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No es un problema policial

Jaime Secco

25.11.2017

El asesinato de dos niñas en las últimas semanas hizo explotar una oleada de indignación virtual, pero no es un problema policial; colada e intentando conducir esa indignación a puertos no declarables, apareció el intento de sacar rédito del dolor, casi tan repugnante como los asesinatos mismos.

"Pido que retiren... todas las publicaciones de odio", escribió en Facebook la madre de una de las niñas. "Pido respeto." Importa que haya sido en Facebook, porque parece haber sido el centro de todos los debates. Y allí se faltó el respeto, pero también se escribieron algunas cosas de las más inteligentes y sensibles que uno podría imaginar. No estoy en esa red; llego tarde. ¿Qué puede haber para agregar que valga la pena? Quizá un puñado de cosas, quizá algunas resulten repetidas.

1- El problema no es policial.
¿Qué se está haciendo?, o ¿qué no se está haciendo? Se preguntó. ¿Quién? "Los mantenidos del gobierno". Porque eran comentarios a un llamado a cacerolear "anónimo y autoconvocado" detrás de quién hay alguien con antecedentes, objetivos y foto (las redes son rápidas también para eso).
Cuando pasa una desgracia, así sea una turbonada, se despierta la necesidad de encontrar un culpable, porque no podemos concebir que algo malo sea inevitable. Algunos filósofos dicen que el objetivo del arte ha sido darnos narraciones sobre un mundo en el que reina la justicia, los malos son castigados y los males pueden ser evitados.
¿Quién puede ser el justiciero? La policía tiene el perfil de solucionador de todos los males. Saca el garrote y chau. Si no lo hace es porque no quiere, porque algún político está encubriendo a los malhechores, vaya uno a saber por qué. La solución más rápida: pena de muerte.
Pero la Policía nunca podrá realizar la prevención de este tipo de delitos. Y en ambos casos, los presuntos autores fueron puestos a disposición del juez en dos o tres días.
Pero la psicóloga forense Adriana Savio explicó que los asesinatos de niños son cometidos en general por personas "con psicopatologías basadas en la perversión", lo que hace que los agresores "sean muy difíciles de detectar", dado que "puede tratarse del vecino ejemplar."
El psicoanalista Otto Kernberg agrega otras dos patologías a la "perversión": el "transtorno disocial" y el "narcisismo maligno".
El presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología, Santiago Cedrés, agregó que "la pedofilia rodea a nuestros hijos todos los días" y que el transtorno que la provoca lo padece un 5% de la población mundial, según la última edición del el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Transtornos Mentales. Eso, en Uruguay suma entre 150.000 y 75.000 si se contaran sólo los varones.
Obviamente, la Policía no puede detener preventivamente a todos los "vecinos ejemplares". Es triste, pero no es por ahí. La vida no imita al arte.

2- ¿El problema es psiquiátrico?
Damos por establecido que algo hay y que en cualquier sociedad habrá locos. Pero eso no cierra el caso. De esos 75 mil, sólo 4 pasaron al acto y mataron a un niño -una niña- este año. ¿Qué hace la diferencia? Y, más aún: ¿hay un aumento de la cantidad de casos? Hace medio siglo había leyendas de robo de niños en otros países, para robarles la sangre y venderla. Los padres se cuidaban de avisar que no había que hablar con desconocidos. O sea, había casos. ¿Más de cuatro, menos de cuatro? No tengo datos a mano.
Supongamos que hay más casos. Entonces vivimos en una sociedad en que los conflictos psíquicos de al menos cuatro personas no pueden mantenerse a raya.
Por ejemplo, quizá la publicidad sea un incentivo, como está probado de lo es la publicidad del suicidio. Los expertos alertan que estas patologías sienten atracción por la publicidad.
En los últimos meses ha habido una campaña de postverdad que incluyó la divulgación en redes de casos falsos de secuestro de niños con la finalidad de dañar a la Policía. En un caso, ciertamente patológico, originado por un padre que usó de excusa a su propio hijo. Si esta hipótesis es verosímil, esas operaciones mediáticas no habrán resultado inocentes. Y los súbitos defensores de las niñas que acaban de aparecer, probablemente tengan sus teclas tintas de sangre.

3- ¿Es un hecho social?
No puede más que serlo, como toda relación entre personas en una sociedad. Pero que tenga raíces sociales -y culturales- no es lo mismo que el hecho de que existan pobres explica todo. Eso no es una visión de izquierda, sino una canallada que achaca a todos los pobres ser delincuentes.
La relación es más complicada. Una investigación de décadas de la Universidad Estatal de Ohio halló que había más robos en épocas de crisis, pero también en picos de bonanza, porque la gente porta bienes más valiosos.
Y aquí no tratamos de delitos contra la propiedad, de modo que las causas son aún más complejas. ¿Ha cambiado la educación? ¿Han empeorado las relaciones de apego de los recién nacidos, generando futuros agresores? ¿Se han perdido valores, quizá con los cambios en la familia y su inserción en una comunidad? ¿Es la sexualización omnipresente de grandes y chicos algo que conduce los conflictos psíquicos hacia agresiones específicamente sexuales? ¿Es que la sociedad impulsa a la competencia y la demostración de fuerza? ¿A la compulsión de satisfacer los impulsos de inmediato?
Probablemente de todo un poco y otras cosas también. Pero ciertamente no es un problema policial.
Agregamos un ejemplo. Un colegio privado expulsó a un maestro e instruyó a los demás a comunicar a sus alumnos que había sido por haber tenido "conductas inapropiadas con niños". Ayer se informó que en lugar de eso, algunas maestras -mujeres- habían pedido a los alumnos que lo recuerden "con cariño".

4- La punta del iceberg
Probablemente erramos al buscar una explicación social para cuatro casos. Son quizá centenas los casos de violaciones de niños intrahogareñas o por familiares cercanos. Incluso los que salen en el diario, que no son la mayoría.
Son más los casos de malos tratos de niños con lesiones graves, múltiples fracturas de huesos de bebés y quemaduras extensas de tercer grado.
Son varias decenas los casos de mujeres asesinadas en este año por ser mujeres.
Son muchas más las maltratadas. Tres de cada cuatro montevideanas sufrieron violencia de género. Una de cada 5 vivió violencia por parte de su pareja o ex pareja. Durante 2016 se registró una denuncia por violencia doméstica cada 17 minutos.
Nos acercamos al panorama, pero todavía faltan situaciones violencia que no tienen ni que recurrir a la fuerza física, como la crianza diferenciada, las groserías por la calle o en el trabajo, donde además les pagan menos y les traban los ascensos. En uno de los escritos que circuló por Facebook se dice: "El feticidio es el acto final de una serie de micromachismos a los que nos someten desde el nacimiento que nos convierte en objetos, a veces decorativos, a veces útiles, pero siempre descartables".

5- ¿Qué están haciendo?
Mucho antes que apareciera súbitamente un sospechoso amigo anónimo de las niñas, el problema particular de los homicidios, los femicidios y los maltratos es tema de organizaciones de larga data. Están, por ejemplo, la Asociación de Familiares y Víctimas de la Delincuencia, las Mujeres de Negro que surgieron en torno a familiares de víctimas y muchas organizaciones feministas. Y no tardaron en responder, habían convocado a una marcha antes que se convocara al cacerolazo.
Pero no sirven como referencia si se trata de sacar rédito. Menos, si durante décadas las trataron de "feminazis". No porque no exijan al gobierno, que lo hacen.
Porque, si se trata de problemas de la sociedad, siempre hay mucho para avanzar. Y está bien exigir que el gobierno lidere los procesos. Así lo hicieron el 8 de marzo convocando a una marcha histórica.
Y el gobierno seguramente deba hacer más. Pero justamente esta semana, cuando se celebraba un nuevo día internacional contra la violencia de género, se tomaron una serie de medidas, se inició una amplia campaña y se aprobaron en el Senado dos leyes centrales: una contra la violencia de género y otra contra la trata de personas.
Pero, ante el cuerpecito de una niña, nada es suficiente. Es lógico y justo pedir más, pedir celeridad. Ante la necesidad de "hacer algo", damos Me Gusta a todo lo que nos llega, incluso a cosas contradictorias. Cacerolear es algo a mano; nos hace sentir buenos. La mera indignación nos coloca en el bando de los buenos. Pero siempre cabe la pregunta de si en realidad estamos impulsando las cosas buenas. Si dentro de una semana no olvidaremos la furia. Si no promovemos la educación diferente de niñas y niños, si no ignoramos la violencia que vemos de cerca, si no entramos en la hipersexualización del espacio cultural.



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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