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La universidad de la educación: ¿será posible una síntesis? (*)

Adriana Marrero

23.04.2018

En los últimos meses hemos asistido en Brecha, a uno de los escasos debates educativos de los últimos tiempos. Me refiero al que protagonizaran, por un lado, Sebastián Sabini (2), y Alma Bolón y Walter Ferrer (3), por otro.

El primero, defiende la creación de una nueva universidad, dedicada a la formación docente, en continuidad con los institutos que ahora dependen del Consejo de Formación en Educación (CFE) de ANEP, haciendo énfasis en la importancia del saber pedagógico y didáctico; los segundos, contrarios al proyecto de la Universidad Nacional de la Educación (UNED), discuten la existencia de producción académica en el área educativa en ANEP, y reivindican el papel de las disciplinas como locus para la generación y la crítica del conocimiento, cosa que sólo se realiza, actualmente, en la UdelaR.

Creo que ambas posturas tienen un núcleo de argumentación que merece ser defendido; creo también, que ninguna apunta a soluciones que resuelven la histórica divergencia entre la producción de conocimiento, que se produce en la UdelaR, y su simple trasmisión, operado por la ANEP. Aquí, pretendo mostrar qué merece ser defendido y qué no de ambas posturas, para concluir con una propuesta diferente y sintetizadora.

La idea de Bolón y Ferrer, de que la producción de conocimiento sólo tiene lugar en el ámbito disciplinar, es indiscutible. En la biología o la filosofía, la química o las letras, la sociología o las matemáticas, la generación de conocimiento se da por una sostenida y sistemática tarea de investigación, signada por los principios de provisionalidad y crítica permanente de los resultados obtenidos. Una universidad es, ante todo, un lugar donde ocurre este tipo de investigación, se la enseña y se comunica a la sociedad. La formación de los jóvenes en contacto con esa lógica de producción de conocimiento, es lo que genera, realmente, capacidad crítica y cuestionadora frente a los postulados del sentido común. Una universidad que olvide este aspecto, nunca merecerá llamarse, propiamente, "universidad".

Por otro lado, la importancia de producir conocimiento en el campo educativoque facilite la enseñanza de las distintas disciplinas, como afirma Sabini, es también indiscutible. Existen ciertas disciplinas, que no están dirigidos a ser trasmitidos a los estudiantes, sino que tienen un carácter "práctico", porque sirven para facilitar la tarea del docente en su práctica educativa. Pienso por ejemplo en la Psicología evolutiva, que explica los cambios por los que pasan los estudiantes en sus distintos estadios de desarrollo (no es igual enseñar a un niño de cinco años, de diez, de doce, o a un adolescente o a un adulto), o la Sociología de la Educación, que ayuda a tomar conciencia de los condicionamientos sociales a los que está sometido el acto de educar y propone vías para su superación, u otras similares. Esto fue el fundamento de la legitimidad de los Institutos de Formación Docente en Uruguay, desde la creación del IPA en 1949 hasta hoy.

Sin embargo, es evidente que la formación docente en Uruguay ha vivido de espaldas a la producción sistemática de conocimiento en estas disciplinas, y en todas las demás. La pretensión de que allí existe una "fortaleza" que radica en el manejo de disciplinas "educativas", carece, por lo tanto, de validez. En los institutos de ANEP, no se practica investigación sistemática ni generación de conocimiento en ningún área: ni en aquellas en las cuales formarán los docentes, como la química, la historia o el arte, pero tampoco en didáctica, psicología, o sociología. Toda la investigación en todos los campos, se produce, en el sistema público, en la UdelaR. ¿Cómo fundamentar, entonces, la necesidad de una universidad de este tipo?

También es evidente, apenas alguien se acerca un poco a la realidad de la UdelaR, que la preocupación por la educación ha oscilado entre ser nula, casi inexistente y en el mejor de los casos, meramente declarativa. Las ciencias de la educación se encuentran entre los centros de investigación más rezagados de la universidad, donde se vuelve difícil incluso, llenar los más altos cargos. Y los escasos Grado 5, son investigadoras serias (en femenino) que son, ante todo, expertas en una disciplina, que han puesto al servicio de la reflexión sobre educación; no educadoras. La centralidad de las disciplinas se vuelve acá, diáfana. En las demás disciplinas de la UdelaR, la enseñanza está ligada con la práctica misma de la disciplina, lo que, más allá de las azarosas dotes comunicativas del docente, no presenta las dificultades típicas de los demás niveles: sólo trabaja con adultos, en general, atraídos por la disciplina que se enseña, y con sus necesidades más elementales, satisfechas.  En todo caso, Marx dixit, el educador debe ser educado.

Entonces, ¿Quéhacer? ¿Vamos a seguir consagrando la eterna división entre la generación de conocimiento y su trasmisión? ¿Qué consecuencias ha tenido este divorcio en nuestra educación y en el desarrollo del país?

Si empezamos por lo último, parece pertinente llamar la atención sobre un fenómeno tan interesante como lamentable: La separación de los dos ámbitos (generación y mera trasmisión de conocimiento), ha generado también dos ámbitos distintos de ejercicio profesional, de difícil reconciliación, debido a los intereses corporativos que han guiado a tanto a la ANEP, como a la UdelaR. Por un lado, ANEP ha cerrado el acceso a sus cargos docentes, a personas ajenas a sí misma. Por reglamento, un estudiante del IPA tiene prioridad para elegir horas, incluso sobre académicos consolidados, lo que permite a jóvenes sin preparación, dictar clases en secundaria, sin dominar la asignatura que dicta. La falta de incentivos para el egreso, lleva a un déficit permanente de docentes, lo que hace caer el nivel de la enseñanza. Por otro lado, la UdelaR, que produce muchos más académicos de los que puede contratar, se ha beneficiado de la formación de un "ejército de reserva" de licenciados, magísteres y doctores, que -al tener vedado su ingreso en otros niveles- venden su valiosa formación a la única institución donde pueden investigar y enseñar, al precio de salarios vergonzosamente bajos.

En númerosde 2018 (4): Por 20 horas semanales de trabajo, una maestra de 1°grado de Primaria, gana $29.398,51; si trabaja enformacióndocente, a nivel terciario, también en 1° grado, gana $33.379,52. ¿Y en la universidad? Un grado 1, con 20 horas semanales, que puede ser Licenciado y Magíster, gana nominales $13.203,02. Vayamos al otro extremo de la escala salarial. ¿Cuánto ganan los docentes al final de su carrera, también por 20 horas? En Primaria, una maestra de 7° grado (el superior), gana $48.269,12; en Formación Docente, $52.116,77; en la UdelaR, un grado 5, con 20 horas, gana $31.145,52. Es difícil conseguir aumentos de salarios cuando, por un lado, existe un ejército de reserva desempleado como el que tiene la universidad, y por otro, se tienen las responsabilidades de la buena administración que derivan del cogobierno.

Los principales perjudicados de este estado de cosas son, claro está, los estudiantes de inicial, primaria, media y terciaria del Uruguay. Mientras transitan por el sistema ANEP, los niños y jóvenes tienen a los docentes mejor pagados del país, y comparativamente, los peor formados. Si entran a la Universidad, tendrán a los mejor formados y peor pagados. Y si egresan, se verán obligados a trabajar por una fracción de lo que ganan sus "colegas" sin formación. Mientras tanto, el país desperdicia, con ese ejército de reserva, los mejores y más formados académicos para la enseñanza a niveles básicos. Esto no daña a los niños y a los jóvenes. Esto daña a todo el país.

¿Qué hacer?

La propuesta más lógica, creo, es lograr una síntesis entre los fundamentos originales de la creación del IPA, y los fundamentos y prácticas de la UdelaR, pero reunidos en una sola institución. Esto supone que las dos instituciones estén dispuestas a ceder parte de su poder y de sus aspiraciones, por el bien del país.

La Universidad de la Educación debería ser una universidad de investigación en todos los campos disciplinares, desde los más pedagógicos y prácticos, como las didácticas, hasta los más especializados y avanzados como la bioquímica o las ciencias de la información, aunque en ellos también forme UdelaR. No es realista pretender que los docentes de los IFD se conviertan de pronto, en "investigadores". Tendrá que haber concursos abiertos para llenar los cargos.

Como en toda nueva universidad deberá comenzarse por llamar, en cada disciplina, a tribunales internacionales para designar a los "Grados 5", algunos de los cuales podrán también compartir sus cargos con otras universidades; ellos definirán los perfiles que merecen ser impulsados y desarrollados. Sobre esos criterios, se llamarían a los grados 4, 3, 2 y 1, en ese orden, con cargos que permitan la investigación, enseñanza y extensión. Si bien deberá haber cooperación con la UdelaR y con otras universidades, esto obligará a pensar la creación de nuevos espacios, tales como laboratorios de investigación y de enseñanza (insuficientes hoy incluso para UdelaR), despachos, espacios deportivos y artísticos, salas de reuniones, etc.

Obviamente, esto también debería aplicarse a las disciplinas "prácticas", tomando en cuenta un principio frecuentemente olvidado: no es posible enseñar algo que, realmente, no se domina de primera mano. Los métodos de enseñanza de cada disciplina, sólo pueden desarrollarse por quienes practican esa disciplina, y acá está el fundamento principal que justifica una universidad donde se haganlas dos cosas simultáneamente: investigar la disciplina, investigar los modos de enseñar esa disciplina a estudiantes con distintas características, y enseñar la materia que se investiga con fines docentes.De hecho, ya casi no se habla, de "didáctica general", sino sólo de "didácticas" especializadas en cada disciplina. ¿Cómo va a decirle unpedagogo cómo enseñar bioquímica a un bioquímico? No; deberá ser el bioquímico el que, junto con especialistas en las disciplinas "prácticas" que investigan en ese mismo instituto, desarrolle los métodos de enseñanza más adecuados y los aplique en su práctica cotidiana. Además, un postgrado en fundamentos educativos, podría complementar la formación de académicos titulados para que se puedan incorporar como docentes, a otros niveles de la enseñanza, elevando así, el nivel de la educación.

¿Será posible llevar a cabo un proyecto así? Lo dejo a consideración del debate público.

 

Adriana Marrero. Profesora de Educación Media, Licenciada en Sociología, Magister en Educación, Doctora en Sociología, es Profesora Titular del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República.

 

adriana.uypress@gmail.com

 

[*] Este artículo fue publicado en el semanario Brecha, el viernes 6 de abril de 2018.

 

(2)"En Uruguay se necesita una tercera universidad pública" en https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2018/1/en-uruguay-se-necesita-una-tercera-universidad-publica/#subscribe-footer y "Aclaraciones imprescindibles" en https://brecha.com.uy/aclaraciones-imprescindibles/  (consultado el 26/3/2018)

 

(3) "Universidades por encargo: diga el conjuro" en https://brecha.com.uy/universidades-encargo-diga-conjuro/;  "Universidad de la educación ¿Y la formación" en https://brecha.com.uy/universidad-la-educacion-la-formacion/ y "Aclaraciones prescindibles. Sobre la Universidad de la Educación" en https://brecha.com.uy/aclaraciones-prescindibles/ (consultado el 26/3/2018)

 

(4)http://www.anep.edu.uy/anep/phocadownload/tablasderemuneraciones/2018/retribuciones%202018.pdf y http://www.universidad.edu.uy/prensa/renderItem/itemId/41630 (consultados el 26/03/2018)

 



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