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imagen del contenido Esteban Valenti

Maquiavelo y nuestra modernidad

Esteban Valenti

20.01.2014

Habría tantos temas nacionales “picantes” y hasta revulsivos y repulsivos para tratar, pero como durante estas semanas escribí y declaré hasta por los codos sobre esos temas y sus implicancias, que son cada día más escandalosas para una oposición que quiere resolver en el Poder Judicial y con un fiscal lo que no logra en la política, voy a tomar cierta distancia y escribir sobre un tema aparentemente alejado, intelectual.

Lo hago impulsado por dos elementos: primero porque hablar de Nicoló Machiaveli, es una forma de analizar todos los temas relacionados con la política, aunque pretender que la mayoría de nuestros adversarios enfoquen estos temas con esta óptica, sería como alimentar a ciertos animales de granja con margaritas. Y si esto se toma como soberbia, lo acepto.

Segundo, es a partir de una comprobación que me angustia cada día más, el empobrecimiento general y sobre todo intelectual del debate político a nivel general y de la izquierda en particular y, el impacto que esto tiene en la formación de las nuevas generaciones. El problema del recambio generacional no es solo en la política, es en todo, en la cultura, la educación, la pedagogía, el liderazgo social, en el teatro. Creo que se impone interrogarnos y buscar respuestas sobre las causas y las responsabilidades de nuestras generaciones.

Maquiavelo fue una primer gran teórico y práctico de la política diferenciada de la moral y de la religión y ese fue un aporte fundamental a la valorización civilizatoria de la política y al surgimiento de la democracia. La moral y la religión, emparentadas y entrelazadas eran, una justificación histórico política del dominio del poder por parte de determinados sectores sociales y religiosos. Sectores muy restringidos y principescos.

Y aunque el libro principal de Maquiavelo se llama "El Principe", y se escribió hace hoy exactamente 500 años, aunque se haya difundido varios años después, en realidad perfectamente se podía haber llamado "El político" o "El gobernante", porque dio paso precisamente una visión autónoma y laica de la política y del gobierno que marcó el pasaje hacia la modernidad.

"En realidad, lo que pone de relieve el análisis de Maquiavelo es la condición política en sí misma. Si los seres humanos dejaran de ignorar el papel de la Fortuna en sus asuntos y reconocieran sus limitaciones a la hora de establecer instituciones políticas y blindarse contra los caprichos del tiempo y el azar, podrían entrar en la vida política animados por un espíritu cívico. La política se orienta hacia la acción, y, para que la acción sea posible, los hombres deben desempeñar su papel. Es posible empezar de nuevo siempre que los seres humanos actúen unidos y en política, y esa es la convicción más profunda de Maquiavelo." Escribió Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní y catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.

Maquiavelo independizó la política de las fatalidades y le dio a los seres humanos la conciencia racional sobre su propia capacidad para gobernarse, para hacer de la política una herramienta transformadora y civilizadora, despojada de la tutela de las religiones. Las religiones fueron el sustento de los regímenes monárquicos desde su nacimiento.

La política en un mundo en el que el individuo solo o en sociedad, sin propósitos religiosos, sino animado únicamente por su propia subjetividad, es el gran aporte de Maquiavelo. Un gran aporte contra el maquiavelismo.

Maquiavelo fue antimaquiavélico, en la acepción que posteriormente se le fue construyendo a este concepto. Es más "El Principe" y "Los Discursos" son la mayor contribución contra el maquiavelismo al exponer con crudeza una visión política a la consideración de todos los lectores y no como conspiración palaciega. Por eso fue prohibido y perseguido en su tiempo. Fue el fundador de la filosofía política moderna, que en su evolución dio soporte a las concepciones democráticas al emanciparlo de las autoridades religiosas del poder y la idea medieval sobre los seres humanos.

Hace 500 años fue la mayor aproximación a las preocupaciones políticas del mundo actual y debería ser un punto de referencia para buscar nuevas respuestas en un momento de nuestra civilización, en las que estamos abrumados por nuevos interrogantes y tenemos una tan pobre capacidad de respuesta teórica y conceptual.

Para ello hace falta una lectura laica de Maquiavelo, sobre todo una lectura antimaquiavelica. Es que los comentaristas y los enemigos de Maquiavelo han tenido más influencia en la proyección de su figura, que sus propias obras y su vida. No es el único que ha sufrido esta injusticia a lo largo de la historia.

Maquiavelo no era maquiavélico, y los maquiavélicos no son lectores intensos ni perspicaces de Maquiavelo.

Lo que le da gran actualidad a Maquiavelo es la profunda crisis de las ideologías y una proclama del pragmatismo y la dilución de las fronteras en la política y donde muchos proclaman el fin de la política y sobre todo de los políticos. La judicialización de la política es precisamente una de las peores manifestaciones de esa decadencia de la política, es la transferencia de la política hacia uno de los poderes del Estado.

En esta visión profundamente reaccionaria, que a veces es practicada también desde la izquierda, aunque es una bandera muy actual de la derecha, lo publico está amenazado en forma permanente de ser aplastado y comprimido por los enemigos de la libertad que quieren transferir los poderes de los ciudadanos a cualquiera de las corporaciones externas a la política. Es la doble moral de la judicialización de la política y la politización de la justicia.

Estos procesos, que también se basan en la vulgarización a los peores niveles del debate político, buscan crear el desinterés y hasta el desprecio de la política por parte de los ciudadanos.

En algunos países ese proceso se da a través de los fundamentalismos religiosos, que son un retorno al peor pasado medieval y por otro a la búsqueda despiadada del materialismo más básico para alcanzar la felicidad individual, que desprecia de forma creciente lo colectivo, y en especial a la política y el compromiso social.

La propuesta de Maquiavelo de un Estado como expresión del dominio de los cambios caóticos y naturales y de las pasiones humanas, se diferencia de los clásicos porque Maquiavelo reafirma su concepción de que la política es una actividad creada exclusivamente por el talento humano y esa nueva ontología política fue iniciada por él. Es su concepción de la "republica perpetua", en la que los hombres deben actuar sin esperar la ayuda de Dios ni de la naturaleza y por lo tanto no hay ninguna ley natural o precepto religioso que ayuden a los hombres a ejercer el poder y que sea el fundamento de la política. Fue y es una idea revolucionaria de gran actualidad.

Maquiavelo se apropia del poder enteramente para los hombres, los seres humanos. Es la política como el encuentro entre los hombres y los movimientos reales de la sociedad. Por eso sugiere una extraordinaria expansión del poder humano.

En mis lecturas veraniegas, que trato de despegarlas de las cotidianas batallas políticas que a veces asfixian, encontré que esa extraordinaria emancipación de la política de la autoridad religiosa y de la concepción medieval dominante hace 500 años, es un pensamiento de profundo sentido liberador, que adelanta las revoluciones políticas que en cadena comenzaron a producirse algunos cientos de años después. Por eso fue una figura intelectual principal del Renacimiento italiano y su expansión en Europa.

La Revolución Holandesa contra el poder de los españoles en 1603 de la que nació la Republica Neerlandesa y la explosiva prosperidad con el siglo de Oro de Nederland y con las libertades de comercio, religiosas y civiles conquistadas; la revolución inglesa de 1642 y que culmina con la destitución de Jacobo II en la Revolución Gloriosa y la República y el Protectorado de Oliver Cromwell; la Guerra de Independencia de los Estados Unidos que enfrentó a las 13 colonias con Gran Bretaña desde 1775 y las ideas que la guiaron y, en definitiva la Revolución Francesa (1789) la gran transformación burguesa, antimonárquica y anticlerical que cambió a Europa y contribuyó con sus actos y sus ideales a cambiar el mundo, tienen en el pensamiento de Maquiavelo un impulso fundamental, está en sus génesis.

Y para construir esa subversión del pensamiento feudal dominante en su época Maquiavelo recurre al mundo antiguo, a los clásicos, cosa que se repite posteriormente y esto, representa un gran desafío intelectual y la titánica tarea de poner en el mismo plano los logros políticos de la antigua democracia con los grandes filósofos de la antigüedad clásica.

No aportaremos al debate ideológico y cultural acercándonos lo más posible al tinglado de la banalidad de ciertas posiciones, de ciertas prácticas de baja calidad, resignándonos a que todo debe reducirse a 140 caracteres y a la mayor superficialidad posible. Ese nunca será el clima propicio para que las ideas avanzadas crezcan y que las nuevas generaciones piensen, luchen y construyan.

Vale la pena leer a Maquiavelo en estos tiempos.



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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