VERSIÓN PARA IMPRESIÓN
23/11/20

Elecciones departamentales: El premio “a la inmoralidad” y los que festejan con sabor “agridulce”

José W. Legaspi

Los uruguayos ejercimos, una vez más, nuestro derecho y deber ciudadano, democráticamente, y elegimos ejecutivos y legislativos departamentales, y autoridades municipales. Eso es y será siempre, motivo de alegría y de compromiso republicano y democrático.

 

Nada puede empañar el hecho de ejercer el voto, de elegir.

Sin embargo, por varios motivos, no me alegran los resultados del domingo. Más allá del hecho de reafirmación democrática y republicana, no tengo nada para festejar. Trataré de explicarme.

El premio a la inmoralidad

No deja de sorprenderme, aunque sé que no debería, algunos resultados, que muestran, una vez más, la aparentemente inexorable pérdida de valores, "culturales", podría afirmar, en parte de nuestra ciudadanía.

Hemos escuchado decir, una y otra vez, desde hace décadas, que "lo departamental" es muy diferente que "lo nacional". Y puede que de tanto oírlo no le haya prestado la debida atención. Al menos, hasta este domingo de noche.

En Artigas y Colonia, los candidatos nacionalistas, Pablo Caram y Carlos Moreira, lograron ser reelectos por amplio margen: Caram reunió el 54,8% del electorado, y Moreira, junto a su contendiente en la interna, el 46,77%.

¿Acaso la mayoría de los ciudadanos de Artigas considera normal que el intendente otorgue licitaciones millonarias a allegados, amigos o socios, como determinó la Jutep oportunamente? ¿Consideran que por ello es un "buen tipo" que "ayuda a sus amigos"?

¿Acaso la mayoría de los ciudadanos de Artigas considera un gesto normal contratar tres familiares y su pareja para ocupar cargos de confianza en la comuna, según comprobó, en 2016 el mencionado organismo?

¿Qué pasó con los valores ciudadanos, de respeto a la ley? ¿En Artigas, quienes votan a Caram, desconocen qué esta bien y qué está mal en el ejercicio de la función pública?

Es preocupante que tales hechos irregulares sean vistos con benevolencia por los electores. Dañan, sin ninguna duda, la investidura del máximo cargo de la comuna, cuando el mismo debería respetar la ley y los límites que esta le impone.

La misma preocupación debería despertar, en Colonia, la divulgación de los audios en los que el intendente, Carlos Moreira, pretendía obtener favores sexuales a cambio de asignar pasantías, con discrecionalidad. Más allá de que haya sido una conversación "entre amantes", deja en claro un tema de clientelismo. Por ende, inmoral.

El electo intendente por cuarta vez, festejó: "Fue una victoria rotunda. (Los audios) no influyeron absolutamente nada", además de referirse a los mismos como una "maniobra" en su contra, y al archivo de la causa por tres fiscales.

¿Casi la mitad de los colonienses ve con buenos ojos que la máxima jerarquía comunal pretenda recibir sexo a cambio de asignar pasantías? ¿Entienden estos ciudadanos que eso está bien y forma parte de las funciones del cargo?

Y de no ser "cambio de favores por sexo", ¿están de acuerdo, los colonienses, en que se siga aplicando el clientelismo para repartir trabajo en su departamento? ¿Están dispuestos a conseguir trabajo "de esa manera"? 

¿No tomaron en cuenta que su sector, Alianza Nacionalista, le solicitara la renuncia a integrar la lista al Senado? ¿Esa señal no significa nada para ellos?

No importa que los audios se hayan dado a conocer a partir de la interna local del nacionalismo. Existieron, los escuchamos todos, y en lugar de despertar el natural rechazo a una práctica deleznable desde el poder, ¿se lo "premia" con otro período al frente de la Intendencia? 

En estos dos casos paradigmáticos, Artigas y Colonia, no me cabe la menor duda que estamos ante una manera espúrea de ejercer el gobierno y administrar los bienes de todos, además de una falta de conocimiento de la ley y de apego a la legalidad en el ejercicio de la función pública, que lejos de premiarse debería recibir el rechazo más enérgico a partir del no apoyo electoral. Sin embargo, ocurre lo contrario, y además, se festeja como "una revancha".

Entristece bastante que decenas de miles de compatriotas aplaudan actos irregulares, llevados a cabo desde el poder.  

Los exitistas y acríticos

Previo a esta elección, expresé mi apoyo a Álvaro Villar. Entendí que era una opción de cambio en la gestión, una renovación en la manera de encarar la función pública en la capital, llevada adelante por un tipo honesto, no "manchado" por el amiguismo, el reparto de cargos por cuota política, y la bajeza de destruir a un partido histórico de la izquierda, como el PS, con el gataflorismo expresado en el "no soy candidato" primero, y el "si lo soy" posterior, cuando lo fueron a buscar quienes lo necesitaban para conseguir, aunque sea, un cargo en la IM, llevado adelante por el ex intendente, Daniel Martínez. Pero el voto por Villar significaba ayudar a abrir la puerta de la necesaria e imprescindible renovación en el Frente Amplio, que no veo en el mencionado ni en Cosse.

Algunos ensayan, desde el "exitismo acrítico" señalamientos a la candidatura de Álvaro argumentando que "fue una creación" de Mujica para enterrar la de Martínez y sus pretensiones hacia el 2024. Agregan, desde el Olimpo de la obsecuencia más ramplona, "que nunca cuajó ni logró sumar ni un solo voto desde que se largó", y que fue utilizado "para despejarle el camino a Orsi".

La candidatura de Villar significó y significa un viento renovador, haya surgido de la mente que haya surgido. 

Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que la candidatura de Martínez fue generada para restarle apoyo a esa renovación, dada la magra votación que tuvo el ex intendente, votos que seguramente, en su mayoría, se habrían volcado a Villar y no a Cosse.

Pero no importa qué se argumente. Los que apoyaron a Carolina Cosse tratan de ver en la candidatura de Villar una maniobra del Pepe, y se olvidan cómo festejaron otras maniobras del mismo origen, como fue la candidatura de Carámbula, en su momento, para relegar a Astori, por mencionar una, que quién así argumenta, festejó batiendo palmas.

En fin. No vale la pena.

Por otra parte, no tengo que aclarar que no estaba dispuesto a que la coalición multicolor hegemonizara todos los cargos públicos, desde el gobierno central, hasta las intendencias y municipios. 

Ganó Carolina Cosse, con justicia, por una diferencia, sobre Álvaro, que ronda el 3% de los votos. Será pues, la futura intendente de Montevideo, y veremos con quiénes y cómo se dispone a gobernar. Tema más que interesante, que no motiva estas líneas, y que habrá tiempo para abordar.

Es decir que, en resumidas cuentas, en lo personal, no tengo nada para festejar, de este fin de semana, salvo el notable debut de Luis Suárez en el Atlético Madrid, que en 24 minutos metió 2 goles y una asistencia de gol, respuesta más que contundente a la ordinariez de los dirigentes y técnico del FCBarcelona, que se tomaron un minuto de llamada telefónica para prescindir de sus servicios. 

Los que festejan "con sabor agridulce"

Volviendo a las elecciones y "el día después".

Como vengo de la izquierda, y me sigo sintiendo parte de ella, aunque, evidentemente, una izquierda bien distinta a la que hoy es mayoría dentro del FA y está empecinada en terminar de destruir lo que fue una "herramienta para los cambios", prostituyéndola en una "herramienta para la permanencia", no puedo dejar de sentir vergüenza ajena y dolor, ante la manera en que se leen los resultados desde ese Frente Amplio.

Se festejan TRES intendencias como si nunca se hubiera tenido más que una. ¿Qué adjetivo se debería usar para lo que significó tener OCHO intendencias en el 2005: Montevideo, Canelones, Maldonado, Rocha, Salto, Paysandú, Florida y Treinta y Tres?

Es evidente que desde ese año hasta este 2020, el Frente Amplio disminuyó, notoriamente, su capacidad de convencer y seducir al electorado del interior.

Pero se recurre al "exitismo triunfalista", que deja contenta solamente a la barra, sin analizar causas, motivos, condicionamientos, que hicieron posible esa caída electoral. 

Claro, para ello, debería haber autocrítica. Y ya sabemos que eso no es prioritario.

Se habla de "triunfo" ahora, como se habló de "casi triunfo" en noviembre. 

Ya sabemos que para las mayorías exitistas y acriticas actuales, de ese FA, agitar esos triunfos acallan o postergan aquello que debería estar en la raíz de su "ser de izquierda": la imprescindible y necesaria autocrítica.

Javier Miranda, presidente del Frente Amplio, tipo al que sigo queriendo como hace más de 30 años, con quién nos abrazamos, genuinamente, cada vez que nos vemos, afirmó, sobre el resultado de estas elecciones departamentales y municipales: "la sensación que quedó es un poco agridulce".

Los triunfos en Montevideo, Canelones y Salto, según dice, "lo llenaron de alegría", pero al referirse que se perdieron 3 intendencias, Paysandú, Río Negro y Rocha, afirma que "no es una buena noticia de alguna manera. La sensación es un poco agridulce"... Me pregunto, querido amigo, ¿cuál sería el factor "dulce" de esa sensación?

¿Será, acaso, festejar el aumento de unos pocos miles de votos en Montevideo, pese a perder un municipio como el F, dónde se concentran parte de la pobreza y los problemas sociales más duros de la capital?

¿Será, acaso, festejar que tu fuerza política "gobierna" a la mayoría de la población del Uruguay, concentrada en el área metropolitana, Montevideo y Canelones?

¿Es ese un "guarismo" para festejar? 

¿No se estará tratando de tapar, pírricamente, las derrotas y retrocesos, sin hacer una sola mención autocrítica? Conozco a Javier, y sé que no dice lo que piensa, sino lo que puede decir.

¿Y la autocrítica?

-Muy bien, gracias- podría responderse.

Cómo no podía ser de otra manera, la Mesa Política elaboró un documento "como punto de partida para comenzar una discusión con la estructura orgánica del FA", según anunció Javier. Y dijo más.

"Ese documento, estamos pensando en presentar la primera versión en la Mesa Política que se reúne el próximo viernes y en el plenario nacional del 17 de octubre. Allí comenzamos un proceso que va hasta diciembre. Es absolutamente necesario, creo que toda fuerza política seria y responsable lo debe hacer".

Es decir que la cúpula o un grupo reducido de notables, elaboró el documento que será presentado a la Mesa Política, primero, y al Plenario en la segunda quincena de octubre, dando inicio a un proceso que se extenderá hasta diciembre. 

Les deseo a Javier, y a los numerosos amigos que todavía tengo allí, que sea un verdadero proceso de debate que incorpore el sentir de la militancia... ¿y los votantes?

¿La discusión autocrítica se va a dar exclusivamente en la estructura? ¿Y los que votan, votaron y votarán, no tendrán algo para decir al respecto?

¿Es representativa del frenteamplismo todo, la estructura de unos pocos miles?

Se me dirá que no es mi problema. Pero no es cierto. Están equivocados. 

Si la principal estructura política del país no apela a la humildad, a un proceso autocrítico de sus últimos 10 años de gobierno nacional, y de sus últimos períodos de gobierno departamental, en Montevideo y en aquellos departamentos que ganó y perdió, si no analiza los motivos de la derrota electoral de octubre y noviembre, y la pérdida constante de apoyo en el interior, afecta a toda la sociedad, a todo el sistema político, y, finalmente, a todos quienes queremos un país con perspectivas de futuro más solidarias, con más y mejor distribución de la riqueza, con mejor educación y una revolución cultural que recupere los valores que esta misma izquierda contribuyó a destruir. 

No pretendo participar de ese proceso, no corresponde. Pero hay muchos miles de frenteamplistas que votan y militan en redes sociales, por fuera de la estructura, que merecen ser tenidos en cuenta. 

Sin esa autocrítica, lo más amplia posible, que sume los aportes de TODOS los frenteamplistas, y sin la renovación imprescindible, de dirigentes y estructuras, el camino queda allanado para el Uruguay egoísta, individualista, que agudizará la brecha entre ricos y pobres, y que instalará la desmemoria, el desprecio por los derechos conquistados y el descrédito de todos los políticos.

Y eso nos afecta a todos los uruguayos.

José W. Legaspi



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