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Jubilaciones, pensiones, seguridad social (Abordando eso gris, que parece la teoría).

Jorge Aniceto Molinari

07.12.2017

A propósito del llamado tema de los cincuentones, esto era lo que escribíamos el 15 de setiembre del 2016, que pretende desnudar de alguna manera la falacia de algunas argumentaciones actuales:

Está generalizada la idea de que todos los sistemas de seguridad social, la previsión social, en un relativo corto plazo, están como el modo de producción que predomina en el mundo en una profunda crisis, nosotros la calificamos en el predominio de este modo de producción, como irreversible, aún cuando todas las situaciones no son iguales.-

En paralelo con lo que sucede con las fuentes de financiación de los presupuestos nacionales, la seguridad social, como la educación, la salud, tienen como una espada de Damócles sobre sus espaldas la incapacidad de tener una financiación sustentable, en tanto el sistema impositivo se basa en los impuestos al consumo, al trabajo y a las jubilaciones. Además si los impuestos fueran sobre los empresarios estos los descargarían sobre las mercancías o simplemente se desplazarían a las zonas del planeta en que no se los cobraran, -con una repercusión directa en el empleo-, eso está sucediendo ahora. Y si a esto le agregamos la tarea empresarial de la lumpen burguesía, que trafica en el terreno de los endeudamientos personales y de las pequeñas empresas, con la complacencia de un Estado aún remiso en su control, aún cuando se ha avanzado, el panorama es grave. Para no entrar a analizar cómo se mueve y con qué capitales, el mundo del terrorismo, de la droga, del juego, de la trata de blancas, de la guerra, de los fanatismos religiosos, etc. etc.

Los Estados nacionales actuales comienzan a ser insolventes, su endeudamiento es crónico y no existe ninguna política posible -en los marcos impositivos y monetarios actuales - para revertir esta situación.- Todos los intentos, en algunos casos como en el Brexit, culminados con un aparente éxito, son manotazos de ahogado para revertir la  situación; en todas las corrientes fascistas o fascistoides que surgen particularmente en Europa, también lo son. No tienen un programa político posible para revertir la situación, les queda extender la guerra y las restricciones al máximo, ni siquiera conquistar el mundo para vengar derrotas como fuera la siniestra quimera nazi.-

La seguridad social fue una idea brillante en los tiempos convulsos de desarrollo de la expansión capitalista. Las nuevas capas de trabajadores que se incorporaban al desarrollo industrial hacían perfecto el puente intergeneracional, así sucedió en  tiempos del llamado primer batllismo en el Uruguay.

Hoy en cambio para la voracidad empresarial (no estamos emitiendo un juicio ético), cuanto menos seguridad social, cuanto menos seguros de protección social: mejor, cada cual debe arreglarse por su cuenta. El pago de los impuestos por parte de las empresas es cada vez menor, pues la competencia en el mundo exige que esto sea así.-

Entonces surgió el invento -más de lo mismo- de las prestadoras privadas de la seguridad social, en que estas empresas pasaban a administrar lo que antes administraba y en gran medida, en función de la presión electoral, dilapidaban los administradores del Estado y sus leyes; muchas de ellas justas y necesarias, pero atendiendo demandas electorales y no el necesario equilibrio de las cuenta presupuestales, a las cuales los organismos internacionales abrían el camino del endeudamiento, para el cual hoy ya no hay retroceso.

¿En qué consistió el cuento del tío de este invento? En decirle a la gente, que lo que antes estaba mal administrado iba a pasar a instituciones capaces de invertir con ganancia, para acrecentar las jubilaciones futuras, pero para ello existiendo un mínimo solidario de también obligación empresarial, el resto era lo que el trabajador pudiera arrimar de su relación con la empresa donde prestaba servicios -un instrumento más de diferenciación salarial-. Era un paso más en el descalce empresarial en su aportación a este sistema. Pero además las vicisitudes en las inversiones de este tipo de empresas no pueden ser diferentes a lo que ocurre hoy en el mundo con el mercado de capitales. Los capitales sobran y se acumulan en los paraísos fiscales, lo que faltan cada vez más son las inversiones rentables, y las que se realizan, requieren alta tecnología y cada vez menor mano de obra. Es fácil además comprobar que se destinan cada vez más capitales a fomentar los vicios sociales y la guerra. Convengamos entonces que si no podemos cambiar el rumbo el porvenir es catastrófico, y no necesitamos para este juicio el auxilio de politólogos, sociólogos e inda mais.

Descalce que establece caracteres dantescos cuando se compara a países con una formalidad importe, frente a la competencia inconmensurable de países donde predomina el trabajo "informal".

Ahora si todo el mundo aportara a la seguridad social por la realidad económica en el que se realizan las diferentes tareas, ¿Cuánta mano de obra quedaría desocupada por la incapacidad empresarial del sistema?

Para esta realidad capitalista de hoy los gobiernos de los diferentes Estados no tienen solución.-

Es más, hemos leído a técnicos de prestigio que tratan de asegurar viabilidad pensionaria a distintos sectores del mundo del trabajo, y parten de realidades de aportación diferentes y a realidades de prestaciones diferentes. Pero esto tiene una limitante que va a llegar a ser crucial y es el crecimiento económico, que para la predominancia del modo de producción capitalista, a nuestro modo de entender y con la modestia de nuestros conocimientos comienza a ser insoluble.

Por otra parte ha surgido en Europa una corriente de opinión planteando que cada ser humano debería tener derecho a una llamada renta vital básica.

En primer lugar es un reconocimiento a que el capitalismo para seguir existiendo depende en última instancia del consumo de la gente; este proyecto es en cierta medida la incapacidad para pensar un mundo mejor. Nos dicen que cada uno administre la plata a la que tendría derecho, de lo que no nos hablan es de donde vendría ese dinero, que en muchos casos es el sueño de la emisión ilimitada de moneda propia, como si la economía se pudiera estirar a gusto y paladar del consumidor. El origen de la resistencia de una "izquierda europea" a la moneda única universal, y de sus ataques al Euro tienen este origen, es la teoría de que la salvación es por zona. El mundo, hay que reconocerlo no admite más este tipo de dislate aun cuando tengan una base justificable desde el punto de vista humano.

¿Qué nos queda entonces? La necesidad de unir a lo mejor de la humanidad para imponer medidas muy simples pero insoslayables para un cambio en la situación actual; estamos hablando de medir toda la economía a través de una medida única y universal, y el de aplicar un sistema impositivo, apoyándose en el formidable avance tecnológico, sobre la circulación del dinero, dando muerte a los paraísos fiscales, y a las imposiciones sobre el consumo y el trabajo. Ninguna transacción en dinero debería ser válida si no está debidamente registrada ante los organismos que la sociedad determine.

Tendrán así los organismos de la sociedad -la determinación de cuáles deberían ser, es una tarea importante a resolver, para el futuro de la humanidad- para realizar proyectos que hoy al modo de producción no le son rentables, pero que la humanidad necesita para transformar el mundo de la necesidad en algo del pasado, y abrir el camino a la sociedad del pan y de las rosas.

Esto significa también el desmontar el aparato burocrático de los Estados en beneficio directo de la sociedad, llegando a formas de articular la atención a las necesidades con el menor costo burocrático. Estaremos en presencia de una realidad empresarial totalmente distinta a la actual, en donde la competencia capitalista para esta etapa de declive de su predominancia buscará en el desarrollo humano su razón de ser, tal vez el mundo de las cooperativas de las que nos hablaban Marx y Engels.

Es ni más ni menos que pasar la economía -de toda la economía- de las leyes anárquicas de la competencia intercapitalista al dominio consciente de la sociedad, eso es lo que hemos aprendido de los maestros a llamar socialismo.

Jorge Aniceto Molinari



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