Stellantis cierra una histórica fábrica francesa y acelera el giro hacia los autos eléctricos
01.11.2026
PARÍS (Uypress)- Después de 57 años y más de 50 millones de motores, la planta de Douvrin cerró definitivamente. La reconversión industrial abre un debate sobre empleo y transición energética.
La multinacional automotriz Stellantis puso fin este viernes 30 de octubre a la actividad de su histórica fábrica de motores de gasolina y diésel de Douvrin, en el norte de Francia. El cierre representa el final de una etapa de la industria automovilística europea y refleja la transformación que atraviesa el sector ante el avance de la movilidad eléctrica.
La planta, ubicada en el departamento de Pas-de-Calais, había comenzado a funcionar en 1969 como Française de Mécanique, una empresa creada conjuntamente por Peugeot y Renault. Durante sus 57 años de actividad fabricó más de 50 millones de motores y se convirtió en uno de los centros industriales emblemáticos de Francia.
Entre sus productos más conocidos figuró el motor V6 PRV, utilizado en numerosos vehículos de Peugeot, Renault y otras marcas.
El final de los motores tradicionales
La decisión de Stellantis había sido anunciada en julio de 2025 y se ejecutó progresivamente. La producción del motor diésel 1.5 BlueHDi finalizó en noviembre de 2025, mientras que la fabricación del motor de gasolina 1.2 PureTech concluyó durante 2026.
Desde el verano europeo ya no se ensamblaban motores completos en Douvrin. Las últimas operaciones de mecanizado para otras fábricas del grupo terminaron el 30 de octubre, concretando el cierre definitivo. Sin embargo, la decisión no significa que Stellantis abandone completamente los motores de combustión. La compañía mantiene su fabricación en otras instalaciones de Francia y del exterior.
Una fábrica de baterías ocupa el nuevo escenario
A pocos cientos de metros de la antigua planta funciona desde 2023 una fábrica de baterías de Automotive Cells Company (ACC), empresa integrada por Stellantis, Mercedes-Benz y TotalEnergies. La instalación forma parte de la estrategia de electrificación de la industria automotriz europea y emplea actualmente a cerca de 2.000 trabajadores.
Según Stellantis, 348 empleados de Douvrin fueron trasladados a ACC y recibieron formación para adaptarse a las nuevas tecnologías. La empresa sostiene que todos los trabajadores afectados cuentan con alguna solución profesional, mediante traslados, reconversiones, mecanismos de movilidad laboral o retiros.
Los sindicatos cuestionan la reconversión
La Confederación General del Trabajo (CGT) expresó su rechazo al cierre y cuestionó que la transición energética se utilice para justificar decisiones empresariales que afectan el empleo industrial. El sindicato sostiene que no se trata exclusivamente de sustituir motores contaminantes por tecnologías limpias, porque parte de la producción de motores tradicionales continúa en otras fábricas.
Desde esa perspectiva, denuncia una deslocalización encubierta y advierte sobre la pérdida de puestos de trabajo directos e indirectos en una región históricamente vinculada a la industria automotriz. La posición sindical contrasta con la de Stellantis, que presenta el proceso como una reconversión destinada a preservar capacidades industriales y acompañar el cambio tecnológico.
Una transformación que excede a Francia
El cierre de Douvrin simboliza una de las grandes contradicciones de la transición energética europea: la necesidad de reducir emisiones y desarrollar nuevas tecnologías, junto con el desafío de preservar el empleo y las capacidades productivas.
La fabricación de vehículos eléctricos requiere nuevas competencias, inversiones e infraestructura, pero también modifica profundamente las cadenas industriales construidas durante décadas alrededor del motor de combustión.
El caso francés demuestra que la transición energética no constituye únicamente un cambio tecnológico. También implica decisiones económicas, territoriales y laborales que determinarán quiénes se benefician de la nueva industria y quiénes soportan sus costos.
Douvrin deja de fabricar motores, pero su cierre abre una discusión que continuará durante años: cómo transformar la industria automotriz sin convertir la transición energética en una fuente adicional de desigualdad laboral y territorial.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias