A un año del alto el fuego, Gaza vive en un limbo

14.10.2026

GAZA CITY (ANSA/por Sami Al Ajrami y Silvana Logozzo) – Más de dos millones de personas hacinadas en el 37% del territorio, falta dinero y la crisis se agiganta.

 

En un mensaje publicado en su sitio oficial, la embajada estadounidense en Egipto recordó que hace exactamente un año "los líderes de todo el mundo se unieron al presidente de Estados Unidos en Sharm el-Sheij para la Cumbre de Paz de Gaza, reafirmando su compromiso con el plan Trump".

"La reconstrucción de la Franja será un proceso arduo y de varios años, y su implementación será compleja".

Palabras en las que hoy se percibe el peso de los 12 meses transcurridos, durante los cuales la población del enclave, pese a los anuncios, sigue viviendo en condiciones materiales dramáticas, de extrema pobreza, entre la ilegalidad generalizada y los ataques de los drones de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

La indignación es un sentimiento compartido. No solo contra Israel, sino también hacia el Consejo de Paz, la falta de ingreso a Gaza del gobierno técnico, la presencia amenazante de la policía de Hamas y su gobierno, aunque enormemente debilitado.

Más de dos millones de personas viven hacinadas en el 37% del territorio.

Durante el alto el fuego, Israel amplió su control sobre la Franja, pasando del 53% al actual 63% aproximadamente.

Todas las tierras agrícolas se utilizan para instalar las tiendas de campaña de los desplazados. Los productos de primera necesidad se volvieron extremadamente caros.

Israel prohíbe el ingreso a la Franja de equipos de "doble uso", es decir, materiales que Hamás podría utilizar para fabricar armas. La pesca sigue prohibida.

A través del paso fronterizo con Egipto solo ingresan a Gaza ayudas humanitarias, pero se desconocen los datos relativos a los suministros procedentes del Sinaí.

Desde la Franja cuentan que, si los empresarios locales quieren importar mercancías autorizadas desde Egipto, deben coordinarse con los oficiales israelíes, que imponen elevados impuestos por cada camión.

A esto se suman los altos tributos exigidos por el gobierno de Hamas.

El miércoles, los comerciantes del sector privado de Gaza anunciaron la suspensión de la coordinación para el ingreso de mercancías después de que Hamás arrestara al hijo de uno de ellos, quien se había negado a pagar los impuestos.

Según los testimonios recogidos por el Cogat, el organismo que coordina las actividades en los territorios, Hamás exige unos 10.000 shekels (aproximadamente 3.000 euros) por cada camión que ingresa al enclave y obliga a los comerciantes a vender el 30% de la mercancía en efectivo para controlar los ingresos.

Los datos presentados por el Cogat muestran que alrededor de 600 camiones ingresan diariamente a la Franja, de los cuales entre el 70% y el 80% transportan alimentos.

La destrucción de los bancos durante la guerra creó una situación en la que el dinero en efectivo es prácticamente imposible de encontrar.

Las personas recurren a los pagos en línea, cuando funciona internet.

Actualmente, en Gaza solo cuatro categorías de personas siguen percibiendo un salario: los empleados de la Autoridad Nacional Palestina; los empleados de la administración de Hamás; los empleados de las organizaciones internacionales, y los trabajadores y empresarios de las actividades económicas locales, reconvertidas para adaptarse al conflicto.

Según UN News, antes de la guerra había unos 292.000 puestos de trabajo disponibles en Gaza. De ellos, 200.000 se perdieron durante los primeros meses del conflicto.

El Ministerio de Asuntos Sociales de Hamás informa que actualmente 258.927 familias están alojadas en 2.090 refugios distribuidos por toda la Franja.

Se trata de núcleos familiares en condiciones de extrema pobreza que necesitan asistencia.

Según el Ministerio de Información, 1,5 millones de desplazados viven en tiendas de campaña deterioradas: de las 270.000 tiendas, el 60% ya se encuentra en malas condiciones.

La lucha por sobrevivir y preservar el espíritu de la sociedad gazatí se convirtió en una cuestión de vida o muerte.

Los estudiantes regresaron a las universidades y escuelas, siguiendo principalmente clases en línea.

A pesar de las dificultades, las personas frecuentan los cafés y restaurantes que todavía permanecen abiertos. Los jóvenes siguen pidiendo la mano de sus novias, organizan fiestas e intentan encontrar un espacio para la alegría.

 

Imagen: ANSA/EPA


 

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2026-10-14T23:02:00

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