TECNOLOGÍA / IMPACTO AMBIENTAL

La IA ya consume como 34 Uruguay y la ONU advierte por agua y energía

04.06.2026

MONTEVIDEO (Uypress) – La inteligencia artificial suele presentarse como una tecnología invisible, alojada en “la nube”, pero un nuevo informe de Naciones Unidas advierte que detrás de cada chatbot, imagen generada o video producido por IA hay una infraestructura física cada vez más exigente en electricidad, agua, tierra, minerales y redes.

El estudio de la Universidad de Naciones Unidas coloca el debate en una escala difícil de ignorar. En 2025, los centros de datos consumieron 448 teravatios hora de electricidad en todo el mundo. Si fueran un país, estarían entre los mayores consumidores eléctricos del planeta.

Para Uruguay, la comparación es todavía más gráfica. En 2025, el Sistema Interconectado Nacional generó 13.040 gigavatios hora de electricidad. Eso significa que el consumo global anual de los centros de datos equivale a unas 34 veces toda la electricidad generada por Uruguay en un año.

La proyección hacia 2030 es más exigente. Naciones Unidas estima que la demanda eléctrica de los centros de datos podría llegar a 945 teravatios hora anuales, casi 72 veces la generación eléctrica uruguaya de 2025. La IA explicaría una parte creciente de esa demanda: alrededor de 20% hoy y hasta 40% hacia el final de la década.

El problema no se limita a la electricidad. El informe advierte que los centros de datos consumieron 4,5 billones de litros de agua en 2025, tanto por refrigeración directa como por el agua utilizada en los procesos de generación eléctrica. Para Uruguay, esa cifra equivale a más de 12 veces la producción anual de agua potable de OSE, que supera los 361 millones de metros cúbicos.

Hacia 2030, el consumo hídrico asociado podría llegar a 9,3 billones de litros, una cifra equivalente a unas 25 veces la producción anual de agua potable de OSE. La comparación no significa que los centros de datos estén consumiendo agua uruguaya, pero permite dimensionar la escala del desafío global.

La advertencia llega en un momento en que gobiernos y empresas compiten por instalar infraestructura de inteligencia artificial. Grandes centros de datos demandan energía firme, conectividad, suelo, permisos ambientales, sistemas de enfriamiento, acceso a agua y capacidad de red. Ya no se trata solo de software, sino de infraestructura industrial.

Uruguay aparece ante este debate con una ventaja clara: una matriz eléctrica fuertemente renovable. En 2025, el 98% de la generación eléctrica del país fue de origen renovable, liderada por la hidroelectricidad, la energía eólica, la biomasa y la solar. Esa condición podría ser atractiva para proyectos digitales que buscan reducir emisiones.

Pero la ventaja renovable no elimina todas las preguntas. Un gran centro de datos no solo consume energía; también puede competir por potencia disponible, exigir nuevas inversiones en redes, demandar agua para refrigeración y ocupar suelo. En un país que vivió una crisis hídrica reciente, ese punto no es menor.

La discusión también debe incorporar la escala. Un centro de datos regional de 100 megavatios funcionando de manera continua consumiría cerca de 876 gigavatios hora al año, alrededor del 6,7% de toda la generación eléctrica uruguaya de 2025. Uno de 500 megavatios, como los que se proyectan en algunos países de la región, demandaría unos 4.380 gigavatios hora anuales, más de un tercio de la generación uruguaya.

Ese tipo de cálculo muestra por qué la infraestructura de IA debe incorporarse a la planificación energética. No alcanza con atraer inversión. También hay que definir dónde se instala, qué energía usa, cómo se refrigera, qué impacto tiene sobre redes locales, qué agua consume, qué empleo genera y qué obligaciones ambientales asume.

El informe de Naciones Unidas cuestiona además la idea de que el mayor costo ambiental de la IA está solo en el entrenamiento de modelos. Esa etapa puede demandar enormes cantidades de energía, pero el uso cotidiano, conocido como inferencia, ya representa la mayor parte del consumo. Millones de consultas diarias, respuestas largas, generación de imágenes y especialmente de video multiplican la carga sobre los sistemas.

La generación de video aparece como una preocupación emergente. A diferencia de una respuesta de texto, producir secuencias audiovisuales exige mucha más capacidad de cómputo, almacenamiento y procesamiento. Si ese uso se vuelve masivo, la presión sobre centros de datos puede crecer más rápido que las mejoras de eficiencia.

La ONU no plantea frenar la inteligencia artificial. Reconoce que puede mejorar servicios públicos, investigación, salud, educación, gestión energética y productividad. Pero advierte que sus beneficios deben medirse junto con sus costos materiales, especialmente cuando se instalan infraestructuras en territorios con presión sobre agua, energía o comunidades locales.

Ese punto es clave para Uruguay. El país puede aspirar a ser parte de la economía digital regional, aprovechar su estabilidad institucional, conectividad, energía limpia y capacidades tecnológicas. Pero si en el futuro busca atraer centros de datos de gran escala, necesitará reglas claras sobre transparencia ambiental, consumo de agua, eficiencia energética, uso de renovables, relación con comunidades y beneficios locales.

La inteligencia artificial no vive en una nube abstracta. Vive en galpones llenos de servidores, cables, transformadores, sistemas de enfriamiento, chips y redes eléctricas. También vive en territorios concretos, donde hay agua, suelo, vecinos, tarifas, permisos y prioridades públicas.

La advertencia de Naciones Unidas llega a tiempo. La revolución digital no puede evaluarse solo por velocidad, productividad o innovación. También debe medirse por su huella ambiental. Para Uruguay, el desafío será aprovechar su matriz renovable y su reputación tecnológica sin repetir el error de otros países: dejar que la infraestructura crezca más rápido que la planificación.

Actualidad
2026-06-04T13:10:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias