León XIV, el Papa que continúa a Francisco sin imitarlo

05.10.2026

VATICANO (Uypress)- Robert Prevost heredó una Iglesia transformada por Francisco, pero imprime un estilo más sobrio y colegiado. Un agustino formado entre EEUU, Perú y Roma que busca consolidar las reformas sin reproducir el modo de gobernar de su antecesor.

 

Cuando el 8 de mayo de 2025 Robert Francis Prevost apareció en el balcón de San Pedro convertido en León XIV, la primera pregunta fue inevitable: ¿continuaría la revolución eclesial iniciada por Francisco o representaría una rectificación del pontificado del argentino?

A casi un año y medio de aquella elección, la respuesta empieza a ser más compleja. León XIV no ha desmontado la Iglesia que recibió de Francisco ni ha protagonizado una restauración conservadora. Pero tampoco gobierna como Jorge Bergoglio. Hay continuidad en cuestiones fundamentales y diferencias perceptibles en el ejercicio del poder, el lenguaje y la manera de administrar las tensiones internas del catolicismo.

De Chicago a Perú

Prevost nació en Chicago el 14 de septiembre de 1955. Ingresó a la Orden de San Agustín, estudió matemáticas y filosofía antes de profundizar su formación teológica y obtuvo en Roma el doctorado en Derecho Canónico.

Pero el dato decisivo para comprender al actual Papa está lejos de Estados Unidos. Una parte fundamental de su vida transcurrió en Perú, donde fue misionero, formador, profesor y posteriormente obispo de Chiclayo.

Esa experiencia latinoamericana terminó convirtiéndolo en algo difícil de clasificar mediante una sola identidad nacional. Es el primer Papa nacido en Estados Unidos, pero también posee ciudadanía peruana y conoce desde dentro una Iglesia latinoamericana marcada por la pobreza, la desigualdad y la distancia entre las instituciones y amplios sectores populares.

Después fue prior general de los agustinos durante doce años. Ese cargo lo obligó a recorrer comunidades de numerosos países y le proporcionó una experiencia de gobierno internacional que posteriormente resultaría decisiva.

Francisco lo llevó definitivamente al centro del poder vaticano: en 2023 lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos, uno de los puestos estratégicos de la Curia, y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ese mismo año lo creó cardenal.

Por eso, León XIV no surgió como reacción contra Francisco. Fue, en buena medida, uno de los hombres promovidos por Francisco.

La principal diferencia está en el estilo

Bergoglio convirtió su personalidad en parte del pontificado. Hablaba de manera directa, improvisaba, utilizaba imágenes populares y algunas veces provocaba controversias que después el Vaticano debía interpretar.

Prevost es distinto. Tiene una formación canónica más marcada, mide más sus expresiones y exhibe una personalidad pública menos expansiva. Donde Francisco podía sorprender con una frase, León XIV procura construir posiciones institucionales.

No necesariamente significa mayor conservadurismo. Significa una forma diferente de ejercer la autoridad.

Francisco gobernó muchas veces mediante decisiones personales y una extraordinaria capacidad para alterar la agenda de la Iglesia. León XIV parece más interesado en que las transformaciones se incorporen a las estructuras y sobrevivan a quien ocupa temporalmente el trono de Pedro.

Ahí puede encontrarse una de las diferencias más importantes entre ambos: Francisco abrió procesos; León XIV parece proponerse institucionalizarlos.

Una Iglesia sin marcha atrás

En cuestiones sociales, León XIV mantiene elementos centrales del legado recibido. Ha insistido en la defensa de los migrantes, la dignidad de los trabajadores, la lucha contra la pobreza, la necesidad de la paz y la preocupación por una economía que excluye. También ha colocado entre los grandes desafíos contemporáneos a la inteligencia artificial y sus consecuencias sobre el trabajo y la dignidad humana.

La elección de su nombre fue una declaración programática. León XIII publicó en 1891 Rerum novarum, texto fundacional de la moderna doctrina social católica frente a las consecuencias de la revolución industrial. León XIV ha explicado su elección precisamente en relación con una nueva transformación tecnológica que obliga a la Iglesia a pensar nuevamente el trabajo, la justicia y la condición humana.

Francisco había colocado en el centro la crisis ambiental con Laudato si', la fraternidad con Fratelli tutti y una Iglesia orientada hacia las periferias. Prevost no abandonó esos ejes.

Pero su lenguaje resulta menos confrontativo.

Sexualidad, mujeres y los límites de la reforma

Tampoco existe evidencia de una ruptura doctrinal espectacular. Francisco modificó profundamente el clima dentro de la Iglesia respecto de homosexuales, divorciados vueltos a casar y personas tradicionalmente alejadas de la institución, aunque sin cambiar numerosos elementos de la doctrina católica.

León XIV ha mostrado hasta ahora una actitud más cautelosa en algunos de esos debates.

Algo semejante ocurre con el papel de las mujeres. Francisco amplió considerablemente su presencia en cargos de responsabilidad dentro del Vaticano y permitió estudiar nuevamente el diaconado femenino, pero nunca autorizó la ordenación sacerdotal de mujeres.

Prevost había participado antes de ser Papa en esas discusiones y no se ha mostrado partidario de presentar como inminentes cambios doctrinales que la Iglesia todavía no ha resuelto.

Aquí aparece otra diferencia: Francisco acostumbraba empujar los límites mediante gestos; León XIV parece preferir que las discusiones atraviesen procedimientos eclesiales más largos.

Dos papas, dos momentos

Francisco llegó en 2013 después de la renuncia de Benedicto XVI, con una Curia cuestionada y una Iglesia golpeada por los escándalos de abusos sexuales y financieros. Su misión adquirió rápidamente un carácter disruptivo. León XIV recibió otra Iglesia.

El argentino ya había internacionalizado el Colegio Cardenalicio, reformado la Curia, aumentado el peso de las periferias, impulsado la sinodalidad y desplazado el centro simbólico del catolicismo desde Europa hacia una Iglesia verdaderamente global.

Prevost fue elegido por un cónclave compuesto mayoritariamente por cardenales creados por Francisco.

Eso no lo convierte en una copia de Bergoglio. Probablemente explica algo más interesante: la reforma iniciada por Francisco había dejado de depender de Francisco. León XIV parece representar precisamente esa segunda etapa.

Francisco fue el Papa que abrió puertas, produjo rupturas simbólicas y obligó a la Iglesia a discutir asuntos que durante décadas habían permanecido congelados. Prevost aparece como el pontífice que intenta determinar cuáles de esas puertas permanecerán abiertas y cómo convertir los cambios en instituciones duraderas.

Por eso la verdadera diferencia quizá no pueda resumirse en progresista contra conservador. Es otra.

Francisco gobernó como quien sabía que debía sacudir una Iglesia inmóvil. León XIV gobierna una Iglesia que ya fue sacudida y ahora debe decidir qué hacer con todo aquello que Francisco puso en movimiento.


Actualidad
2026-10-05T03:50:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias