¿DE QUIÉN ES ESTA BOCA? / ENTREVISTA
Constanza Moreira: “Entre los bienes jurídicamente tutelados, la vida y la seguridad de las personas son más importantes que la propiedad privada”
09.05.2014
MONTEVIDEO (Uypress / Daniel Feldman) – Es la desafiante en la interna frenteamplista, y compite contra quien aparece, no solo como seguro candidato del partido de gobierno, sino como el más posible próximo presidente.
Se define como una izquierdista," entre tres y cuatro (más cerca del tres)" en una escala de uno a diez. Desmiente que haya solicitado bajar las penas por rapiñas ("Jamás pedí bajar las penas para las rapiñas. Eso es una canallada, resultado de una mala titulación") y considera que habría que acotar el poder que tiene el Ministerio de Economía.
Es Doctora en Ciencia Política, tiene 54 años, está en pareja y vive en Malvín. Se define como hincha de la celeste.
A continuación la entrevista exclusiva que concedió a Uypress.
¿Cuál es tu expectativa hacia las internas del 1º de junio? ¿Ganar la postulación, poner temas sobre la mesa...?
La primera parte de la expectativa ya la cumplimos. Fue lograr la creación de un espacio alternativo, aunque para ello fue necesario crear un espacio alternativo dentro del FA, en la medida que prácticamente todos los grupos orgánicos apoyaron a Tabaré Vázquez. Es decir, se tuvo que crear nuevos grupos políticos, que ahora debieron solicitar el ingreso al FA para poder conformar las listas y apoyar esta candidatura. Entonces, esa primera expectativa, y que en el Congreso pudiéramos tener un 24% de los votos, la cumplimos. La segunda expectativa refiere a cómo hacíamos una campaña con apenas el aporte voluntario de las personas, es decir, sin el apoyo de los aparatos partidarios, sin apoyos económicos, y que además fuera profesional y eficiente. Creo que eso también lo estamos logrando.
¿Y en términos de expectativas electorales?
La expectativa es sacar muchos votos y dejar consolidado este espacio dentro del FA.
¿Te sentís discriminada desde la estructura?
No me siento discriminada; lo soy. La gente a veces me pregunta: ¿usted siente que hay desigualdad de condiciones? No, no siento; hay desigualdades enormes.
¿En qué se manifiestan esas desigualdades?
Más allá de que hay que reconocer que la propia Mónica Xavier y el aparato central del Frente han ayudado a amortiguar la diferencia que hay entre Tabaré y yo, por ejemplo creando las condiciones para que ambos tengamos la misma cantidad de minutos que ANDEBU proporciona a los candidatos, hay ocasiones en que las Mesas Departamentales, aunque nos invitan a los dos, si Tabaré dice que no va, aunque yo diga que voy, la actividad no se realiza. Sin embargo, si Tabaré es el único que concurre, sí se hace. También lo que pasó en el acto del 26 de marzo, que yo no lo vi, pero por los comentarios que me han llegado parece algo bastante antipático para la militancia frenteamplista.
¿A qué te referís?
A que cuando subiera Tabaré hubiera música y luces. La igualdad de condiciones tampoco se da en un aspecto muy simple: en mis actos prácticamente no hay ningún dirigente; no hay senadores, diputados. Eso fundamentalmente en Montevideo. En el Interior es distinto; los candidatos a intendente van, los presidentes de las Mesas Departamentales y los diputados también. La desigualdad entre uno y otro es muy manifiesta; es económica y política. No es un problema de sentimiento sino de las condiciones estructurales con las que uno y otro acudimos. La discriminación me parece que forma parte del sentimiento del Frente Amplio de que Tabaré es su líder natural. Está naturalizado como líder político y yo aparezco como una especie de intrusa venida desde afuera. Más allá, insisto, de que la Presidencia del FA ha tratado de tomar recaudos en muchos aspectos.

¿Te sentís parte de una renovación generacional?
Empujo la renovación generacional. Ni siquiera soy parte de ella, porque vengo de otro lado. Vengo de la vida académica y entré a la política con 50 años. Pero me doy cuenta que para los que están acá, luchando desde hace tiempo y que tienen 40 o 50 años, les resulta muy difícil competir con la generación más veterana.
Respecto al tema de la renovación generacional, quienes no comparten tus planteos afirman que tú has criticado que Tabaré Vázquez tenga 75 años...
No, no lo he criticado; es una constatación objetiva. Es un candidato de 75 años. No puede ser una crítica decir la edad de la persona. Lo que yo creo es que, en este tercer período de gobierno, para el cual veníamos bien, con buenos indicadores sociales y económicos, el Frente Amplio se la tendría que haber jugado por una fórmula de relevo generacional, con un hombre y una mujer. Eso lo vengo sosteniendo por lo menos desde hace cuatro años. El FA no lo hizo, entonces nosotros hicimos lo que se pudo, que fue generar una candidatura alternativa. Pero lo ideal hubiera sido otra cosa.
Bien, pero volviendo a lo anterior. En las elecciones internas de 2009 fuiste una firme impulsora de Mujica, que entonces tenía 75 años.
Por supuesto; apoyé a Mujica. Siempre me lo preguntan, y siempre digo que el primero en decir que era un viejo y se tenía que jubilar era él mismo. Lo repitió hasta el cansancio. El primer consciente de su vejez fue el propio Mujica. Pero en ese momento, siempre lo digo, al Tabaré presentar a Astori como su "pollo", de alguna manera, los que no queríamos esa alternativa, tuvimos que buscar un candidato que pudiera competir exitosamente con Astori. En ese momento, el candidato era Mujica. De cualquier manera, Mujica era viejo, sí, pero era un candidato trasgresor, un candidato de renovación. Y fue un renovador en muchas otras cosas. Tenía un discurso de renovación, y en parte por su actitud y en parte por lo que fue este gobierno, se votaron leyes tales como la despenalización del aborto, la regulación de la marihuana y otras. Me parece que su carácter trasgresor respecto de una política más conservadora amortiguaba el efecto de su edad.
¿No has sufrido desengaños con el gobierno de Mujica?
Sí, he sufrido desengaños. Creo que los desengaños son parte de la política. Hay cosas en las que me hubiera gustado ir mejor, más rápido o más profundamente.
¿En qué?
Por ejemplo en el tema derechos humanos. Me hubiera gustado que el Ministerio de Defensa tuviera una conducción distinta, que se aprobara la nueva Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, que saliéramos de Haití, que hubiéramos encarado la reforma del régimen de jubilaciones y pensiones militares. Me hubieran gustado muchas cosas, pero lo más importante es que tuve la oportunidad de dar un montón de discusiones... en las que perdí. Lo complicado de la política es cuando una no tiene la oportunidad de abrir esas discusiones. Pero también pasaron cosas inesperadas y buenas. La ley de matrimonio igualitario, la regulación del cannabis. Y lo mismo, la proyección de Uruguay en el exterior. El hecho de que Mujica se transformara en el principal embajador de Uruguay en el exterior creo que era algo inesperado, y pasó durante este período de gobierno.

Señalaste varias cosas en las que perdiste, bastante alineadas con el tema derechos humanos y fuerzas armadas. Pero ¿qué pasa con el tema "mujeres"? ¿No hay un debe de parte del FA en eso?
Así como te decía lo de la renovación generacional, te digo lo de la cuestión de género. El FA es el que aporta la mayor cantidad de mujeres, a la política uruguaya.
Dos senadoras.
Sí. Teníamos cuatro. Susana Dalmás falleció y Mónica Xavier no pudo seguir ocupando su cargo, y fueron suplidas por hombres. Sumado todo, Uruguay es el país con menor proporción de mujeres políticas en toda América Latina. Es un tema grande como una casa y que hay que encarar decididamente. No veo que la clase política masculina uruguaya se esté dando cuenta del debe enorme que se está teniendo con el tema de las mujeres. Siguen siendo minoritarios los hombres que reconocen la importancia de la mujer en la política y sigue siendo poco generosa la actitud de los líderes políticos de hacerle un lugar a la mujer. Ahora tenemos, por primera vez, la ley de cuotas.
Ya se están viendo formas de esquivarla.
Vamos a estudiar cómo se está aplicando. Cuando se aplicó en las internas de 2009, lo que se vio fue que la forma de instrumentarla era una especie de aplicación por defecto: si es una cada tres, que la mujer vaya tercera. Y si no, abrir tantas listas como para evitar poner una mujer en lugares de importancia. Las formas de volver inoperante la ley son muchas, y el sistema político uruguayo ha aguzado su ingenio para ello.
Hay solo dos ministras.
Hay dos ministras, en un total de 13 cargos. En el mejor período de Tabaré Vázquez hubo cuatro (María Simon, Daisy Tourné, María J. Muñoz y Azucena Berruti). En mis énfasis programáticos estoy pidiendo paridad, no solo en el Gabinete, sino en todos los cargos políticos de confianza que se generan.
Astori ¿es un demonio?
¿Cómo va a ser un demonio Astori? Eso no puede ser una pregunta.
Sin embargo, mucha gente, dentro del propio Frente Amplio, lo demoniza, afirmando que hay que cambiar radicalmente la política económica, etc., etc.
No veo que haya mayor demonización de Astori que la que hay de Mujica.
Otro demonio.
¡Ah! ¡Ta, ta! Como soy atea, usaría otra expresión que no fuera demonizar.

Usemos otra pregunta. La política económica...
Astori y la política económica son dos cosas. Hay un equipo.
Es cierto, pero es un equipo que mayormente ha respondido al sector de Astori y a las directivas del propio Vicepresidente. En los dos períodos de gobierno del FA. En el primer gobierno, el propio Astori fue ministro de Economía, y en el segundo, las autoridades son afines a su orientación. Desde varios sectores del FA se ha planteado insistentemente que había que realizar modificados importantes en la política económica. O que había que producir un giro a la izquierda. ¿Dónde te parás frente a eso? ¿Cuál es tu opinión sobre la política económica del FA?
Yo he estado en la Comisión de Presupuesto todos estos años. Me doy cuenta que la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), que debería tener un rol central en la elaboración del Presupuesto y los planes de desarrollo, ha perdido mucho pie frente al Ministerio de Economía, que es el que toma las resoluciones sobre todas las cosas. Me parece que en estos cuatro años el Ministerio de Economía ha tomado decisiones sobre cosas importantes, que quizá debieran haber estado más sometidas al escrutinio de todo el FA.
¿En qué?
Sobre espacio fiscal, asignar a cada cartera, sobre lo que se puede y lo que no se puede gastar. Me parece que el equipo económico tiene que dar las grandes directivas, gestionar los números, pero las decisiones sustantivas sobre dónde gastar y cómo, las tiene que tomar el conjunto del Gobierno. Creo que ha sido un equipo muy activo en cosas que no necesariamente tienen que ver con la política económica, sino que van más allá de ella.
¿Por ejemplo?
En la última Rendición de Cuentas, que era la última instancia donde podíamos decidir cómo y cuánto gastar, sabiendo que las decisiones que tomábamos en 2013 nos iban a condicionar hasta 2016, se realizó un planteo de que pudiéramos incrementar el presupuesto de ANEP, de la Universidad. Era un 4%, no era algo desmedido. Hubo una discusión política, pero triunfó el criterio del Ministerio de Economía. El problema no es el criterio que ellos tienen, sino el poder relativo con relación a 16 senadores y 50 diputados, y a la Mesa Política. Es un problema del poder relativo que se tiene. Ahora tuvimos la discusión sobre la Ley de Inclusión Financiera, conocida como ley de bancarización. Muchos de nosotros pensamos que era adecuado hacer lugar al reclamo del movimiento cooperativo de alterar el orden de prelación. Y hubo intransigencia. No es el equipo económico; es el equipo económico y quienes luego, en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, avalan eso. También hay cuestiones en materia de política exterior. Yo ahí defiendo el rol de la Cancillería. Esta discusión la arrastramos desde 2004. A mí me parece que cuando nosotros tomamos una decisión de si firmar o no un TLC con Estados Unidos, esa decisión de política comercial no es una decisión del equipo económico; es una decisión que tiene que ver con la política exterior. De la misma manera que las decisiones sobre las misiones de paz no las tienen que tomar las Fuerzas Armadas sino la Cancillería. Lo que reivindico es que haya más poder compartido para el Frente Amplio.
¿Hay "chacras" entonces?
Siempre corremos el riesgo de andar en los carriles de la vieja política de los partidos tradicionales, de la feudalización de la política. Es decir, que los sectores o los partidos se especialicen en determinadas áreas de política, y terminen siendo los que generen las políticas para ellas. Me parece que la cosa no va por ahí.
¿No pasa eso en el FA?
Por supuesto que pasa. Eso ya pasaba antes, y nosotros podemos venir a convertirnos en eso. Por eso digo que la idea siempre es que el poder sea repartido. Repartido entre hombres y mujeres, repartido entre generaciones, repartido entre Montevideo e Interior, repartido entre los sectores. Como la lógica del poder es que siempre tienda a concentrarse, la clave de la democracia es desconcentrarlo. Para eso, hay que repartirlo. Entonces, volviendo al tema, el Ministerio de Economía, por la posición estructural en la que está dentro del gobierno, tiende a tener mucho más poder que el que tiene cualquier otro ministerio. Es una especie de "ministerio de gobierno". En algunas áreas muy sensibles de la política del Uruguay, ese poder tiene que estar contrapesado con otros poderes, como, claramente es el ejemplo de la política exterior. Claramente en la política exterior es donde más podemos afirmar esto.

Mencionaste que en las discusiones presupuestales se planteó un aumento para la educación. Tabaré Vázquez sostuvo en recientes intervenciones que, si es electo, hará esfuerzos para llevar el presupuesto de la educación al 6%.
Vamos a reconocerle a Tabaré que, cuando comenzó el gobierno pasado dijo que quería cumplir la meta del 4,5%. El Ministerio de Economía le dijo que no se podía, y Tabaré hizo lo que tiene que hacer un político: "arreglate para que las cuentes den". Cuando uno compromete un programa electoral, eso se tiene que traducir en los hechos. La economía es funcional a la política, y no al revés.
El presupuesto de la enseñanza se incrementó notoriamente en los dos gobiernos del FA, a cifras nunca vistas.
Es así.
Sin embargo, en sectores de la población (mayoritarios para algunos, no tanto para otros) existe la sensación de que algo no anda bien. Sobre todo a nivel de educación secundaria.
No es solo lo que la gente piensa. Tenemos un estancamiento en los últimos veinte años, desde que se hizo el estudio de la CEPAL, en 1992, que determinó que solo uno de cada tres estudiantes terminaba el liceo. Y seguimos más o menos igual. Hay una deserción grande después de tercer año; un gran rezago, donde la gente está terminando el liceo a edades avanzadas, de 20 o 21 años, en un mercado de trabajo que es bastante exigente con la educación. El porcentaje de jóvenes que termina secundaria, aun considerando los extra edad, es el 38%. Sin ir más lejos, en Argentina es el 60%. Diría que esa es una meta, y para alcanzarla, además del compromiso con los recursos hay que instrumentar un montón de cosas. Escuchando lo que dicen los docentes, los expertos y a los estudiantes, para poder explicarnos qué está pasando allí. Entre los 14 y los 19 años es donde tenemos las mayores fugas; y no las tenemos en los más pobres, sino también en las clases medias.
Diagnóstico hay bastante, pero ¿cómo se puede resolver eso?
El diagnóstico está hecho más o menos. Además, una cosa es hacer el diagnóstico y otra cosa es cambiar. Tenemos que eliminar el profesor taxi e ir a un sistema donde el docente pueda vivir dignamente de trabajar en Secundaria con un tiempo integral. El nivel educativo de una sociedad está medido por el nivel educativo de sus docentes. No podemos pedir que los gurises aprendan más que lo que sus docentes les puedan enseñar. En Secundaria tenemos un montón de docentes que no terminaron de estudiar. Sin ir más lejos, en matemáticas. No tenemos la cantidad de docentes que necesitamos, no los tenemos preparados como lo necesitamos. Tenemos diagnósticos pero estos no se transforman tan rápidamente en planes y programas. Se están aplicando algunos programas, como el Compromiso Educativo, pero se hace a pocos miles de estudiantes, y tenemos que llegar a 300.000. Me parece que vamos bien...
Te salió la publicidad de tu rival.
Ja ja ja. Me parece que vamos bien en el sentido que estamos orientados en el sentido correcto, pero eso lleva tiempo. En otras cosas me parece que no vamos muy bien. El sistema de elección de horas sigue no pudiendo cambiarse, y hay que cambiar el sistema de trabajo docente en Secundaria. Seguimos obligando a los estudiantes a tomar grandes decisiones sobre su vida en edades muy prematuras. Es complicado que a los 15 ó 16 años ya tengas que decidir qué es lo que vas a hacer con tu vida. Hay muchas cosas a cambiar, pero debemos tener claro que, en el próximo período de gobierno, el foco hay que ponerlo en la enseñanza secundaria.

Días atrás surgió la polémica en torno a una propuesta respecto a las penas por rapiñas. Fueron y vinieron declaraciones.
Jamás pedí bajar las penas para las rapiñas. Eso es una canallada, resultado de una mala titulación. Lo que yo dije, porque me preguntaron sobre la seguridad, fue que la inflación punitiva de los años 90, que había determinado, entre otras cosas, el aumento de penas para las rapiñas y los hurtos, no había reducido la delincuencia. Sigue aumentando la rapiña y el hurto aunque hayamos aumentado las penas. Entonces, el primer mensaje a la ciudadanía es: con el aumento de las penas no vamos a lograr combatir el delito. Porque el mensaje de la derecha es "mano dura, mano dura", como si con eso consiguiéramos reducir el delito. Lo siguiente no sé si lo dije en estos términos, pero el concepto es que nosotros tenemos que cuidar los bienes jurídicamente tutelados.
Explicá eso.
Entre los bienes jurídicamente tutelados, la vida y la seguridad de las personas son más importantes que la propiedad privada. Con el proceso de inflación punitiva de los 90, llegamos a tutelar a la propiedad más que a la vida. Entonces, lo que dije es que los delitos contra la propiedad privada, a mí me preocupan menos que los delitos contra las personas. La violencia; contra las mujeres y los niños; la violencia colectiva, de la patota sobre el individuo. Entonces, cuando me preguntaron sobre la seguridad, dije: me preocupa más la seguridad que la propiedad privada. Estamos discutiendo el Código Penal en la Cámara de Diputados, porque hemos ido tocando una y otra pena, y todo eso ha resultado en un gran menjunje. Quiere decir que tenemos que darle al conjunto de normas que determinan las penas, un ordenamiento que responda a la concepción de que el bien a tutelar es la vida y la seguridad física de las personas, y no tanto la propiedad privada. Las penas por rapiña, al volverse muy altas, porque el mínimo es cuatro años y no es excarcelable, habían determinado un aumento de la población carcelaria que produjo hacinamiento y otra cantidad de problemas. El pensamiento es mucho más complejo, y jamás propuse "Constanza quiere bajar las penas para las rapiñas". Todo el planeta se ha puesto a discutir sobre una propuesta que no hice.
El tema seguridad es uno de los "top" de la campaña electoral y la discusión política. Hace pocos días el senador Bordaberry propuso restaurar el decreto 690, impuesto por Aparicio Méndez el 30 de diciembre de 1980, que es el que permite la detención en averiguaciones. Se va a plebiscitar la baja de la edad de imputabilidad. A tu criterio ¿pasa por ahí la cosa?
Te voy a decir un par de cosas. Estamos absolutamente en contra de la militarización de la policía.
Es el planteamiento de Larrañaga.
Me hace acordar a la dictadura, cuando la policía fue militarizada. Si lo que quieren es inventar la PM, lo que es la Policía Militar brasilera, eso es otra película, y quisiera que me justificaran su relevancia, pertinencia y adecuación a los tiempos que vivimos. Creo que no lo precisamos. Lo que necesitamos es policía mejor formada, más patrullaje, y sobre todo tenemos que desarrollar sistemas comunitarios de prevención del delito. Lo que se denomina "Policía Comunitaria", que tampoco es una expresión muy feliz. Por decirlo de algún modo, protege más el vecino que el muro más alto de la casa. Estamos en las antípodas de la propuesta de la militarización de la policía.

Baja de la edad de imputabilidad.
Es la medida más engañosa que tenemos sobre la mesa, porque la criminalidad en Uruguay es adulta. Y digo criminalidad para abarcarlo todo: el homicidio, la violencia doméstica, de género, contra los niños, etc. La criminalidad es adulta, así que ¿a quién se le puede ocurrir que la propuesta de Bordaberry va a tener el menor impacto sobre la seguridad del país? Simplemente, habría que sacar los números de qué sucedería si la propuesta fuera efectiva, y ahí nos daríamos cuenta, número contra número, de que la propuesta no es para eso.
¿Para qué es?
La propuesta es, y por eso ahora el "huevo de la serpiente" se va explicitando, el aumento del control policíaco sobre la población, especialmente sobre los más jóvenes y más aún sobre los jóvenes pobres, considerados las clases peligrosas de la sociedad. Eso es lo terrible que está en discusión. Cuando decimos "no a la baja", decimos "no al control policíaco sobre la población". Nosotros queremos un Estado de bienestar y no un Estado penal.
Hablabas sobre los temas del relacionamiento del país como cuestiones políticas. ¿Dónde tendría que estar insertado internacionalmente Uruguay?
Donde está.
El MERCOSUR, ¿sigue siendo válido?
Sí. Hay una prédica anti MERCOSUR terrible. Es cierto que hay cosas en las que no logramos avanzar, como por ejemplo el doble cobro del arancel externo común. Soy consciente de ello. Pero, por otro lado, acabamos de sacar una ley por la cual para sacar la residencia permanente en Brasil no se va a precisar nada más. No vas a tener que comprobar residencia previa ni nada. Por supuesto que también avanza todo lo que es el MERCOSUR científico - técnico, universitario, y lo hace a grandes y acelerados pasos el MERCOSUR social.
¿Y la relación con Argentina?
Creo que es mucho mejor habiendo MERCOSUR que sin él. Me parece que la relación con Argentina hay que cuidarla enormemente por tres cosas: tenemos en Argentina la población más numerosa de uruguayos en la diáspora. Vienen 30.000 a 40.000 uruguayos de Argentina a votar en cada elección, y Argentina tiene una de las mejores políticas migratorias de América Latina. En segundo lugar, tenemos el dragado del Río Uruguay, y eso hay que hacerlo sí o sí. Y en tercer lugar, tenemos nuestra relación comercial con Argentina, que por momentos se ve afectada por medidas "proteccionistas". Cualquier medida de ese tipo afecta la exportación de productos con valor agregado, que muchas veces no se dice. Argentina es el país al que más productos industrializados le vendemos. Hay una frase que leí recientemente en un libro, que dice "vender cuero y comprar calzado, equivale a andar descalzo". En este momento tenemos dificultades comerciales con Argentina, y las vamos a tener también con Brasil, por el peligro de la reprimarización que es producto de nuestras relaciones con China y su poder de compra. Lo que hay que hacer es tener negociadores muy especializados, y eso requiere un trabajo de décadas. También los necesitaremos para el comercio con los países asiáticos, y esas son las perspectivas de largo plazo que Uruguay debe desarrollar.
En 2004 el Frente ganó con el 50% y fracción de los votos; en 2009 con el 48%. Hoy las encuestas le dan una intención de voto de 43 - 44%, que, más los indecisos, puede llevar a cifras similares a las de 2009. Da la sensación de que el país está partido en dos.
Está estancado. Los números muestran estancamiento. De todos los partidos. Estancamiento quiere decir que el mapa que tenemos hoy, en 2014, es muy parecido al que teníamos en 2009. El Partido Nacional arañando el 30%, el Partido Colorado con un techo del 15 al 17% y el FA con 44% de intención de voto. Efectivamente, el país está partido en dos.
Para definirlo de alguna manera, un bloque progresista y un bloque conservador.
Eso está muy bien. Eso muestra la madurez política de un sistema de partidos. Es similar a lo que pasa en Chile. Por decirlo de alguna manera, cuando los países maduran políticamente, se produce esta tendencia hacia la bipolarización entre un bloque conservador y otro más de izquierda. En cambio, la inmadurez democrática de un país se aprecia cuando hay una cantidad que no tienen mucha definición política y fragmentan el sistema. Cuanto más concentrados tengas los bloques, mejor es, porque genera una dinámica que para el electorado es más clara, entre dónde está lo progresista y dónde lo conservador.
Si el Frente ha hecho tan bien las cosas, ¿por qué no logra despegar de ese porcentaje electoral?
¿Quién dijo que el Frente ha hecho tan bien las cosas?
Bueno, desde el Frente se dice. Generalmente quien está en el gobierno dice que ha hecho bien las cosas.
Ja ja ja. No lo dije para decir que el Frente no ha hecho bien las cosas. Me parece que el FA pierde por izquierda y pierde por derecha. Antes capturábamos todo; todo lo que perdían los partidos tradicionales lo capturaba el FA. Ahora no; no estamos capturando todo. Además, el FA creyó erróneamente que lo que tenía que hacer era correrse hacia el centro, que es correrse hacia la derecha, porque el eje es izquierda derecha, para poder capturar ese electorado. Creo que el voto en blanco en Montevideo y Canelones reflejó la desilusión por izquierda. Por eso, en relación a la próxima interna, creo que el FA todavía no ha terminado de entender la necesidad de una candidatura alternativa que se atreva, como nos atrevemos nosotros, a llamarse de izquierda. Los votos no se pierden solo por la derecha; también se pierden por la izquierda. El FA es muy muy grande y tiene una gran diversidad ideológica. Y lo complejo del FA es justamente poder representarlo todo. Creo que a Tabaré el haberse opuesto a la despenalización del aborto le restó capacidad representacional respecto a las mujeres del FA, que son las únicas que lucharon por la despenalización del aborto desde siempre. Si uno, en el intento de capturar a lo que no está pierde la lealtad de sus bases aliadas, está en problemas.
¿Cómo te definís ideológicamente?
De izquierda.
¿Qué quiere decir eso? ¿Izquierda marxista?
No. En un eje de uno a diez, donde uno es izquierda y diez es derecha, estoy entre el tres y el cuatro de la escala; más cerca del tres.
Esa es una definición de politóloga, no de política.
Totalmente. Ser de izquierda quiere decir tres cosas, básicamente. En el plano político, creer en la democracia participativa, popular, directa. Estar a favor de la profundización de la democracia como participación ciudadana plena. También implica creer que tiene que redistribuirse la riqueza; que la mejor sociedad sería la que tiene una robusta clase media, evitando la pobreza y la marginalidad pero también evitando la gran riqueza. Ser de izquierda implica creer en el Estado; poner lo público por sobre lo privado.
Si no sos candidata a presidenta, ¿vas a ser candidata a otra cosa, por ejemplo al Senado?
Ya veremos; vamos a ver lo que nos dan los números el 1º de junio.
¿Sos masona?
¡Noooo! ¡Nunca! ¿Cómo voy a ser masona? Soy atea.

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias