CONSUMO / AGUA EMBOTELLADA

Agua embotellada: el costo del plástico y la confianza en el agua de OSE

03.06.2026

MONTEVIDEO (Uypress) – El encarecimiento global del agua embotellada volvió a poner sobre la mesa una paradoja: el consumidor no paga principalmente por el agua, sino por el envase, la logística, la energía, la marca y la confianza. En Uruguay, donde el acceso al agua potable por red es casi universal, la crisis hídrica de 2023 dejó una huella que todavía incide en los hábitos de consumo.

El tema tomó nueva visibilidad a partir de un informe de Deutsche Welle que presentó al agua embotellada como una industria global de unos 300.000 millones de euros, equivalentes a casi 349.000 millones de dólares al tipo de cambio reciente entre euro y dólar. La explicación central es que el precio del agua envasada no depende tanto del recurso en sí, sino de todo lo que lo rodea.

La guerra en Medio Oriente y las tensiones en torno a Irán agravaron esa ecuación. Reuters informó que el aumento del precio del petróleo y las disrupciones en el flujo de petroquímicos elevaron los costos del polietileno y el polipropileno, materiales utilizados en envases, tapas, etiquetas y embalajes. En India, uno de los mercados de agua envasada de mayor crecimiento, la mayor empresa del sector aumentó sus precios 11% luego de que el costo de las botellas plásticas subiera 50% y el de las tapas se duplicara.

Ese impacto muestra una realidad muchas veces invisible. El agua embotellada puede presentarse como un producto simple, pero su precio está atado a cadenas globales de energía, plásticos, transporte, distribución minorista y marketing. Cuando sube el petróleo, no solo sube la nafta: también puede subir el costo de una botella de agua.

El fenómeno tiene dos caras. En países con agua de red segura y confiable, comprar agua embotellada suele ser una decisión de conveniencia, gusto o hábito. En cambio, para millones de personas en África, Asia y América Latina, la botella no es una opción de consumo, sino una respuesta privada ante la ausencia de agua segura. Según Naciones Unidas, en 2024 todavía había 2.200 millones de personas sin acceso a agua potable gestionada de forma segura.

Uruguay se ubica en una situación distinta a la de esos países. OSE informa que el 99% de la población nucleada del país accede a agua potable durante las 24 horas, los 365 días del año. La empresa produce más de 361 millones de metros cúbicos de agua potable anuales y la distribuye a través de 17.400 kilómetros de redes.

Sin embargo, la crisis hídrica de 2023 mostró que cobertura no siempre equivale a confianza. Durante los meses en que aumentaron los niveles de sodio y cloruros en el agua suministrada en Montevideo y el área metropolitana, una parte importante de la población se volcó al agua embotellada, ya fuera por recomendación sanitaria, por prevención o por rechazo al sabor del agua de red.

El dato fue contundente. Según Scanntech, en mayo de 2023 la compra de agua embotellada en Montevideo y Canelones creció 224% respecto al mismo mes de 2022. Las botellas de agua sin gas se multiplicaron por 5,7 y los bidones se triplicaron. Ese salto no fue solo coyuntural: dejó instalado un cambio cultural en parte de los consumidores.

Euromonitor, en su informe sobre agua embotellada en Uruguay, identifica precisamente ese efecto residual de la crisis hídrica y la persistente desconfianza hacia el agua de red como factores que sostienen el mercado. También señala el crecimiento de formatos familiares, la entrega a domicilio y el uso de filtros domésticos como respuestas de los hogares ante la preocupación por calidad, sabor y seguridad.

El contraste económico es amplio. En supermercados de Montevideo, un bidón Salus de 6,25 litros se ubica entre $144 y $147, unos US$3,59 a US$3,67 al tipo de cambio de referencia del Banco Central. Eso equivale a aproximadamente US$0,58 por litro. En marcas o formatos más económicos, como bidones de 7 litros a $125, el costo baja a unos US$0,45 por litro.

El agua de OSE tiene otra escala. Según el decreto tarifario vigente, el cargo variable residencial para consumos de entre 5 y 10 metros cúbicos es de $36,91 por metro cúbico, es decir, menos de US$0,001 por litro. La comparación no incluye cargos fijos ni saneamiento, pero permite dimensionar la diferencia: un litro de agua embotellada en bidón puede costar cientos de veces más que el cargo variable del agua de red.

Esa diferencia explica por qué, en Uruguay, el debate no es solamente de precios. También es de confianza pública. Si el agua de red es segura, accesible y aceptada por la población, el agua embotellada queda como complemento. Si la confianza se debilita, la botella pasa a ocupar un lugar mucho más importante, incluso en hogares que no necesariamente pueden absorber ese costo de manera permanente.

El problema ambiental también es relevante. El aumento del consumo de agua embotellada implica más botellas, bidones, tapas, film, cartón y transporte. Durante la crisis hídrica de 2023, la Intendencia de Montevideo detectó un crecimiento de envases plásticos en la recolección diaria y habilitó puntos especiales para recibir residuos reciclables.

La discusión conecta además con el nuevo Plan Vale, que busca mejorar la recuperación y valorización de envases en Uruguay. Si el mercado de agua embotellada continúa expandiéndose, la gestión de esos envases será un componente cada vez más importante de la política ambiental y de economía circular.

La paradoja uruguaya es clara: el país tiene una empresa pública de agua, cobertura casi universal y una tradición constitucional que reconoce el acceso al agua potable como derecho humano. Aun así, la experiencia reciente mostró que una crisis de calidad percibida puede trasladar rápidamente parte del consumo hacia el mercado privado.

En ese escenario, el precio del agua embotellada no debe leerse solo como un problema de góndola. Es un indicador de dependencia energética, de costo logístico, de confianza institucional y de desigualdad. Para algunos consumidores, comprar una botella es una preferencia. Para otros, puede transformarse en una obligación cuando el agua de red deja de ser percibida como suficiente.

La lección para Uruguay es doble. Por un lado, la fortaleza del sistema público de agua sigue siendo una ventaja estratégica frente a países donde la botella es la única salida. Por otro, esa ventaja requiere inversión, transparencia, control de calidad y comunicación permanente. Porque cuando la confianza en la canilla se rompe, el mercado la reemplaza, pero a un precio mucho más alto.

Actualidad
2026-06-03T11:28:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias