De cuotas y poder
Rita Segato y cómo nombrar lo 'no blanco'
03.04.2014
MONTEVIDEO (Uypress) – La antropóloga Rita Segato visitó Uruguay invitada para hablar sobre el proceso de implementación de cuotas raciales en Brasil del que fue protagonista, en vista de la implementación de acciones afirmativas para población afro en nuestro país. Uypress dialogó con la experta sobre la “matriz de alteridades” regional.
La obra de Segato es vasta: aborda religiones afro-brasileras, las cárceles, la violencia de género, el racismo, las nuevas formas de la guerra y la perspectiva teórica de la crítica de la colonialidad.
La agenda de esta antropóloga feminista, nacida en Argentina y residente en Brasil desde hace 25 años, es intensa: entre sus múltiples viajes está en Uruguay hasta este jueves 3 de abril, siendo que a las 19:30 horas participará en Facultad de Ciencias Sociales de la Mesa Redonda: ¿Para qué la aplicación de acciones afirmativas en la educación? "Balance de la primera experiencia de acciones afirmativas para negros e indígenas en Brasil: 2003-2013".
Esta charla es la última de una serie de participaciones que tuvo Segato en Montevideo, tanto a nivel académico como institucional, para contar cómo se dio la lucha para que en Brasil se implementaran cuotas raciales en las universidades y permitir una mayor paridad y, por lo tanto, igualdad de oportunidades para estudiantes negros e indígenas, respecto a los blancos.
Esta doctora en Antropología brindó el lunes 31 de marzo la conferencia magistral "Las lecciones de una lucha contra el racismo académico. La lucha por las cuotas raciales en Brasil", en el marco de la apertura del Diploma en Afrodescendencia y Políticas Públicas (FCS-Udelar); participó en reuniones con la Comisión Interinstitucional que trabaja en la implementación de la ley de Acciones Afirmativas (N°19.122) y brindó un seminario en la FCS.
Uypress tuvo la oportunidad de dialogar con Segato sobre la experiencia brasileña de las cuotas raciales y, en una segunda parte de esta entrevista, sobre la violencia de género y las nuevas formas de las guerras que utilizan el cuerpo de las mujeres como territorio de batalla.
"El racismo está invisibilizado en Brasil"
Como sintetiza Isabela Manuela Estrada Portales en su trabajo Las cuotas raciales en el discurso mediático y académico brasileño: "La política de cuotas raciales para la admisión a la universidad pública en Brasil es una forma de acción afirmativa que consiste en reservar un cupo de matrículas para estudiantes negros y pobres, egresados de la escuela pública que hayan aprobado el examen de ingreso. Aunque ha habido diversas propuestas de ley, en general se busca la reserva de aproximadamente un 40 por ciento de las matrículas y las instituciones deben tomar en consideración la composición racial del estado y la ciudad, para que el porcentaje no se torne una camisa de fuerza. Esta política busca una mayor equidad en la admisión a las universidades, dado que este segmento del estudiantado no puede asistir a escuelas privadas, recibe una educación pública que se reconoce muy inferior y por consiguiente está en desventaja al enfrentarse al examen de ingreso".
El 20 de noviembre del 2008 la Cámara de Diputados aprobó la Lei de Cotas que determinaba que un 50 por ciento de las plazas en las universidades públicas tienen que ser reservadas para egresados de escuelas públicas y el 25 por ciento de estas plazas deberán otorgarse por el sistema de cuotas raciales, en proporción a la distribución de la población de negros, blancos e indígenas en cada estado.
Diez años antes de esta aprobación, Rita Segato evidenciaba, a través del caso de un estudiante del Doctorado de Antropología de la Universidad de Brasilia, del que ella era parte, el racismo invisibilizado en Brasil.
El conocido "caso Ari" toma el nombre de Arivaldo Lima Alves, el primer alumno negro en entrar al Doctorado, después de 20 años de existencia de dicho programa. En el primer semestre del curso fue reprobado de manera sumaria (sin explicación) en una materia obligatoria que condicionaba su continuidad en el posgrado.
"Ahí comenzó un proceso que se extendió durante dos años, primero para lograr que aprobara esa materia", recuerda Segato. Finalmente, Ari consiguió la aprobación del Consejo de Enseñanza, Investigación y Extensión de la Universidad. "Es curioso que de los 25 votos, los únicos 5 votos contrarios a la aprobación provinieran de las Ciencias Sociales", comenta la antropóloga. "Aunque no tenían que argumentar por qué votaban en contra, lo que estaba por detrás es que en Brasil el racismo es un crimen inafianzable; entonces, con ese voto de apoyo al estudiante y castigo al profesor que había discriminado, el profesor podía llegar a ser juzgado".
"A partir de ese proceso, dos profesores de la Universidad de Brasilia -José Carvalho y yo- empezamos en la necesidad de hablar de acciones afirmativas porque, si no había sido posible conservar un alumno negro en un doctorado, sería mejor en pensar en reformas sociales. Porque si nos había costado tanto mantenerlo a él, en una academia tan conservadora, que ya no tiene nada que ver con el movimiento de los '70, pensamos que era necesario un cupo, por ejemplo del 20% (actualmente es del 40% y se aplica en siete de cada 10 universidades federales). Así se crearon tres mesas redondas sobre reserva de cupos en la Universidad de Brasilia, desarrolladas en noviembre y diciembre de 1999, y este debate incidió en que los indígenas también consideraran que debían tener su cuota", explica la experta.
Segato reconoce que en Brasil el Movimiento Negro venía debatiendo por décadas la necesidad de implementar la discriminación positiva. "Luego, en el período final del gobierno de Henrique Cardoso se plantea la necesidad de pensar sobre estos procesos, pero es un tema que se aborta porque ponía en discusión la propia composición de clases de su propio partido político, que es un partido de elite, entonces ese proceso no siguió".
Finalmente, lo que deriva en el proceso de debate y posterior implementación de las cuotas raciales es el caso Ari, emblemático aunque -evidentemente- no el único: "Muchos alumnos negros han sufrido históricamente racismo en las universidades federales públicas, que son las de élite, cuyo ingreso está condicionado por pruebas de ingreso que generalmente pasan quienes asistieron a una educación primaria y secundaria privada", remarca Segato.
-¿Cómo llega Ari a la universidad pública, viniendo de un sector pobre?
- Porque generalmente estas familias apuestan a que uno de sus integrantes llegue a alcanzar los estudios superiores. En este caso es un hombre brillante, que finalmente pudo terminar sus estudios doctorales y hoy en día es profesor en la Universidad Estadual de Bahía.
Con el caso Ari, el tema de la lucha por las cuotas se nacionaliza, sale del gueto, porque toca el corredor donde se reproduce el control sobre el Estado: la universidad. Esta es el corredor que se debe transitar para llegar a las reparticiones públicas, para llegar a cargos públicos donde se decide el destino de los recursos de la nación. Cuando se amenaza con democratizar ese corredor, la elite salta en contra y dice "la universidad es meritocrática. El examen de ingreso es 'ciego', donde los participantes entran como un número" -es decir, no se sabe el nombre-, pero se están olvidando todos los accesos a la educación previos a ese examen, de los que disfrutan los estudiantes de la elite, que tienen acceso económico para una buena preparación. También otro privilegio de los blancos o blanqueados es ser mirados por maestros y maestras como aquellos que tendrán un futuro, mientras que sobre los adolescentes negros pesa la mirada racista de que de ellos no depende el futuro de la nación. Eso está cambiando de a poco, aunque el racismo está invisibilizado en Brasil.
-En su trabajo Las cuotas raciales en el discurso mediático y académico brasileño, Isabela Manuela Estrada afirma que la cuota "rompe con el pernicioso universalismo que constribuye a la inmovilidad de las relaciones raciales".
- Claro, el proceso de discusión de las cuotas agita a la nación. La gente que siempre tuvo acceso a la educación superior afirma que no existe racismo en Brasil y mucho menos en las universidades, niega la discriminación y afirma que no hay pruebas sobre esto. Por un azar de la historia aparecen estadísticas sobre el racismo en Brasil que eran hasta ese momento desconocidas, en especial sobre oportunidades de salario y de trabajo para negros y blancos. Aparecen los números y, frente a estos, los que eran anticuotas se quedan sin argumentos.
Brasil es un país profundamente racista... y ¿por qué no lo vemos? Porque hay un discurso en la cultura que es de interculturalidad (a través del carnaval, la música, etc.), pero esta no existe en el hueso duro de la distribución de los recursos, donde hay segregación. Brasil tiene una profunda falta de concordancia entre lo que ocurre con sus manifestaciones interculturales y lo que ocurre en la economía y la sociedad.
-Pensando que en Uruguay puede llegar a haber cuestionamientos en torno a cómo determinar quién es negro y entonces por qué ubicar a esa persona dentro del grupo social al que le corresponde la asignación de la cuota, ¿esto cómo fue saldado en Brasil?
- Yo no creo que eso esté resuelto en ninguno de nuestros países. Es muy difícil nombrar la raza en nuestros países... es un territorio de sombras. Una vez un editor de la revista Nueva Sociedad estaba publicando un número sobre cárceles. Yo trabajé un tiempo en cárceles y me pidió un texto (El color de las cárceles en América Latina). No tenía mucho tiempo para escribir, pero le dije que lo podía resolver escribiéndole a ocho personas que conozco en distintos países, pidiéndole las estadísticas de la población negra en las cárceles. Todos me contestaron que estos censos no existían, que no había datos desagregados al respecto. Ahí empiezo a pensar por qué. ¿Cuál es la raza de los encarcelados? ¿Son exactamente indígenas? No lo son. ¿Son afro, en el sentido más estricto? No lo son, o muchos no lo son. Entonces concluí que las cárceles llevan el color de la no blancura de nuestra sociedad. Nuestras cárceles llevan un color no blanco. Nuestras sociedades tiene un amplio espectro poblacional no blanco y no sabemos ponerle un nombre.
Como digo en el libro La nación y sus otros, cada uno de nuestros países es una matriz de alteridades; en Argentina, en Brasil, en Bolivia, cada país está construyendo su gramática racial de una forma distinta. Pero digamos que en cada uno hay una gran masa de población no blanca, que sufre discriminación, para la cual no tenemos los nombres necesarios como para analizarla. Porque no es un grupo humano que se pueda vincular a una cultura, a una etnicidad. Simplemente, cuando uno va a los barrios más pobres, la población se oscurece; cuando uno va a los trabajos menos prestigiosos, los trabajadores se oscurecen; pero no tenemos un nombre para este fenómeno de la marca de los vencidos en la piel de las personas.
Yo tengo una definición de raza, que la voy formulando lentamente en esta lucha, cuando la gente pregunta qué es un negro en Brasil: "La raza es la marca de una posición en la historia colonial en los cuerpos, leída por un ojo que conoce esa historia". Si bien es difícil 'cercar' la raza, recortarla, es perfectamente detectable. Es cómo leemos la posición en que un determinado cuerpo estuvo en la historia de la Conquista y la colonización.
Ocurre que los cambios de fondo están en lo subjetivo. Las cuotas pueden ayudar a dar el debate, pero se necesita un cambio más profundo, que tiene que ver con mirarnos a nosotros mismos y eso comienza en lugares como la escuela, donde nos enseñan a mirar 'hacia afuera' y adquirir categorías que son diseñadas desde fuera hacia nosotros.
Las categorías que usamos son prefabricadas, nos vienen de un lugar que le concedemos para teorizar y generar categorías para nosotros; las utilizamos porque tienen 'prestigio', porque nos llueven del Norte hacia el Sur, y muchas veces no nos sirven. Si no, ¿cómo se entiende que haya una enorme cantidad de población a la que no podemos nombrar? Y no me refiero solo a la población afro de Uruguay que puede ubicarse en dos barrios de Montevideo (en referencia a Sur y Palermo), sino la población 'provinciana', a la que no vemos y que sufre permanente discriminación.
Buenas políticas son las que no tienen fobia de localidad, que son capaces de mirar el espacio inmediato que habitamos.
-¿Cómo ve el proceso que lleva adelante en Uruguay para la implementación de acciones afirmativas para la población afrodescendiente?
- Veo a la gente muy libre para pensar la realidad; como, por ejemplo, la gente del MIDES (en referencia a la Dirección Nacional de Políticas Sociales) que es muy poco burocrática, lo que en mi vocabulario es un elogio, que no está solo pendiente de ir del proyecto al informe y se dan un tiempo espacio para pensar la realidad.
La segunda parte de esta entrevista, en la que abordamos distintas conceptualizaciones de Segato en torno a la violencia de género, será publicada el sábado 5 de abril en Uypress.
ac
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias