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Nuevos cultores del tango. Un encuentro con la danza y la identidad

Adriana Santos Melgarejo

10.03.2017

Es indiscutible que en las últimas dos décadas el tango está resurgiendo a nivel mundial.

La exposición en los medios masivos, las competencias y certámenes organizados por diversas entidades especializadas en la cultura tanguera y las políticas estatales de incentivo, han contribuido a que el tango se manifieste nuevamente como música vigente.  Pero tal vez lo más interesante radica en la incidencia que tienen los nuevos cultores, es decir, las personas que en la actualidad se están acercando al tango.

Identidad y contexto

La música es un espacio de construcción de la identidad y en el Río de la Plata el tango se ha constituido como parte sustancial de ella.  Asimismo la danza, en tanto vehículo de comunicación humana,  ha sido siempre continente de significados; por ello es interesante observar qué sucede con la danza del tango en la actualidad y qué es lo que los nuevos cultores buscan con su práctica. Es decir, de qué manera se enmarca en el siglo XXI una danza cuyas características predominantes nos retrotraen a costumbres de principios de siglo XX.

Es necesario observar el ámbito de desarrollo de este género musical. Si bien podemos encontrar cultores de tango en academias de baile y milongas, existe una red de aprendizaje de la danza que toma espacios alternativos. Muchas veces la enseñanza se realiza en casas comunitarias de jóvenes estudiantes universitarios o en clubes sociales barriales, con instructores que no necesariamente son bailarines profesionales.

Al mismo tiempo se observa que quienes aprenden no son tangueros en el sentido tradicional. Son cultores de otros géneros musicales, y en general no se adscriben a las normas preestablecidas en cuanto al comportamiento de género, de modo que existen permisos: una mujer puede sacar a bailar a un hombre y se puede bailar en parejas del mismo sexo. El acercamiento al tango comienza a través de su danza y se caracteriza, en principio, por el aprendizaje de una sistematización compuesta por una serie sencilla de pasos. Ello permite el aprendizaje rápido de una danza compleja para un principiante. 

Además muchas veces el tango es una excusa para establecer vínculos espontáneos e intergeneracionales. Un ejemplo importante de este tipo de grupos es el colectivo "Avalancha tanguera", destacable por el tiempo de permanencia -diez años aproximadamente- y por la cantidad de personas vinculadas a sus grupos de práctica de tango.

Un poco de historia

Tradicionalmente se afirma que el tango es el resultado de la fusión de la habanera y la milonga, aunque recientemente se reconoce también su vinculación con el candombe. El tango se define como un género aparte en las primeras décadas del siglo XX y se ubica geográficamente en el Río de la Plata a la vez que comienza a sufrir un proceso de exportación e importación de modelos que aún persiste.

Su danza toma la estructura coreográfica de especies derivadas de la contradanza -el vals, la habanera, la polca y algunas otras danzas de moda de finales del siglo XIX y comienzos del XX- que se caracterizan por conservar el tipo de toma de pareja enlazada.

Más allá de la vinculación de los primeros tangos con el ámbito prostibulario y de la afirmación no comprobable de que su danza en principio fue practicada por parejas de hombres, existe una construcción mítica acerca de una sexualidad explícita que los nuevos cultores parecerían replantear.

Resignificación

La última crisis económica, a comienzos de 2002, en la región rioplatense produjo transformaciones sustanciales en algunos estratos sociales.

La música sirvió como importante vehículo para la búsqueda de alternativas que hicieran frente a los cambios. Hay una franja social que busca crear, a través del tango, un espacio para hacer frente a los cambios producidos por la crisis y a la posición de la sociedad frente al proceso de globalización. La música vehiculiza esa necesidad; pero los géneros nuevos parecen no colmar totalmente las expectativas de una franja social que necesita reacomodarse.

El tango ha experimentado, a lo largo de su historia, un continuo proceso de reconstrucción del sentido. Los actuales cultores otorgan un significado diferente a la práctica del tango en comparación con los cultores del pasado.

En efecto, el proceso de transformación no sólo se reconoce en las particularidades de cada estilo tanguero dentro del ámbito de la interpretación musical, sino que su sobrevivencia también gira en torno a los cambios de discurso que expresan los cultores en relación con la identidad.

De modo que el tango ofrece un espacio donde realizar readaptaciones y resignificaciones y éstas se visualizan -entre otros- en el comportamiento de los nuevos cultores, en lo que dicen del tango, en lo que creen que significa, en lo que les aporta y en cómo lo exteriorizan.

A partir de de las entrevistas realizadas a algunos de los nuevos cultores se desprende que a través del tango se canalizan emociones individuales que no se registran aisladamente, sino que se reconocen en muchos de los participantes del grupo. Cuando se los interroga acerca de sus razones para vincularse al tango, suelen aludir a recuerdos ligados al ámbito sonoro de la niñez y primera juventud y a figuras familiares referentes. Es decir, se manifiesta la voluntad de mantener viva una memoria que los liga a un pasado ennoblecido que casi siempre se cruza con el sentimiento de pertenencia a un lugar geográfico específico: el territorio rioplatense.

El proceso de gestación del tango es coincidente con el proceso de consolidación de las naciones, con un entretejido social que se buscaba uniformizar. Al mismo tiempo, en la cercanía corporal que genera esta danza, se ejerce un tipo de comunicación interpersonal directa y poco frecuente en la actualidad. Quizá el tango es el pretexto para una vuelta a una comunicación directa que a la vez vincula a la gente con una época idealizada de certezas sociales e identidades firmes.

La información recogida en el trabajo de campo y la interpretación del discurso de los nuevos cultores, muestra que estaría implícita una búsqueda de las raíces en la historia y ello revela una reconstrucción de sentido. En efecto, ésta se da luego de todo un proceso de exportación e importación del tango y se vincula fuertemente con la visión que los nuevos cultores tienen de sí mismos como representantes directos de la construcción identitaria rioplatense.

Desde el comienzo el tango ha sido expresión de una clase social determinada. Los primeros bailarines volcaron la intensidad de la creación espontánea, propia de un estrato social que buscaba un lugar dentro de una sociedad marginadora. Luego se consagró en Europa como un baile exótico con fuertes connotaciones de trasgresión sexual. Más tarde, a través de la impronta de bailarines profesionales vinculados a técnicas de ballet clásico, sufrió cambios de estética que lo alejaron de la expresión espontánea.

Actualmente los actores sociales renuevan los significados del género musical, en muchos casos lo despojan de estereotipos y lo convierten en algo diverso, más acorde al momento histórico y a las maneras de sentir de los involucrados. Es decir, en la práctica de la danza comienzan a plasmar una fuerte carga de significados nuevos. Están utilizando este género musical como lo que el sociólogo argentino Pablo Vila define como matriz musical conveniente. A través de ella se configuran articulaciones de sentido sobre el concepto de tango en un proceso de "ida y vuelta" de significados individuales y de aquellos que se plasman a nivel colectivo.

Consideraciones finales

La nostalgia que producen los clichés de épocas pasadas tal vez sea lo que motive a verter en el tango una fuerte carga simbólica asociada con un período idealizado. El estrato social que se identifica con el tango toma la danza como herramienta capaz de realizar el ensamble entre los valores que quiere hacer suyos y los que cree propios de su nacionalidad. Lo interesante es cómo a través del cuerpo se pueden plasmar los discursos sociales y cómo el género musical  resignifica en función de ellos.

Esta investigación ha permitido observar y aproximarse a una respuesta al cuestionamiento de la vigencia del género. Si bien la evolución de la danza del  tango se observa sólo en algunos sectores de la sociedad, ello no debería hacer suponer haya sufrido un proceso de pérdida. Se puede afirmar que existen cambios en cuanto a la posibilidad de invención de nuevos pasos, el recambio de cultores y la existencia de bailes sociales. Es destacable que todo ello ha permitido que el espacio tradicional del tango se transforme en un lugar amplio en el que conviven diversas personas. En consecuencia los nuevos cultores reconstruyen y reubican al tango dentro de la sociedad y por ello se transforman en los responsables de su vigencia.

Este artículo ha sido originalmente publicado en la edición 2012 del Almanaque del Banco de Seguros del Estado.



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