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Cómo hacer izquierda(s) con palabras: Respuesta a Marcelo Marchese

Roberto Soria

10.05.2018

Cómo hacer izquierda(s) con palabras: Respuesta a Marcelo Marchese

Estas líneas, pretenden dialogar con el excelente artículo de Marcelo Marchese ¿Qué significa "izquierda''?

Marchese, en un momento en que las definiciones políticas parecen ir por el lado de las lealtades y adhesiones emocionales al grito, con su claridad habitual, nos invita a reflexionar teóricamente y hasta a polemizar con lo que dice. 

Insistir con el problema de las palabras

El argumento que pretende vincular el uso de la palabra izquierda con una actitud de disconformidad con el orden establecido y de reivindicación de lo popular, si bien tiene algo de cierto, es insuficiente. Esa definición, atada a una larga tradición de movimientos, prácticas y teorías heterogéneas, tiene un rendimiento apenas como primera aproximación; pues es necesario, hacer una serie de distinciones y caracterizaciones más específicas para dar cuenta de ''las izquierdas'', y acto seguido, discutir críticamente cada una para poder elegir tal o cual como la mejor opción. Para esta tarea, sostener que existe una ''naturaleza'' de la palabra izquierda, o algo así como un significado ontológico del ser de izquierda, implica asumir un compromiso fuerte con cierta concepción realista-platónica de la verdad; que nos puede llevar a un callejón sin salida, en tanto que nadie podría reivindicar el derecho a tener una respuesta concluyente sobre el concepto en la medida en que haya otro dispuesto a disentir.  

Sin embargo, si se entiende el concepto de izquierda como un acuerdo, y así también, a todo el aparato conceptual que tenemos para interpretar y valorar la política, damos un salto cualitativo en el asunto. Y por supuesto, esto no implica abandonar ciertas coordenadas que nos vienen de una tradición de izquierda que se opone a otra tradición que se autopercibe de derecha; las demandas por la igualdad y la participación popular, seguirán presentes, en tanto que hacen parte del núcleo duro de un significado estipulativo de izquierda. Además, entender de esta forma ese significado, conlleva otra particularidad: no tiene un correlato empírico, tampoco sirve para explicar algún fenómeno del mundo tal cuál es, y sí, pretende darle sentido a acciones humanas y valorarlas, es de tipo normativo; por lo que, lograr una definición de izquierda de tipo convencional (es decir, como resultado de una discusión), se traduce en la construcción de un ideal regulativo, en una potente herramienta contrafáctica con la cual definir objetivos a alcanzar y evaluar prácticas de sujetos, de instituciones, partidos y gobiernos.

Apuntes para el contenido de un concepto de izquierda

A diferencia de lo que piensan algunos -y no es el caso de Marchese, debo aclaralo-, definir un concepto normativo de relevancia para la vida de una comunidad, no es solamente asunto de los más exquisitos teóricos políticos o de filósofos refinados. Y, especialmente, la idea de izquierda, para no incurrir en una contradicción performativa, no puede caer en ese vicio; por lo que, es necesario que se discuta colectivamente en un sentido amplio acerca de un posible concepto, y por todos los que se consideren interpelados en ese asunto. Todos tenemos algo interesante que decir sobre lo que atañe a nuestra vida en común.

Pensando en un núcleo mínimo de la noción de izquierda de acuerdo a mis limitadas reflexiones, que por supuesto son provisorias y discutibles, y haciendo abstracción de teorías que pretenden reducir los conceptos políticos a una visión sistemática o total del mundo, sugiero tener en cuenta los siguientes puntos:

1) Un compromiso con una idea de derechos más robusta que el elenco de derechos subjetivos de los liberales clásicos.

A los liberales les debemos la postulación moral de los derechos como cartas de triunfo que valen contra el abuso de privados y del poder estatal. Dentro del elenco de estos, encontramos el derecho a la vida, a la libertad de expresión en sus aspectos más amplios, a la privacidad, al honor y hasta el controvertido derecho a la propiedad privada. Y en su versión más moderna, muchos liberales anglosajones están de acuerdo con incluir en el catálogo ciertos derechos de las minorías, que en algún sentido, podrían inferirse de los anteriores pero que sin embargo, necesitaron un desarrollo específico; me refiero a derechos como la libertad sexual, el matrimonio igualitario, a la identidad, y la no discriminación.

Por otra parte, los así llamados derechos sociales, herederos de las tradiciones republicanas y colectivistas, deben completar el catálogo. Aquí encontramos, desde los derechos vinculados con las luchas de los trabajadores a organizarse y manifestarse, pasando por el acceso a la educación, a la salud y a la vivienda, y hasta la protección del medioambiente.

2) Un compromiso con una noción explícita de igualdad.

Es obvio, que un elenco de derechos tan extenso, conduce a conflictos de diversa índole. Conflictos que subyacen ya en el corazón de los derechos liberales, como es el conocido dilema entre libertad de expresión y honor. En cambio, cuando se incluyen los derechos sociales, los problemas se agravan en tanto que la gestión de los bienes y recursos de los que gozamos en nuestras comunidades son limitados, ¿cómo ponderar el conflicto entre el acceso a la vivienda y la propiedad?, ¿qué privilegiar entre el derecho a la huelga y ocupación, y el derecho al trabajo de quienes no se solidarizan con las reivindicaciones?, ¿cómo definir los recursos que se destinan a la salud?

La manera de enfrentar el sin fin de problemas que pueden acaecer, tiene que ver con hacer explícita una idea de igualdad que opere como un metacriterio con el cual trazar líneas para la toma de decisiones. Según entiendo, la noción normativa de igualdad que ha distinguido a la izquierda, en pocas palabras, consiste en preferir siempre lo colectivo sobre lo individual de acuerdo a una lógica de mínimos; es decir, tender a la distribución de bienes y recursos de un modo tal que se puedan satisfacer razonablemente las necesidad básicas de todos, habiendo previamente filtrado el elenco de necesidades con el elenco de derechos.

3) Un compromiso con una idea de participación democrática e inclusiva.

En el modelo liberal, la participación política se limita al voto y a la posibilidad formal de tomar la palabra en el espacio público. Pero esto, conlleva que por diversos factores, que tienen que ver con los privilegios, los vínculos personales, las oportunidades de obtener cierta formación, y el dinero, la posibilidad de tomar la palabra se vea significativamente limitada a unos pocos. 

En cambio, para la izquierda, la participación y la posibilidad de tomar la palabra debe ser fomentada y facilitada para todos aquellos que se consideren afectados por una decisión. La posibilidad de poder argumentar y dar razones acerca de los asuntos individuales y colectivos así como participar en los proceso de decisión en clave inclusiva, es un deber de relevancia primera al momento de pensar y diseñar las instituciones públicas.

Más que una tesis, una hipótesis

El período progresista latinoamericano, de acuerdo a los estudios del argentino Roberto Gargarella, estuvo marcado por una fuerte expansión de los catálogos de derechos; compromisos realmente interesantes y de avanzada, que, sin embargo, no se vieron acompañados por una evolución en los arreglos institucionales para lograr la adecuada gestión de esos derechos. En la región, países como Venezuela, Ecuador, y Bolivia, modificaron sus constituciones para incluir derechos sociales robustos, pero no modificaron las estructuras del poder significativamente, se las ingeniaron para mantener el presidencialismo, o en casos como el de Venezuela, se exacerbó ese presidencialismo. El resultado de esas experiencias, son hoy visibles y nadie puede dudar de su fracaso si se realiza un contraste con un ideal regulativo de izquierda. 

Mi sospecha, es que en Uruguay, la debilidad del gobierno progresista, que también asumió un notorio compromiso con la expansión de derechos sociales no por el camino de la reforma constitucional y sí por el legislativo y el diseño de políticas públicas, reside en que hasta ahora, no se ha dedicado a pensar el modelo de igualdad con el cual regular los conflictos de derechos, ni a aceitar los canales reales de participación para la toma de decisiones. Para sostener esto, a vuelo de pájaro, vale la pena revisar el ejemplo que le gusta citar a Marchese de extranjerización de la tierra. Por un lado, conviven un modelo de protección de la propiedad privada digno del siglo XIX que facilita la acumulación exacerbada y dicha extranjerización, o una desregulación hiperliberal del mercado de alquileres que fomenta la especulación y precios desmedidos; y por el otro, la constitución nacional prescribe que el acceso a la vivienda es un derecho de todos los habitantes, o existen dispositivos jurídicos que habilitan la gestión cooperativa de la vivienda. 

Entonces, más que rechazar los logros del gobierno del Frente Amplio por un presunto falso izquierdismo, pienso, que primero deberíamos seguir pensando colectivamente qué es la izquierda como sugiere Marchese, para construir un ideal regulativo sólido nuevamente, y después, evaluar el camino andado, rescatando lo positivo y señalando los errores y debilidades; que más que en individualidades, se ubican en estructuras. 

Roberto Soria





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