego de lo prohibido, ese despliegue de la astucia de Juan el Zorro, una figura que existe en todas las mitologías de todos los pueblos y que entre los griegos se llamó Prometeo.

 

En la vida no se conquistan cosas sin transitar caminos prohibidos. Quiso el Destino que el botija nacido en la villa miseria de la colonia del imperio, les metiera un gol con la mano que es el gol más famoso del fútbol. Sudamérica no sólo aportó la pared y el dribbling, sino que dio la picardía de sortear el designio de los dioses como hizo Prometeo.

¿Existe arte sin transgresión? Más aún ¿existe vida sin transgresión? ¿No es el sexo la gran transgresión? Según el mito, había un pueblo que poseía el maíz y no permitía que otros pueblos lo cultivaran. La ley imponía que a la hora de vender, había que hervirlo. Pero una mujer enamorada envió a su amante de otro pueblo, una gallina que había matado justo después de haberle dado a comer maíz. La mujer enamorada no violó la ley, pues no vendió maíz y a su vez, violó la ley.

Nada de lo anterior podrá ser comprendido sin habernos preguntado por qué el fútbol es el deporte rey. Si el fútbol es el deporte rey, es por ser el deporte en que más cosas de lo humano entran en juego. Sobre ese césped que es la vida batallan los hombres. Una final de la copa del mundo reúne más televidentes que la coronación del Papa o la entrega de un Nobel o del Oscar. Jamás en toda la Historia un poder reunió tal poder. Tener a todos esos televidentes reunidos a un tiempo, es poder y el poder no actúa al azar sino que planifica sus pasos. Sus objetivos son variados, pero una constante se estableció desde su nacimiento: disciplinar, castrar aquello de lo humano que nos hace hombres.



Marcelo Marchese

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