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Marx, el comunismo azul y la educación celeste: ¿tan mal estamos?

Adriana Marrero

21.02.2017

Venían corriendo rumores sobre sonidos extraños que se oían en cualquier momento del día o la noche, en la neblinosa atmósfera del cementerio de Highgate, en Londres.

Una voz humana, profunda, se levantaba de tanto en tanto, a veces parecida a una tos queda, o a una risa sofocada. Pero no fue sino hasta hace una semana, más o menos, que esa risa se convirtió en una sonora carcajada tan larga y continuada, que los espantados visitantes del cementerio, lograron señalar su origen sin duda alguna: era la tumba de Karl Marx.

...

Ese mismo día, al otro lado del mundo, en Uruguay, la prensa había accedido a un libro de historia nacional donde, para ejemplificar el comunismo como modelo teórico, se usaba la organización del trabajo y de la vida diaria de Los Pitufos, la famosa tira cómica de origen belga publicada por primera vez en 1958. El escándalo no pudo ser mayor, ni más absurdo.

El primer absurdo y el más grande, digámoslo pronto, es que una docente de Historia egresada del Instituto de Profesores Artigas, y docente universitaria de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, sea capaz de ver, en la aldea pitufa, un buen ejemplo del "modelo teórico" del comunismo. Esta señora nunca leyó a Marx, y si lo leyó, nunca lo entendió bien.

Repasemos un poco. La mejor síntesis del pensamiento marxista, es el prólogo de Marx y Engels a su "Contribución a la crítica de la economía política" de 1859, obra que fue incorporada luego, en parte, a "El Capital". En muy pocos párrafos, y a un alto nivel de abstracción, los autores plantean las leyes generales de la organización y la dinámica social humanas.  En palabras comunes y corrientes, podríamos simplificar esas ideas diciendo que, a diferencia de los animales, los humanos producimos nuestra vida y la de nuestros descendientes socialmente, a través del trabajo. Para producir nuestros medios de vida, es decir, al trabajar, debemos establecer relaciones con otros, sean de cooperación, o de antagonismo.

Pero las personas no son libres de elegir el tipo de relación social que van a establecer para producir, ya que estas relaciones (las relaciones de producción) "corresponden" al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, esto es, del avance de la ciencia, de la tecnología y del saber humano aplicado a la producción. Es decir, estas relaciones son históricas. Como se cita a menudo, el molino de viento es a las relaciones feudales, lo que la máquina de vapor es a las capitalistas.

Es el desarrollo de la tecnología lo que permite, primero, generar excedentes y medios de producción (máquinas, fábricas, campos) de los cuales apropiarse, para incrementar sucesivamente la capacidad productiva de la sociedad. De esa apropiación surgen dos clases sociales principales con intereses antagónicos, los propietarios de esos medios de producción y quienes no lo son, los que van variando en distintos períodos históricos: el amo y el esclavo, el señor y el siervo, el burgués y el proletario. Dado un cierto nivel de desarrollo productivo, se generan las condiciones para un cambio, violento, de las relaciones sociales, o sea, de la estructura de clases existente. Una nueva clase social desplaza a la anterior como clase dominante, se apropia de los medios de producción y se establece un modo de producción nuevo y más avanzado.

Para Marx, el capitalismo había alcanzado insospechadas capacidades de producción y había generado las condiciones materiales (en comunicaciones, en transportes, en maquinización, en productividad) y sociales, para una revolución que llevara al proletariado al poder, aboliendo las relaciones de producción capitalistas y estableciendo otras nuevas. En un principio, sería necesario una "dictadura del proletariado", en la cual se usaría la fuerza para abolir la propiedad privada en la que se basa el capitalismo. Luego, se iría a una etapa de socialismo, con una distribución basada en el esfuerzo de cada uno, donde no habría clase ociosa ni propietarios de medios de producción, y finalmente se llegaría al comunismo.

Aunque Marx no se extiende sobre esta última etapa del desarrollo humano, se darían estas condiciones: Se trataría de una sociedad sin clases sociales, sin propiedad privada de los medios de producción, basada en la libertad de las personas liberadas del trabajo enajenado y del reino de la necesidad, debido a la sobreabundancia de medios de vida. ¿Cómo es posible generar esa superabundancia capaz de satisfacer las necesidades humanas liberando al hombre del trabajo enajenado? La respuesta surge del modelo mismo: Por desarrollo científico y tecnológico, por desarrollo de la capacidad productiva de la sociedad. Entonces, cuando Marx piensa en el comunismo como una sociedad donde la gente pueda ir a pescar por la mañana y hacer crítica por la noche, no está pensando en el mundo pitufo, sino que está pensando en personas que ya tienen resuelta la satisfacción de sus necesidades, debido a la enorme capacidad de producción de esa sociedad.

Este modelo se contrapone al "comunismo primitivo", que Marx asocia a las épocas más primitivas de la vida humana como especie: no había propiedad privada, porque no había nada de lo que apropiarse, y por la misma razón, tampoco había clases sociales. Nada hay de deseable en este estado en el que los humanos viven día a día, al borde del hambre y de la extinción, sin capacidad de generar los medios para asegurar la supervivencia del grupo.

A esto, a este "comunismo primitivo" denostado por Marx, es a lo que se parece la aldea pitufa, o, como mucho, sin introducimos la división del trabajo en oficios diversos, a la vida en los pequeños "burgos" medievales, pretecnológicos y precapitalistas.

Por todo esto, es profundamente equivocado ver en la aldea de los pitufos un ejemplo de comunismo al estilo marxista, menos todavía si se quiere decir que el modelo es "teórico". Igualmente equivocado es pretender ver en la ex Unión Soviética, o en Corea del Norte, o en Cuba, ejemplos del sistema comunista tal como lo pensó Marx. Aunque inspirado en el pensamiento marxista la ex-URSS o Cuba, (suponiendo que hubieran pasado antes por un sistema capitalista de muy dudosa existencia) habrían quedado, en el mejor de los casos, estancadas en la "dictadura del proletariado", y en el caso de Corea del Norte o de China (que ya no se sabe qué es), en dictadura sin más.

Y todo esto lo digo sin dar por válido el pronóstico marxista sobre la evolución humana, porque aunque no es posible establecer de antemano una dirección en el devenir histórico, no caben dudas de que la evolución científico tecnológica nos va a seguir acompañando, para bien o para mal, hasta el final de nuestra existencia como especie. Sólo estaba ensayando, espero que con mayor éxito que Silvana Pera, una exposición de lo que sería el "modelo teórico" del comunismo de Marx.

Ahora bien. A partir de acá, surge otra pregunta, que es sobre la que de verdad se ha debatido: ¿qué capacidad de adoctrinamiento ideológico pro-comunista puede tener el texto de Pera? ¿Qué capacidad de atraer almas juveniles hacia el Partido Comunista, por decir lo más obvio, o de soñar con el comunismo como sistema?

No hay manera de saber cuál fue la intención de la autora del texto al introducir un ejemplo tan desafortunado. En su beneficio, supongamos que no fue su intención adoctrinar a nadie, aunque sí es evidente que, por el resultado, es entendible que para muchos ese ejemplo parezca un intento de idealización del comunismo (¡no, por favor, del marxista!), y de atraer hacia ese modelo a los jóvenes uruguayos.

Pero, ¿será así? Aunque errado, desencaminado y sesgado, ¿es posible aventurar ese efecto?

No quiero trivializar el tema, y puede que esté equivocada, pero me lo pregunto y lo pregunto: ¿qué estudiante de 11 a 12 años se dejaría seducir por una utopía como la que plantea el mundo pitufo? Tomando en cuenta que el texto sólo se usa en algunos colegios privados, ¿qué hay de seductor o llamativo en esa aldea, infantilizada, además, al extremo, en comparación con la sociedad en la que viven estos jóvenes? ¿Es posible pensar que estos chicos, realmente, lleguen a idealizar un mundo pretecnológico, carente de tablets, smartphones, video juegos, y viajes a Disney World a fin de año con sus compañeros? Por no hablar, claro, del agua caliente del termofón, y las comodidades cotidianas. Dejo de lado, por inabarcable, la difícil idealización de una comunidad sin madres o abuelas, sin mujeres más allá de una irreal y estereotipada belleza pitufa, con la cual es difícil identificarse. Más allá de la añoranza de algún campamento de fin de semana, en condiciones precarias pero divertidas y siempre a término, ¿puede esa utopía preindustrial atraer realmente a los niños y jóvenes del siglo XXI? Quiero creer que no.

Quiero volver, entonces, a lo que para mí importa y me preocupa. ¿Cómo es posible que circule en Uruguay, desde hace ya un tiempo, un texto con errores de tal calibre? ¿Cómo es posible que alguien llegue a escribir un texto de historia sin conocer aquello sobre lo que escribe? ¿Cómo es posible concebir que se trata, ni más ni menos que de una docente de educación secundaria y universitaria, con título habilitante para ejercer la docencia? Y no una docente cualquiera: una que escribe libros, en plural. ¿Tan mal estamos?

Y el debate no nos deja mejor parados. Entre los críticos y defensores del texto (pues también hubo de estos últimos), ¿nadie se detuvo a examinar el contenido de lo que se sostenía? ¿nadie está más o menos al tanto de la teoría de Marx sobre el desarrollo productivo, y que esa teoría es totalmente incompatible con la vida en una aldea al estilo Pitufo? ¿Nadie se escandalizó porque se está enseñando mal, se están enseñando errores, se está trasmitiendo información equivocada? ¿O es más fácil o más conveniente o más rendidor políticamente denunciar a "los comunistas" por "adoctrinamiento" de las mentes juveniles? ¿Es eso lo único que se les ocurre decir? ¿Tan mal estamos?

...

Puede que sí. Y por eso quiero creer que los rumores son verdad, y que allá, en Londres, en Highgate, a pesar del frío invernal, la niebla y la oscuridad, todavía hay muertos que, lejos de revolverse en su tumba, prefieren responder con carcajadas. Aunque asuste a algunos visitantes.

 

Adriana Marrero

adrianauypress@gmail.com



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