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Salud alimentaria. ¿Derecho individual o segmento del mercado?

Carlos Vivas y Homero Bagnulo

12.12.2017

“La industria debe enseñar a todos quienes no han hecho un curso de bioquímica, que es el consumo de azúcar lo que mantiene vivo a todo ser humano brindándole la energía necesaria para enfrentar sus desafíos diarios. Así, nuestro sector duplicará su participación en el mercado al obtener el 40% de las calorías de la dieta”.

Estas palabras pertenecen a Henry Hass, presidente de la Sugar Foundation Research (SRF), asociación de las principales empresas de la industria del azúcar en los EE UU en 1954. Con ello definía la estrategia comercial del sector en momentos que se comenzaba a debatir la influencia de la dieta en la salud cardiovascular.

En estos días nuestro país está discutiendo respecto al etiquetado de los alimentos que  advertirán al consumidor sobre qué productos industrializados contienen altas concentraciones de nutrientes consideradas peligrosas para la   salud. Esta medida está en consonancia con las políticas públicas que se encuentran en diferentes etapas de implementación en varios países. Aunque de acuerdo a una encuesta reciente la iniciativa cuenta con un amplio respaldo de la sociedad, persisten fuertes discrepancias respecto al fundamento científico de la propuesta.

En la "sociedad del conocimiento" es lógico que tanto la industria de los alimentos como el gobierno recurran a las evidencias científicas para respaldar sus posturas, porque esto no se trata de una lucha entre buenos y malos, sino de proteger a la sociedad sin causar perjuicios a empresas a través de medidas sanitarias arbitrarias. Pero no alcanza con invocar a la ciencia para ganarse el apoyo de la población, sino de aplicar un método válido para recoger, seleccionar y analizar la mejor evidencia disponible. Es en este punto, en nuestra capacidad para acceder a la información relevante cuando surgen los problemas. Se confunde al conocimiento científico con la opinión de los expertos, con los pronunciamientos de la academia y, fundamentalmente, con los artículos publicados por revistas especializadas. Lo que dificulta la comprensión de la importancia de este punto es que la población en general desconoce que el criterio predominante de los editores de revistas médicas es darle preferencia a las novedades, pues es lo que más vende. Si los editores solo recibieran estudios "positivos", es decir, estudios en los que la nueva propuesta brinda  mejores resultados que la práctica actual, deberemos aceptar que los investigadores en su mayoría son clarividentes, pues siempre apuestan a ganador. La realidad demuestra que esto no es así. El grupo colaborativo Cochrane, organización no gubernamental sin fines de lucro ha demostrado reiteradamente que en las publicaciones médicas se tiende a excluir los estudios que demuestran que la práctica  actual es superior a las alternativas.

Creemos que para clarificar las dificultades de legislar sobre la calidad de los alimentos será de ayuda resumir las conclusiones de dos trabajos publicados este año. En el primero se describen diferentes estrategias de la industria del azúcar para no perder su segmento en el mercado alimentario (1). Según afirma el artículo, las compañías de bebidas cola utilizan sus recursos para bloquear las intervenciones públicas en la salud. El mecanismo preferido es el patrocinio de instituciones médicas, sanitarias así como de organizaciones sociales cuya misión principal no está centrada en el consumo de alimentos saludables. De esta forma la filantropía corporativa y la construcción de lobbies constituyen los pilares fundamentales para la protección de su segmento de mercado. Los fines inmediatos de esta estrategia son reforzar la marca, asociarla con una imagen positiva, e influir en la construcción de la opinión pública respecto a qué alimentos son recomendables.

El artículo analiza  las estrategias que empleó la industria de las bebidas azucaradas en EEEUU entre los años 2011 y 2015. En dicho período la industria patrocinó a 95 organizaciones sanitarias norteamericanas comprometidas en la lucha contra la epidemia de obesidad infantil y de adultos y además se opuso a 28 de las 29 iniciativas legislativas sanitarias que podían afectar sus intereses. Del conjunto de organizaciones patrocinadas, por su importancia merecen destacarse: la Asociación Americana de Diabetes, la Fundación para la Investigación de la Diabetes en Jóvenes, la Academia Americana de Nutrición y Dietética, la Academia Americana de Pediatría, la Academia Americana de Médicos de Familia, Academia Americana de Cardiología, la Sociedad Americana del Cáncer,  las universidades de Georgia, Washington, Carolina del Sur, Virginia Occidental, y Harvard. De las 29 iniciativas legislativas, se destacan 12 impuestos especiales para las bebidas cola, 4 regulaciones sobre nutrientes, 3 regulaciones de la publicidad. A la única iniciativa que la industria no se opuso fue a la regulación de la venta de bebidas cola y de comida chatarra en locales escolares. No obstante la imagen altruista de acompañar esta propuesta, se debe tener presente que la iniciativa mantenía el permiso para continuar con la venta de las presentaciones "diet" así como  mantener la publicidad de las bebidas dentro de las escuelas. El aporte económico anual durante el período de estudio fue de U$S 10 millones, sensiblemente inferior al del año 2009, cuando se lanzó la iniciativa de aumentar los impuestos a estos productos. En ese año el aporte alcanzó los U$S 40 millones.

Una estrategia novedosa para captar apoyo es definida por los psicólogos sociales como la "retribución inducida". En este esquema, la industria logra el apoyo de organizaciones financiando actividades que son muy valoradas por esas instituciones. Por ejemplo, la ONG Save The Children, firme defensora de los derechos de la infancia y por tanto impulsora de la aplicación de impuestos a las bebidas cola, en el año 2010 recibió de la industria U$S 5 millones para proyectos en la India. Ese mismo año su vocera manifestó que la lucha contra las bebidas cola no estaba alineada con su misión y suspendió su militancia por la medida impositiva. Del mismo modo, dos asociaciones de comunidades minoritarias recibieron un fuerte apoyo por parte de la industria para sus proyectos educativos. En reciprocidad se opusieron a la suba de impuestos a las bebidas cola señalando que la suba de precios iba a afectar la capacidad de venta de los negocios pequeños, cuyos dueños pertenecían a dichas comunidades. En forma paradójica, estas asociaciones no tuvieron en cuenta que los integrantes de sus propias comunidades eran los más afectados por la ingesta de las bebidas mencionadas.

Además de la investigación, el arma más potente para defender la salud de la población es la difusión pública de las estrategias agresivas de la industria. Así, luego de que la prensa denunciara que la Universidad de Colorado había recibido U$S 1 millón para un programa que afirmaba que la dieta no influía en el combate a la obesidad, sino que el único camino para adelgazar era incrementar el ejercicio, la universidad decidió devolver el dinero.

Pero la estrategia de la industria de los alimentos con azúcar no se limitó a encontrar apoyos en organizaciones científicas y sociales, sino que existe evidencia que ocultó resultados de investigaciones científicas que podrían comprometer sus intereses comerciales. Así lo destacan 2 artículos de investigación con acceso a los archivos de la industria, de la Universidad de Illinois y de la Universidad de Harvard. (2) (3) Desde mediados de los años 50 se venían publicando artículos médicos que intentaban explicar el aumento de las enfermedades cardiovasculares, y en particular se quería establecer el impacto de la dieta. Mientras algunos adjudicaban este efecto a las dietas ricas en lípidos, otros comenzaron a publicar evidencias que señalaban a la ingesta de alimentos industrializados ricos en azúcares como el principal responsable del incremento de la patología cardiovascular. En 1965, la SRF patrocinó a  investigadores del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard para que publicaran una revisión de la evidencia científica que había respecto a la influencia de la dieta rica en azúcares sobre la salud cardiovascular. El resultado fue un artículo publicado en el New England Journal of Medicine en 1967. El estudio responsabilizó principalmente a la dieta rica en grasas como causa del incremento de las enfermedades cardiovasculares. De la lectura de la correspondencia entre los autores y la empresa patrocinadora del estudio, surge que en esta iniciativa, llamada "Proyecto 226",  la industria no solo pagó a los autores (U$S 48.000 a valores del 2016) sino que fue quien proveyó a los investigadores los artículos científicos que debían evaluar. En la declaración de conflicto de interés del trabajo fue omitido el vínculo con la industria azucarera.

Un segundo ejemplo de ocultar información relevante para la salud humana fue otra investigación financiada por la ISRF (nuevo nombre de la SRF), el "Proyecto 259", encomendado a un investigador de la Universidad de Birmingham. En agosto de 1970, luego de 27 meses de estudios, el investigador reportó a la industria que los resultados intermedios eran promisorios, en tanto tenía indicios que la ingesta de dietas muy ricas en azúcar elevaban el valor de los triglicéridos, uno de los principales componentes de los lípidos de la sangre. Además había evidencia que en los modelos animales el alto consumo de azúcar producía una sustancia de riesgo carcinogenético. La SFR entendió que estos resultados tenían un valor nulo y suspendió el proyecto. No obstante, 4 años más tarde, en una comunicación interna, se mencionaba el resultado del estudio como un dato de la realidad.

La presión de las nuevas evidencias científicas difundidas a través de los medios masivos de comunicación ha llevado a que la Asociación Americana de Nutrición y Dietética, la Academia Americana de Pediatría, la Academia Americana de Cardiología y la Academia Americana de Médicos de Familia decidieran no renovar sus contratos con la industria de los alimentos azucarados. Mientras se sustancia la propuesta oficial para una alimentación saludable, es imprescindible adoptar una actitud individual. ¿Seguiremos consumiendo la misma dieta que hasta ahora?

1)      Sponsorship of National Health Organizations by Two Major Soda Companies. Am J Prev Med 2017;52(1):20-30

2)      Sugar Industry and Coronary Heart Disease Research. JAMA Intern Med. 2016 November 1; 176(11): 1680-1685

3)      An historical analysis of internal documents. PLoS Biol 15(11): e2003460.



Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas


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