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Una discusión ética postergada, la obligatoriedad en las decisiones sanitarias

Homero Bagnulo y Carlos Vivas

21.04.2017

Cuando las autoridades sanitarias se plantean la obligatoriedad en algunas de sus decisiones, están enfrentando uno de los principios éticos más reconocidos socialmente en la atención médica, como es el de la autonomía de los pacientes. Por tanto, estas decisiones nunca debieran ser tomadas en forma apresurada siendo imprescindible la más amplia discusión de las razones por las cuales se debiera adoptar una decisión de obligatoriedad.

Se debe tener en cuenta, que contrariamente a lo que habitualmente se considera, quienes manifiestan su rechazo ante la obligatoriedad de una decisión sanitaria son personas informadas,  con criterios firmes y que  utilizarán los medios de prensa y las redes sociales para hacer conocer su posición, por lo que quienes proponen el criterio de obligatoriedad deberán estar preparados para controvertir argumentos de peso. El empoderamiento de los usuarios del sistema de salud, así como la información sanitaria ampliamente disponible, han determinado que hoy no resulte fácil que los ciudadanos acepten decisiones que no muestren beneficios indudables. Por otra parte, los daños objetivos de muchas intervenciones médicas, así como  los intereses comerciales que se han demostrado en determinadas  recomendaciones sanitarias, han determinado la necesidad que los ciudadanos dispongan de información suficiente y libre de sesgos comerciales o intelectuales.

El ejemplo más típico de estas discusiones está dado por los calendarios obligatorios vacunales. Las vacunas se han ido expandiendo, tanto en su número como en sus indicaciones. Debemos recordar que ya desde sus inicios con la vacuna de la viruela, estas estrategias, pese a su efectividad, fueron acogidas con un marcado escepticismo. Este escepticismo ha resurgido en ciertos sectores de la población, fundamentalmente en algunos países del Hemisferio Norte. Pero sin duda esta discusión también está llegando a estas orillas.

Cuando una enfermedad infecciosa es de fácil transmisibilidad interhumana o eventualmente inter especies, es mucho más fácil argumentar a favor de la obligatoriedad en la vacunación, aunque para ello se debe disponer de vacunas con una elevada efectividad, pongamos por ejemplo  una mayor cobertura vacunal mayor al 85% de la población en riesgo. ¿Pero que pasa, si por ejemplo, esta cobertura es de únicamente un 40%? ¿Estaría en este caso justificada la obligatoriedad de una vacuna con una pobre cobertura? Parece lógico que en estas situaciones la autoridad sanitaria, realice una recomendación dejando librado al buen entendimiento de la población la decisión última del ciudadano en cuanto a recibir o no dicha vacuna.

 Pongamos otro ejemplo: el caso de una vacuna a la cual se le han descrito algunos efectos colaterales significativos que provocan demostradamente alteraciones en la calidad de vida. ¿Es ético en estos casos obligar a la población a que reciba esta vacuna, cuando, independientemente de la frecuencia, exista la posibilidad de un efecto adverso mayor? ¿Qué responsabilidad institucional cabe en caso de presentarse el daño?

Todo esto además se complejiza cuando no se dispone de suficiente información sobre la duración de la protección que la supuesta vacuna brindará, y más aún si en el trascurso de los años las indicaciones de dosis e intervalos se  cambian sin explicar las razones,  introduciendo así incertidumbre que erosiona la confianza de la población.

Hay ejemplos actuales de las situaciones acá planteadas. Sin embargo, hemos evitado ponerles nombre y apellido para facilitar una discusión teórica del tema que por lo que apreciamos está ausente. Es conveniente evaluar en profundidad las razones que se ponen en cada platillo de la balanza antes de tomar decisiones apresuradas que luego resultan difíciles de sostener. Es muy obvia la obligatoriedad en vacunas contra la polio o el sarampión que han demostrado su efectividad frente a enfermedades con elevada morbi-mortalidad, ¿pero es igual la situación en caso de afecciones donde se disponen además de otras estrategias efectivas? Vale la pena sentarse a discutirlo sin apresuramientos.



Homero Bagnulo y Carlos Vivas


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