Restaurantes, bares y cafés de moda con precios de referencia

Diario argentino Clarín recomienda dónde comer en Montevideo

22.03.2026

MONTEVIDEO (Uypress)- Diario argentino Clarín, a través de un artículo de María Florencia Pérez cita los iconos gastronómicos de Montevideo: el clásico chivito de Arocena, con casi un siglo de historia en Carrasco, y el siempre concurrido Mercado del Puerto -donde cada año desembarcan miles de turistas brasileños, argentinos y norteamericanos en busca de las preciadas carnes uruguayas-. Pero, aclara, que despliega una escena mucho más ágil, contemporánea y diversa que la ya conocida.

 

En los últimos años, a los polos ya consolidados de Punta Carretas, Parque Rodó y el expansivo Carrasco se sumó el crecimiento de barrios como Palermo y Cordón. Como ocurre en otras ciudades de la región, esta transformación está impulsada por una generación de cocineros jóvenes que se formó en escuelas especializadas, viajó por el mundo para foguearse y regresó al "paisito" con una mirada más actual, donde la técnica, el producto y la identidad local tienen protagonismo.

En paralelo, algunos referentes del sector señalan que la llegada de miles de argentinos en busca de una mejor calidad de vida en la pospandemia también contribuyó a dinamizar la idiosincrasia gastronómica montevideana. Hoy hay nuevos hábitos de consumo que dejaron de ser tan "puertas adentro".

Quien la haya visitado años atrás conoce los encantos de esta capital que respira abierta al río: su rambla infinita, su escala amable para recorrer a pie y esa envidiable cadencia, tan apacible y tan... uruguaya. A todo eso hoy se suma una escena culinaria creativa en pleno desarrollo que entusiasma e invita a redescubrir la capital del país vecino.

Restaurantes contemporáneos para comer bien Montevideo

Residencial, exclusivo y en expansión desde que muchas oficinas de la Ciudad Vieja se trasladaron a estas coordenadas, el barrio costero de Carrasco alberga el opulento hotel Sofitel, todo un emblema de la belle époque uruguaya. Allí es donde las hermanas Jimena y Victoria Barbero -hijas de uno de los socios fundadores del ya clásico La Huella, con 25 años de historia en José Ignacio- asentaron sus dos restaurantes, Manzanar y Río.

Manzanar funciona en un antiguo galpón. Es un espacio amplio, con un interiorismo actual, que se siente vivo y distendido a toda hora del día sin descuidar el producto gastronómico que ofrece. Tiene una lógica de restaurante de barrio, con una carta extensa y diversa que va desde milanesa hasta sushi de atún rojo. Y esa heterogeneidad no va en detrimento del cuidado de las materias primas ni de la precisión técnica.

Hace menos de una década, cuando abrió sus puertas costó que el comensal promedio ampliara sus hábitos carnívoros para darle una oportunidad al pescado: hoy es la proteína más pedida en Manzanar. Algunos imperdibles de la carta: la pizza verde y huevo inspirada en la pascualina de las abuelas (17 dólares) que sale del horno de barro. Amor a primera vista con la berenjena asada que sale con hummus de remolacha, kéfir y pistachos (17, 50 dólares) y con la entraña con salsa criolla (27,50 dólares).

A escasos metros, Río café & restaurant fue pensado como la "casa de playa" del primer restaurante. Entra por los ojos con su paleta de colores verdeazulados y platos frescos y atractivos que remiten a distintas cocinas del mundo. El mezze es una entrada generosa compuesta por hummus de garbanzos, babaganoush y pan inflado (14 dólares). Más postales lejanas: el bao bun de langostinos o pollo frito (11 dólares) y entre los principales, el kebab en pan chato (18 dólares). Un hit de la casa apto para todo paladar: la milanesa de lomo con puré de papas (23 dólares).

Para comer rico y accesible al paso, vale la pena pasar por Sanguche, en Cordón, cerca del centro, ahí nomás de la tradicional feria dominical de Tristán Narvaja. Por 8 dólares se puede elegir entre más de una decena de opciones elaboradas con una suerte de focaccia casera, con menos miga y más ligera que la tradicional, acompañada de chacinados artesanales de calidad. Muy recomendable el de bondiola curada, ricota cremosa, mermelada de tomate y pesto.

Para quienes anden por el casco antiguo, un recomendado de los locales es Jacinto, de la chef argentina Lucía Soria, formada con Francis Mallmann. En la misma zona, Estrecho -con un nombre que describe literalmente su superficie- para dejarse sorprender con la fusión de improntas de una pareja de chefs uruguayo-francesa. Y para brunchear, Sometimes Sunday, emprendimiento de una pareja de colombianos que marcó fuerte la escena del café de especialidad montevideana.

Ya en la zona de Cordón/Parque Rodó, uno de los más mencionados para almorzar es Café Paraíso, referencia habitual del foodie montevideano. Lo mismo ocurre con el fine dining Savarín, en Pocitos. Y en Punta Carretas suena fuerte el nombre de Pomelo, sobre todo por sus helados caseros. ¿Una apertura reciente? La parrilla Abasto en Palermo: tradición, barrio y una vuelta de tuerca más actual. Si el plan es salir de bares, la opinión es unánime: el lugar es Baker's, una esquina instalada como un bar de viejos con coctelería contemporánea de autor y platos.

Cafés y pastelería

Al igual que de este lado del charco, en Montevideo explotó la moda de los cafés de especialidad. Hablamos de una ciudad con una extensa tradición de cafés emblemáticos -algunos de ellos renovados- como el Brasilero, al que le rindieron culto desde Mario Benedetti hasta Eduardo Galeano.

Esa bohemia se reedita hoy en librerías con cafés como la flamante Feltrinelli que acaba de inaugurar la homónima editorial italiana en un magnífico edificio de estilo Art Noveau en Ciudad Vieja. Dos pisos, más de 60 mil títulos y una confitería donde tomar buen café y comer desde un brownie de dulce de leche ( 7,50 dólares) hasta torta vasca de chocolate (6 dólares) y la clásica pasta frola (4 dólares). Detrás de esa cocina está el mismo equipo de Escaramuza, otro hito del rubro: una librería y espacio cultural con café ubicada en el barrio Cordón.

En Pocitos no hay que dejar de visitar la cafetería Santé para degustar sus "postres y afines", un espacio de la rosarina Irene Delponte, hace años afincada en Montevideo. Aquí se recrean golosinas de la infancia con sensibilidad y técnica. Los que fueron niños en los años ochenta se conmoverán especialmente con el kremokoa que en vez de estar relleno de la nube golosa original lleva malvavisco de yogur y frutillas 200 (5 dólares). El snicker gluten free es otro de los hits de la casa (5 dólares). Imperdible la pecan pie 320 (8 dólares) y una "distinta", la cookie de miso con tahini, chocolate amargo y flor de sal (4,70 dolares). Un rincón tan nostálgico como creativo, buen representante del presente de Montevideo.

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2026-03-22T11:18:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias