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ENTREVISTA

La economía uruguaya, entre el equilibrio y la audacia

18.04.2017

MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti) - Entrevistamos a un grupo de economistas responsables del último informe realizado por la consultora CINVE sobre la marcha de la economía uruguaya y sus perspectivas.

Por primera vez desde que asumió el gobierno el Frente Amplio el tema económico ocupó uno de los puntos centrales de la preocupación de los uruguayos, de los que viven de su trabajo, empresarios, productores, profesionales, jubilados., desocupados. Tanto en lo referido al crecimiento y las perspectivas macro, como al empleo y su futuro y a la carga impositiva. Hemos tratado de buscar respuestas sobre este proceso.

Dentro de estas preocupaciones sociales y especializadas algunas se destacan: empleo, cierre de empresas tradicionales, inflación, valor del dólar, calidad de la gestión de las empresas públicas y del gasto estatal.

Y tratamos de llegar a una primera conclusión sobre una interrogante general: ¿la economía debe privilegiar el equilibrio, el orden de las cuentas públicas, o un avance impetuoso del país y una mejor distribución de la riqueza entre los diferentes sectores sociales?

Por último ¿Qué credibilidad, que grado de seguridad brindan las previsiones de los técnicos de CINVE?

Lo que publicamos a continuación es el resultado de una extensa entrevista que mantuve con Bibiana Lanzilotta, Guillermo Carlomagno, Silvia Rodríguez y Gonzalo Zunino.

Se tiene la idea generalizada que la economía de un país es un gigantesco equilibrio de factores. ¿Cuánto tiene que ver ese equilibrio y cuanto la creatividad, la audacia, la imaginación?

La pregunta hay que responderla desde dos perspectivas diferentes. Por un lado, ningún economista profesional puede desconocer la importancia que tiene el mantenimiento de los equilibrios y el papel de las restricciones al momento de tomar decisiones. Si lo hiciera estaría negando la esencia misma de la disciplina en que ha sido formado. Los gobiernos que subestiman el papel de las restricciones suelen ser los que generan las peores dificultades para sus países. Los economistas que reniegan de los equilibrios y que aconsejan su violación sistemática suelen ser los que más contribuyen a generar situaciones de crisis como las que hemos conocido bien en nuestro país o como las que estamos observando en algún país de la región. Las restricciones simplemente existen y negarlas es una irresponsabilidad o una expresión de ignorancia. Cualquiera de nosotros sabe que con el dinero que tenemos no podemos hacer todo lo que se nos ocurre.

Por otro lado, es evidente que la creatividad, la audacia y la imaginación cumplen un papel a la hora de administrar adecuadamente las restricciones y al evaluar en qué circunstancias los desequilibrios deben ser corregidos. Lo que no hay que confundir es la audacia con la irresponsabilidad, la creatividad con las propuestas disparatadas y la imaginación con los sueños. La creatividad es decisiva al diseñar y al implementar las políticas. La audacia es útil cuando hay que actuar de manera firme y oportuna para evitar dificultades en el futuro. La imaginación de los gobernantes es fundamental para elegir los mejores cursos de acción.

¿Qué valoraciones les merecen los magros registros de crecimiento de la economía uruguaya durante los dos últimos años?

Cuando se considera el crecimiento de los últimos dos años en términos absolutos,  efectivamente se podría pensar que estamos ante un pobre desempeño de la economía. Sin embargo, si las tasas de crecimiento se miran desde perspectivas históricas y comparando con otros países nos encontramos con un panorama bastante más positivo.

En primer lugar, adoptando un enfoque de mediano y largo plazo, hay que tener en cuenta que todas las economías del mundo tienen ciclos económicos, en que se alternan períodos de importante crecimiento, con fases de desaceleración de la actividad económica y con épocas de recesión, que pueden convertirse en crisis económicas. Es claro que Uruguay, al igual que el resto de las economías de la región, ha enfrentado durante 2015 y 2016 un entorno externo adverso que ha conducido a que la economía creciera por debajo del nivel tendencial, ubicándonos, por tanto, en una fase baja del ciclo. Pero aun considerando la fase cíclica que atravesó la economía, es un hecho casi inédito en la historia económica de nuestro país que se transitara toda la fase baja del ciclo económico con tasas de crecimiento positivas. No se consolidó una recesión ni tampoco se cayó en una situación de estancamiento. Desde una perspectiva temporal más amplia, lo que parecería ser un magro desempeño, resulta ser un comportamiento excepcional, atendiendo la historia de las fluctuaciones cíclicas de la economía uruguaya.

En segundo lugar, desde una perspectiva comparada habría que moderar la evaluación negativa acerca de los registros de crecimiento de estos dos últimos años. Las economías latinoamericanas, y en particular los países del Mercosur, que tienen características productivas similares y parecidas modalidades de inserción internacional han recibido, recientemente, shocks externos muy negativos que han tenido impactos, en algunos casos, muy importantes sobre el comportamiento de la actividad económica. Teniendo en cuenta que históricamente los ciclos económicos de los países de la región han estado bastante sincronizados, interesa comparar el comportamiento del PIB en Uruguay, con lo ocurrido en los países vecinos y con el conjunto de economías de América Latina.

En 2015 y 2016 Brasil registró caídas del PIB del 3,8% y del 3,6%, respectivamente. En el caso de Argentina, en 2015 hubo un crecimiento del 2,7% que fue seguido en 2016 por una significativa contracción de la actividad económica que se situó en el 2,3%. El conjunto de países de América Latina y el Caribe registró una variación prácticamente nula del PIB en 2015 (contracción de 0,03%)  y una contracción del 0,5% en 2016. Por lo tanto, Uruguay ha tenido un mejor desempeño que la región. La economía uruguaya ha mostrado en el pasado reciente una mayor "resiliencia" y ha logrado amortiguar los shocks externos adversos de mejor manera que otras economías de la región.

El crecimiento de la economía uruguaya durante los dos últimos años, ¿es impulsado por factores externos o internos?

Como te decía anteriormente, es claro que durante los dos últimos años los países de la región han enfrentado un contexto internacional poco favorable. En el caso de Uruguay el shock negativo es mayor que en la mayoría de los países latinoamericanos porque a las condiciones globales de reversión del ciclo de precios internacionales de las materias primas y al empeoramiento de las condiciones en los mercados de capitales, se ha sumado, con particular intensidad, la grave recesión por la que atraviesa Brasil y las intensas fluctuaciones de la economía argentina. En este contexto, Uruguay fue capaz de crecer, lo que debe atribuirse principalmente a que ha desarrollado en los últimos años fortalezas internas que le permitieron amortiguar las malas noticias provenientes del exterior. La adversidad del contexto externo que enfrentó la economía uruguaya en estos años es en muchos aspectos, incluida su magnitud, comparable al shock recibido por nuestra economía en 1999 y que constituyó el puntapié inicial de lo que más tarde sería una de las peores crisis económicas que ha vivido el país.

Habitualmente se argumenta que poder generar déficit fiscales relevantes en momentos bajos del ciclo es una herramienta importante para el manejo macroeconómico. En la fase negativa del ciclo que está terminando se observó un incremento importante del déficit fiscal. Sin embargo, la mayoría de los economistas analizaban esto como un problema en lugar de cómo una ventaja. La pregunta: ¿es bueno o es malo tener déficit fiscales altos en etapas bajas del ciclo?

Si el país tiene recursos propios para sostener el déficit y/o capacidad de endeudamiento a tazas razonables, incluso en etapas bajas del ciclo, es bueno, no hay lugar a dudas. Que el sector público pueda compensar la caída temporal de la demanda agregada que se produce en fases bajas del ciclo, puede evitar la ocurrencia de crisis y todas las consecuencias de corto, mediano y largo plazo que las mismas implican. Por otra parte, el equilibrio fiscal no es un objetivo necesariamente deseable, ni siquiera a largo plazo.   

Siendo esto así, la pregunta planteada es muy relevante, ya que parecería haber una contradicción entre lo que es deseable y lo que la mayoría de los economistas planteaban. Esta aparente contradicción, a mi juicio, tiene origen en algo que Martin Wolf ha denominado "la obsesión de la austeridad". En pocas palabras, esta obsesión por tener las cuentas públicas equilibradas lleva a recomendar ajustes recesivos siempre que se observen desequilibrios fiscales más o menos relevantes, independientemente del costo del endeudamiento y del resto de las variables que determinan la "salud financiera" del sector público.

Gracias a la situación financiera internacional y al excelente trabajo de la oficina de deuda del MEF durante los últimos años, en los momentos que se pedían los ajustes, los costos de financiamiento eran históricamente bajos y la calificación de deuda la mejor de la historia. Es decir, teníamos las condiciones más favorables cuando más las necesitábamos. Habría que revisar la historia para ver si ha habido situaciones similares en el pasado, me arriesgo a decir que no. En etapas baja del ciclo, estas condiciones favorables de financiamiento deben aprovechase para generar políticas contra-cíclicas enfocadas y con retornos cuantificables.  

Un último comentario relacionado a esta pregunta: la argumentación a favor del equilibrio fiscal basada en la comparación del sector público con la economía de una familia, que escuchamos con demasiada frecuencia, no tiene sentido. Por varias razones, la principal es que las decisiones actuales de gastos e ingresos del estado tienen consecuencias sobre los ingresos futuros, la de las familias, en general, no lo tienen.

 ¿Cuáles son los sectores de actividad que más influenciaron en el crecimiento del año pasado?

Salvo las clases de actividad (los agrupamientos de sectores de actividad se denominan clases) Construcción y Comercio, reparaciones, restaurantes y hoteles, todas las restantes crecieron en mayor o menor medida. Las que lo hicieron en mayor magnitud y más contribuyeron al crecimiento global fueron la de Transporte, almacenamiento y comunicaciones y la de Suministro de electricidad, gas y agua.

En el primer caso, el crecimiento se debió al de las Comunicaciones, y más concretamente al de las Telecomunicaciones. Si bien no fue el sector que más creció en 2016, su peso en el total de la producción hizo que explicara ¾ del crecimiento global anual. De todas formas, el persistente y notorio crecimiento del sector ha sido una constante en los últimos años, y se explica por el gran dinamismo de la producción de los servicios de datos. 

En el caso de electricidad gas y agua, el crecimiento tiene causas más transitorias. Se debió fundamentalmente al aumento de la producción de energía eléctrica hidráulica sumado a un importante aumento del consumo eléctrico (asociado a las bajas temperaturas experimentadas en los meses de otoño e invierno).

¿Cuáles son los sectores más sólidos estructuralmente en la economía uruguaya?

La estructura económica del Uruguay ha sufrido importantes transformaciones a lo largo de las últimas décadas. En la actualidad, la anatomía de la economía es una combinación de rubros agropecuarios y agroindustriales, muchos de los cuales tienen una larga tradición en el país y ostentan una sólida posición en los mercados externos, y de un grupo de actividades que han ido gestando posiciones competitivas en los mercados regionales e internacionales. La actividad turística y los servicios logísticos están realizando un aporte cada vez más importante al desarrollo económico del país y sus perspectivas de crecimiento son alentadoras. En buena medida, se podría decir que el sector agropecuario y agroindustrial, la logística y el turismo son la expresión de lo que tradicionalmente se ha planteado sobre la economía uruguaya en términos de "Pradera, Frontera y Puerto". Por otra parte, Uruguay ha ido desarrollando, con bastante éxito, un conjunto de actividades de servicios que representan una proporción creciente y cada vez más significativa de la producción que se exporta. La industria del software, los servicios globales de exportación y un amplio conjunto de actividades que se han desarrollado al amparo del régimen de zonas francas se han integrado a lo que hoy podríamos denominar el núcleo productivo más sólido de la economía uruguaya.

¿Qué sectores han ido quedando rezagados?

Los principales sectores que han ido perdiendo peso en la estructura económica pertenecen al sector manufacturero. La primera fase de ajuste productivo ocurrió en la década de los 90 del siglo pasado. La creciente apertura comercial y el proceso de construcción del Mercosur fueron los principales factores que explican el inicio de un proceso que terminó con la virtual extinción de sectores industriales como el textil, la vestimenta, el calzado, entre otros. La segunda etapa de ajuste de la estructura manufacturera ocurre como consecuencia del avance de la globalización y del fortalecimiento de China y otras economías del Este de Asia en los mercados internacionales. Puede afirmarse, entonces, que los sectores que han ido quedando rezagados, o que directamente se han extinguido, pertenecen a la industria manufacturera. Los cierres más notorios de empresas que están ocurriendo en la actualidad siguen correspondiendo al sector industrial.

Les pregunto esto, porque durante los últimos tiempos ha habido una sucesión de cierres de empresas, sobre todo industriales, pequeñas y medianas. ¿Por qué están cerrando estas empresas?

Las razones de los cierres actuales son en esencia similares a las que explican el fenómeno en etapas precedentes. La viabilidad de las empresas industriales que no logran competir en los mercados externos está cuestionada seriamente. Las reglas de la globalización  se manifiestan de forma cruda en el sector industrial. Hoy en día es muy difícil que un país pueda sostener actividades industriales que no son capaces de competir en los mercados externos. El precio que se paga por intentar hacerlo debe medirse en términos de posibilidades de crecimiento económico en el futuro. La regla es que las actividades expuestas a intensa competencia internacional y que no disponen de capacidades para competir en los mercados están condenadas a extinguirse. No hay muchos ejemplos exitosos de estrategias defensivas de sectores que carecen de condiciones para competir con la producción de los países más eficientes.

La inflación por encima del rango meta ha sido un dato de la realidad durante más de seis años ¿qué opinión les merece que en el mes de marzo se haya ubicado dentro de los objetivos establecidos por el Banco Central?

Evidentemente, que la inflación se ubique dentro del rango meta, sobre todo después de tanto tiempo por encima del techo fijado por el Banco Central, es una buena noticia. La inflación se encuentra en valores algo más moderados que un año atrás, lo que impacta de forma positiva, fundamentalmente, sobre los asalariados y los pasivos de ingresos más bajos, que son quienes tienen menores posibilidades de cubrirse ante el alza generalizada de los precios, por el hecho de que mantienen la totalidad de sus ingresos en efectivo. Es así que este grupo de personas son las que, proporcionalmente, pagan mayor impuesto inflacionario en relación  a su ingreso.

Adicionalmente, contar con una inflación moderada es una buena noticia desde un punto de vista macroeconómico, porque facilita las decisiones de inversión, que como mencionábamos anteriormente, constituye el pilar básico del crecimiento económico de la última década. Por otra parte, niveles moderados y estables de inflación facilitan las negociaciones salariales. Es claro que con niveles más elevados de inflación, asociados a mayor grado de incertidumbre sobre la misma, las negociaciones salariales se pueden tornar difíciles y promover mayor grado de conflictividad.

Por todos estos motivos, mantener la inflación en niveles moderados es muy bueno. El hecho de que se ubique dentro del rango objetivo, por ahora, es más bien anecdótico. Para que el rango cumpla con su función de afectar las expectativas inflacionarias, la norma debería ser que la inflación estuviera la mayor parte del tiempo dentro del rango y no fuera del mismo, como ha ocurrido en Uruguay. En cualquier caso, hay que valorar positivamente que la inflación anual del mes de marzo se haya situado dentro del rango meta, en la medida en que podría ser un primer paso para volver a jerarquizar y dar credibilidad a los objetivos del Banco Central.

¿Ustedes piensan que la inflación está dejando de ser una preocupación importante para la política económica?

Es claro que un año atrás la dinámica de los precios constituía una preocupación urgente para las autoridades puesto que la inflación se ubicaba en niveles de dos dígitos y era necesario cortar la tendencia alcista que mostraba. A día de hoy, el riesgo de que la inflación vuelva a niveles de dos dígitos es muy bajo lo que da cierto margen a las autoridades para priorizar otros objetivos.  

La inflación debe ser siempre una prioridad para la política económica. Mantener la inflación bajo control es importante desde un punto de vista distributivo, en la medida en que niveles altos de inflación perjudican a los hogares de menores ingresos, y también lo es desde un punto de vista de la estabilidad macroeconómica y del crecimiento, puesto que constituye un requisito para crear un ambiente favorable a la inversión. Por estas razones, el control de la inflación debería ser siempre un objetivo fundamental de la autoridades.

En el combate a la inflación ha jugado un papel importante el valor del dólar. ¿Cuánto influye este bajo valor de la moneda norteamericana en la pérdida de competitividad de algunas empresas que no pueden exportar?

Indudablemente, la estabilidad del tipo de cambio está favoreciendo la baja de la inflación y está generando problemas de rentabilidad para muchas empresas que producen bienes y servicios que compiten con las importaciones o que se venden en los mercados de exportación.

Sería poco probable que con un dólar creciendo de forma sostenida, se hubiera podido lograr que la inflación se ubicara dentro del rango meta, como ocurrió el mes pasado. Dicho esto, hay que tener en cuenta que, en la actualidad, la influencia de la cotización del dólar sobre la inflación se ha visto moderada, si se compara con lo que ocurría en los tiempos de los tipos de cambio fijos, e incluso en los primeros años del régimen de objetivos de inflación que puso en marcha el Banco Central.

Hoy observamos que cuando el tipo de cambio crece, hay un conjunto de precios que se ajustan rápidamente, pero el fenómeno es menos  generalizado que en el pasado. Pero hay que tener en cuenta que, cuando el tipo de cambio cae, los precios que se movieron al alza no se ajustan de similar manera a la baja. Estamos frente a un comportamiento asimétrico y bien diferenciado que hay que tener en cuenta al predecir la inflación.

En concreto para este año, ¿cuáles son los sectores que pueden tirar el crecimiento?

No hay duda que el crecimiento económico en el futuro va a estar impulsado por las actividades que tengan posiciones competitivas sólidas en los mercados internacionales y regionales. Una economía pequeña como la uruguaya no puede desarrollarse y pretender crecer de forma sostenida a partir de una estructura productiva construida a contrapelo de la competitividad internacional. Si se tratara de recorrer el camino  de la protección defensiva ante el embate de las importaciones pagaríamos costos económicos elevados y pondríamos en tela de juicio las posibilidades de crecimiento a largo plazo.

En el crecimiento ininterrumpido durante 14 años, ¿cómo jugaron los factores externos favorables, el viento de cola, y como lo hicieron los cambios en las conductas y las políticas económicas que se aplicaron en Uruguay?

Es difícil cuantificar de forma precisa cuán importante ha sido el contexto externo en comparación a los factores internos. Existen múltiples formas de interacción entre ambas clases de factores que dificultan una respuesta definitiva. Los estudios que ha realizado CINVE indican que tanto los factores externos vinculados con el comportamiento del comercio mundial, el crecimiento económico global y las mejoras en los precios internacionales de los principales productos de exportación jugaron un papel importante y positivo, pero no alcanzan a explicar más que una parte del crecimiento económico ocurrido durante los últimos 14 años. En una parte de este periodo de crecimiento conviven tiempos en que predominó el viento de cola con circunstancias muy negativas por las que atravesó la economía global y la región. En concreto, entre los años 2003 y 2008  es evidente que una parte importante del crecimiento económico de Uruguay fue impulsada por condiciones externas favorables. Pero no debe perderse de vista que durante este período se fueron desarrollando reformas estructurales, cambios institucionales y un marco de política económica que permitieron un mejor aprovechamiento del viento de cola. Entre 2008 y 2009 tuvo lugar la crisis económica y financiera internacional más importante desde la Gran Depresión. En este periodo hubo cualquier cosa menos viento de cola. Es estos años Uruguay logró absorber el shock externo negativo y fue una de las pocas economías de la región que continuó creciendo, incluso a tasas superiores al promedio de largo plazo. En 2009, mientras en promedio los países de América Latina registraban caídas del 1,8%, Uruguay creció el 4,2%. El desacople de Uruguay respecto a la mayoría de los países de la región fue evidente y, difícilmente, pueda explicarse este comportamiento tan diferente a partir de la influencia del marco externo.

 La situación uruguaya es notoriamente y reconocidamente diferente a la de Brasil y Argentina ¿cuáles son las causas y que cambió en nuestra relación con esos países?

En lo que va de este siglo, exceptuando los primeros años Uruguay ha experimentado un crecimiento sostenido, a diferencia de lo que ha ocurrido en Argentina y Brasil, que han mostrado vaivenes. Si consideramos el crecimiento acumulado del PIB los últimos 17 años, Uruguay ha crecido más que Brasil (58 y 52 %, respectivamente), sin experimentar caídas significativas como las que ha tenido la economía brasileña en los dos últimos años. Respecto de Argentina, la brecha es mayor (Argentina creció en el mismo lapso 46%) mostrando una volatilidad notoriamente superior a la nuestra.

Varios factores han confluido en que así sea. El favorable contexto internacional que benefició a estas economías en la primera década de los 2000 (hasta 2008) no afectó de igual forma a estos tres países. Uruguay, al tiempo que se vio beneficiado por la mejor del precio de los alimentos se vio perjudicado por el incremento del precio del petróleo, cosa que no ocurrió en los vecinos países (que fueron beneficiados por esto). Eso hizo que las ganancias de Términos de intercambio no fueran tan significativas para nuestro país como si lo fueron para estos 2 países. Contrariamente, la reversión de las condiciones internacionales no ha repercutido tan negativamente como sí lo hizo en Argentina y Brasil.

A su vez, los mecanismos de transmisión desde los niveles de actividad de Brasil y Argentina (y sus fluctuaciones) hacia Uruguay, parecen haber cambiado respecto de lo que ocurría en décadas pasadas. Los vínculos comerciales, particularmente con Argentina se han reducido notablemente en lo que tiene que ver con bienes representando actualmente apenas 5% de las ventas (cuando en los noventa esta cifra rondaba el 20%). En ello tuvo que ver la mayor diversificación en destino de las colocaciones externas de Uruguay. Al mismo tiempo, los lazos financieros también se redujeron lo cual redujo la exposición tan significativa que tradicionalmente tenía nuestro país en este aspecto respecto de Argentina.

¿Las tensiones que afloran en el comercio internacional, en el surgimiento de proteccionismo en EE.UU y otros países que influencia pueden tener a corto y medio plazo para Uruguay?

Para Uruguay el avance del proteccionismo es una mala noticia. Nosotros sabemos bien lo que es padecer los efectos del proteccionismo de los socios comerciales. Los principales productos agropecuarios y agroindustriales que exporta Uruguay se ven notoriamente perjudicados por las barreras comerciales que aplican los países industriales sobre nuestras exportaciones agroindustriales. En el pasado reciente, hemos sufrido del avance del proteccionismo en los países del Mercosur. Los principales sectores exportadores a la región conocen bien lo que han significado para las empresas uruguayas las trabas al comercio impuestas por Argentina y la existencia de barreras no arancelarias en el comercio con Brasil. Un mundo y una región en que proliferaran las prácticas proteccionistas debe considerarse como una mala noticia a corto plazo y, su extensión en el tiempo, una peor noticia a largo plazo. La economía uruguaya se encuentra en condiciones de crecer más y de forma sostenida en un mundo en que el proteccionismo se repliegue.

Hace un par de décadas, el Presidente de Estados Unidos Bill Clinton acuño la célebre frase: "Es la economía, estúpido", mediante la que destacaba el papel que tenía el comportamiento de la economía sobre la política. La realidad uruguaya, ¿avala esta afirmación?

La falta de dinamismo en la economía es, indudablemente, una fuente de problemas que influyen sobre la política, en la medida en que los ciudadanos encuentran menos oportunidades para progresar. Por supuesto que no hay que caer en un determinismo radical de los factores económicos sobre la política, pero no hay duda que la economía incide sobre la política. Los fracasos económicos más resonantes suelen provocar cambios políticos profundos. La historia está llena de ejemplos al respecto, tanto en la región como el resto del mundo. Es probable que la llegada al poder del nazismo en Alemania no pueda entenderse si no hubiera estado precedida por una profunda crisis económica. En nuestro país, es evidente que la crisis de la deuda de 1982 y la recesión que se instaló durante los años siguientes contribuyeron a precipitar el fin a la dictadura. La crisis económica y financiera de 2002 es un factor que debe ser tenido en cuenta a la hora de explicar el cambio político ocurrido en 2005 que llevó al Frente Amplio al gobierno. Por cierto, que el éxito en materia económica no asegura la continuidad de un gobierno, pero no hay duda que ayuda...

¿Cómo influye el desempeño de la economía y la información sobre los acontecimientos económicos sobre el comportamiento de los principales actores sociales y de la sociedad en su conjunto?

La percepción de los individuos, consumidores y empresarios, sobre la evolución de la economía se liga directamente con el desempeño cíclico de la economía. La intuición detrás de esto es simple. Pensemos en las expectativas empresariales, los empresarios disponen de abundante información sobre el entorno económico directamente ligado a sus negocios y, por ende, pueden percibir con anterioridad a la reducción o aumento del nivel de producción que las perspectivas económicas están mejorando o empeorando. A su vez, su propio optimismo o pesimismo puede influir en variables tales como la inversión y decisiones sobre stocks, ocupación y otras variables relevantes para determinar su nivel de producción. Existen investigaciones aplicadas para Uruguay que dan cuenta de este fenómeno y fundamentan el papel de las expectativas en el crecimiento y en la inversión.

Por su parte, la información con la que cuentan los individuos para formar sus expectativas también es clave en este proceso. En ello influyen varios factores, por ejemplo, el grado de exposición a la información económica, no solo nacional sino internacional, relevante para la toma de sus decisiones. Pero también influye el medio trasmisor de estas informaciones. Hay trabajos de investigación a nivel internacional que explican que los individuos tienden a sobre-reaccionar ante las malas noticias, y ello se explica también por el sobredimensionamiento de las malas noticias a nivel de los medios trasmisores (la prensa).

¿Ustedes perciben que este largo proceso de crecimiento ininterrumpido de la economía se debe a cambios de comportamientos sociales y culturales o todo se debe a factores económicos y de manejo de la economía?

A diferencia de lo que mencionaba cuando hablábamos de factores económicos internos o externos, en este caso me atrevería a asignar un papel mínimo a los factores culturales. No creo que hayan existido cambios culturales relevantes ni de parte de los trabajadores ni de parte de los empresarios que hayan determinado una mayor productividad y, por lo tanto, que contribuyan a explicar de manera significativa el mayor crecimiento. El gran cambio estructural que está detrás del crecimiento en el Uruguay en estos últimos 14 años es el incremento en la inversión productiva, que paso de un muy pobre registró histórico de aproximadamente 14 puntos porcentuales del PIB al entorno de 20-22 puntos durante la última década. La expansión de la inversión no surgió espontáneamente de cambios culturales. Los empresarios no se volvieron de repente menos conservadores, menos aversos al riesgo  y más emprendedores, sino que respondieron desde la lógica económica a un contexto económico mucho más favorable a la inversión. La aceleración de la inversión es la respuesta esperable ante los cambios en las políticas económicas, tanto en lo que refiere a las políticas macroeconómicas como a las políticas específicas de promoción de inversiones. El aporte de las políticas aplicadas y la existencia de oportunidades interesantes para invertir fueron los factores más importantes que contribuyeron a que Uruguay superara la principal restricción que había enfrentado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX para lograr impulsar el crecimiento económico.

Tengo la impresión que muchos sectores sociales no perciben el crecimiento de la economía de la misma manera que lo percibían y, en realidad, lo vivían hace algunos años. ¿Cuál es vuestra visión?

Si tomamos en cuenta el comportamiento de un indicador como el de confianza al consumidor, que justamente recoge percepciones, entre 2010-2014, los encuestados se mostraron básicamente optimistas. En el último período dejaron de ser mayoritariamente optimistas y pasaron a manifestar un moderado pesimismo. Así que aunque coyunturalmente puede haber grandes variaciones en estas percepciones, globalmente los actores económicos parecen tener percepciones correctas.

Para hablar de la realidad y las percepciones es importante tener en cuenta que, durante las últimas décadas, Uruguay ha pasado por diversas fases de crecimiento y ha atravesado por episodios de crisis económicas más o menos profundas, Cada uno de nosotros ha logrado afrontar las circunstancias cambiantes de la economía de manera diferente Es perfectamente comprensible, entonces, que haya percepciones y opiniones disímiles acerca de la forma en que el crecimiento económico llega a cada uno de nosotros. En 2010  la economía creció casi el 8%. Es probable que la mayoría de la gente haya percibido mejoras en su bienestar material durante ese año, En los dos últimos años el crecimiento fue del 0.5% y del 1.5%. En este caso, parece razonable que no todos hayamos podido mejorar nuestra situación económica y que, por tanto, hayamos percibido de manera distinta los efectos del enlentecimiento del crecimiento.

Hoy parecería que los uruguayos nos hemos acostumbrado a altas tasas de crecimiento y que nos cuesta más que antes asumir que los vaivenes de la economía amplifican o reducen las posibilidades de mejora para cada uno de nosotros.

Pero, ¿el crecimiento de la última década le llegó a los sectores que más lo necesitan?

Los datos duros de la evolución de los ingresos de la población uruguaya durante la última década indican de forma inequívoca que el crecimiento económico llegó a todos los estratos socioeconómicos. Los ingresos familiares de los hogares más pobres se expandieron más que los percibidos por los sectores de mayores ingresos. Pero la desigualdad económica persiste y hay buenas razones para que algunos sectores de la población aspiren a mejores condiciones de vida.

Hoy se observa que la gente está menos dispuesta que hace unos años a contribuir con su dinero a la atención de las necesidades de los más vulnerables de la sociedad.

Eso es cierto. En la fase de crecimiento más importante se fortalecieron las políticas sociales orientadas a atender las necesidades de los sectores más necesitados de nuestra sociedad y se aplicaron volúmenes crecientes de recursos para financiar programas sociales, sin que se existieran fuertes oposiciones por parte de los contribuyentes. El año pasado las reacciones frente a las modificaciones tributarias mostraron un panorama bien diferente y las oposiciones a los aumentos impositivos fueron más importantes.  Las perspectivas económicas pueden modificar las percepciones y las conductas de sectores que se ven afectados en forma directa y, también, de los que se ven afectados indirectamente por el crecimiento económico.

 

 

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