SALUD PÚBLICA Y CONSUMO DE CANNABIS EN ESTADOS UNIDOS
Baja el consumo de cannabis entre adolescentes de Estados Unidos, según nuevas investigaciones federales
03.11.2026
WASHINGTON (Uypress) – El consumo de cannabis entre adolescentes estadounidenses muestra una tendencia descendente respecto de los niveles registrados hace una década, según investigaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Los nuevos datos de 2025 indican que aproximadamente uno de cada cuatro estudiantes de secundaria ha probado cannabis alguna vez, mientras que cerca del 13% declaró haberlo consumido durante los 30 días anteriores a la encuesta.
Los resultados coinciden con la publicación de otro informe de los CDC que identifica mejoras significativas en varios indicadores de salud mental adolescente, entre ellos la tristeza persistente y la ideación suicida.
Aunque ambas investigaciones describen tendencias favorables, los especialistas advierten que no es posible establecer una relación causal entre la evolución del consumo de cannabis y las mejoras observadas en salud mental.
Los datos permiten, sin embargo, examinar un fenómeno de especial interés para Estados Unidos y otros países: cómo están evolucionando los hábitos de consumo juvenil en un contexto de creciente disponibilidad legal de cannabis para adultos en numerosas jurisdicciones.
Uno de cada cuatro adolescentes ha probado cannabis
El informe de los CDC sobre consumo de sustancias entre estudiantes de secundaria, publicado en octubre de 2026, utiliza los resultados de la Encuesta Nacional sobre Comportamientos de Riesgo Juvenil (YRBS), realizada durante 2025.
Según la investigación, el 25,5% de los estudiantes declaró haber consumido cannabis alguna vez en su vida.
El porcentaje de consumo reciente, definido como haber utilizado cannabis al menos una vez durante los 30 días anteriores a la encuesta, fue del 12,9%.
Los resultados también muestran diferencias entre los estudiantes según su edad y nivel educativo.
El consumo reciente alcanzó el 7,4% entre los alumnos de noveno grado y el 18,1% entre quienes cursaban el último año de secundaria.
La diferencia refleja que el contacto con el cannabis tiende a aumentar durante la adolescencia.
En cuanto a las diferencias por sexo, el 27,4% de las estudiantes mujeres declaró haber consumido cannabis alguna vez, frente al 23,8% de los varones.
Los CDC consideran que estos comportamientos continúan representando un desafío de salud pública, particularmente porque la adolescencia constituye una etapa de desarrollo neurológico.
Una tendencia descendente durante la última década
Los resultados adquieren mayor relevancia al observar su evolución histórica.
Según las series anteriores de la misma encuesta, el consumo de cannabis durante los 30 días previos pasó del 23% de los estudiantes en 2013 al 17% en 2023.
La nueva medición de 2025 ubica ese indicador en el 12,9%.
Aunque las comparaciones deben realizarse considerando las características metodológicas de cada edición, la evolución general muestra niveles de consumo juvenil inferiores a los registrados una década atrás.
Una segunda investigación federal refuerza esa tendencia.
La Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de Estados Unidos (SAMHSA) informó que el consumo de cannabis durante el último año entre adolescentes de 12 a 17 años descendió del 11,2% en 2023 al 8,7% en 2025.
En términos absolutos, la estimación para 2025 equivale a aproximadamente 2,2 millones de adolescentes que consumieron cannabis durante los doce meses anteriores.
Las cifras de SAMHSA y los CDC no deben compararse directamente, porque utilizan poblaciones, períodos de referencia y procedimientos de encuesta diferentes.
Sin embargo, ambas fuentes permiten observar una tendencia general de reducción del consumo adolescente.
¿Qué está ocurriendo en un país donde se amplió el acceso legal al cannabis?
La evolución del consumo juvenil resulta especialmente relevante en Estados Unidos, donde numerosos estados han autorizado el cannabis para uso adulto y desarrollado mercados regulados.
La expansión de esos sistemas estuvo acompañada por debates sobre sus posibles consecuencias para los menores de edad.
Uno de los principales interrogantes ha sido si la disponibilidad legal para adultos podría provocar un incremento del consumo adolescente.
Los resultados nacionales muestran que el consumo juvenil no ha seguido una trayectoria de crecimiento sostenido durante el período analizado.
Sin embargo, esta observación no demuestra que la regulación haya provocado el descenso.
Tampoco permite concluir que todos los modelos de regulación producen los mismos resultados.
Para establecer relaciones causales sería necesario analizar las diferencias entre estados, las fechas de implementación de las normas, los mecanismos de control, las políticas preventivas y otras variables sociales.
La evolución nacional constituye un dato relevante para la discusión regulatoria, pero no sustituye las investigaciones específicas sobre los efectos de las distintas políticas públicas.
Salud mental: menos tristeza e ideación suicida
En paralelo, los CDC publicaron el 21 de septiembre de 2026 el informe Youth Health in Focus, que documenta mejoras en varios indicadores de bienestar adolescente.
Entre 2023 y 2025, la proporción de estudiantes que experimentaron sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza disminuyó del 40% al 33%.
El porcentaje de quienes declararon atravesar problemas de salud mental descendió del 29% al 23%.
También se registró una reducción de la proporción de estudiantes que consideraron seriamente el suicidio, del 20% al 14%.
Los resultados representan una evolución favorable después de varios años durante los cuales la salud emocional adolescente había generado creciente preocupación en las autoridades sanitarias.
Sin embargo, aproximadamente uno de cada tres estudiantes todavía declara experimentar sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza.
Los investigadores destacan que, pese a las mejoras recientes, numerosos adolescentes continúan necesitando apoyo desde los sistemas educativos, sanitarios y familiares.
Cannabis y salud mental: una relación que requiere investigación
La coincidencia de una menor prevalencia del consumo adolescente de cannabis y mejores indicadores de bienestar emocional plantea preguntas relevantes.
Sin embargo, los informes citados no permiten atribuir la mejora de la salud mental a la reducción del consumo de cannabis.
La salud emocional depende de múltiples factores, entre ellos las condiciones familiares, las experiencias educativas, las relaciones sociales, los antecedentes personales y el acceso a servicios sanitarios.
Los CDC advierten que el consumo de cannabis durante la adolescencia puede afectar funciones relacionadas con la memoria, la atención y el aprendizaje, especialmente cuando comienza a edades tempranas o se vuelve frecuente.
También existen asociaciones entre el consumo de cannabis y determinados problemas de salud mental, aunque establecer la dirección de esas relaciones requiere estudios específicos.
Por otra parte, el cannabis de uso recreativo, los medicamentos derivados de cannabinoides y los productos elaborados exclusivamente con cannabidiol no son categorías equivalentes.
La encuesta de los CDC sobre consumo de marihuana excluye expresamente los productos que contienen únicamente CBD o cáñamo sin efectos intoxicantes.
Esta distinción resulta importante para evitar interpretaciones que confundan el consumo recreativo de cannabis con tratamientos médicos supervisados.
El consumo adolescente sigue siendo un desafío preventivo
A pesar del descenso observado, las autoridades sanitarias consideran necesario mantener las estrategias de prevención.
Entre las prioridades identificadas aparecen el fortalecimiento de los entornos escolares, la educación sobre riesgos, el acompañamiento familiar y el acceso oportuno a servicios de salud.
Los CDC también destacan la importancia de comenzar las intervenciones antes de que se produzca el inicio del consumo.
Los resultados muestran que la proporción de estudiantes que utilizan cannabis aumenta en los grados superiores de secundaria, lo que refuerza la necesidad de desarrollar políticas preventivas adaptadas a las distintas edades.
Además, las investigaciones sobre consumo de sustancias consideran otros comportamientos relevantes, como el uso de alcohol, nicotina y dispositivos electrónicos de vaporización.
En 2025, el 30,2% de los estudiantes declaró haber utilizado alguna vez productos electrónicos de vaporización, mientras que el 20,3% informó haber consumido alcohol durante los 30 días anteriores.
Estas cifras reflejan que la prevención debe abordar diferentes sustancias y modalidades de consumo, y no concentrarse exclusivamente en el cannabis.
Un dato relevante para el debate internacional sobre regulación
La experiencia estadounidense aporta información importante para los países que discuten o desarrollan políticas de regulación del cannabis.
El descenso del consumo adolescente constituye un indicador favorable, pero debe analizarse junto con otros resultados sanitarios y sociales.
Entre ellos se encuentran la edad de inicio, la frecuencia del consumo, las concentraciones de THC de los productos, las modalidades de acceso y las posibles consecuencias para la salud.
Los datos nacionales tampoco permiten evaluar por sí solos la eficacia de las restricciones de venta a menores ni establecer cuál es el modelo regulatorio más adecuado.
Sí permiten cuestionar las interpretaciones que presentan un aumento del consumo juvenil como una consecuencia inevitable de la legalización del cannabis para adultos.
La evidencia disponible indica que la relación entre regulación, disponibilidad y comportamientos adolescentes es más compleja y requiere seguimiento permanente.
Menos consumo y mejores indicadores de bienestar, con desafíos pendientes
Las investigaciones federales estadounidenses muestran dos tendencias alentadoras: una reducción del consumo adolescente de cannabis respecto de años anteriores y mejoras recientes en determinados indicadores de salud mental.
Ambas constituyen señales positivas, aunque no deben interpretarse como fenómenos necesariamente vinculados.
El consumo juvenil sigue siendo motivo de preocupación sanitaria y una proporción importante de adolescentes continúa experimentando dificultades emocionales.
El desafío consiste en consolidar las mejoras mediante políticas preventivas basadas en evidencia, sistemas de seguimiento y servicios de apoyo accesibles.
Para los países que avanzan en la regulación del cannabis, los resultados estadounidenses refuerzan la importancia de separar dos debates que frecuentemente aparecen confundidos: las condiciones de acceso legal de los adultos y la protección sanitaria de niños y adolescentes.
La evolución del consumo juvenil no puede explicarse mediante una sola variable ni utilizarse aisladamente para determinar el éxito o fracaso de una política regulatoria.
Pero las cifras de 2025 aportan información relevante: en Estados Unidos, después de más de una década de expansión de mercados legales para adultos, el consumo de cannabis entre estudiantes de secundaria se encuentra por debajo de los niveles observados en años anteriores.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias