VERSIÓN PARA IMPRESIÓN
31/10/20

Fin de la telenovela de Manini, sus cómplices, el des-honor y la cobardía 

Liliana Pertuy

Desde la caída de la dictadura este es un momento difícil y de fragilidad democrática. Hay múltiples responsabilidades y diría que todos los partidos políticos tienen su cuota en esto. Claro que, unos más que otros.

 

No medir consecuencias y aliarse con sectores y gente no demócrata para llegar al gobierno, pone en jaque la institucionalidad, las garantías individuales y las libertades. La gravitación política de este sector no demócrata, dentro de esa alianza frágil y con poco peso de los sectores demócratas tradicionales, vulnera y deja sin posibilidades a sus propios socios. Es un juego peligroso. El  presidente está jugando con fuego. 

El debilitamiento del sector Ciudadanos con la salida de Talvi dejó el camino abierto para que los sectores más regresivos ocupen todos los espacios, como es el caso de Sanguinetti, que ha sido un artífice de los peores momentos de nuestra historia en los últimos 50 años. 

La alianza de militares y oligarquía no tiene buenos antecedentes en este país ni predice buenos augurios. 

La pérdida de densidad republicana, democracia, principios y libertades en los partidos políticos ya lo vivimos en décadas pasadas, anteriores al golpe de estado. Las formas de los autoritarismos serán acordes a la época que vivimos, pero esto está en el horizonte por primera vez desde la salida democrática.

Claro, tenemos un acumulado de reservas demócratas avanzadas más extendidas que hace 50 años, con una mayor experiencia y una práctica sostenida de ejercicio de derechos y libertades muy importante.

Tampoco la izquierda y, en particular, el FA hizo análisis. Solo había que hacer campañas electorales, con lo hecho bastaba para tomar conciencia, aunque sabíamos que no era suficiente, no se hizo. Nada está blindado y menos para los y las que creemos profundamente en la libertad, los que nunca impondremos con formas autoritarias nuestras ideas. 

Los quince años de mayorías parlamentarias no fueron utilizados para asegurar algunas cuestiones claves para la civilidad democrática, y me refiero en concreto al tema de los derechos humanos, los del pasado reciente sin dudas, de reformar y democratizar instituciones como las Fuerzas armadas, etc. Mientras tanto, aprovechando "la bonomía" de un partido que había sufrido cruelmente, persecución, muerte, prisión y desaparición, lo peor de esos sectores se cobijaron, se escondieron y trabajaron para volver.

Teníamos y tenemos espejos en que mirarnos en la región. Brasil siempre manda en el subcontinente, y eso ha sido así por lo menos en tres momentos. El primero, con los golpes (1964), el segundo, (2000) con los gobiernos progresistas y ahora, con esta regresión a gobiernos autoritarios, cívico- militares electos. Pero además con una fuerte impronta de replegar los derechos, y refundar unos estados confesionales incluso en el laico Uruguay. 

Así veo la actual coyuntura y por supuesto es preocupante.

Liliana Pertuy es socióloga, feminista. Militante por la memoria, la verdad y la justicia. Denunciante de terrorismo de Estado, caso menores detenidos en Treinta y Tres. Ciudadana y artista plástica.

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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