Megal apuesta a una garrafa más liviana y segura que la de acero

13.09.2026

MONTEVIDEO (Uypress)- La Megalight pesa 5,3 kilos vacía, permite ver cuánto gas queda y no se oxida. Fabricada con materiales compuestos, ofrece ventajas frente al envase tradicional.

 

Durante décadas, la imagen de una garrafa de supergás en Uruguay estuvo asociada a un pesado cilindro metálico. Pero la tecnología de almacenamiento de GLP evolucionó y desde hace más de diez años existe en el mercado uruguayo una alternativa que cambia varias de las características tradicionales del envase: la Megalight, comercializada por Megal y fabricada con materiales compuestos.

No se trata, estrictamente, de una "garrafa de plástico". El cilindro utiliza materiales compuestos de alta resistencia, una tecnología empleada también en industrias que necesitan combinar bajo peso y resistencia mecánica. Según la empresa, los envases son fabricados en Noruega y cumplen diferentes normas internacionales, entre ellas ISO 11119-3, EN 12245 y EN 14427. La planta de fabricación cuenta además con certificación ISO 9001.

Megal incorporó este tipo de envase al mercado uruguayo en 2015. La empresa había nacido como cooperativa en la década de 1970, se transformó posteriormente en Megal S.A. y en 1994 instaló su planta de recarga. Actualmente afirma ser la única envasadora y distribuidora de supergás del país que dispone de planta y gasoducto propios. 

La primera diferencia se siente al levantarla

Una de las principales ventajas de la Megalight aparece antes incluso de encender una cocina o una estufa: el peso del envase. La garrafa tiene una tara de apenas 5,30 kilos. Con sus 11 kilos de GLP, alcanza aproximadamente 16,3 kilos.

La reducción del peso propio del recipiente tiene consecuencias prácticas. Facilita levantarlo, trasladarlo y colocarlo en el lugar de utilización y disminuye el esfuerzo físico necesario para manipularlo.

Es una diferencia especialmente apreciable para adultos mayores, personas con dificultades de movilidad o cualquier usuario que deba mover la garrafa dentro de una vivienda.

El diseño incorpora además asas que facilitan su manipulación. Según Megal, la combinación entre menor peso y ergonomía también reduce los riesgos asociados al traslado y manipulación de los cilindros.

Saber cuánto gas queda

La segunda ventaja resulta imposible de conseguir con una garrafa convencional de acero sin recurrir a sistemas externos: la Megalight es translúcida. El usuario puede observar el nivel del GLP contenido en su interior y estimar cuánto combustible queda antes de que se termine.

Es una característica sencilla, pero modifica uno de los problemas cotidianos del supergás. Con el cilindro metálico, el consumidor normalmente descubre que se quedó sin combustible cuando la cocina o la estufa dejan de funcionar. En el recipiente compuesto puede controlar visualmente el nivel y anticipar la recarga.

No se oxida como el acero

Existe otra diferencia derivada directamente de los materiales. Una garrafa tradicional está fabricada en acero y, por lo tanto, puede sufrir corrosión si su protección exterior se deteriora y queda expuesta a determinadas condiciones ambientales. De hecho, entre sus recomendaciones de seguridad, la propia Megal aconseja comprobar al recibir una garrafa convencional que no se encuentre dañada u oxidada. 

Los materiales compuestos de la Megalight no presentan ese proceso de oxidación propio del acero. Esto no significa que el envase sea indestructible ni que pueda utilizarse sin respetar las medidas de seguridad. Una garrafa de GLP continúa siendo un recipiente sometido a presión y debe permanecer en posición vertical, en un sitio ventilado y alejado de fuentes de calor.

Pero la ausencia de corrosión metálica representa una ventaja importante para la conservación del recipiente.

El punto más importante: la seguridad

Probablemente la característica tecnológica más relevante sea su comportamiento frente a situaciones extremas. Megal sostiene que la construcción de la Megalight resiste el doble de presión de reventado que cilindros equivalentes de acero y destaca especialmente su comportamiento en caso de incendio.

Aquí aparece el concepto de BLEVE -Boiling Liquid Expanding Vapor Explosion-, una explosión que puede producirse cuando un recipiente cerrado que contiene gas licuado es sometido a un calentamiento extremo.

De acuerdo con las especificaciones difundidas por Megal, el diseño del cilindro compuesto evita ese mecanismo de explosión en caso de incendio. La compañía lo presenta como una de las diferencias fundamentales respecto de los recipientes convencionales de acero.

Conviene, sin embargo, expresar correctamente el alcance de esta ventaja: no significa que el GLP deje de ser inflamable ni que una garrafa Megalight pueda exponerse al fuego sin peligro. Lo que cambia es el comportamiento estructural del recipiente cuando se encuentra sometido a temperaturas extremas.

Por eso continúan vigentes exactamente las mismas precauciones esenciales: mantenerla vertical, utilizar conexiones y tubos flexibles certificados, asegurar una correcta ventilación y mantener el cilindro lejos de fuentes de calor. 

¿Es realmente mejor que una garrafa metálica?

En varios aspectos concretos, sí ofrece ventajas claras. Es considerablemente más liviana, no presenta el problema de oxidación característico del acero, permite visualizar directamente la cantidad de combustible disponible y su tecnología de materiales compuestos proporciona un comportamiento diferente frente a situaciones de incendio.

Eso no convierte a la garrafa de acero en un producto inseguro. Los dos tipos de cilindros deben cumplir estándares técnicos y controles para almacenar GLP. La propia Megal señala que tanto sus garrafas compuestas como las de acero son fabricadas bajo códigos internacionales y utilizando materiales de alta resistencia.

La comparación correcta, entonces, no consiste en presentar una tecnología como segura y la otra como peligrosa.

La diferencia es que el cilindro compuesto incorpora prestaciones que el acero tradicional no puede ofrecer con la misma facilidad**: menos peso, transparencia, ausencia de corrosión y un comportamiento particularmente favorable ante determinados escenarios térmicos.

Una tecnología que todavía es minoritaria

La paradoja es que, pese a esas ventajas, la garrafa metálica continúa dominando ampliamente el paisaje uruguayo.

Hay razones económicas, culturales y logísticas. El sistema tradicional lleva décadas instalado, existe un enorme parque de cilindros de acero y los consumidores están acostumbrados al mecanismo de intercambio de envases.

Megal intenta reducir esa barrera ofreciendo el recambio de una garrafa de acero por una Megalight. Actualmente comercializa el envase compuesto cargado y también ofrece una modalidad de recambio entregando el cilindro metálico.

La innovación, por tanto, no está en el combustible. El supergás continúa siendo el mismo. Lo que cambió es el recipiente que lo contiene.

Y allí está probablemente la principal diferencia: después de décadas en las que transportar una garrafa pesada, no saber cuánto gas quedaba y controlar periódicamente el estado del acero parecían características inevitables del uso del supergás, los cilindros compuestos demuestran que también una tecnología tan cotidiana como una garrafa puede ser más liviana, práctica y resistente sin renunciar a los estándares de seguridad exigidos para almacenar GLP.

Actualidad
2026-09-13T20:25:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias