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imagen del contenido Adriana Marrero

Ecuador: la educación que legó Correa

Adriana Marrero

19.12.2017

Rafael Correa gobernó Ecuador durante una década, desde 2007 a 2017. Respaldado por una Constitución que él mismo impulsó al inicio de su primer mandato, fue reelecto por cuatro años en 2009, con el 52% en la primera vuelta, y de nuevo reelecto en 2013 para su tercer período, con más del 57% de los votos, también en primera vuelta.

 

Sus medidas en materia educativa, fueron uno de los pilares de un gobierno que se propuso, ante todo, utilizar el estado para generar y poner en práctica una nutrida agenda de políticas económicas y sociales dirigidas a combatir la pobreza, disminuir la desigualdad, y generar las bases para un desarrollo sostenido, moderno y ecológicamente sustentable. En 2014 había logrado abatir la pobreza del 36,7 al 22,5 (Banco Mundial) y el analfabetismo, de un 10 al 6,5%. El índice Gini, que mide la desigualdad, bajó del 0.55 al 047. En un país tan complejo como Ecuador, con paisajes diversos, pluralidad lingüística y cultural, un alto porcentaje de población rural, y décadas de estancamiento económico, los logros de Correa merecen un reconocimiento particular, sin duda distinto al que podrían recibir otros presidentes latinoamericanos del llamado "Socialismo del Siglo XXI".

Desde el Uruguay, la llamada "Revolución Educativa", expresa apenas pálidamente la profundidad de los cambios implementados en educación. La centralidad y la relevancia del conocimiento para el desarrollo individual y colectivo, y el alcance universal y planetario del mismo, fue el eje alrededor del cual giró toda su política. No otra cosa podía tener en mente un dirigente que, nacido pobre, prematuramente huérfano, pudo llegar al más alto cargo de su país gracias a las becas que le permitieron estudiar su carrera de economista en una universidad privada de su ciudad natal, Guayaquil, su maestría en Lovaina, y más tarde, su doctorado en Illinois. Correa quiso hacer de la ciudadanía y de la población trabajadora ecuatoriana, una ciudadanía y unos trabajadores de estatura mundial. Para ello se apresuró a someter al sistema, de arriba abajo, a un riguroso proceso de evaluación.

La Ley Orgánica de Educación Superior de 2012, que declara a este nivel como de interés público, y consagra la "autonomía responsable" de las Instituciones de Educación Superior, habilitó un prolijo proceso de evaluación universitaria. Se cerraron catorce universidades que no cumplían con los requisitos mínimos de producción académica, formación de sus investigadores y docentes, porcentaje de doctores, y egreso de estudiantes. Las demás, deben trabajar para mantenerse a la altura de los estándares, fomentando la investigación, la producción y la formación de doctores. Se crearon cuatro nuevas universidades, en la órbita del estado; entre ellas, la Universidad Nacional de Educación. Atento a la justicia social, se favoreció el ingreso a las universidades a los sectores más pobres, a cuyas familias se les otorgó un "bono de desarrollo humano". Actualmente, el 18% de los jóvenes provenientes de estas familias, concurren a la universidad.

Los docentes ya no egresan de institutos terciarios. También el ingreso al magisterial fue cerrado hace pocos años. El Ministerio de Educación de Ecuador, a cargo de todo el sistema educativo, realiza llamados para proveer cargos docentes en nivel inicial, primario y medio. Los postulantes, deben ser egresados universitarios postgraduados. Si no tienen formación de maestría o doctorado en educación, los profesionales y académicos que deseen ingresar a la docencia, deben postular como interesados, y tras dar una prueba de suficiencia, tomar y aprobar un postgrado gratuito, impartido por el Ministerio, de 300 horas, sobre materia educativa. Una vez obtenida esta certificación, podrán concursar para dictar clases en el sistema. Sólo por razones muy fundadas, tales como la inaccesibilidad del territorio, o la ausencia total de profesionales, puede aceptarse que un no graduado pueda impartir clases. Y es que, ingresar a estudiar carreras educativas tampoco es fácil: el puntaje exigido a un estudiante de bachillerato para acceder a las facultades de educación, es muy superior que el que se exige para ingresar a otras carreras. Esto, quién lo duda, otorga una dignidad superior a quienes se deciden por este tipo de carreras.

Las exigencias para el desempeño docente también han sufrido cambios. La jornada docente, de seis horas de clases, se prolonga a ocho dos veces a la semana. Uno de los días, estas dos horas se destinan a la consulta con padres; el otro, a la coordinación con sus pares y con la dirección. Ocasionalmente, para cumplir con los días mínimos de clases establecidos, se dictan clases los sábados, en lo que se denominan "días de lectura": los pre-escolares leen pictogramas, los mayores, textos de acuerdo a su edad. Las vacaciones de los docentes y estudiantes también han sido reducidas: al igual que todos los demás funcionarios públicos y empleados privados, tienen 20 días de licencia por año. El salario, también ha sido elevado significativamente: un docente con estas condiciones de trabajo, gana unos 820 dólares por mes.

Una vez ingresados, maestras y profesores, pero también los cargos de jerarquía como directores o inspectores, están sometidos a un proceso de evaluación permanente. Cada dos años se someten a pruebas de conocimiento en su campo. Si no llegan al nivel mínimo, deben tomar cursos, que imparte el Ministerio, on-line, según sus carencias. Si no salvan esos exámenes, no quedan habilitados para el ascenso. Los nuevos títulos se acreditan como parte de la carrera y facilitan el progreso de los docentes en el sistema.

También los estudiantes están sometidos a pruebas periódicas de conocimiento, centralizadas, que son monitoreadas por el Ministerio. En base a esos resultados, se evalúa también al establecimiento al que asisten y a sus profesores. Los establecimientos están ordenados en un ranking de calidad que informa a los padres, docentes y administradores, cuál es la calidad de los aprendizajes que realizan los niños y adolescentes. En 2017, Ecuador participó por primera vez en las pruebas PISA. No se espera que los resultados sean excepcionales; simplemente se participa en esta instancia, como parte del proceso permanente de evaluación y mejora. De todos modos, vale la pena destacar que mientras en Uruguay culminan la educación media el 30% de los estudiantes, en Ecuador lo hacen casi el doble: el 58,3.

Mi pregunta, mientras recorría escuelitas, "unidades educativas", centros de diverso tipo, y por supuesto, universidades, era simple: ¿Y cómo fue que lograron aplicar semejantes reformas? ¿No hubo oposición?

No. Los sindicatos sí protestaron. Pero la gente no los acompañó. Porque la gente había acompañado antes, convencida de la importancia de la educación, y agotada por los conflictos, la cláusula incluida en la Constitución de 2008, que Correa había defendido, de prohibir la huelga en las escuelas públicas. Los malos augurios de los sindicatos no se cumplieron. Ningún docente perdió su cargo como resultado de su evaluación, aunque tuvieron que ponerse a estudiar para permanecer en el cargo. Los salarios, lejos de bajar, aumentaron, y aumentó también la motivación de profesionales de todos los campos para ingresar a la docencia.

Ecuador parece haber entrado, en materia educativa, en un círculo virtuoso. Veremos si se mantiene en los próximos años este espíritu renovador, de evaluación y mejora, y si eso se refleja, tendencialmente, en la mejora de los aprendizajes de los ecuatorianos. En todo caso, es un proceso al que vale la pena atender. Y tal vez, también, aprender.

 

Adriana Marrero

adriana.uypress@gmail.com



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