Cuento

La brecha digital y burocrática en Uruguay. Un país del primer mundo y del tercero en el mismo territorio


MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti)- Me disculpo humildemente, al final estoy escribiendo mucho. Es por pura impaciencia y edad. Tengo setenta y ocho años y temo que la memoria cercana me falle y que pierda el carácter, la capacidad de observación y el impulso de escribir que todavía me quedan.

Tengo el defecto de periodista: tengo la tendencia a seguir un orden cronológico, aunque en mis últimos libros creo habérmelo sacado de encima. En el 2021 edité un libro de cuentos, Insomnios*. Uno de los relatos, de ciencia ficción, se llamaba precisamente "Un día en la vida de Ramón Fernández". Los que me conocen saben que soy bastante imaginativo (15 novelas, 3 libros de cuentos y tres ensayos), pero lo comparé con lo que sucedió hoy y me di cuenta de que todavía no vimos ni imaginamos nada en materia tecnológica. Nuevamente, perdón: tengo que ser autorreferencial porque las cosas me sucedieron a mí y son exclusivamente el fruto de mi memoria. Las referencias a cada tema al final, obviamente, no lo son. Lo declaro.

El viernes 14 de agosto para mí no es un día cualquiera. Al levantarme con Selva miramos un video muy bueno sobre el Día de los Mártires Estudiantiles. De eso pasan los años y nunca nos olvidaremos, aunque sucedió en 1968. Ya transcurrieron cincuenta y ocho años. Podría decirles hasta el calibre del revólver que lo mató y el nombre del oficial. El arma no era de reglamento. Pero nunca la olvidé y no necesito consultar con nadie... ni con nada. Si me encuentran por la calle, pregúntenme. Gracias.

Ese no es el motivo de esta nota.

Me quedé esperando en la mañana en casa al servicio técnico de una empresa de alarmas. (Trataré de no usar nombres; no son para un cuento.)

Aprovechando el tiempo, fijé varias citas para la semana que viene y la próxima. Mis amigos y camaradas lo saben. Y de paso me terminé un libro que tenía 50.000 palabras, por lo tanto le agregué 26.000 más; ya se van a enterar. Creo que va a hacer mucho ruido.

Pude hacerlo gracias a la tecnología, a dos inteligencias artificiales. Yo, como le tengo un gran respeto al ser humano, confío plenamente en que siempre dominaremos el mundo. Eso sí, lo haremos con dificultades y si somos más inteligentes, imaginativos y rápidos que ellas.

Llegó el técnico, un señor encantador e inteligente, que me reparó en unos instantes todos los sensores y controles remotos de mis aparatitos de seguridad, simplemente cambiándome las baterías. Después de más de cuarenta días de pelearme con el servicio técnico de la empresa, comprobé que un solo funcionario inteligente y atento vale más que toda una estructura.

El técnico, con el que me puse a conversar porque me interesa la gente interesante -independiente de su oficio, los hay en todos lados, así como los burros pueden llegar a las más altas esferas-, lo más fascinante que me contó fue que habían escrito un libro sobre su abuelo: El sastre de Mussolini es una novela escrita por el autor uruguayo Carlos H. Aquino, publicada originalmente en 2020 bajo el sello editorial Caligrama (del Grupo Penguin Random House). Siempre me los encuentro. Todos estos datos, obviamente, los conseguí con Gemini. (1)

Teníamos que ir al médico con Selva, los dos a la misma hora, del otro lado total de la brecha tecnológica y de la atención a la salud. Nos acordamos porque nos habían enviado un mensaje por WhatsApp. Llegamos a la hora en punto a un estacionamiento; todas las grandes mutualistas tienen uno. Los hospitales públicos, ni en broma, además de que la mayoría de la gente llega en ómnibus.

Nos dieron un ticket para pagar el estacionamiento. Antes tenías que sellarlo para que te hicieran un importante descuento; ahora, con la tecnología, leen el código del ticket y cuando te vas ya está todo registrado: pagas en la caja y además ya no colocas el ticket en un lector de la barrera, porque te leen la chapa del auto. Son todos pequeños cambios, pero suman.

La doctora fue una médica maravillosa, tanto en la atención clínica como en el manejo del sistema informático que le da apoyo y soporte a toda su labor. Nos recibió con una puntualidad impecable. Nos atendió a los dos juntos con Selva y nos recetó dieciséis remedios que registró en el sistema para que nos los envíen desde la mutualista a nuestra casa. El muchacho -que seguramente será venezolano o cubano- ¿no cobra con una tarjeta de crédito con un post? ¿Cuánto hace que ese sistema que absorbe emigrantes, motos, comodidad nuestra y tecnología funciona así, inconmovible?

Si la doctora no hubiera hecho un curso para usar las herramientas que le brinda la mutualista y se hubiera transformado en un as de la computación médica, habría necesitado cuatro veces más tiempo que el que empleó con nosotros. Multipliquen al final del día y del año y verán la pérdida tremenda de tiempo y de calidad de asistencia. ¿Qué pobre tiene acceso a ese servicio?

Nos fuimos y, como no habíamos almorzado, fuimos a la cafetería del sanatorio. Creo que eso sí lo tienen los hospitales públicos, por lo menos el Hospital de Clínicas, y muy buena. Los otros, no lo sé.

En la confitería había una pareja con tres niños, uno más lindo que otro, y nosotros sabemos de niños: tenemos catorce nietos y yo, tres bisnietos. La niña más chica era una hermosura. Cuando llegué a casa recordé que uno de los temas más polémicos es la manipulación genética, hija directa de la inteligencia artificial. Se trata del horizonte de la edición genética, impulsado por tecnologías que plantean uno de los debates éticos, científicos y filosóficos más profundos de nuestra era. (2)

Llegamos al estacionamiento, todo perfecto y sincronizado, menos por una conductora que se había olvidado de pagar el ticket y, con tremenda camioneta, se puso a hacer maniobras y a impedir el paso de los otros autos que salían. Hablé con los dos funcionarios del estacionamiento y, como era de suponer, eran un peruano y un venezolano. Me dijeron que algún uruguayo todavía quedaba. Les dije que siguieran viniendo; era muy bueno para el país.

Nos volvimos a casa y en el auto Selva me contó una peripecia judicial. Le dije que una de las profesiones más amenazadas eran los abogados, ya acosados por las IA. De eso precisamente trata mi libro: Gemini vs. Harley IA. Selva no soporta mi sentimiento dual con las IA, de confianza y terrible desconfianza, pero sobre todo mi convicción de que hay que adaptarse, como lo hicimos con la imprenta de los tipos móviles de Gutenberg, los telares mecánicos y muchos otros avances de la humanidad, afrontados con miedo y con pasión de progreso.

Cuando estábamos cruzando la calle Benito Blanco para ir por Avenida Brasil hasta la rambla, nos encontramos con uno de esos camioncitos tan amados por los montevideanos que grúa coches y pertenecen a una cooperativa. Se quedó parado en el medio de la calle obstaculizando todo el tráfico. Selva, que maneja muy bien, hizo una maniobra, lo superó de costado y cruzamos sin ningún problema.

El camioncito amado seguía parado, por una simple razón: si cruzaba, quedaba en medio de la calle e impedía el paso de los automovilistas que venían por Benito Blanco. Pero eso no le daba derecho a no tener prendidos los señaleros y bloquearnos el paso, y mucho menos a hacernos una multa porque nosotros cruzamos. ¿Cómo nos enteramos? Porque un vecino desconocido y solidario, seguramente amante de los inspectores de la intendencia, nos hizo gestos muy claros de que el inspector nos había multado.

Ahora viene la parte autorreferencial que no tiene nada que hacer con la electrónica y la brecha digital, porque estoy seguro de que el auto de Selva -que tiene quince años de antigüedad- o uno de los numerosos coches cero kilómetro, o un cachilo viejo, sus propietarios aman por igual a la intendencia y a su intendente por esos inspectores municipales que cobran a comisión por las multas que aplican, y mucho más los que van en los camioncitos que te grúa el auto.

Y no quedó allí. En el camioncito, con tres personas a bordo y con una chapa que tengo apuntada -pero digo los odiosos pecados y no el pecador-, iban tres robustos tripulantes. Me bajé del auto ante las protestas de Selva, me acerqué a la ventana derecha del camioncito y lo increpé al inspector, mientras los otros dos de la cooperativa se hacían los desentendidos. El inspector, de unos treinta años, alto, de 1,75 a 1,80 metros (calculado a ojo porque nunca se bajó, aunque abrió la puerta), se quedó cómodamente sentado, mientras yo le dije en tono fuerte y categórico que estaba actuando pésimo y abusando de su poder burocrático arbitrariamente. Pero... yo tengo dos ventajas: todo lo registro, lo escribo y voy a ir hasta las últimas consecuencias, porque allí sobran las cámaras de videovigilancia de todas las instituciones nacionales e incluso de la intendencia. (4)

Y segundo, que no me dejo atropellar por bulto de ningún tipo, y mis amigos, familiares, camaradas y compañeros lo saben perfectamente. Ese día, por haber ido al médico, estaba con los ánimos templados.

Llegamos a casa y Selva me anunció que venía nuestro nieto de 1,96 metros a buscar utensilios para hacer una torta vasca. Cuando llegó a mi casa le pregunté de dónde había sacado la receta y, con la mayor desenvoltura del mundo, dijo que de TikTok; seguramente, además de la receta, obtuvo un video con la demostración de cómo hacer la maravilla de los vascos. (5)

Aquí la tecnología interviene por dos vías: podría haber averiguado dónde se compra una torta vasca cerca de su casa -y su perrita no me habría meado la alfombra- o haber conseguido la receta y sus variantes en Gemini, en cualquier IA que se precie de tal, o en Google.

Podría seguir porque me siguieron pasando cosas. A los que me soportaron hasta aquí, les pido que guarden este texto y, cuando yo no esté, lo comparen con los nuevos avances tecnológicos de las IA y recuerden a este loco que se atrevió a enfrentar los miedos, a denunciar las injusticias y a no dejarse atropellar por nadie.

Pensaba escribir nuevos cuentos sobre perros -están de moda y UYPRESS necesita alivianarse de la política-, pero ahora voy a cambiar radicalmente: me voy a dedicar a pensar, recordar y a interrogarme sobre la brecha digital. Me duele.

Notas  (es un servicio más de la casa, que casi no me costó nada) 

(1) El sastre de Mussolini es una novela escrita por el autor uruguayo Carlos H. Aquino, publicada originalmente en 2020 bajo el sello editorial Caligrama (del Grupo Penguin Random House).

## Ficha Técnica Principal

  • Autor: Carlos H. Aquino
  • Editorial: Caligrama
  • Fecha de lanzamiento: Julio de 2020
  • Extensión: 594 páginas
  • ISBN: 9788418238260

## Sinopsis y Contexto

La obra se enmarca en la convulsa Europa de la primera mitad del siglo XX, combinando elementos de drama histórico, romance y supervivencia. La trama entrelaza vivencias personales con los grandes hitos bélicos y políticos del periodo:

  • Argumento central: Narra una historia de amor y resistencia capaz de desafiar fronteras y regímenes totalitarios, sobreviviendo a los horrores de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.
  • Escenarios: El periplo vital de los protagonistas recorre diversos territorios, trasladándose cronológicamente o geográficamente por Italia, España, el continente africano y finalmente Sudamérica.
  • Temática: Más allá del romance central y las peripecias de supervivencia, el autor utiliza el trasfondo histórico para reflexionar sobre la fragilidad de las democracias, el peligro latente de los totalitarismos y el impacto del lenguaje bélico en la política.

(2) Genética.

Si bien la ciencia avanza a pasos agigantados en la corrección de patologías hereditarias graves y enfermedades monogénicas, el salto hacia la modificación de rasgos estéticos o complejos como la inteligencia, la altura o la apariencia física abre un abismo de interrogantes.

## Factores Científicos y Biológicos

  • Poligenia: A diferencia de lo que ocurre con los caracteres determinados por un solo gen, los rasgos físicos visibles y estéticos son poligénicos. Esto significa que dependen de la interacción compleja de cientos o miles de genes repartidos por todo el genoma, además de la influencia directa del entorno (epigenética). Programar un resultado estético preciso es, biológicamente, de una complejidad extrema.
  • Efectos Pleiotrópicos: La gran mayoría de los genes no determinan una única característica, sino que cumplen múltiples funciones en el organismo (un fenómeno conocido como pleiotropía). Modificar un segmento de ADN para alterar un rasgo superficial podría generar alteraciones imprevistas en el metabolismo, el desarrollo neurológico o la salud general.

## El Debate Ético y Social

  • Acceso y Desigualdad: Si la tecnología llegara a comercializarse con fines de mejora estética o de optimización, el riesgo de crear una brecha insalvable entre quienes pueden pagarlo y quienes no es alarmante. Esto podría derivar en una nueva forma de eugenesia basada en el poder adquisitivo, estratificando a la sociedad a nivel biológico.
  • La Pérdida de la Diversidad: La uniformidad estética impuesta por criterios culturales cambiantes o modas pasajeras empobrecería la riqueza de la diversidad humana, reduciendo la singularidad con la que nace cada individuo.
  • La Instrumentalización de la Vida: Desde la filosofía y la bioética se argumenta que abrir la puerta a diseñar hijos a la carta transforma al ser humano en un producto manufacturado, alterando el vínculo incondicional entre padres e hijos y sometiendo a las nuevas generaciones a las expectativas y vanidades de diseño de los anteriores.

La capacidad técnica de intervenir el genoma humano no equivale automáticamente a la sabiduría ética para hacerlo. El verdadero desafío para las próximas décadas no será solo técnico, sino la capacidad de establecer límites normativos globales que eviten mercantilizar la vida humana.

( 3 ) Atropellos burocráticos y multas valientes

¿Cómo proceder ante una multa o un retiro por grúa?

  • Tribunal de Faltas o Recursos Administrativos: Para presentar un reclamo formal, discordar de una multa o cuestionar un procedimiento de inspección, la Intendencia exige la presentación de un recurso administrativo (de reposición y/o apelación).
  • Gestión en Línea: Muchas de las consultas sobre el estado de multas, registro del vehículo por matrícula y las opciones de pago bonificado se canalizan a través del SUCIVE o del portal web institucional de la Intendencia de Montevideo (Sección Tránsito y Transporte), donde figuran los formularios específicos para descagos.
  • Dependencias de Tránsito: Los reclamos presenciales por actas labradas por inspectores o situaciones con los depósitos de vehículos se gestionan directamente ante las oficinas de movilidad y tránsito dispuestas por la comuna (como las oficinas centrales en el edificio comunal o los tribunales de faltas correspondientes), ya que los operadores telefónicos de atención ciudadana carecen de facultad para anular multas o resolver contravenciones.

(4) Cyber cocina vasca

La torta vasca (también conocida como Basque burnt cheesecake o tarta de queso de La Viña) es uno deores postres más populares de la gastronomía contemporánea. A diferencia del cheesecake tradicional, no lleva base de galletitas, se hornea a alta temperatura para lograr una superficie intensamente tostada (o "quemada") y tiene un interior sumamente cremoso, casi líquido.

## Receta Clásica de Torta Vasca

Ingredientes

  • Queso crema: 600 g (bien firme, tipo Philadelphia o similar)
  • Azúcar: 200 g
  • Huevos: 4 unidades
  • Crema de leche (nata para montar): 250 ml (con más del 35% de materia grasa)
  • Harina 0000 o almidón de maíz (maicena): 1 cucharada sopera (puede omitirse o reemplazarse por maicena para una versión sin gluten)
  • Esencia de vainilla: 1 cucharadita
  • Sal: 1 pizca

Preparación Paso a Paso

  1. Preparar el molde: Precalienta el horno a 200°C o 210°C (necesita calor fuerte). Toma un molde redondo desmontable (de unos 18 a 22 cm) y fórralo con papel manteca (papel de horno). El papel debe quedar arrugado y sobresalir generosamente por los bordes del molde; esto es característico de su presentación rústica.
  2. Batir el queso y el azúcar: En un bol grande, coloca el queso crema a temperatura ambiente junto con el azúcar y la pizca de sal. Mezcla suavemente con un batidor de alambre o espátula hasta que el azúcar se disuelva y la textura esté cremosa (evita batir en exceso para no incorporar demasiado aire).
  3. Incorporar los huevos: Añade los huevos de uno en uno, integrando bien cada uno antes de sumar el siguiente.
  4. Sumar líquidos y aromas: Agrega la crema de leche y la esencia de vainilla. Mezcla hasta obtener una preparación homogénea y completamente lisa.
  5. Añadir el espesante: Tamiza por encima la cucharada de harina o almidón de maíz e intégrala con movimientos envolventes. La mezcla resultante debe ser bastante líquida y sin grumos.
  6. Horneado: Vierte la preparación en el molde preparado. Llévalo al horno a 200°C durante 40 a 50 minutos.
    • El punto clave: La superficie debe verse de un color marrón oscuro (casi quemado) y, al mover el molde, el centro debe tambalearse notablemente (como una gelatina).
  1. Enfriado y reposo: Apaga el horno, abre ligeramente la puerta y deja que se temple allí dentro para que no baje de golpe. Luego, retírala, déjala enfriar a temperatura ambiente y llévala a la heladera (idealmente de un día para el otro) antes de desmoldar y servir. Su textura óptima se alcanza bien fría.

¡CHAU!

Foto:  Imagen creada con inteligencia artificial, cargándole el texto completo del cuento.


Actualidad
2026-08-14T19:57:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)