VERSIÓN PARA IMPRESIÓN
22/10/20

La renovación frentista, la crisis de la derrota y la elección municipal

Fernando López D’Alesandro

La elección municipal montevideana va mucho más allá del nombramiento del nuevo intendente. No hay dudas que uno de los tres candidatos del Frente Amplio será el elegido y si bien la coalición multicolor crecerá respecto de las elecciones departamentales de 2015, la hegemonía frentista es irremontable.

 

Sin embargo, para la izquierda derrotada el año pasado, falta de autocrítica aún y sin evaluar las razones de su fracaso, la elección tiene un especial significado, tal vez más importante de lo que parece. 

Los tres candidatos representan algo más que opciones o proyectos municipales. Si bien la gestión será importante para contrastar modelos políticos contra el gobierno, el resultado será una señal para los cambios que la izquierda necesita con urgencia. Daniel Martínez representa un segmento que no atrae y, peor aún, ofrece síntomas de agotamiento. Su candidatura encarna al aparato burocrático que nació a la sombra del poder desde 1990, que se afirmó en sus intereses de élite y que se espanta ante la pérdida de posiciones y de trabajos. El tiempo de su candidatura, surgida a último momento y de manera, por lo menos, desprolija, carga con la mochila de una derrota histórica en noviembre y con la imagen de ese apuro final, donde la sospecha del favor a un grupo eclipsa cualquier propuesta o discurso. Exhausto por el fracaso nacional, la posibilidad de representar en algo el cambio y la renovación languidece, como demuestra su caída en las encuestas y su poco atractivo como dirigente de la transformación frentista. Es más, sus respaldos políticos, especialmente aquellos que escaparon del Partido Socialista, ofrecen señales de desorden, en un momento donde se necesita claridad y sosiego. Para la renovación, la candidatura de Daniel Martínez resta y confunde.

Carolina Cosse, cuadro inteligente y conocido, arrastra el desgaste y la ortodoxia. Poco carismática, menos simpática, su carta de presentación son sus gestiones, atacadas sin el mínimo estilo por una derecha que dejó de lado hace rato la amabilidad "por la positiva" y derrocha noticias falsas como nunca antes se vio en la política nacional. Cosse representa en sus apoyos a la vieja izquierda, aquella estructurada en torno a la religión militante, donde la ideología va por delante de la política, donde los dirigentes existen para cumplir profecías y no para mejorar la vida de la gente. La alianza comunista-socialista retrotrae a la izquierda cincuenta años y lo terriblemente paradójico es que los dos partidos representan concepciones agostadas y agotadas hace mucho, que resurgen no por la candidata, sino por la crisis de la izquierda en derrota, que necesita esas seguridades que ofrecen los discursos marxistas-leninistas. Y esto sucede en el momento más contraproducente para esas opciones, donde se necesita creación y cambio, pensar de nuevo e instalar otros equipos. Apuntalados por el desgaste de Daniel Martínez y su gente, además, el eje PCU-PS ganó espacios políticos en medio de la confusión por la pérdida y por el deterioro burocrático, pero el liderazgo comunista es hegemónico, pues su socio vive hace años quiebres sucesivos. Del socialismo renovador no queda nada y del socialismo nacional menos aún, lo que transforma a este espacio en una vindicación tardía de la ortodoxia bolchevizada.

El desafío de la renovación y sus contradicciones

La tercera candidatura frentista, Álvaro Villar es el acicate de la renovación, pero sus apoyos son paradójicos. Compite por el espacio con Daniel Martínez, pero mientras éste presenta la postración política y militante, Villar es la cara nueva y lo acompaña una nueva formación, Fuerza Renovadora... y una conocida, el MPP. ¿Cómo se conjuga esa contradicción? Primero, por la necesidad política. Mujica -a pesar de sus despistes más recientes- sigue siendo un gran convocante y el MPP una organización poderosa que, además, está viviendo un proceso de recambio, generacional y de cuadros. "El Pepe" no pudo imponer su candidato a la IMM y el 7 de setiembre entró en franca discrepancia con los más jóvenes ante sus desdichadas declaraciones sobre el desafuero de Manini. Suponer que el MPP es una fuerza estática se contradice con los hechos de los últimos 25 años, donde los giros de "la barra" que acompañó al ex presidente han asombrado a todos y, suponemos, principalmente a ellos mismos. Con su liderazgo en el último tramo de su larga e increíble carrera, José Mujica está dejando su herencia política al equipo que promovió y creó, que se le parece, pero que no es igual. Desde otro lado y con otras historias, Fuerza Renovadora dirigida por Mario Bergara, está en construcción, donde todo está por hacerse, y, en consecuencia, es un lugar con potenciales creadores, que conjuga principalmente militantes experientes del viejo Partido Comunista y otros cuadros de todo el espectro frentista. Apostando por renovar al Frente Amplio, en el entendido que a la izquierda en eso le va la vida, Fuerza Renovadora busca con la candidatura de Villar ganar un espacio de poder para instalar otra forma de hacer política, cambiando lo agotado de la izquierda. Una tensión y un gran desafío será como su principal aliado, el MPP, se amoldará a las propuestas que actualicen a la izquierda. 

En Montevideo el Frente Amplio muestra la cruz de los caminos, un síntoma de los nuevos tiempos y de los retos de la transformación que ya no puede esquivar más. Nuevas formas orgánicas, nuevos estilos, otras maneras de analizar la realidad y un lenguaje distinto, son imperativos para que la izquierda pueda volver a gobernar el país. Y ese proceso no arrancará desde las viejas organizaciones, ni desde las burocracias que se mimetizaron con las estructuras que debieron cambiar y no lo hicieron. El espacio de Daniel Martínez, así, resta a la renovación, al dividir un polo en el que está signada la esperanza de futuro del Frente y de los cambios. Y al quedar al margen de la disputa política, el potencial de la transformación, en realidad, está en cómo se resuelva la competencia entre Álvaro Villar y Carolina Cosse. Uno de ellos deberá gobernar Montevideo, o con criterios de cambio o a la vieja usanza. Y las organizaciones que los respaldan tendrán que proponer ideas y programas para el departamento y para el Frente, manteniendo las inercias y el estancamiento o aceptando el desafío de la renovación. 

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



Más información en:
https://www.uypress.net/auc.aspx?107451