AL BORDE
Hotel Argentino de Piriápolis: ¿La piqueta fatal del progreso?
PIRIÁPOLIS Uypress (Alberto Grille)- El sábado pasado Piriápolis era una fiesta. A las tres de la madrugada la renovada rambla del balneario estaba radiante: familias enteras que caminaban, comercios atestados de curiosos, música a todo volumen, restaurantes repletos de comensales y una larga fila de vehículos que recorrían de un lado a otro la pequeña ciudad.

En la tarde, una prueba atlética ponía a correr a centenares de muchachas, una coqueta feria artesanal abría sus puertas y varios conciertos de bandas de rock atraían a miles de jóvenes.
Los medios informaban que Piriápolis es el único balneario en que este año la cantidad de turistas ha crecido, y que en este fin de semana la ocupación hotelera alcanzaba al cien por ciento.
Yo había llegado en la tarde del viernes y había quedado deslumbrado por la remodelación de la Rambla de los Argentinos, que a ojos vista tiene un fuerte impacto, y lo va a seguir teniendo, en una parte vital del balneario y, sobre todo, en la línea de comercios y restaurantes que da sobre su principal paseo.
Mejoró la rambla y comenzó a cambiar todo. El tránsito, el estacionamiento y, especialmente, las caminatas y los encuentros de miles de turistas, muchos de ellos jóvenes que este mes de enero desbordaron la ciudad, sus playas, sus hoteles y las calles, que fueron como un corso permanente.
Es sabido que Piriápolis es un balneario de clase media, de encuentro, de familias, de generaciones que siempre lo hicieron su punto de referencia veraniego, e incluso fuera de temporada, de uruguayos y argentinos. Es también un punto de cruce histórico entre el viejo y el nuevo Uruguay.
Los sueños grandiosos de Piria, ese inmenso murallón y la rambla que lo acaricia, su enorme energía y su visión para construir hace casi un siglo uno de los mayores hoteles de toda América se transmiten a la ciudad actual con una constante pero lenta expansión horizontal.
Los pocos edificios de altura parecen adefesios que sólo afectan el carácter propio y único de Piriápolis. La nueva rambla, una obra impulsada por la Intendencia, por la alcaldía y por muchos empresarios y vecinos, como todo en este país tuvo su lado polémico. Algunos juntaron firmas y hasta trataron de hablar con Mujica para frenar las obras. Temían que reducir el número de vehículos estacionados redujera el comercio. En el primer año de renovación de la rambla, los temores se desmoronaron. El fin de semana la rambla estaba a pleno y, por lo que me dicen, ha estado así desde el principio de la temporada de verano.
Lo que me parece que deberían hacer muchos comerciantes que tienen sus empresas en la rambla que une Playa Hermosa con el camino que sube al cerro San Antonio sería mejorar sus frentes y sus carteles, que en muchos casos afean la hermosa avenida.
Entre muchas buenas noticias para el balneario, una me dejó bastante triste, aunque la conocía por un artículo publicado en Caras y Caretas el año pasado: la situación del Argentino Hotel -un símbolo del balneario, parte esencial de su identidad pero también de su oferta turística y de las fuentes laborales de todo el año- está complicadísima.
Nadie puede concebir a Piriápolis sin sus cerros, y en especial sin el cerro San Antonio. Tampoco sin sus vistas sobre la costa. Y nadie puede imaginar la ciudad sin su emblemático, enorme y hermoso Argentino Hotel.
Lo triste es que, me temo, estamos al borde de un cierre prolongado del hotel, y de un terrible golpe para el balneario y para toda la costa del departamento.
No acostumbro tomar vacaciones en verano y solamente algunas veces en mi larga vida he pasado algunas noches en Piriápolis.
La mayoría de las veces, cuatro o cinco veces, lo he hecho en el Hotel Argentino, y la verdad es que me encanta.
Yo recomendaría que el que no lo conoce vaya a visitarlo ahora, ya mismo, imperiosamente, porque tal vez nunca más tenga la posibilidad de admirar sus bellísimos vitrales, sus pisos de baldosas como las que había en la casa de mi primera infancia en el barrio de la Aguada, sus imponentes columnas, sus escalinatas señoriales, sus muebles de maderas preciosas, sus elegantes candelabros.
Digo lo que digo porque tal vez este fin de semana haya sido la última oportunidad que tuve de verlos. El gobierno ha decidido prorrogar sólo hasta setiembre de este año la concesión a la empresa Méndez Requena y luego convocar a un llamado internacional de interesados.
Tal vez este propósito signifique el cierre del hotel por algún tiempo y el despido de doscientos trabajadores, algunos con veinte o treinta años de trabajo en esa empresa. Puede ser una horrible noticia para Piriápolis, o quizás no.
Tengo entendido que la empresa ha manifestado su interés en continuar con la concesión por un período en que se justifique hacer una fuerte inversión para actualizar, remodelar y conservar las instalaciones y la infraestructura del hotel, e incluso se ha interesado en adquirirlo definitivamente si el Estado resolviera ponerlo a la venta. Legalmente creo que se podría hacer una cosa o la otra.
Conociendo la ecuanimidad y el sentido común de la ministra Liliam Kechichián, me imagino que la voluntad de ella y del gobierno es someter la adjudicación de esta concesión a un proceso de competencia que termine, de una manera u otra, con este privilegio que se ha prolongado por más de cuarenta años. También pienso que el Ministerio de Turismo no debe de estar conforme con la manera en que se ha administrado y con las inversiones que se han realizado para mantener una gestión de calidad.
Sin embargo los huéspedes del hotel parecen estar muy conformes con lo que encuentran en esta bellísima construcción que hace cien años hiciera Piria, y que está bastante bien conservada en un hotel que funciona muy bien y que es muy agradable. La verdad sea dicha, yo en este hotel me siento como en mi propia casa.
Conste que no me une con esta empresa ninguna relación especial. No es un avisador de la revista ni conocía, hasta hace unos días, a la señora René Pereyra de Méndez Requena, quien, con su hijo, es titular de la concesión.
Sin embargo, no me parece que asistamos al deterioro de un bien histórico que constituye un preciado patrimonio estatal. He visto en Europa importantes hoteles en construcciones antiguas, igual o peor conservados que este. Es más: estoy aburrido de ver construcciones patrimoniales de valor histórico en Uruguay que se caen a pedazos sin que haya una gran preocupación por parte del Estado.
Este mismo hotel ha sido vendido o entregado como si fuera un reverendo clavo dos o tres veces a instituciones o empresas que han terminado devolviéndolo sin haber puesto siquiera un poquito de su atención ni, por supuesto, un solo peso en el histórico establecimiento.
El último, que fue la empresa Leadgate, protagonista principal del insuceso de Pluna, fue la que apagó la luz.
Podríamos hacernos una pregunta: ¿cómo ha respondido el hotel a los requerimientos y los cambios de Piriápolis?
También allí la mejor respuesta la da la gente, una fiel clientela que el Hotel Argentino ha construido a nivel nacional y regional para todo el año, con un equilibrio de calidad de servicios, de calidez en la atención y, en buena medida, de excelencia en el servicio gastronómico. Creo que allí está la clave de los resultados y el funcionamiento de un enorme edificio con grandes superficies comunes y con rigideces arquitectónicas derivadas de su condición de patrimonio histórico.
Es verdad que a algunos le gusta el glamoroso ambiente de los Hilton y levantarían las dos manos para que en Piriápolis se instalara un fantástico hotel casino que llenara de millonarios este balneario de cerros y playas. Pero Piriápolis les da un mentís a aquellos que creen que todos los uruguayos y todos los argentinos estamos ebrios por la tilinguería y el lujo de Punta del Este, con sus mansiones, sus departamentos fantásticos, sus moles de cemento, los tatuajes de Tinelli, los kilos y los dólares de Susana, y los hoteles de cinco diamantes a la manera de Las Vegas.
Piriápolis es otra cosa, es un enclave para el verano de las capas medias y de las familias, es un lugar en donde se disfruta de un turismo sobrio, tranquilo, sin sobresaltos, de descanso. Alguien me dijo que oyó que unos turistas que habían estado cuarenta días en Europa habían ido, a su regreso, a Piriápolis a descansar.
Estuve averiguando y sé que los actuales concesionarios presentaron un proyecto para llevar el hotel -en funcionamiento- a un nuevo nivel de desarrollo y aumentar y mejorar la oferta. También me dicen que esa posibilidad fue totalmente desechada por las autoridades.
Los procesos de recuperación y reciclaje de grandes hoteles en Uruguay han tenido experiencias dramáticas y muy duras. El Hotel Carrasco es el abismo de esos procesos, muchos años cerrado y en decadencia absoluta.
Hoy, el Hotel Carrasco está en manos de una cadena internacional y parece tener importantes dificultades. Yo, que lo he visitado por dentro, debo reconocer lo majestuoso de su reciclaje, pero también debo confesar que no me animo a llevar a cenar a mis nietos porque tengo miedo de los precios. La Intendencia de Montevideo ha logrado sacarse de encima ese dinosaurio, pero no ha logrado que este hotel sea exitoso ni que los uruguayos lo sintamos como nuestro. Se terminó entregando el Parque Hotel al Mercosur para su sede administrativa. Hay otros casos, aunque con otra situación legal, como por ejemplo el San Rafael de Punta del Este, que literalmente se está desmoronando.
¿Nos imaginamos lo que sería para Piriápolis y para el departamento de Maldonado que el Argentino Hotel estuviera cerrado por un largo tiempo? ¿Lo que sería para la oferta turística y para los trabajadores de esa ciudad?
No me gusta que parezca que quiero sostener una concesión excesivamente prolongada que tal vez no ha hecho -o tal vez sí- las inversiones a las que se comprometió. Nada que ver. Defiendo los espacios que está muy bien que queden para la diversión y el esparcimiento de los uruguayos, incluyendo a los dieciséis mil jubilados que se alojaron por los planes de turismo social el año pasado en el Argentino Hotel y a los que no abren sus puertas los hoteles lujosos de las grandes cadenas internacionales, que no son hoteles, sino casinos con hoteles.
Y otra cosa que pude averiguar durante mi estadía es el extraordinario papel cultural y social que ha jugado en Piriápolis el Argentino Hotel, con festivales de cine, de moda, de música, con una intensa actividad artística en sus instalaciones, con más de cien espectáculos en el año, dos de los cuales he tenido el gusto de presenciar.
Desarmar algo que funcionó, que es aceptado y utilizado anualmente por decenas de miles de turistas y por el turismo social, que es el corazón de la oferta hotelera de Piriápolis, por un llamado de destino incierto y plan de negocios dudoso es, al menos, preocupante. Estoy seguro de que habrá argumentos y políticas públicas que sostengan esta decisión del gobierno, pero quiera Dios que no se equivoquen.
Si se sigue con el rumbo que se anuncia, voy a encontrarme con una ecuación de suma cero. Lo peor que puede pasar es que el hotel cierre, que se inicie un proceso competitivo para adjudicar su concesión, que no se presente nadie o no se pueda adjudicar por varios años por innumerables motivos o por las impugnaciones que suelen aparecer en estos casos. Lo mejor que puede pasar es que un operador internacional del juego obtenga la concesión y, en un par de años, tengamos un casino con un hotel inundado de lucecitas de colores para disfrute de unos miles de jugadores VIP que deambulan timbeando en charters fletados especialmente por los diversos casinos del continente, mientras sus distinguidas señoras hacenshopping o van a ver un espectáculo de José Luis Perales especialmente traído para disfrutar del Uruguay for export.
De cualquiera de las dos maneras nos quedamos sin el Argentino Hotel yo, los uruguayos y los jubilados del BPS, aunque quizás el director de la DGI y el Ministerio de Economía festejen contando los pesos con los cuales financiarán luego los planes sociales.
Me vine con la sensación de que Piriápolis está al borde de pegar un gran salto con las nuevas obras públicas (rambla, ampliación del puerto), o de precipitarse a una grave crisis de su oferta turística-hotelera y su situación social por el cierre del Argentino Hotel. Ojalá me equivoque, pero creo que con una Punta del Este nos alcanza y nos sobra.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias