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“El descubrimiento” de los decepcionados.

Dr. Federico Arregui

23.07.2017

Desde principios de 2016 comenzó un movimiento espontáneo, no planificado ni querido, fenómeno básicamente plasmado y palpable en las bases de los votantes frenteamplistas.

El actual partido de gobierno, superó el millón de adhesiones en las elecciones del año 2014, pero, a no olvidarlo, a los pocos meses en las elecciones municipales, fue notorio el decrecimiento. Ese es un primer elemento a tener en cuenta, de modo que se equivoca quien cree, aún de buena fe e ingenuamente, que los votantes del Frente Amplio son acríticos, rígidos como el frío mármol, y que obedecen como ovejas al pastor tras un pretendido dogma que algunos llaman "unidad", cual suerte de manto sagrado bajo el cual aglutinarse. Podrán hacerlo los dirigentes tras un plenario, pero ello ni es reflejo de la realidad ni tampoco del sentir del ciudadano sino la simple necesidad de "guardar las apariencias".

Ahora bien, el ciudadano decepcionado no puede ser circunscripto al votante del Frente Amplio pura y exclusivamente, y no estamos ante un fenómeno nuevo. El desencantamiento se produjo en la ciudadanía primero con los gobiernos de los llamados, antiguamente, partidos tradicionales. Sin embargo, había una esperanza, se creía que existía algo diferente forjado en las fraguas de la historia nacional contemporánea: el Frente Amplio, fuerza que venía enarbolando las banderas de la justicia social, de la libertad en todas sus acepciones, de la probidad, de la transparencia y del gobierno de los mejores.

Así, dicha colectividad supo encantar, ilusionar a quienes en aquel entonces se sentían decepcionados, y así acudieron muchos a las urnas depositando algo más que el voto: la confianza.

Sin embargo, y luego de quince años ya, prácticamente, de gobiernos frenteamplistas, el segmento ciudadano antedicho sigue patente y bien presente. Es un fenómeno no menor en un sistema democrático, porque roza ya el hartazgo en diferentes estratos sociales y puede conducir al descreimiento en el sistema político.

De más está decir, que a diferencia de otros tiempos, aciagos por cierto, ya no hay sector de la institucionalidad que se vea legitimado para ninguna aventura totalitaria.

Los decepcionados, configuran un grupo dispar, se trata de un dato puro y duro, ya irrefutable. Quien cierre los ojos y no quiera verlo corre el serio riesgo de darse de bruces contra la realidad. Ahora muchos quieren analizar el hecho, explicarlo o explicárselo a sí mismos.

Los uruguayos quieren trabajar, alimentar, vestir, educar a sus hijos dignamente, aspiran a un adecuado sistema de salud no solo a nivel privado sino público a través de ASSE como prestador, capaz de brindar atención sin dolorosas e inesperadas sorpresas o consecuencias, esperan ir a trabajar seguros y volver a sus casas, tener derecho al esparcimiento (del cual también se habló como derecho fundamental), en fin, quieren desarrollar sus vidas con dignidad, estabilidad económica, laboral, social.

Pero, disguste a quien disguste, ello no está funcionando en nuestra sociedad.

Las mediciones de opinión pública son concebidas por el propio gobierno como "herramientas" a tener en cuenta, sería injusto pues hacer caer sobre ellas un manto de duda profesional.

Sucede que la sociedad se ha complejizado tras la revolución tecnológica y en las diferentes vías de comunicación. La información se ha horizontalizado, para bien y para mal, es más, el derecho a la información -a que puede acceder todo ciudadano- se encuentra plasmado por la propia ley. Y sobre este punto cabe recordar que, "dentro de la Constitución y la ley todo, fuera de la Constitución y la ley nada", conforme señaló el Sr. Presidente de la República.

Un alto porcentaje de desencantados y/o decepcionados que marcan las diferentes empresas es perceptible por todos. También tuvo que reconocerlo el propio oficialismo de la mano del Contador Astori y otros líderes, a pesar del ninguneo en que hasta hace poco tiempo incurría el Frente Amplio.

Hoy, escuchando a varias figuras políticas parece que han "descubierto la pólvora"; en definitiva, representantes de todos los partidos procuran llevar agua para su molino político. Todos pretenden abordar el fenómeno, también el Frente Amplio, intentando ser los depositarios de la confianza perdida. Pero no es proclamándose ni golpeándose el pecho que lograrán encantar y convencer a dicho contingente de compatriotas, tampoco será bajo meras palabras. Son necesarios hechos y no dichos. Es con la defensa bajo argumentos políticos sólidos, con fuerte acento republicano, con grandeza, desprendimiento y demostración de capacidades a la hora de gobernar.

El tiempo y los hechos, se encargarán de demostrar lo demostrable.

A propósito de ello, hemos escuchado en los últimos días al Sr. Ministro de Economía -en entrevista realizada por el periodista Emiliano Cotelo-, defendiendo las bondades de la denominada "ley de bancarización" y la utilización del fondo generado por U.T.E en la construcción de vías férreas con miras al advenimiento de la empresa U.P.M.

Sin embargo según sus palabras, es dable decir que para que los uruguayos se "enamoren" de la mencionada ley, no bastan simples argumentos, pues si resulta obligatorio el pago electrónico en todos los ámbitos del sector privado, a excepción -precisamente- de los servicios públicos, el discurso cae por su propio peso.

Quedó claro que los uruguayos abonamos altas tarifas públicas, comparativamente en la región, por consumos de energía, agua, comunicaciones. Sin embargo no pudo explicarse cuándo ni cómo podrán adecuarse en pos de la población, tan altas tarifas.

Así pues, no resulta equitativo, que si U.T.E es capaz de generar tan importante "fondo" con el dinero de los uruguayos a invertir en fines como el que aspira al gobierno, no se compense a los usuarios, al menos, haciendo extensiva la bienaventurada ley al pago de las tarifas públicas, entre ellas la de energía eléctrica.

En puridad el mentado "fondo" generado por U.T.E pretende utilizarse más para "enamorar" a UPM construyendo las vías férreas que hagan factibles (entre otras exigencias) su instalación, mientras los usuarios uruguayos continúan abonando altos costos en consumos.

Parece obvio que el descuento de I.V.A no alcanza a los servicios públicos porque no se trata de una ley pensada en la gente, sino en el sistema financiero.

Lo dicho es una inconsistencia más en que incurre el gobierno, y me temo que el proceso de descreimiento no cesará, sino que seguirá creciendo tras los lógicos y naturales acontecimientos que sucederán en estos meses y en el correr del próximo año, tanto a nivel judicial, político y económico.

Parece claro que hay mucho por ajustar y revisar por parte de nuestros representantes. Basta pues de buscar enfrentar "Izquierda" y "Derecha". En un escenario nuevo, diferente, producto de las circunstancias, los partidos políticos deben estar a la altura de tales circunstancias demostrando la capacidad de hacer trabajar esas sensibilidades juntas en pos de un país próspero, libertario, con posibilidades ciertas de desarrollar los "talentos y virtudes" de que habla nuestra Constitución.

Sobre todo, deberán tener en cuenta que sea cual sea el próximo partido de gobierno, carecerá seguramente de mayorías absolutas -salvo imprevisibles cambios que parecen poco factibles-, ergo, el diálogo y la actitud de apertura se hacen imprescindibles.

Pero, sin más, mal puede venir nadie de ninguna tienda a rasgarse las vestiduras para convocar a los "decepcionados" o hartados ya a estas alturas, tras un mero discurso. El punto medular es si nuestra cultura política - la de los uruguayos y los diferentes partidos políticos- está a la altura de las circunstancias para poder reparar y cruzar las grietas que ya existen en la sociedad.

Nosotros, somos un grupo de esos ciudadanos decepcionados que nos reunimos cada tanto en diferentes puntos, en lo que denominados Fogones Artiguistas, a debatir sobre el rumbo a seguir. No pensábamos que muchos iban a estar ya casi decididos a votar anulado en las próximas elecciones. Y sin embargo, con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad esperamos que surja la confianza política...



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